Un análisis de tres décadas concluye que las precipitaciones al inicio de la estación seca mantienen la vegetación húmeda durante más tiempo y reducen la superficie quemada.
Redactor: Luis Ortega
Editor: Camila Herrera R.
África concentra alrededor del 70 % de la superficie quemada anualmente en el mundo, una proporción que convierte al continente en el principal foco global de incendios de vegetación. Sin embargo, las observaciones satelitales muestran que la extensión afectada por el fuego ha disminuido de forma sostenida durante las últimas dos décadas.
Una investigación publicada en Geophysical Research Letters atribuye una parte importante de esta tendencia a los cambios en el calendario de las precipitaciones. Más que la cantidad total de lluvia acumulada durante el año, el momento en que comienza y termina la estación húmeda estaría condicionando la duración de la temporada de incendios.
El estudio fue dirigido por Sharafaldin Mohammed, investigador doctoral de la Academia China de Ciencias, junto con un equipo que examinó la relación entre las lluvias, la estación seca y la actividad del fuego en el norte y el sur de África.
Los resultados complementan investigaciones previas sobre los incendios persistentes en las sabanas africanas, donde el fuego forma parte de la dinámica natural y humana del paisaje, pero también libera humo, aerosoles y gases a la atmósfera.
La estación seca comenzó más tarde durante tres décadas
Los científicos analizaron registros diarios de precipitación procedentes de tres conjuntos independientes de datos que abarcan el período comprendido entre 1990 y 2023.
Posteriormente compararon esa información con observaciones satelitales de la superficie quemada y del número de incendios registradas entre 2003 y 2022. El objetivo era determinar si los cambios en el comienzo y la duración de la estación seca coincidían con la disminución de la actividad del fuego.
El análisis identificó un patrón continental: la estación seca se acortó durante las últimas tres décadas, principalmente porque comenzó más tarde que en el pasado.
En el norte de África, el inicio de la estación seca se retrasó aproximadamente 1,75 días por década. En el sur del continente, el desplazamiento fue menor, con un retraso cercano a 0,4 días por década.
La reducción de los incendios también ha influido en el balance de carbono de algunos ecosistemas. Un estudio reciente determinó que las sabanas y pastizales secos almacenan más carbono cuando disminuyen el tamaño y la frecuencia de los fuegos.
Las lluvias adicionales mantienen húmeda la vegetación
El retraso de la estación seca no se debe necesariamente a que toda la temporada de lluvias sea mucho más prolongada. Los investigadores encontraron que las precipitaciones aumentaron específicamente durante el período en que normalmente comenzaba el secado del paisaje.
Esas lluvias adicionales mantienen la humedad del suelo y de la vegetación durante más tiempo. Como consecuencia, los pastos tardan más en alcanzar las condiciones secas y combustibles necesarias para que el fuego pueda propagarse con facilidad.
Los incendios necesitan tres componentes principales: combustible vegetal, condiciones meteorológicas favorables para la combustión y una fuente de ignición, que puede proceder de rayos o de actividades humanas.
En gran parte de África, los pastos crecen rápidamente durante la temporada húmeda y generan abundante material vegetal. Cuando llega la estación seca, ese combustible pierde humedad y puede sostener incendios de gran extensión.
Al retrasarse ese proceso, la ventana durante la cual la vegetación permanece suficientemente seca para arder se vuelve más corta. Los años con comienzos más húmedos de la estación seca mostraron sistemáticamente menos incendios y una menor superficie quemada.
Las temporadas de fuego siguen calendarios opuestos
La actividad de los incendios africanos cambia de hemisferio a lo largo del año y sigue de cerca el calendario de las estaciones secas.
En el norte de África, los fuegos ocurren principalmente entre octubre y marzo, con un máximo habitual durante diciembre. En el sur, la temporada se concentra entre abril y septiembre y alcanza su mayor intensidad alrededor de julio y agosto.
Esta alternancia explica por qué los satélites pueden detectar incendios en diferentes zonas del continente durante buena parte del año, aunque cada región tenga una temporada de fuego relativamente definida.
La relación entre una estación seca más corta y la reducción de la superficie quemada fue especialmente sólida en el norte de África. En el sur, el vínculo resultó más débil, lo que indica la intervención de otros factores climáticos y humanos.
La importancia del seguimiento regional también se observa en los bosques húmedos africanos, donde los incendios se duplicaron durante las últimas décadas a pesar de la disminución continental de la superficie quemada.
La agricultura y las carreteras fragmentan el combustible
Los autores consideran que la expansión de la agricultura, las carreteras y otras infraestructuras puede explicar parte de las diferencias observadas en el sur de África.
Estas transformaciones fragmentan el paisaje y separan extensas superficies de vegetación que anteriormente permanecían conectadas. Cuando el combustible vegetal pierde continuidad, el fuego encuentra mayores dificultades para avanzar sobre áreas amplias.
Las prácticas de manejo también influyen en la frecuencia y extensión de los incendios. En muchas regiones africanas se utiliza el fuego para limpiar terrenos, renovar pastizales, preparar parcelas agrícolas o gestionar la vegetación.
El estudio no distinguió entre incendios iniciados naturalmente y aquellos provocados deliberadamente por las personas. Esta limitación impide asignar con precisión qué parte de la reducción corresponde a cambios climáticos y cuál responde a transformaciones del uso del suelo.
Los satélites también pueden pasar por alto incendios pequeños o de corta duración, por lo que la actividad total podría estar subestimada. Aun así, la coincidencia entre el retraso de la estación seca y la disminución del área quemada se mantuvo en los diferentes conjuntos de datos.
Menos superficie quemada no significa menor riesgo en todas partes
La disminución continental no implica que todas las regiones africanas estén experimentando menos incendios o menores daños.
Los bosques húmedos, las zonas montañosas y algunos territorios sometidos a sequías intensas pueden mostrar tendencias contrarias. El tipo de vegetación, las actividades humanas, el viento y los episodios extremos determinan si un incendio permanece limitado o se convierte en un evento destructivo.
El fuego también produce efectos diferentes según el ecosistema. Algunas sabanas están adaptadas a incendios periódicos, mientras que los bosques tropicales húmedos pueden sufrir pérdidas duraderas de árboles y biodiversidad incluso después de fuegos relativamente pequeños.
Los cambios climáticos previstos para África añaden incertidumbre a estas tendencias. Investigaciones anteriores advirtieron que las regiones africanas podrían alcanzar un calentamiento de 1,5 °C hacia 2040, incluso bajo escenarios de bajas emisiones.
El calendario de las lluvias puede mejorar los pronósticos
Muchos sistemas de predicción de incendios utilizan como variables principales la cantidad de lluvia, la temperatura y la intensidad de la sequía.
El nuevo trabajo plantea que los pronósticos deberían prestar mayor atención al momento exacto en que se producen las precipitaciones, especialmente durante la transición entre las estaciones húmeda y seca.
Un aumento de las lluvias anuales no garantiza por sí solo una reducción de los incendios. La misma cantidad de agua puede generar efectos diferentes si cae durante la etapa de crecimiento de la vegetación o cuando los pastos comienzan a secarse.
Incorporar esta información permitiría anticipar con mayor precisión cuándo los paisajes alcanzarán condiciones inflamables, identificar temporadas potencialmente activas y distribuir mejor los recursos destinados a vigilancia y extinción.
También podría ayudar a las autoridades a evaluar cómo las alteraciones futuras del régimen de precipitaciones modificarán el riesgo de incendios en diferentes ecosistemas africanos.
El cambio climático también altera cuándo llueve
La investigación destaca que el cambio climático no solo modifica la cantidad total de precipitación, sino también su distribución dentro del año.
Pequeños desplazamientos en el comienzo o el final de una estación pueden producir consecuencias importantes para la humedad del suelo, el crecimiento vegetal, la disponibilidad de combustible y la actividad del fuego.
En África, las lluvias registradas al inicio del período que tradicionalmente era seco parecen haber reducido el tiempo disponible para que la vegetación pierda humedad.
Ese cambio ha acortado la temporada de incendios y ha dejado cada año millones de hectáreas menos expuestas al fuego, aunque la intensidad y dirección de la tendencia varían entre regiones y ecosistemas.
Los autores sostienen que el seguimiento combinado de las precipitaciones, la humedad de la vegetación, el uso del suelo y los incendios será esencial para comprender si esta reducción continúa o cambia a medida que el clima africano siga transformándose.
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