La estación científica Concordia registró −84,1 °C durante el invierno austral, una medición que refleja las condiciones extremas de la meseta antártica y aporta datos para estudiar la variabilidad del clima
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
La estación de investigación Concordia, situada en el interior de la Antártida Oriental, registró una temperatura de −84,1 °C el 18 de julio de 2026, la lectura más baja medida en el planeta desde 2012. El dato fue confirmado por el Instituto Polar Francés Paul-Émile Victor y el Programa Nacional Italiano de Investigación Antártica, responsables de operar conjuntamente la base.
La temperatura extrema fue observada en dos mediciones realizadas a las 6:25 y las 6:34 de la mañana, hora local. Aunque Concordia experimenta regularmente valores inferiores a −80 °C durante el invierno austral, el episodio se situó entre los más intensos documentados allí y quedó a solo 0,6 °C del mínimo de −84,7 °C registrado en la estación durante 2010.
La altitud y la noche polar favorecieron el enfriamiento
Concordia se encuentra sobre la meseta antártica oriental, a más de 3.200 metros sobre el nivel del mar y aproximadamente a 1.100 kilómetros de la costa más cercana. La elevada altitud, la sequedad atmosférica, la estabilidad del aire y la ausencia de radiación solar durante varios meses permiten un enfriamiento especialmente intenso.
Bajo cielos despejados, la superficie helada pierde energía hacia el espacio sin que exista una cobertura significativa de nubes que retenga parte de ese calor. Durante la noche polar tampoco llega radiación solar capaz de compensar esa pérdida, por lo que las temperaturas pueden descender de forma continua cuando coinciden condiciones atmosféricas estables.
El coordinador italiano de Concordia, Gabriele Carugati, destacó que una temperatura inferior a −84 °C resulta notable incluso en un lugar donde el frío extremo forma parte del invierno. La medición muestra la amplitud que todavía puede alcanzar la variabilidad meteorológica en el interior del continente.
El registro no supera el mínimo histórico mundial
La lectura de Concordia no constituye la temperatura más baja medida oficialmente en la historia. Ese récord continúa en poder de la estación rusa Vostok, también ubicada en la Antártida Oriental, donde se registraron −89,2 °C el 21 de julio de 1983.
Los satélites han identificado temperaturas superficiales todavía inferiores en determinadas depresiones de la meseta antártica, pero esas estimaciones corresponden a la superficie del hielo y no a mediciones directas de la temperatura del aire realizadas conforme a los criterios utilizados para los récords meteorológicos oficiales.
Las condiciones extremas del interior contrastan con otros episodios observados en el mismo continente. En marzo de 2022, una masa de aire excepcionalmente cálida produjo una extraordinaria ola de calor sobre la Antártida Oriental, con anomalías de varias decenas de grados respecto de los valores habituales.
Un episodio local dentro de un clima de largo plazo
Una medición puntual de frío extremo no contradice el calentamiento global. El tiempo meteorológico describe las condiciones de un lugar durante horas o días, mientras que el clima se determina mediante tendencias observadas durante periodos prolongados y sobre áreas mucho más extensas.
La Antártida puede registrar simultáneamente temperaturas extremadamente bajas en su elevada meseta interior, pérdida de hielo en sectores costeros y calentamiento anómalo en otras regiones. Los estudios sobre los cambios climáticos que atraviesa el continente antártico muestran precisamente que su evolución no es uniforme.
Esta diversidad también aparece en el comportamiento del hielo. Durante 2026, la extensión del hielo marino antártico experimentó una recuperación parcial después de varios años excepcionalmente bajos, sin que ello elimine las tendencias y riesgos climáticos de largo plazo.
Concordia funciona como laboratorio del sistema climático
Las observaciones atmosféricas de la estación se realizan mediante procedimientos estandarizados y permiten examinar cómo interactúan la radiación, la humedad, el viento, las nubes y la superficie helada. Los datos extremos sirven para comprobar el desempeño de instrumentos y mejorar modelos utilizados para representar la atmósfera polar.
Concordia también alberga investigaciones sobre glaciología, astronomía, física atmosférica y adaptación humana al aislamiento. Durante el invierno, la base queda incomunicada por vía aérea y su personal permanece varios meses sin posibilidad ordinaria de evacuación o reabastecimiento.
La ubicación remota ofrece además condiciones apropiadas para preservar archivos ambientales. En una cueva excavada bajo la nieve se almacenan testigos procedentes de glaciares amenazados, una iniciativa vinculada con la conservación de antiguos registros climáticos contenidos en el hielo.
Los extremos ayudan a poner a prueba los modelos
Documentar correctamente episodios como el del 18 de julio permite analizar por qué la atmósfera alcanzó un estado tan frío y determinar si los modelos reproducen las condiciones observadas. La utilidad científica no reside únicamente en establecer un récord, sino en relacionar la medición con la circulación atmosférica, la cobertura nubosa y el balance energético de la superficie.
La vigilancia continuada resulta especialmente importante en la Antártida Oriental, una región cuyo comportamiento influye en las proyecciones del nivel del mar. Investigaciones recientes advierten que algunos procesos de deshielo de sus plataformas todavía presentan incertidumbres que deben incorporarse con mayor precisión a las simulaciones climáticas.
El registro de −84,1 °C aporta así una observación excepcional dentro de una serie científica más amplia. Su interpretación requiere distinguir entre un episodio meteorológico localizado y las transformaciones climáticas evaluadas mediante décadas de mediciones en la atmósfera, el océano y las masas de hielo.
Fuentes referenciales:
Infobae
Live Science
Smithsonian Magazine
