Un estudio liderado por investigadores de UCL aporta la primera evidencia directa de que la corriente cambió de posición durante el Younger Dryas y alteró ecosistemas oceánicos del este de Canadá
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
La Corriente del Golfo, una de las grandes rutas de transporte de calor del Atlántico Norte, se desplazó cientos de kilómetros hacia el norte durante un enfriamiento abrupto ocurrido hace casi 13.000 años. El hallazgo, liderado por investigadores de University College London, muestra que ese cambio acercó aguas cálidas a la costa de Nueva Escocia, en el este de Canadá, y alteró temporalmente los ecosistemas marinos de la región.
La investigación fue publicada en Nature Communications bajo el título Co-ordinated shifts in deep-water formation and Gulf Stream migration during abrupt climate changes. El equipo reconstruyó condiciones oceánicas antiguas a partir de sedimentos marinos recuperados frente a la costa oriental de Canadá.
El episodio estudiado corresponde al Younger Dryas, un enfriamiento global rápido que comenzó hace aproximadamente 12.900 años, cuando el planeta y los océanos venían calentándose tras el final de la última Edad de Hielo. La investigación muestra que, durante ese evento, la Corriente del Golfo se movió hacia el norte cuando las corrientes profundas del Atlántico se debilitaron.
Una corriente clave para el Atlántico Norte
La Corriente del Golfo transporta aguas cálidas tropicales hacia el norte y cumple un papel central en la regulación climática del Atlántico Norte. Forma parte de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC, un sistema que funciona como una cinta transportadora oceánica y ayuda a redistribuir calor desde los trópicos hacia latitudes más altas.
Los cambios en este sistema son relevantes porque pueden modificar temperaturas regionales, hielo marino, ecosistemas y patrones climáticos. Ese riesgo ya aparece en estudios recientes sobre cómo un cambio en la Corriente del Golfo podría servir como señal temprana de una alteración mayor del sistema de corrientes oceánicas.
En el caso reconstruido por UCL, el desplazamiento hacia el norte habría calentado inicialmente las aguas cercanas a Nueva Escocia entre 4 °C y 5 °C. Ese cambio pudo alterar temporalmente los ecosistemas marinos locales antes de que agua fría y dulce procedente de zonas más septentrionales cubriera las aguas cálidas y anulara su efecto térmico.
Qué revelaron los sedimentos marinos de Canadá
Para reconstruir el pasado oceánico, el equipo analizó diminutas conchas fósiles conservadas en el lodo del fondo marino frente a Canadá. Estos microfósiles, conocidos como foraminíferos, registran señales químicas de la temperatura y salinidad del agua en la que vivieron.
El análisis permitió estimar cómo eran las condiciones del océano durante el Younger Dryas y demostrar que la Corriente del Golfo se desplazó hacia el norte durante un periodo de cambio climático abrupto. Los autores destacan que se trata de la primera evidencia geológica directa de ese movimiento en un gran evento climático pasado.
Fangjingcheng Zhu, autor principal del estudio, realizó la investigación en UCL y actualmente trabaja en la Universidad de Southampton. El investigador explicó que el trabajo muestra cómo los distintos componentes del sistema de circulación atlántica están conectados y pueden alterarse de forma rápida durante cambios climáticos intensos.
El Younger Dryas y el papel de la AMOC
El Younger Dryas fue una caída repentina y significativa de las temperaturas globales que duró algo más de 1.000 años. En menos de un siglo, la temperatura media global cayó alrededor de 0,6 °C, aunque algunas regiones del hemisferio norte registraron descensos medios anuales de hasta 10 °C.
Ese cambio estuvo asociado a una reorganización de las corrientes del Atlántico. Cuando la AMOC se debilita, se reduce el transporte de calor hacia el extremo norte del océano, lo que puede favorecer la expansión del hielo marino y provocar impactos climáticos amplios.
La preocupación actual se debe a que varios estudios proyectan un debilitamiento futuro de este sistema bajo el cambio climático. En Noticias de la Tierra se ha explicado recientemente que el sistema de corrientes del Atlántico podría estar perdiendo fuerza más rápido de lo estimado por análisis previos.
Un espejo del pasado para el clima futuro
El estudio no plantea que el escenario actual sea idéntico al Younger Dryas, pero sí muestra que el sistema atlántico puede reorganizarse de manera abrupta cuando cambian las condiciones de densidad, temperatura y salinidad del océano.
Los modelos climáticos indican que el calentamiento del Atlántico Norte puede hacer que sus aguas superficiales sean menos densas y menos capaces de hundirse, debilitando la AMOC. Si ese mecanismo pierde fuerza, llegaría menos calor oceánico desde los trópicos hacia el noroeste de Europa, con posibles efectos regionales sobre clima y ecosistemas.
La relación entre deshielo, salinidad y circulación atlántica también ha sido señalada en estudios sobre cómo el Atlántico podría perder fuerza en sus corrientes. La entrada de agua dulce desde Groenlandia y el aumento de precipitaciones pueden reducir la densidad del agua superficial y alterar su capacidad de hundimiento.
Impactos sobre ecosistemas y regiones costeras
El desplazamiento de la Corriente del Golfo hacia Nueva Escocia habría introducido aguas más cálidas en una región donde los ecosistemas estaban adaptados a otras condiciones. Aunque el estudio no cuantifica todos los efectos biológicos, sí señala una alteración temporal de los ecosistemas oceánicos del este de Canadá.
Estos cambios importan porque las corrientes no solo transportan calor. También influyen en nutrientes, distribución de especies, hielo marino, productividad oceánica y condiciones de pesca. Una migración de grandes corrientes puede modificar el hábitat disponible para especies marinas y alterar cadenas alimentarias completas.
Los océanos ya funcionan como un componente crítico del sistema climático. Absorben calor y carbono, redistribuyen energía y moderan temperaturas, pero esa función está bajo presión creciente, como se ha analizado en artículos sobre los océanos como escudo climático.
Más detalle para anticipar cambios abruptos
Alice Carter-Champion, coautora del estudio, realizó la investigación en UCL y actualmente trabaja en Royal Holloway, University of London. La investigadora destacó el valor de combinar múltiples registros marinos para reconstruir con más detalle la secuencia de cambios que impulsa el clima abrupto.
David Thornalley, profesor de UCL Geography y autor sénior del trabajo, señaló que la investigación mejora la comprensión de cómo interactúan distintas partes de la circulación del Atlántico Norte. Esa información permite anticipar qué tipo de cambios podrían producirse en el futuro si las corrientes oceánicas enfrentan mayor perturbación.
El valor del estudio está en mirar al pasado con datos físicos concretos. Los sedimentos marinos muestran que la Corriente del Golfo puede cambiar de posición cuando se reorganiza la circulación profunda del Atlántico. En un clima actual marcado por calentamiento, deshielo y cambios en salinidad, esa evidencia histórica se convierte en una señal de advertencia científica.
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