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28 de septiembre de 2026

🌍 Panorama Planetario

El sistema Tierra entra en el último trimestre de 2026 bajo una combinación especialmente relevante de calor acumulado, océanos excepcionalmente cálidos y un episodio de El Niño en fortalecimiento. Agosto terminó como el agosto más cálido registrado globalmente y empató con julio de 2023 como el mes más cálido del conjunto ERA5. A la vez, persisten déficits hídricos regionales, temperaturas marinas elevadas y señales de estrés ambiental que mantienen alta la vigilancia sobre agua, ecosistemas, incendios y extremos meteorológicos.
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Temperatura global

El último balance mensual completo sitúa agosto de 2026 en 16,96 °C de temperatura media global, 0,85 °C por encima del promedio 1991–2020 y alrededor de 1,65 °C sobre la referencia preindustrial 1850–1900. El promedio de septiembre de 2025 a agosto de 2026 quedó aproximadamente 1,48 °C por encima del nivel preindustrial.

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Océanos

La señal oceánica continúa siendo uno de los componentes más fuertes del sistema climático. NOAA indica que durante agosto aproximadamente el 38 % del océano mundial estuvo bajo condiciones de ola de calor marina. Persisten áreas cálidas en el Pacífico oriental y central, Atlántico subtropical y nororiental, Mediterráneo, mar de Groenlandia y sectores del Índico.

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CO₂ atmosférico

La concentración atmosférica de dióxido de carbono permanece estructuralmente elevada y mantiene el desequilibrio energético de largo plazo del planeta. Más que las variaciones diarias, la señal relevante continúa siendo la tendencia multidecenal: una atmósfera con mayor capacidad de retener calor, que condiciona temperaturas, océanos, criosfera y ciclo hidrológico.

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Hielo polar

La criosfera sigue bajo vigilancia después del verano boreal. Las variaciones estacionales del hielo marino deben interpretarse junto con la pérdida de masa de las grandes capas de hielo. Precisamente este 28 de septiembre, la ESA dedica una sesión científica a reducir las incertidumbres sobre la contribución del deshielo continental al aumento del nivel del mar.

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Incendios

Las condiciones cálidas y secas acumuladas durante 2026 han aumentado la susceptibilidad al fuego en diferentes regiones. El riesgo depende ahora fuertemente de la humedad del combustible, viento y precipitaciones locales. La combinación de sequía prolongada y episodios cálidos mantiene especialmente vulnerables los ecosistemas con vegetación seca y suelos deshidratados.

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Sequías

Europa llegó a septiembre con una mejoría parcial, pero con condiciones todavía críticas en amplias zonas. El Observatorio Europeo de la Sequía mantiene señales de alerta en partes de Francia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Alemania occidental y meridional, norte de Italia, Austria, cuenca media del Danubio y sectores de los Balcanes.

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Tormentas y extremos

El fortalecimiento de El Niño reorganiza progresivamente patrones de circulación y precipitación. Sus efectos no son uniformes ni determinan por sí solos cada episodio meteorológico, pero elevan la atención sobre regiones sensibles a sequía, lluvias intensas y anomalías térmicas. En el Atlántico, la mayor cizalladura asociada al fenómeno está limitando comparativamente la actividad ciclónica prevista.

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Balance del sistema Tierra

La señal dominante no procede de un único indicador. Temperaturas atmosféricas altas, gran extensión de calor marino, déficits hídricos regionales y un Pacífico tropical cada vez más cálido están actuando simultáneamente. Esta superposición aumenta la importancia de la observación integrada de atmósfera, océanos, vegetación, hielo y disponibilidad de agua.

📡 Señal planetaria destacada: el fortalecimiento de El Niño constituye uno de los principales moduladores climáticos para el cierre de 2026. Su interacción con un planeta ya calentado eleva la probabilidad de anomalías regionales importantes, aunque sus impactos concretos dependerán de cada territorio y de la evolución de la circulación atmosférica.

🔭 Perspectiva para los próximos 7–14 días

La vigilancia debe concentrarse en la evolución del Pacífico tropical, las anomalías de temperatura oceánica, los déficits de precipitación en zonas ya afectadas por sequía y los episodios de lluvia intensa donde las condiciones atmosféricas favorezcan concentraciones rápidas de humedad. También será relevante seguir la transición estacional del hemisferio norte y la respuesta del hielo marino después del mínimo estival.

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Cuatro señales anticipan cuándo un ciclón puede intensificarse

El huracán Melissa se intensificó rápidamente tras formarse el 21 de octubre de 2025, alcanzando la categoría 5 el 27 de octubre. Crédito: NOAA, Instituto Cooperativo de Investigación Atmosférica (CIRA).

El análisis de 1.510 observaciones de los aviones Hurricane Hunter de la NOAA identificó cambios estructurales visibles aproximadamente un día antes del fortalecimiento


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.

