La red que vigila los océanos del mundo está bajo presión cuando más se necesita


El Sistema Mundial de Observación de los Océanos sostiene pronósticos climáticos, alertas de tormentas y modelos de riesgo, pero enfrenta fragilidades financieras y políticas


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz

Los océanos están enviando señales cada vez más claras de que el sistema climático puede estar cambiando con mayor rapidez e intensidad de lo previsto. Para interpretar esas señales, la ciencia depende de una red global de instrumentos que trabaja de forma silenciosa y continua: flotadores autónomos, boyas ancladas, buques de investigación, planeadores submarinos y sensores instalados incluso en animales marinos.

Esa red es conocida como Sistema Mundial de Observación de los Océanos, o GOOS por sus siglas en inglés. Su función es reunir datos finos y constantes sobre temperatura, salinidad, circulación marina y otros procesos oceánicos que permiten detectar cambios, probar modelos climáticos y mejorar las proyecciones de riesgo futuro. El problema es que esta infraestructura científica también está bajo presión, justo cuando el calentamiento oceánico se vuelve más decisivo para comprender el clima global.

El sistema oculto detrás de los pronósticos modernos

El GOOS no es solo una red de vigilancia climática. Es un conjunto de sistemas complementarios diseñados para observar distintas partes del océano de diferentes maneras. Cerca de 4.000 flotadores robóticos Argo descienden cada diez días hasta unos 2.000 metros de profundidad y luego vuelven a la superficie para transmitir perfiles de temperatura y salinidad mediante satélite.

Los planeadores submarinos permiten estudiar remolinos, corrientes costeras y márgenes continentales donde los flotadores no pueden operar con la misma eficacia. En regiones polares, focas elefante equipadas con sensores recopilan información debajo del hielo marino, en áreas donde otros instrumentos tienen dificultades para llegar.

Estos datos alimentan muchos de los sistemas de predicción que usan las sociedades modernas. Los modelos meteorológicos numéricos, los pronósticos de huracanes y ciclones, las alertas de olas de calor marinas, las proyecciones de nivel del mar y los análisis de grandes corrientes oceánicas dependen de observaciones sostenidas bajo la superficie marina. Por eso, la observación oceánica se ha vuelto una pieza clave para entender el océano frente al cambio climático.

Lo que los satélites no pueden ver

Los satélites son fundamentales para medir condiciones superficiales, pero no pueden observar directamente las aguas profundas donde se acumula calor, se reorganizan corrientes y se forman señales tempranas de futuros cambios meteorológicos. Esa limitación vuelve indispensable la combinación de instrumentos distribuidos en el mar.

El análisis citado por Kevin Trenberth advierte que el sistema es más frágil de lo que parece. Si se retiraran las observaciones de un gran contribuyente como Estados Unidos, los errores en las estimaciones sobre la velocidad del calentamiento oceánico aumentarían un 163%, un deterioro mayor que perder al azar el 80% de todos los datos oceánicos globales.

La razón es geográfica. Los instrumentos estadounidenses cubren todas las cuencas oceánicas y llenan vacíos críticos que ningún otro país monitorea actualmente con el mismo alcance. Esa dependencia convierte los recortes propuestos a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos y a la National Science Foundation en un riesgo para el sistema global de observación.

Un océano que acumula calor y reorganiza riesgos

La vigilancia oceánica es especialmente importante porque el calor acumulado bajo la superficie no se distribuye de forma uniforme. Investigaciones recientes han mostrado que los océanos se están calentando más rápido en dos bandas globales, una en el hemisferio sur y otra en el hemisferio norte, con implicaciones para corrientes, tormentas y ecosistemas marinos.

Sin observaciones continuas, esos patrones serían mucho más difíciles de detectar. El GOOS permite seguir fenómenos como El Niño, las olas de calor marinas, la evolución de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico y los cambios que pueden afectar sequías, cosechas, demanda energética y adaptación costera.

El sistema también ayuda a entender por qué las temperaturas oceánicas récord no son solo un dato ambiental aislado. Los océanos han absorbido gran parte del exceso de calor asociado con las emisiones humanas, y esa acumulación influye en la humedad atmosférica, las lluvias intensas y la energía disponible para fenómenos extremos. En ese contexto, las señales sobre temperaturas récord en los océanos refuerzan la necesidad de mediciones constantes y comparables.

Una inversión pequeña frente al costo de perder información

El costo anual de operar el GOOS, incluyendo plataformas y personal en todo el mundo, ronda los 1.100 millones de dólares. La cifra puede parecer elevada, pero resulta menor frente a los daños económicos que puede generar una sola temporada intensa de huracanes, las pérdidas causadas por olas de calor marinas, el colapso de pesquerías o los eventos de blanqueamiento masivo de corales.

El artículo plantea que la observación oceánica es una de las inversiones públicas con mayor retorno para la gestión del riesgo climático. Mantener datos estables ayuda a mejorar alertas tempranas, reducir incertidumbres en los modelos y planificar medidas de adaptación con información más precisa.

El problema es que el sistema requiere renovación permanente. Los flotadores Argo suelen durar entre cuatro y cinco años antes de que sus baterías fallen. Para evitar vacíos en los océanos, deben desplegarse continuamente nuevos instrumentos. Nueva Zelanda cumple un papel destacado en esa tarea: desde 2004, el buque de investigación Kaharoa ha ayudado a desplegar más de 1.100 flotadores Argo para socios internacionales en el Pacífico y el Océano Austral.

Cooperación científica para no volar a ciegas

El análisis subraya que incluso países pequeños pueden contribuir de forma relevante mediante instituciones, experiencia técnica e interés marítimo. Pero también advierte que si una parte importante del GOOS se debilita por decisiones políticas o falta de financiamiento, todo el sistema perdería capacidad para entregar información confiable.

La conferencia científica internacional OceanObs’29, prevista en China dentro de tres años, aparece como una oportunidad para negociar un sistema de observación más equilibrado y ajustado a las realidades económicas y marítimas actuales. También podría fortalecer la cooperación científica entre países para que las redes complementarias cubran la mayor parte posible del océano global.

La advertencia central es directa: reconstruir un sistema degradado sería mucho más difícil y costoso que sostenerlo ahora. En un momento en que el océano acumula calor, reorganiza corrientes y condiciona riesgos climáticos futuros, perder observaciones equivaldría a entrar con menos información en una de las transformaciones planetarias más importantes de la historia humana.

Fuente(s) referenciales

Phys.org – The network watching the world’s oceans is under pressure—just when it’s needed most