Investigadores de la Universidad de Cambridge analizaron 35 años de imágenes satelitales y encontraron grandes diferencias en la pérdida de vegetación de la Amazonía, el Cerrado y el bosque atlántico durante siete presidencias.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
Las políticas ambientales aplicadas durante diferentes gobiernos de Brasil han estado estrechamente relacionadas con los cambios en la pérdida de bosques y otros ecosistemas naturales del país durante las últimas tres décadas. Una investigación dirigida por la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, identificó importantes variaciones en la desaparición de vegetación nativa entre 1990 y 2025, coincidentes con los mandatos de siete presidentes brasileños.
El estudio, publicado el 22 de octubre de 2026 en la revista científica Environmental Research Communications, examinó la evolución de tres grandes biomas: la Amazonía, el Cerrado y el bosque atlántico. Los resultados muestran que las diferencias entre administraciones han sido considerables, aunque no todos los ecosistemas respondieron de la misma manera a los cambios institucionales, económicos y ambientales.
La investigación adquiere especial relevancia en el contexto electoral brasileño de octubre de 2026, porque permite observar cómo las decisiones sobre fiscalización, protección territorial y expansión agropecuaria han coincidido históricamente con diferentes ritmos de transformación de los hábitats naturales.
Treinta y cinco años de cambios en la vegetación brasileña
El equipo científico, encabezado por el biólogo conservacionista Vinicius Tonetti, del Departamento de Zoología de la Universidad de Cambridge, utilizó mapas de cobertura terrestre elaborados por el proyecto MapBiomas a partir de imágenes satelitales. Estos registros permitieron comparar la evolución de la vegetación nativa durante las sucesivas presidencias brasileñas.
Los investigadores encontraron que la mayor pérdida neta anual promedio de vegetación entre los tres biomas se produjo durante el gobierno de Itamar Franco, entre 1993 y 1994, cuando desaparecieron aproximadamente 3,62 millones de hectáreas por año.
Durante la presidencia de Fernando Henrique Cardoso, entre 1995 y 2002, la pérdida anual promedio se situó alrededor de 3,30 millones de hectáreas. Posteriormente, en los dos primeros mandatos de Luiz Inácio Lula da Silva, entre 2003 y 2010, el promedio descendió a unos 2,44 millones de hectáreas anuales.
La tendencia descendente continuó durante las administraciones de Dilma Rousseff y Michel Temer, con pérdidas promedio estimadas en 1,31 millones y 1,21 millones de hectáreas anuales, respectivamente.
En contraste, durante la presidencia de Jair Bolsonaro, la pérdida media anual de vegetación nativa aumentó hasta aproximadamente 2,36 millones de hectáreas, una cifra un 95 % superior al promedio registrado durante el gobierno de Temer.
Estas diferencias constituyen asociaciones históricas observadas en los registros territoriales. Su interpretación requiere considerar tanto las políticas ambientales como las condiciones económicas, las presiones agropecuarias y otros factores que influyen sobre los cambios de uso del suelo.
La Amazonía muestra reducciones, pero el Cerrado sigue perdiendo vegetación
Uno de los resultados más destacados del estudio aparece al comparar los registros recientes de la Amazonía con los del Cerrado, la extensa región de sabanas tropicales que ocupa buena parte del centro de Brasil.
Durante los primeros tres años del actual mandato de Lula da Silva, entre 2023 y 2025, la Amazonía perdió un promedio aproximado de 994.000 hectáreas anuales. Durante el gobierno anterior, encabezado por Bolsonaro, la cifra había alcanzado alrededor de 1,4 millones de hectáreas por año.
La disminución coincide con otros indicadores recientes sobre la reducción de la deforestación en Brasil, aunque la conservación de los ecosistemas continúa enfrentando presiones relacionadas con la transformación del territorio.
En el Cerrado, sin embargo, la investigación encontró una evolución diferente. La pérdida anual promedio de hábitats naturales alcanzó aproximadamente 1,28 millones de hectáreas entre 2023 y 2025, frente a unas 854.000 hectáreas durante la presidencia de Bolsonaro. Esto representa un incremento cercano al 50 % entre ambos períodos.
Los investigadores señalan que las diferencias de protección legal entre biomas, junto con las restricciones a la deforestación amazónica, podrían haber contribuido a desplazar parte de la expansión agrícola hacia las sabanas centrales.
El Cerrado cumple funciones ambientales fundamentales, especialmente en la regulación de los recursos hídricos y el mantenimiento de ecosistemas que alimentan importantes cuencas fluviales brasileñas. Su transformación afecta a una región ecológicamente distinta de la selva amazónica, pero igualmente relevante para la biodiversidad y el funcionamiento del territorio.
La expansión agrícola y las políticas de conservación
El estudio también examina el papel de las actividades económicas en la transformación de los ecosistemas. En particular, identifica la expansión de cultivos comerciales, como la soja, entre las presiones que han contribuido a modificar extensas superficies del Cerrado.
