La ONU advierte que el episodio climático previsto entre los más intensos registrados puede multiplicar los efectos de inundaciones, sequías, calor y enfermedades durante los próximos meses
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
El fortalecimiento excepcional de El Niño durante 2026 representa una amenaza significativa para la salud pública mundial, advirtió este 22 de septiembre la Organización Mundial de la Salud (OMS), ante un episodio climático cuyos efectos ya comienzan a sentirse desde Centroamérica hasta Indonesia y que podría prolongar sus repercusiones durante 2027.
El organismo de Naciones Unidas considera que la combinación de temperaturas extremas, sequías, inundaciones y cambios en las precipitaciones puede aumentar diferentes riesgos sanitarios. Las consecuencias más graves se esperan allí donde los fenómenos climáticos coincidan con sistemas de salud débiles, inseguridad alimentaria, desplazamientos de población, dificultades de acceso a la atención médica o crisis humanitarias.
La advertencia llega después de meses de rápido fortalecimiento del fenómeno en el Pacífico ecuatorial. Las previsiones ya habían situado al El Niño 2026-2027 en una trayectoria hacia una intensidad histórica, con probabilidades muy elevadas de alcanzar la categoría de muy fuerte durante su fase máxima.
Lluvias intensas pueden favorecer enfermedades infecciosas
La OMS identifica diferentes mecanismos mediante los cuales El Niño puede repercutir en la salud. Las precipitaciones intensas y las inundaciones pueden deteriorar las condiciones sanitarias y crear ambientes favorables para enfermedades transmitidas por el agua, entre ellas el cólera.
El aumento de las lluvias y la acumulación de agua también pueden favorecer la reproducción de mosquitos transmisores de enfermedades como dengue, malaria y chikungunya. El impacto no será uniforme y dependerá de las condiciones meteorológicas de cada región, de la presencia de los vectores y de la capacidad de vigilancia y respuesta de los sistemas sanitarios.
Teresa Zakaria, responsable de reducción de riesgos, operaciones humanitarias y cambio climático de la OMS, calificó a El Niño como una amenaza importante para la salud pública y un multiplicador de riesgos. La especialista señaló que todavía existe una oportunidad para actuar antes de que los peligros asociados al fenómeno se conviertan en crisis de mayor magnitud.
Sequías, inundaciones y calor pueden coincidir en distintas regiones
El Niño es la fase cálida de la oscilación climática conocida como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO). Se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental que modifica la circulación atmosférica y puede reorganizar las lluvias y temperaturas a miles de kilómetros de su zona de origen.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó a comienzos de septiembre que el fenómeno estaba firmemente establecido y continuaría intensificándose. Su actualización elevó a casi el 100% la probabilidad de persistencia hasta febrero de 2027, una perspectiva que ya motivó un llamado internacional a prepararse para sequías, inundaciones y calor extremo.
El episodio de 2026 se desarrolla además sobre un planeta con temperaturas elevadas. El Niño es un fenómeno natural y no está causado por el cambio climático, pero puede añadir temporalmente calor a la atmósfera y modificar la distribución regional de las precipitaciones mientras actúa sobre un sistema climático que ya se encuentra calentado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.
El Pacífico alcanzó niveles excepcionales de calentamiento
La intensidad de El Niño se sigue mediante diferentes indicadores de temperatura oceánica y de acoplamiento entre el océano y la atmósfera. A principios de septiembre, la OMM informó que la anomalía media de la temperatura superficial en el Pacífico ecuatorial central y oriental había aumentado desde aproximadamente 1,5 °C por encima de lo normal entre mayo y julio, mientras valores semanales registrados entre finales de julio y mediados de agosto se situaron aproximadamente entre 2,2 y 2,6 °C por encima del promedio.
El calentamiento también se extiende bajo la superficie. En algunas zonas, las temperaturas subsuperficiales superaron en más de 8 °C los valores habituales durante julio y comienzos de agosto, una reserva de calor que contribuyó a reforzar las previsiones de intensificación durante los últimos meses de 2026.
La rápida evolución confirma las señales detectadas meses antes. En julio, los modelos ya otorgaban una probabilidad elevada de que El Niño se situara entre los episodios más intensos registrados desde 1950. Las actualizaciones posteriores reforzaron ese escenario a medida que aumentaban las anomalías térmicas del Pacífico.
