Investigadores de George Mason University rastrean agua, biodiversidad, PFAS y metales meses después de que unos 240 millones de galones de aguas residuales sin tratar alcanzaran el río
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Un equipo de George Mason University ha puesto en marcha una investigación destinada a determinar las consecuencias ambientales a largo plazo del enorme vertido de aguas residuales que afectó al río Potomac, en Estados Unidos, después del colapso de una importante tubería de alcantarillado ocurrido el 19 de enero de 2026 en el condado de Montgomery, Maryland. Aproximadamente 240 millones de galones —más de 900 millones de litros— de aguas residuales sin tratar llegaron al río antes de que las descargas fueran controladas.
La nueva fase científica del seguimiento fue anunciada por la universidad el 24 de septiembre. Siete investigadores del Potomac Environmental Research and Education Center (PEREC) recibieron una subvención RAPID de 299.886 dólares de la National Science Foundation para estudiar posibles efectos sobre la calidad del agua, los organismos acuáticos, la biodiversidad y el funcionamiento del estuario de agua dulce sometido al vertido.
El trabajo permitirá investigar no solo las consecuencias inmediatas de la contaminación, sino también alteraciones que podrían persistir o aparecer meses después. Las aguas residuales pueden introducir microorganismos, nutrientes y sustancias químicas en los ecosistemas acuáticos, un problema relacionado con otros estudios que han mostrado cómo los compuestos procedentes de aguas residuales pueden modificar el comportamiento de organismos de agua dulce.
Un accidente liberó unos 240 millones de galones de aguas residuales
El episodio comenzó cuando una sección del Potomac Interceptor, una gran conducción construida originalmente en la década de 1960, colapsó cerca del río. La tubería transporta aguas residuales procedentes de zonas de Virginia y Maryland hacia la planta de tratamiento Blue Plains, en Washington.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) calcula que aproximadamente 240 millones de galones de aguas residuales crudas y sin tratar desbordaron hacia el Potomac antes de que un sistema provisional de derivación entrara en funcionamiento el 24 de enero. Posteriormente se produjeron descargas episódicas, pero la agencia señala que desde el 8 de febrero no llegaron al río nuevos desbordamientos relacionados con el colapso.
DC Water, responsable de la infraestructura, calculó previamente un volumen aproximado de 243 millones de galones y determinó que alrededor de 194 millones fueron liberados durante los primeros cinco días. La diferencia entre ambas cifras responde a estimaciones realizadas durante distintas fases de la emergencia, por lo que la investigación universitaria utiliza la referencia general de más de 240 millones de galones.
Las autoridades desarrollaron durante los meses siguientes trabajos de reparación, limpieza y vigilancia. La EPA informó posteriormente que había completado su fase de remediación federal y desmovilizado su presencia en el lugar en mayo, mientras continuaban actuaciones específicas de DC Water.
Una base de datos desde 1984 permitirá medir los cambios
Una ventaja excepcional para los investigadores es que PEREC dispone de registros históricos de muestras de agua de Gunston Cove que se remontan a 1984. Esta serie proporciona una referencia ambiental previa al accidente con la que podrán compararse los resultados obtenidos después del vertido.
El equipo comenzó a tomar muestras relacionadas con el incidente desde febrero de 2026, antes incluso de recibir la financiación de la National Science Foundation. Actualmente trabaja con 11 puntos de muestreo donde analiza mensualmente la calidad del agua y diferentes organismos.
Disponer de información anterior a una perturbación ambiental resulta especialmente valioso porque permite distinguir mejor entre fluctuaciones normales del ecosistema y cambios que aparecen después de un episodio de contaminación. En sistemas acuáticos, las concentraciones de nutrientes y contaminantes pueden variar por lluvias, caudal, temperatura, estaciones y actividades humanas.
La carga de nutrientes merece particular atención. Investigaciones recientes han determinado que las actividades humanas dominan el aporte de nitrógeno en una cuarta parte de las aguas costeras estudiadas a escala mundial, y las descargas de aguas residuales figuran entre las fuentes capaces de modificar los ciclos naturales de nutrientes.
El seguimiento busca PFAS, metales y cambios en la calidad del agua
Los científicos están midiendo parámetros convencionales como temperatura, salinidad, claridad del agua y nutrientes. A estos indicadores han añadido análisis dirigidos específicamente a contaminantes que podrían aportar información adicional sobre la huella dejada por el vertido.
El investigador Benoit Van Aken lidera la búsqueda de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, conocidas como PFAS, mientras Brittany Hupp se ocupa del seguimiento de metales pesados. La investigación no presupone que estos contaminantes hayan provocado un impacto determinado: los análisis se realizan precisamente para establecer qué sustancias pueden detectarse y cómo evolucionan sus concentraciones.
Los PFAS representan un desafío particular por su elevada persistencia ambiental. El desarrollo de métodos de vigilancia se ha acelerado durante los últimos años y ya existen tecnologías experimentales como sensores portátiles capaces de detectar determinados PFAS directamente en muestras de agua, una alternativa destinada a complementar los análisis especializados de laboratorio.
