Los eventos ocurrieron con seis semanas de diferencia, pero tuvieron profundidades y mecanismos de ruptura independientes bajo dos sistemas tectónicos
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Los terremotos registrados el 24 de junio en Venezuela y el 10 de agosto en Colombia generaron inquietud por su magnitud y proximidad temporal. Sin embargo, especialistas en geología explicaron que los movimientos no fueron provocados por un mismo proceso: se originaron en estructuras tectónicas diferentes y liberaron su energía a profundidades muy distintas.
El evento colombiano alcanzó una magnitud de 7,4 y fue localizado cerca de San José del Palmar, en el departamento de Chocó. El Servicio Geológico Colombiano informó que el sismo ocurrió a las 7:34 de la mañana, con una profundidad aproximada de 96 kilómetros, y fue percibido en amplias zonas del país, además de sectores de Ecuador y Panamá.
En Venezuela, en cambio, los terremotos de junio estuvieron asociados con rupturas cercanas a la superficie en el norte del territorio. La diferencia entre ambos episodios muestra por qué la magnitud, aunque es un dato fundamental, no determina por sí sola la intensidad de las sacudidas ni el nivel de daños registrado en cada localidad.
El terremoto de Colombia se originó dentro de la placa de Nazca
El movimiento de Colombia estuvo relacionado con la placa de Nazca, que se introduce por debajo de la placa Sudamericana en un proceso denominado subducción. El geólogo Andrés Folguera, profesor de la Universidad de Buenos Aires e investigador del CONICET, explicó que la ruptura ocurrió dentro de la propia placa oceánica a casi 100 kilómetros de profundidad.
Debido a esa ubicación, el terremoto fue clasificado como un evento de profundidad intermedia. La energía tuvo que recorrer una distancia considerable antes de alcanzar la superficie, lo que redujo su concentración en el área epicentral, pero permitió que las ondas sísmicas se propagaran por un territorio extenso.
El Servicio Geológico Colombiano confirmó la magnitud 7,4 del evento de San José del Palmar y recordó que una profundidad elevada no impide que un terremoto sea percibido con fuerza. La institución también aclaró que el movimiento no estaba relacionado con la actividad del volcán Puracé, situado en una región que permanecía bajo vigilancia volcánica.
La influencia de la profundidad también se ha observado en terremotos profundos utilizados para estudiar el manto terrestre. Estos eventos pueden recorrer grandes distancias, aunque sus efectos superficiales dependen igualmente de la magnitud, la geología regional y las características de los suelos.
Las fallas superficiales elevaron el impacto en Venezuela
Los terremotos venezolanos estuvieron vinculados con la interacción entre las placas del Caribe y Sudamericana. Según la explicación aportada por Folguera, la presión tectónica movilizó fracturas continentales relacionadas con los sistemas de fallas de Boconó y San Sebastián.
Estas rupturas se produjeron a menos de diez kilómetros de profundidad, por lo que la energía alcanzó rápidamente la superficie. Los sismos superficiales pueden provocar sacudidas especialmente intensas cerca de la zona de ruptura porque las ondas sísmicas recorren una distancia menor antes de llegar a poblaciones e infraestructuras.
La Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas señala que la actividad sísmica del país se relaciona principalmente con el contacto entre las placas del Caribe y Sudamericana. El norte venezolano concentra importantes fallas activas, una condición que exige vigilancia instrumental, normas de construcción adecuadas y preparación permanente de las comunidades.
La secuencia de junio ya había mostrado cómo los satélites pueden medir el desplazamiento producido por los terremotos de Venezuela. Las observaciones de radar permiten identificar deformaciones del terreno y establecer cómo una ruptura se distribuye a lo largo de una falla.
Seis semanas de diferencia no implican una conexión
La cercanía en el calendario no constituye una prueba de que dos terremotos estén relacionados. Para establecer una conexión, los especialistas deben estudiar la ubicación de los focos, las fallas involucradas, la orientación de las rupturas, la propagación de las ondas y los cambios de tensión producidos en las rocas.
En este caso, el sismo colombiano ocurrió dentro de la placa de Nazca durante su descenso bajo Sudamérica, mientras que los eventos venezolanos afectaron fallas continentales vinculadas con el desplazamiento de la placa del Caribe. La distancia entre los focos y la diferencia entre sus mecanismos respaldan la interpretación de que fueron episodios independientes.
Sudamérica está formada por una compleja red de límites tectónicos. En el oeste, la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana alimenta buena parte de la actividad sísmica y volcánica de los Andes. Hacia el norte, la interacción con la placa del Caribe produce deformaciones y fallas desde Colombia hasta Venezuela.
Esta configuración forma parte de un sistema mundial de fallas tectónicas activas capaces de generar grandes terremotos. La actividad no sigue un calendario regular y, con el conocimiento disponible, no es posible anticipar de manera precisa la fecha, el lugar y la magnitud de un futuro sismo.
Magnitud, profundidad y vulnerabilidad definen los daños
La magnitud mide la energía liberada durante un terremoto, mientras que la intensidad describe los efectos observados en un lugar determinado. Dos eventos con magnitudes semejantes pueden producir consecuencias muy diferentes por la profundidad del foco, la distancia respecto de las ciudades y las condiciones locales del terreno.
También influyen la resistencia de las edificaciones, la densidad de población, la hora del evento y la capacidad de respuesta. Los suelos blandos pueden amplificar el movimiento, mientras que las construcciones sin criterios sismorresistentes presentan mayor vulnerabilidad ante sacudidas intensas.
El impacto humano de los terremotos venezolanos recordó que la magnitud del desastre depende tanto del fenómeno geológico como de la exposición social. Por esa razón, los especialistas diferencian la amenaza sísmica natural del riesgo, que incorpora las condiciones de las poblaciones y sus infraestructuras.
El monitoreo continuo permite localizar los movimientos, calcular su profundidad, analizar las réplicas y comunicar información técnica a las autoridades. No evita los terremotos, pero aporta datos indispensables para orientar la planificación territorial, actualizar las normas de construcción y reducir las pérdidas durante futuras emergencias.
Fuentes referenciales:
Infobae
Servicio Geológico Colombiano
Servicio Geológico Colombiano sobre el volcán Puracé
Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas
