La vigilancia oceánica global entra en una zona crítica


Investigadores advierten que Europa y Asia deben reforzar el monitoreo del océano profundo ante la fragilidad de una red científica de la que dependen pronósticos, alertas climáticas y adaptación costera


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz


El sistema que permite observar el estado de los océanos está mostrando señales de fragilidad en un momento decisivo para el clima global. Investigadores vinculados a The Conversation y a un estudio publicado en Nature Climate Change advierten que el mundo depende de un número reducido de países para mantener una red de instrumentos que mide temperatura, salinidad, corrientes, calor oceánico y cambios bajo la superficie marina.

La preocupación central es que esta infraestructura no funciona como un programa aislado, sino como un sistema planetario de observación. Buques oceanográficos, boyas ancladas, flotadores autónomos, planeadores submarinos, sensores satelitales y hasta animales marinos equipados con instrumentos recopilan datos que sostienen pronósticos meteorológicos, alertas de ciclones, vigilancia de El Niño, proyecciones de nivel del mar y análisis de observación oceánica global.

Una red global sostenida por pocos países

El artículo original, firmado por Sabrina Speich, John Abraham, Kevin Trenberth y Lijing Cheng, plantea que la red mundial de observación oceánica es mucho más vulnerable de lo que muchos gobiernos asumen. El dato más contundente es que, si se retiraran las observaciones de un solo gran contribuyente, Estados Unidos, los errores en la estimación de la velocidad a la que se calienta el océano aumentarían un 163%.

La razón no es únicamente la cantidad de datos, sino su distribución geográfica. Los instrumentos estadounidenses cubren todas las cuencas oceánicas y llenan vacíos críticos que otros países no cubren con la misma amplitud. Por eso, perder esa contribución sería peor que perder al azar el 80% de los datos oceánicos globales.

El riesgo adquiere mayor relevancia por los recortes propuestos a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos y a la National Science Foundation. La advertencia no se limita a Norteamérica: el sistema también enfrenta presión en Europa, mientras China intenta fortalecer su propia contribución nacional sin contar todavía con los recursos que exige la escala del problema.

Por qué no basta con observar la superficie

Una parte esencial de la vigilancia oceánica ocurre bajo la superficie. Alrededor de 4.000 flotadores autónomos Argo descienden cada diez días hasta unos 2.000 metros de profundidad y luego emergen para transmitir datos de temperatura y salinidad por satélite. Pero Argo es solo una pieza del sistema.

Los buques de investigación realizan transectos desde la superficie hasta el fondo marino, las boyas ancladas entregan series continuas en zonas tropicales, los planeadores submarinos observan márgenes continentales y corrientes costeras, y los sensores instalados en elefantes marinos permiten recoger datos bajo el hielo polar. Cada plataforma responde preguntas que las demás no pueden resolver.

Esta complementariedad es clave para entender procesos como el almacenamiento de calor en profundidad, la reorganización de corrientes y la evolución de sistemas como la circulación oceánica del Atlántico. Si desaparece una parte de la red, el daño no depende solo del volumen de datos perdido, sino del lugar donde aparece el vacío.

Pronósticos, ciclones y nivel del mar dependen de esos datos

El Sistema Mundial de Observación de los Océanos, conocido como GOOS por sus siglas en inglés, suele presentarse como una herramienta de monitoreo climático. Sin embargo, su función práctica es mucho más amplia. Los modelos meteorológicos usados por servicios europeos y nacionales incorporan datos oceánicos varias veces al día. Sin esa información, los pronósticos pierden precisión con rapidez.

Los autores recuerdan que incluso los nuevos sistemas de predicción basados en inteligencia artificial dependen de la misma corriente de observaciones. La IA no sustituye las mediciones directas: necesita datos reales para mantener sus modelos ajustados al estado actual del planeta.

El conocimiento del calor y la salinidad bajo la superficie marina también es decisivo para anticipar temporadas agrícolas, demanda energética, disponibilidad de agua, formación de ciclones tropicales y evolución de olas de calor marinas. Las proyecciones de aumento del nivel del mar requieren décadas de mediciones consistentes, mientras que la salinidad permite estimar densidades y comprender la dinámica de las corrientes.

Modelos e inteligencia artificial no pueden reemplazar al océano real

Uno de los puntos más relevantes del análisis es la crítica a la idea de que los modelos avanzados pueden sustituir las observaciones. Los investigadores sostienen que ningún modelo, tradicional o basado en inteligencia artificial, puede compensar una medición que nunca se realizó.

Los satélites permiten observar la superficie del mar, pero no muestran lo que ocurre cientos o miles de metros más abajo. Allí se acumula calor, se reorganizan corrientes y se forman señales que pueden influir en el clima de las siguientes semanas, meses o décadas. Para ver esa dimensión profunda, hacen falta instrumentos dentro del agua.

El problema es especialmente serio en un planeta sometido a extremos crecientes. Un modelo entrenado con un pasado bien observado puede fallar si el presente queda mal medido. Cuando el océano cambia, la falta de datos no solo reduce la precisión científica: también debilita la capacidad de preparación ante tormentas, sequías, olas de calor marinas y alteraciones en ecosistemas.

Un costo bajo frente al precio de los desastres

El artículo calcula que el costo anual del sistema global de observación oceánica ronda los 1.000 millones de euros, considerando plataformas, personal y operación. Frente a esa cifra, los daños asociados a eventos extremos vinculados al océano alcanzan decenas de miles de millones de euros en Europa y cientos de miles de millones en temporadas graves de huracanes en Estados Unidos.

Las olas de calor marinas ya han afectado pesquerías, provocado blanqueamiento masivo de corales y alterado ecosistemas enteros. Sin observación sostenida bajo la superficie, las alertas llegan más tarde, las proyecciones se vuelven menos confiables y la adaptación costera pierde base científica.

Esta relación entre inversión y prevención conecta con un desafío más amplio: comprender cómo el océano regula el clima, absorbe calor y condiciona la vida marina. En esa línea, la investigación oceánica se vuelve esencial para evaluar riesgos sobre ecosistemas, costas y sociedades humanas, como también muestran los debates sobre la dependencia humana del océano.

Europa, Asia y la ventana que se estrecha

Los investigadores plantean que Europa debe tratar la observación oceánica como infraestructura crítica, al mismo nivel que los sistemas de navegación satelital o los servicios meteorológicos. Eso implica financiamiento estable y plurianual para flotadores, buques, boyas, planeadores y centros de datos.

El artículo subraya además el papel de Francia y de la Unión Europea. Francia posee la segunda zona económica exclusiva más grande del mundo, con presencia en los océanos Atlántico, Pacífico e Índico, pero aporta cerca del 5% de los perfiles globales de temperatura oceánica. La Unión Europea contribuye alrededor del 12%, menos de una cuarta parte de la contribución estadounidense.

La conferencia internacional OceanObs’29, prevista en China, aparece como una oportunidad para negociar un sistema más equilibrado. La cooperación científica entre Europa y China podría ganar peso porque ambas regiones tienen huellas de observación complementarias y, juntas, podrían cubrir una parte considerable del océano global.

El deterioro gradual de la red tendría efectos concretos: advertencias de ciclones menos fiables, pronósticos estacionales menos útiles, proyecciones de nivel del mar menos precisas y menor capacidad para seguir fenómenos como El Niño y sus impactos climáticos. La pérdida de colaboración internacional obligaría a reconstruir más tarde un sistema mucho más caro y difícil de recuperar.

Fuente(s) referenciales

Phys.org – Ocean monitoring is in trouble: It’s up to Europe and Asia to avoid losing sight of the world’s deep-sea ecosystems