Sedimentos de hace 3,4 millones de años muestran que la circulación atlántica se intensificó pese a una drástica reducción del flujo de agua desde el océano Índico
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Una reconstrucción del clima del Plioceno tardío ha cuestionado la idea de que la Fuga de Agulhas, el transporte de agua cálida y salada desde el océano Índico hacia el Atlántico, determina directamente la fortaleza de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC. El estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Utrecht y publicado en Nature Geoscience, encontró que ambos componentes del sistema oceánico respondieron de manera opuesta hace aproximadamente 3,4 millones de años.
Durante aquel episodio climático, la llegada de agua del Índico al Atlántico se debilitó drásticamente y pudo quedar casi interrumpida. Sin embargo, la formación de aguas profundas en el Atlántico Norte no perdió intensidad como predecía la teoría tradicional: se fortaleció. El resultado indica que la conexión entre la Fuga de Agulhas y la AMOC depende del estado general del clima y de la configuración de los límites oceánicos.
La AMOC redistribuye enormes cantidades de agua, calor y sal. Transporta aguas superficiales cálidas hacia el Atlántico Norte y devuelve hacia el sur aguas más frías y densas en profundidad. Su evolución tiene implicaciones para las temperaturas regionales, las precipitaciones, el nivel del mar y los ecosistemas, por lo que las investigaciones sobre los cambios observados en la corriente oceánica de Florida también buscan comprender cómo se reorganizan las distintas piezas de la circulación atlántica.
Un archivo climático conservado al sur de Sudáfrica
El equipo encabezado por Suning Hou empleó el Plioceno tardío, comprendido entre 3,6 y 2,6 millones de años atrás, como un laboratorio natural. Esta etapa incluyó un breve episodio glacial y condiciones posteriores más cálidas, una combinación que permitió examinar cómo respondieron las corrientes oceánicas ante transformaciones pronunciadas del clima.
Los investigadores analizaron un testigo de sedimentos recuperado en el Sitio U1475 del Programa Internacional de Descubrimiento del Océano, localizado en la Meseta de Agulhas, aproximadamente 500 kilómetros al sur de Sudáfrica. Las capas acumuladas en el fondo marino conservaron señales biológicas y químicas de las condiciones existentes durante millones de años.
Entre los indicadores estudiados figuraron quistes fósiles de dinoflagelados y biomarcadores lipídicos utilizados para reconstruir la temperatura del agua. Las variaciones en las comunidades de estos microorganismos permitieron identificar desplazamientos del frente subtropical, mientras que las moléculas orgánicas preservadas aportaron información sobre los cambios térmicos.
El equipo complementó ese registro con datos de temperatura procedentes del Sitio 625 del Programa de Perforación Oceánica, situado en el norte del golfo de México, y con reconstrucciones del Atlántico ecuatorial, el Caribe y el Atlántico Norte. Los resultados se compararon además con simulaciones climáticas correspondientes al Plioceno tardío.
La Fuga de Agulhas disminuyó, pero la AMOC ganó fuerza
Los registros indican que hace unos 3,4 millones de años el frente subtropical se desplazó hacia el norte. La región de Agulhas experimentó un enfriamiento cercano a 3 °C y el transporte de agua cálida y salada hacia el Atlántico disminuyó de forma muy marcada.
La interpretación mantenida durante décadas sostenía que una reducción de ese aporte de sal debía dificultar la formación de agua profunda en el Atlántico Norte y debilitar la AMOC. La evidencia geológica reveló el comportamiento contrario: la producción de agua profunda aumentó mientras la Fuga de Agulhas se encontraba fuertemente restringida.
Este patrón no fue interpretado como una anomalía localizada. La coincidencia de las señales en diferentes cuencas mostró una reorganización de la termoclina, la zona del océano donde la temperatura cambia rápidamente con la profundidad. El hallazgo obliga a considerar interacciones más amplias que una relación directa entre el aporte salino procedente del Índico y la intensidad de la circulación atlántica.
Otros archivos geológicos ya han demostrado que estas corrientes pueden adoptar configuraciones inesperadas. Los sedimentos oceánicos asociados al enfriamiento del hemisferio norte permiten reconstruir alteraciones ocurridas en escalas de millones de años, mientras que un estudio sobre el desplazamiento de la Corriente del Golfo hace 12.900 años documentó una respuesta rápida del Atlántico durante un episodio climático abrupto mucho más reciente.
El hallazgo no predice la evolución inmediata de la AMOC
Los autores advirtieron que el comportamiento identificado corresponde a una geografía y un estado climático específicos del Plioceno tardío. Por ello, el fortalecimiento observado hace 3,4 millones de años no significa que la AMOC actual vaya a responder del mismo modo ante el calentamiento contemporáneo.
Una diferencia importante es la entrada actual de agua dulce procedente del Ártico y del deshielo de Groenlandia, un factor que no operaba bajo las mismas condiciones durante el periodo analizado. El agua dulce reduce la salinidad y la densidad de las capas superficiales, lo que puede limitar su hundimiento y modificar la formación de aguas profundas.
El trabajo tampoco invalida las observaciones modernas que apuntan a cambios en la circulación atlántica. La persistente mancha fría situada al sur de Groenlandia e Islandia, por ejemplo, ha sido relacionada con una reducción del transporte de calor hacia el Atlántico subpolar. La nueva investigación se concentra en revisar uno de los mecanismos propuestos para explicar cómo los distintos componentes de la circulación se influyen entre sí.
Los científicos plantean que futuros modelos deberán representar con mayor detalle el desplazamiento del frente subtropical, la configuración de las fronteras oceánicas, los aportes de sal desde el Índico y la entrada de agua dulce desde las regiones polares. La evidencia del Plioceno muestra que una misma modificación en la Fuga de Agulhas puede producir respuestas diferentes según las condiciones de fondo del sistema climático.
Una revisión necesaria para los modelos del clima
La principal aportación del estudio es demostrar que la Fuga de Agulhas no puede considerarse un regulador universal y autónomo de la AMOC. El océano funciona mediante conexiones que varían con la posición de los frentes, la temperatura, la salinidad y la geometría de las cuencas.
Esta complejidad también explica por qué las proyecciones sobre el Atlántico mantienen márgenes de incertidumbre. Los modelos deben reproducir procesos desarrollados en escalas espaciales y temporales muy distintas, desde el intercambio de agua alrededor del sur de África hasta la formación de masas profundas cerca del Atlántico Norte.
Los sedimentos marinos proporcionan una referencia independiente para comprobar esas simulaciones. Al revelar que la AMOC pudo intensificarse mientras casi desaparecía una fuente de agua salada considerada esencial, el registro geológico ayuda a distinguir qué relaciones son permanentes y cuáles dependen de un estado climático particular.
Fuentes referenciales:
Infobae
Nature Geoscience
Universidad de Utrecht / EurekAlert