Un episodio muy fuerte no produce los mismos efectos en todas partes
Los organismos meteorológicos insisten en que la intensidad de El Niño no determina automáticamente la magnitud de sus consecuencias en cada territorio. Un episodio excepcional aumenta la probabilidad de alteraciones importantes, pero los impactos concretos dependen de la estación, la ubicación geográfica, otros patrones oceánicos y atmosféricos y las condiciones locales.
En algunas regiones pueden predominar precipitaciones excesivas e inundaciones, mientras otras enfrentan sequías prolongadas, incendios y déficit hídrico. Estas diferencias son especialmente importantes para la planificación sanitaria, porque las necesidades derivadas de una inundación son distintas de las provocadas por escasez de agua, incendios forestales o calor extremo.
América Latina se encuentra entre las regiones bajo vigilancia. Desde mayo, los modelos meteorológicos venían señalando que un El Niño excepcional podía alterar las lluvias y los recursos hídricos de la región, aunque con efectos diferentes entre países y cuencas.
La vulnerabilidad social puede convertir el fenómeno en una crisis sanitaria
La preocupación de la OMS se concentra especialmente en la interacción entre la amenaza climática y las condiciones sociales. Una inundación, una sequía o una ola de calor no generan las mismas consecuencias en una población con servicios sanitarios sólidos que en comunidades afectadas simultáneamente por pobreza, desplazamiento, inseguridad alimentaria o acceso limitado a agua potable y atención médica.
Los efectos indirectos también pueden ser importantes. La pérdida de cosechas y las dificultades para abastecerse de agua pueden aumentar la inseguridad alimentaria, mientras las inundaciones pueden interrumpir carreteras, instalaciones sanitarias, sistemas de saneamiento y cadenas de suministro esenciales.
La experiencia de episodios anteriores demuestra además que los efectos de El Niño pueden continuar después del máximo calentamiento oceánico. El fenómeno actual podría alcanzar su mayor intensidad hacia finales de 2026, pero las alteraciones en temperatura y precipitaciones pueden extenderse durante 2027.
El calentamiento global modifica el contexto de El Niño
Los científicos distinguen entre el origen natural del ENSO y el calentamiento global provocado por las actividades humanas. El Niño ha ocurrido durante siglos, pero actualmente se desarrolla sobre océanos y una atmósfera más cálidos que durante buena parte del registro instrumental.
Investigaciones recientes también están examinando si el calentamiento antropogénico está modificando las características de los episodios más intensos. Para la preparación inmediata, sin embargo, el elemento fundamental es que el actual evento coincide con temperaturas globales excepcionalmente altas, lo que puede aumentar determinados riesgos asociados con el calor.
La evolución desde las primeras señales oceánicas hasta el episodio actual ha sido particularmente rápida. En mayo, observaciones satelitales mostraron una extensa masa de agua cálida desplazándose por el Pacífico ecuatorial, uno de los procesos que antecedieron al posterior establecimiento del fenómeno.
La alerta busca convertir los pronósticos en acciones preventivas
La OMS considera que los meses de anticipación proporcionados por las predicciones climáticas permiten adoptar medidas antes de que aparezcan los impactos más severos. Entre las prioridades se encuentran reforzar la vigilancia epidemiológica, anticipar las necesidades sanitarias y humanitarias y preparar los sistemas de respuesta en las regiones identificadas como vulnerables.
La OMM mantiene a los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales como las fuentes autorizadas para las alertas específicas de cada territorio. Los pronósticos globales permiten identificar tendencias y riesgos, pero no determinan por sí solos dónde ocurrirá una inundación, cuánto durará una sequía o qué comunidad experimentará un brote de enfermedad.
La incertidumbre geográfica no reduce la utilidad de la preparación. Precisamente porque El Niño redistribuye los riesgos de manera desigual, la combinación de vigilancia climática, información sanitaria y análisis de vulnerabilidad permite identificar con anticipación dónde una alteración meteorológica puede transformarse en una emergencia de salud pública.
Fuente referencial:
Phys.org




