Casi 300 milímetros de lluvia en 48 horas desbordaron la capacidad de drenaje de la capital tailandesa, donde el calentamiento del mar, la urbanización, el hundimiento del terreno y un clima más cálido multiplican las amenazas
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Bangkok volvió a quedar bajo el agua después de que cerca de 300 milímetros de lluvia cayeran sobre la capital de Tailandia en apenas 48 horas, una cantidad próxima a la precipitación que normalmente recibe durante todo septiembre. Las inundaciones obligaron a declarar la ciudad como zona de desastre y dejaron al menos 31 muertos, miles de evacuados y extensas áreas urbanas anegadas.
El episodio, ocurrido a finales de septiembre de 2026, fue provocado por un sistema de baja presión que permaneció prácticamente estacionario sobre la región durante unos tres días. La situación permitió que la humedad continuara alimentando las tormentas sobre una misma zona, saturando canales y superando la capacidad de los sistemas de drenaje.
Un análisis de la climatóloga Kimberley Reid, investigadora de la University of Melbourne, advierte que el desastre no puede explicarse mediante un único factor. La geografía de Bangkok, el hundimiento del terreno, la expansión de superficies impermeables y unas condiciones oceánicas excepcionalmente cálidas se combinaron para aumentar la vulnerabilidad de una ciudad donde las lluvias intensas forman parte habitual del clima tropical.
El problema del hundimiento ya había sido documentado de forma independiente. Una investigación internacional sobre la subsidencia en ciudades costeras situó a Bangkok entre los principales puntos críticos, con un descenso medio del terreno estimado en alrededor de 8,5 milímetros anuales.
Casi un mes de lluvia cayó en apenas dos días
Septiembre es normalmente el mes más lluvioso de Bangkok. El promedio mensual ronda los 344 milímetros distribuidos a lo largo de unos 18 días de lluvia, pero durante el episodio reciente aproximadamente 300 milímetros se acumularon en solo 48 horas.
La magnitud de la precipitación llenó los canales de la ciudad, inundó carreteras, viviendas y comercios y obligó a las estaciones de bombeo a trabajar a plena capacidad. Las autoridades declararon el desastre en los 50 distritos administrativos de Bangkok.
La ciudad había acumulado 487 milímetros entre el 1 y el 25 de septiembre, frente a un promedio de aproximadamente 269 milímetros para ese mismo periodo durante 1991-2020. La lluvia extraordinaria de los días posteriores agravó una situación en la que el sistema urbano ya estaba gestionando grandes cantidades de agua.
Los aguaceros de semejante intensidad pueden superar rápidamente la infraestructura construida para evacuar precipitaciones más breves. Este comportamiento se ha observado en otras regiones: episodios superiores a 100 milímetros por hora en Japón han mostrado cómo las lluvias extremas pueden saturar ciudades y pequeñas cuencas en muy poco tiempo.
Un sistema de baja presión quedó estacionado sobre Bangkok
Las tormentas vespertinas son frecuentes en el clima húmedo del sudeste asiático. El calentamiento diurno favorece el ascenso de aire cálido y húmedo y la formación de grandes nubes cumulonimbus capaces de producir precipitaciones torrenciales.
Lo ocurrido en Bangkok fue diferente por la persistencia del sistema meteorológico. Una zona de baja presión permaneció prácticamente inmóvil sobre la región durante varios días. En estos sistemas, el aire asciende, se enfría y el vapor de agua se condensa para formar nubes y precipitaciones. Cuando el patrón atmosférico avanza lentamente, las lluvias pueden repetirse sobre el mismo territorio.
Las aguas del cercano golfo de Tailandia se encontraban alrededor de los 30 °C, varios grados por encima de los valores locales habituales señalados en el análisis. Una superficie marina muy cálida proporciona abundante vapor de agua y energía al sistema atmosférico.
Determinar cuánto influyó exactamente el cambio climático en este episodio requeriría un estudio específico de atribución. La existencia de temperaturas marinas elevadas y de lluvias extraordinarias no permite, por sí sola, asignar una fracción concreta del desastre al calentamiento antropogénico.
Una atmósfera más cálida puede alimentar lluvias más intensas
Aunque todavía no existe una atribución específica para las inundaciones de Bangkok de septiembre de 2026, la relación física entre calentamiento y precipitaciones extremas está ampliamente documentada. Una atmósfera más cálida puede contener una mayor cantidad de vapor de agua, aumentando la humedad potencialmente disponible para las tormentas.
Investigaciones publicadas anteriormente han encontrado que las precipitaciones extremas tienden a intensificarse a medida que aumenta la temperatura del aire, aunque la respuesta concreta depende de la circulación atmosférica, la humedad y la dinámica de las nubes.
En Bangkok, estudios citados en el análisis de Reid indican que la cantidad de lluvia registrada durante el día más lluvioso de cada año muestra un incremento aproximado de entre 6 y 12 milímetros por década.
Otro trabajo sobre las inundaciones tailandesas de 2011 identificó una tendencia ascendente de las precipitaciones anteriores al monzón. Esto puede dejar los suelos y sistemas hidrológicos con menor capacidad para recibir nuevos aportes cuando llegan los meses de máxima precipitación.
La urbanización aumentó alrededor de un 25 % la escorrentía
Bangkok se asienta sobre una llanura aluvial cerca de la desembocadura del río Chao Phraya, que vierte sus aguas en el golfo de Tailandia. Su relieve prácticamente plano limita la capacidad natural para desplazar rápidamente grandes volúmenes de agua hacia zonas más bajas.
La expansión urbana añade otra dificultad. Carreteras, edificios, estacionamientos y otras superficies impermeables han sustituido progresivamente terrenos capaces de absorber una parte de las precipitaciones.
Investigaciones sobre el crecimiento urbano de Bangkok estiman que las transformaciones ocurridas durante aproximadamente las últimas tres décadas aumentaron alrededor de un 25 % la escorrentía superficial durante los episodios de lluvia extrema. Una proporción mayor del agua circula así directamente hacia calles, canales y redes de drenaje.
El fenómeno forma parte de un problema más amplio. Estudios sobre resiliencia urbana han señalado que las inundaciones de las ciudades costeras dependen de la interacción entre drenaje, urbanización, gestión de residuos, planificación territorial y presiones climáticas, por lo que las grandes obras hidráulicas no constituyen por sí solas una solución completa.
Bangkok también se está hundiendo
A la lluvia se suma una transformación más lenta pero persistente: el descenso del terreno. La extracción intensiva de aguas subterráneas durante el siglo XX provocó una importante subsidencia de Bangkok. En 1988, el hundimiento llegó a superar los 10 centímetros en un solo año en algunas mediciones históricas.
Las restricciones sobre el bombeo, los precios aplicados al agua subterránea y una vigilancia más estricta redujeron considerablemente las tasas registradas durante las décadas siguientes. Sin embargo, distintos estudios continúan detectando subsidencia en sectores de la metrópoli.
El problema es especialmente importante porque Bangkok se encuentra muy cerca del nivel del mar. A medida que el terreno desciende y el nivel oceánico aumenta, disminuye la diferencia de altura disponible para evacuar el agua de lluvia hacia el golfo.
Esta combinación de procesos se observa en numerosos litorales densamente poblados. Las investigaciones sobre el aumento del nivel del mar y las fuerzas que modifican el riesgo de inundación costera muestran que las amenazas locales pueden diferir considerablemente de los promedios globales.
El precedente de 2011 muestra la vulnerabilidad de Tailandia
Las inundaciones forman parte de la historia climática de Tailandia, pero algunos episodios han alcanzado dimensiones extraordinarias. En 2011, una combinación de precipitaciones elevadas, tormentas tropicales, niveles altos del mar y un comienzo temprano de la temporada monzónica provocó inundaciones que se prolongaron durante meses.
Más de 800 personas murieron de acuerdo con el balance citado en el análisis reciente, mientras el Banco Mundial estimó los daños y pérdidas económicas en unos 46.500 millones de dólares. La industria manufacturera fue uno de los sectores más afectados debido a la inundación de importantes áreas industriales.
El desastre de 2026 no reproduce exactamente aquel escenario. En esta ocasión, el elemento meteorológico inmediato fue una concentración excepcional de precipitaciones durante un periodo mucho más corto, pero ambos acontecimientos muestran cómo la ubicación y configuración urbana de Bangkok permiten que diferentes mecanismos produzcan inundaciones severas.
El riesgo tampoco procede únicamente de las precipitaciones. El aumento del océano eleva progresivamente la línea de base desde la que actúan mareas y tormentas. Un estudio reciente concluyó que las inundaciones costeras que históricamente se consideraban eventos de una vez cada cien años son ahora, en promedio mundial, unas 12 veces más probables debido al aumento antropogénico del nivel del mar.
El drenaje urbano tendrá que adaptarse a un clima diferente
Los sistemas de drenaje de ciudades tropicales como Bangkok, Singapur y Hong Kong han sido diseñados para gestionar lluvias intensas de corta duración. El problema aparece cuando la cantidad o persistencia de la precipitación supera los parámetros considerados durante el diseño de esas redes.
La adaptación requerirá actualizar esos criterios utilizando proyecciones climáticas y no únicamente registros históricos. Si los aguaceros extremos continúan intensificándose, una infraestructura diseñada a partir del clima de décadas anteriores puede quedar progresivamente subdimensionada.
Entre las medidas planteadas se encuentran redes de drenaje con mayor capacidad, superficies permeables, parques inundables, humedales urbanos, áreas verdes capaces de retener temporalmente agua y una planificación que limite la ocupación de las zonas más expuestas.
Los sistemas de alerta temprana también resultan decisivos. Durante las recientes inundaciones, algunos residentes señalaron que recibieron avisos telefónicos cuando el agua ya había alcanzado niveles peligrosos. Mejorar las observaciones meteorológicas, los modelos de alta resolución y la comunicación puede proporcionar tiempo adicional para proteger bienes y evacuar a las personas vulnerables.
El calentamiento se suma a vulnerabilidades construidas durante décadas
Las inundaciones de Bangkok muestran por qué un desastre urbano no puede explicarse únicamente por la cantidad de lluvia. El sistema de baja presión proporcionó el desencadenante meteorológico inmediato, pero el impacto estuvo condicionado por la geografía, la capacidad de los canales, la impermeabilización del suelo, la subsidencia y la proximidad del mar.
El cambio climático añade presión sobre ese sistema al elevar las temperaturas atmosféricas y oceánicas y contribuir al aumento del nivel del mar. Sin embargo, la magnitud de cada desastre continuará dependiendo también de decisiones urbanísticas y de la capacidad de adaptación de la ciudad.
La experiencia de Bangkok ofrece así una advertencia para otras grandes metrópolis tropicales. Cuando una precipitación extraordinaria coincide con terreno bajo, drenajes saturados, superficies impermeables y un litoral cada vez más expuesto, un episodio meteorológico de pocos días puede convertirse rápidamente en una emergencia urbana de gran escala.
Fuentes referenciales:
The Conversation vía Phys.org — As the planet warms, cities like Bangkok could be increasingly inundated by deadly floods
AFP vía Phys.org — Canals full, roads submerged as Bangkok declares flood disaster