Un estudio dirigido por científicos de la Universidad de Miami identificó cuatro características que ayudan a reconocer cuándo un ciclón tropical inclinado puede enderezar su circulación y adquirir una estructura más favorable para intensificarse. La investigación utilizó observaciones recopiladas durante casi tres décadas por los aviones Hurricane Hunter de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA.

Antes de fortalecerse de manera considerable, un ciclón generalmente necesita alinear sus centros de rotación desde la superficie del océano hasta los niveles medios de la atmósfera. Cuando esos centros se encuentran desplazados entre sí, la tormenta permanece inclinada y suele tener mayores dificultades para concentrar energía alrededor de su núcleo.

Los resultados, publicados en el Journal of Geophysical Research: Atmospheres, indican que las tormentas que consiguieron alinearse ya mostraban diferencias detectables aproximadamente 24 horas antes. Esta información podría ampliar el tiempo disponible para evaluar el riesgo de intensificación y preparar a las comunidades expuestas.

Una tormenta inclinada debe ordenar su columna de rotación

Los ciclones tropicales no siempre presentan una circulación perfectamente vertical. La cizalladura del viento, es decir, los cambios de velocidad o dirección de las corrientes atmosféricas con la altura, puede empujar la parte superior del sistema lejos del centro situado cerca del mar.

Los meteorólogos llaman inclinación a esa separación entre los centros de circulación de niveles bajos y medios. Mientras el desplazamiento persiste, la convección, los vientos y la lluvia permanecen distribuidos de manera asimétrica, lo que limita la capacidad de la tormenta para fortalecerse.

Michael S. Fischer, autor principal y profesor adjunto de Ciencias Atmosféricas en la Escuela Rosenstiel de la Universidad de Miami, explicó que un ciclón debe enderezarse antes de intensificarse. Una vez que sus centros quedan apilados, el sistema puede organizar mejor la entrada de humedad, el ascenso del aire y la liberación de calor.

Este mecanismo ayuda a entender por qué la cizalladura asociada con El Niño puede frenar los huracanes del Atlántico: los vientos en altura inclinan o separan la circulación y dificultan que el núcleo permanezca organizado.

Primera señal: una circulación superficial compacta

Los ciclones que lograron alinearse presentaban una circulación más fuerte, definida y compacta cerca de la superficie del océano. Esa estructura ofrecía una base estable alrededor de la cual podía reorganizarse la circulación situada a mayor altura.

En cambio, las tormentas que permanecieron inclinadas solían tener un centro superficial más amplio y débil. Una circulación dispersa dificulta la concentración del viento y de las tormentas eléctricas necesarias para construir un núcleo vertical coherente.

La intensidad inicial no fue el único elemento relevante. El tamaño y la concentración de la circulación cerca del mar aportaron información adicional sobre la posibilidad de que el sistema se organizara durante las 24 horas posteriores.

Segunda señal: la dirección de la inclinación

El estudio encontró que no todas las inclinaciones interactúan de la misma manera con la cizalladura ambiental. La orientación inicial del ciclón respecto de los vientos dominantes ayudó a distinguir los sistemas que se enderezaron de aquellos que continuaron desorganizados.

Las tormentas que consiguieron alinearse tendían a inclinarse hacia la izquierda en relación con la dirección de la cizalladura vertical. Esa posición parecía hacerlas menos vulnerables a la fuerza que separaba los centros de circulación.

La orientación no garantiza por sí sola el fortalecimiento. Funciona como una de varias condiciones que, consideradas conjuntamente, permiten evaluar si la tormenta se encuentra en una configuración favorable.

Tercera señal: aire ascendente y lluvia cerca del centro

Una corriente ascendente más vigorosa y precipitaciones intensas alrededor del centro de niveles bajos fueron otra característica de los ciclones que se alinearon rápidamente. Las tormentas eléctricas concentradas cerca del núcleo parecen contribuir activamente a enderezar la circulación.

Cuando el aire cálido y húmedo asciende, se enfría y condensa, liberando energía en la atmósfera. Si este proceso ocurre de manera persistente cerca del centro superficial, puede reforzar la rotación interna y favorecer que el vórtice inclinado se reorganice verticalmente.

Fischer señaló que las tormentas eléctricas no serían únicamente una consecuencia visible de una mejor organización. Los resultados sugieren que también pueden intervenir en el proceso que lleva la circulación superior hacia la posición del centro situado cerca del océano.

Cuarta señal: agua cálida, humedad y vientos medios débiles

Los sistemas que consiguieron alinearse se desarrollaron bajo una combinación de agua oceánica cálida, abundante humedad atmosférica y vientos relativamente débiles en los niveles medios. Estas condiciones aportan energía y reducen las interferencias capaces de dispersar la convección.

El agua cálida suministra calor y vapor, pero su presencia no basta para producir un huracán intenso. La tormenta también necesita retener la humedad, mantener las tormentas eléctricas cerca del núcleo y evitar una cizalladura suficientemente fuerte como para desorganizar su estructura.