La persistencia tampoco implica que todos los PFAS se comporten de la misma manera. Diferentes investigaciones han encontrado variaciones importantes en su transporte, acumulación y transferencia entre organismos. Un metaanálisis publicado anteriormente mostró que determinados PFAS pueden biomagnificarse a medida que avanzan por las cadenas alimentarias, lo que refuerza la importancia de conocer su presencia en ambientes acuáticos.
El ADN ambiental rastreará la biodiversidad del Potomac
La investigación incorpora además ADN ambiental o eDNA, una herramienta que permite detectar organismos mediante el material genético que dejan en el agua. Peces, microorganismos, fitoplancton y otros seres vivos liberan continuamente células y fragmentos biológicos que pueden recuperarse mediante una muestra ambiental.
Los investigadores utilizarán esas señales para reconstruir la biodiversidad de las áreas estudiadas sin depender exclusivamente de la captura u observación directa de cada organismo. La técnica permitirá comprobar si la composición de las comunidades cambia después de una perturbación de gran magnitud.
Jennifer Salerno, profesora asociada de ciencia y política ambiental y coinvestigadora principal del proyecto, explicó que las perturbaciones agudas severas suelen asociarse con reducciones de diversidad. El equipo pondrá a prueba esa hipótesis en el Potomac y estudiará además si eventuales modificaciones de las comunidades repercuten sobre la red alimentaria.
El ADN ambiental ya se está convirtiendo en una herramienta de amplio alcance para la vigilancia ecológica. Su aplicación en ambientes marinos ha demostrado que una muestra de agua puede revelar las huellas genéticas dejadas por numerosas especies difíciles de observar directamente, ampliando las posibilidades de seguimiento de la biodiversidad.
Los nutrientes añadidos fueron una fracción pequeña de la carga anual
Los datos recopilados por el Departamento de Calidad Ambiental de Virginia permiten contextualizar una parte del episodio. Sus estimaciones, basadas en aproximadamente 243,5 millones de galones de aguas residuales, calcularon alrededor de 87.000 libras de nitrógeno total, 11.000 libras de fósforo total y 516.000 libras de sedimentos asociados al vertido.
Sin embargo, al comparar esas cantidades con las cargas que normalmente recibe el sistema, el organismo determinó que representaban menos del 0,5 % de las cargas anuales de 2025 del Potomac: aproximadamente 0,2 % para nitrógeno, 0,3 % para fósforo y 0,01 % para sedimentos.
Estas cifras no significan que el vertido careciera de consecuencias ambientales. Describen únicamente la contribución relativa de esos tres componentes frente al volumen anual que transporta el río. La descarga también introdujo bacterias y otros componentes de aguas residuales, mientras que la intensidad de los efectos puede depender de la concentración, duración y localización de la exposición.
Las autoridades realizaron durante meses controles bacteriológicos y emitieron restricciones recreativas en diferentes tramos del Potomac. Esas advertencias fueron retirándose progresivamente conforme los análisis permitieron hacerlo, y las últimas restricciones recreativas directamente relacionadas con el episodio fueron levantadas durante el verano.
El estudio continuará hasta mayo de 2027
La financiación RAPID de la National Science Foundation se extenderá hasta mayo de 2027. El seguimiento habitual de agua y organismos que PEREC mantiene en Gunston Cove continuará posteriormente con apoyo del condado de Fairfax, lo que permitirá incorporar los resultados del episodio a una serie ambiental que ya supera cuatro décadas.
Los investigadores colaboran además con Potomac Riverkeeper Network, Smithsonian Environmental Research Center y otras organizaciones que realizan muestreos a lo largo del río. La combinación de diferentes puntos de observación puede ayudar a determinar cómo se desplazan o desaparecen determinadas señales químicas y biológicas con el paso del tiempo.
El proyecto también formará a estudiantes universitarios, de posgrado y de secundaria en muestreo, análisis de laboratorio, interpretación de datos y comunicación científica. Más de diez estudiantes participan en el programa y trabajarán junto a investigadores y mentores.
La importancia científica del seguimiento radica precisamente en su duración. Una emergencia ambiental puede mostrar sus efectos más evidentes durante días o semanas, pero determinar si un ecosistema recuperó realmente sus condiciones anteriores exige comparar indicadores químicos y biológicos durante periodos mucho mayores.
En el Potomac, la existencia de muestras históricas desde 1984 ofrece una oportunidad poco habitual para hacerlo. El nuevo estudio permitirá confrontar décadas de información previa con las observaciones posteriores a uno de los mayores vertidos de aguas residuales registrados en Estados Unidos y establecer con mayor precisión qué huellas permanecieron en el agua, los organismos y la biodiversidad del río.
Fuentes referenciales:
George Mason University
U.S. Environmental Protection Agency
Virginia Department of Environmental Quality