Los autores relacionan parte de este proceso con los cambios en los mercados internacionales de productos agrícolas, incluidos los movimientos comerciales entre Estados Unidos y China durante la primera administración de Donald Trump.
La creciente demanda de soja brasileña favoreció la expansión de la actividad agrícola en determinadas regiones. No obstante, la investigación también destaca que las decisiones sobre vigilancia ambiental, aplicación de sanciones y acuerdos contra la deforestación pueden influir en la magnitud de esas transformaciones.
En la Amazonía, los sistemas de monitoreo satelital de la deforestación han permitido identificar cambios en la cobertura forestal y proporcionar información para las actuaciones de las autoridades ambientales.
La comparación histórica indica que el crecimiento de la producción agropecuaria no necesariamente se traduce en aumentos proporcionales de la destrucción de vegetación nativa. Durante determinados períodos, la expansión económica coincidió con una reducción de las pérdidas de hábitats, en un contexto de mayor vigilancia y aplicación de medidas de protección.
El bosque atlántico registró períodos de recuperación
La investigación encontró un comportamiento particular en el bosque atlántico, un ecosistema que se extiende principalmente por el este de Brasil y que ha sufrido una intensa fragmentación como consecuencia de siglos de agricultura, urbanización y transformación territorial.
A diferencia de la Amazonía y el Cerrado, este bioma experimentó períodos en los que la superficie de vegetación nativa aumentó en términos netos.
Durante los primeros dos mandatos de Lula da Silva, el incremento promedio fue de aproximadamente 18.000 hectáreas anuales. Posteriormente, bajo la presidencia de Dilma Rousseff, la recuperación neta alcanzó cerca de 30.000 hectáreas por año.
Después de ese período, el bosque atlántico volvió a registrar pérdidas netas de vegetación, aunque de una magnitud considerablemente menor que las observadas en los otros dos biomas.
Este comportamiento evidencia que la evolución de los ecosistemas no puede evaluarse únicamente a partir de los indicadores de deforestación de la Amazonía. Las diferencias en la historia de ocupación, la fragmentación territorial y los procesos de regeneración hacen necesario examinar cada región por separado.
La importancia de distinguir entre recuperación de cobertura vegetal y recuperación ecológica también aparece en investigaciones sobre la biodiversidad del bosque atlántico brasileño, donde el aumento de vegetación no garantiza por sí mismo la restauración completa de los ecosistemas originales.
Las diferencias entre biomas plantean nuevos desafíos ambientales
Los investigadores advierten que las reducciones de deforestación concentradas en un solo bioma pueden resultar insuficientes cuando la transformación de hábitats continúa avanzando en otras regiones.
Según los resultados del análisis, el retorno de Lula da Silva a la presidencia coincidió con una disminución significativa de la pérdida de vegetación amazónica. Sin embargo, al considerar conjuntamente la Amazonía, el Cerrado y el bosque atlántico, la reducción total de la pérdida de vegetación nativa fue de apenas un 2 % respecto al período presidencial anterior.
Esta diferencia se explica principalmente por la persistencia de elevadas pérdidas de hábitats en el Cerrado, que compensaron buena parte de los avances registrados en la Amazonía.
La investigación también señala la importancia de los compromisos comerciales destinados a evitar la producción de soja en áreas recientemente deforestadas, así como de los marcos legales relacionados con la protección territorial y los derechos indígenas.
Desde una perspectiva ecológica, la conservación de la vegetación existente tiene consecuencias que van más allá de la superficie forestal. La pérdida de cobertura forestal puede intensificar el calor y modificar las precipitaciones, mientras que la degradación de los bosques reduce su capacidad para mantener hábitats y almacenar carbono.
Una perspectiva histórica para comprender la conservación en Brasil
El trabajo de Cambridge aporta una comparación de largo plazo que permite distinguir entre los resultados ambientales de diferentes administraciones y las trayectorias particulares de los principales biomas brasileños.
Los autores consideran que la vigilancia satelital, la fiscalización y los compromisos para reducir la deforestación han desempeñado un papel importante en los períodos de menores pérdidas de vegetación. Al mismo tiempo, reconocen que las presiones económicas y las diferencias de protección territorial continúan condicionando los resultados.
La investigación no implica que cada variación registrada pueda atribuirse exclusivamente a un presidente. Los datos muestran asociaciones entre períodos de gobierno y cambios ambientales, mientras que la explicación de esos cambios involucra decisiones institucionales y procesos económicos que pueden extenderse durante varios años.
Los registros de 1990 a 2025 ofrecen así una referencia para evaluar la conservación de los ecosistemas brasileños más allá de los resultados de un único año o de una sola región. Su principal aportación consiste en mostrar que la evolución ambiental de Brasil ha sido desigual tanto entre gobiernos como entre biomas, incluso cuando algunos indicadores nacionales mejoraban.
Fuentes referenciales:
Environmental Research Communications — Vegetation cover dynamics across presidential terms in Brazil
Universidad de Cambridge — Investigación sobre presidencias y pérdida de vegetación en Brasil, difundida por Phys.org