La interacción de estas variables explica por qué los modelos deben analizar simultáneamente el océano, el entorno atmosférico y la anatomía interna del ciclón. Estudios sobre la intensificación de huracanes en el golfo de México también han mostrado que el calor oceánico debe interpretarse junto con la estructura y el recorrido de cada tormenta.

Veintiocho temporadas observadas desde el interior de las tormentas

Los investigadores analizaron el archivo TC-RADAR, sigla en inglés del Archivo de Radar de Ciclones Tropicales con Análisis Doppler y Recentrado. La base contiene 1.510 análisis obtenidos por los aviones Hurricane Hunter durante 28 temporadas, entre 1997 y 2024.

El radar Doppler de cola instalado en los aviones mide el viento y la precipitación mientras las aeronaves atraviesan los ciclones. La combinación de sucesivos barridos permite construir representaciones tridimensionales que muestran cómo cambia la circulación con la altura y dónde se concentra la lluvia más intensa.

El equipo se concentró en ciclones débiles que inicialmente mostraban una estructura inclinada. Después los dividió entre aquellos que consiguieron alinearse durante las 24 horas siguientes y los que conservaron una inclinación persistente.

La comparación permitió identificar diferencias entre ambos grupos antes de que ocurriera el cambio estructural. El valor del análisis reside en que se apoya en mediciones directas realizadas dentro de tormentas reales y no solamente en simulaciones atmosféricas.

Los aviones revelan datos que los satélites no observan igual

Los satélites ofrecen una visión continua y extensa de las nubes, la temperatura y el movimiento general de los ciclones. Sin embargo, los aviones de reconocimiento pueden medir directamente la presión, la humedad, la temperatura, el viento y la lluvia dentro de la circulación.

Las aeronaves P-3 de la NOAA atraviesan el núcleo y utilizan radares Doppler, sondas lanzadas hacia el mar y otros instrumentos. Los datos ayudan a localizar el centro, medir los vientos superficiales y describir la estructura vertical de la tormenta.

Estas observaciones también sirven para comprobar si los modelos meteorológicos de alta resolución reproducen correctamente el proceso de alineación. Si una simulación no representa la circulación compacta, la posición de la inclinación o la convección observada, su pronóstico de intensidad puede perder fiabilidad.

Las señales complementan otros métodos de pronóstico

Los cuatro indicadores no constituyen una fórmula determinista ni significan que toda tormenta alineada vaya a convertirse en un huracán intenso. La evolución posterior continúa dependiendo de la trayectoria, el contenido de calor oceánico, la humedad, la cizalladura y posibles interacciones con tierra firme.

Su utilidad consiste en reconocer una transición estructural que generalmente debe preceder a un fortalecimiento significativo. Los datos de reconocimiento permiten evaluar ese proceso cuando el ciclón ya existe, mientras otros sistemas calculan probabilidades con varios días de anticipación.

Una herramienta desarrollada por NSF NCAR puede estimar hasta cinco días antes la posibilidad de intensificación rápida en el Atlántico. El nuevo estudio aporta observaciones internas que podrían complementar esas previsiones a medida que la tormenta se organiza.

La intensificación rápida suele definirse como un aumento de al menos 30 nudos, aproximadamente 56 kilómetros por hora, en los vientos máximos sostenidos durante 24 horas. Cuando ocurre cerca de una costa, puede dejar poco margen para modificar evacuaciones o movilizar recursos.

Un día adicional puede mejorar la preparación costera

Los ciclones que posteriormente se alinearon ya presentaban una anatomía distinta cerca de un día antes: circulación superficial compacta, inclinación favorable, convección vigorosa junto al centro y un entorno cálido y húmedo con vientos medios relativamente débiles.

Reconocer esas señales puede aumentar la confianza de los meteorólogos antes de que comience el fortalecimiento. Incluso una mejora moderada en el pronóstico con 24 horas adicionales puede resultar útil para ajustar alertas, ordenar evacuaciones y proteger infraestructura.

El avance es relevante incluso durante temporadas con una actividad general inferior al promedio. El pronóstico estacional de la NOAA para 2026 contempla entre ocho y catorce tormentas con nombre en el Atlántico, pero una sola intensificación rápida cerca de tierra puede producir consecuencias graves.

El estudio fue realizado por especialistas de la Escuela Rosenstiel de Ciencias Marinas, Atmosféricas y de la Tierra de la Universidad de Miami, el Instituto Frost de Ciencia de Datos y Computación, el Instituto Cooperativo de Estudios Marinos y Atmosféricos y el Laboratorio Oceanográfico y Meteorológico del Atlántico de la NOAA.

Fuentes referenciales:
Phys.org
Laboratorio Oceanográfico y Meteorológico del Atlántico de la NOAA
Journal of Geophysical Research: Atmospheres