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Calor extremo golpea a aves, peces y fauna silvestre


Las olas de calor más largas e intensas alteran la alimentación, la reproducción y la supervivencia de animales terrestres, acuáticos e invertebrados.


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.


La fauna silvestre es cada vez más vulnerable al calor extremo a medida que el cambio climático intensifica y prolonga las olas de calor. Al igual que ocurre con las personas, las temperaturas elevadas pueden alterar funciones básicas de los animales, desde la búsqueda de alimento hasta la reproducción.

El impacto ecológico del calor extremo ha recibido menos atención pública que sus efectos sobre la salud humana, pero las consecuencias pueden ser graves. En episodios intensos, el estrés térmico puede provocar deshidratación, fallos fisiológicos, abandono de crías y mortalidad masiva.

Las aves, entre los grupos más vulnerables

Las aves son especialmente sensibles a las altas temperaturas. Su temperatura corporal se sitúa normalmente entre 39 °C y 42 °C, y puede aumentar durante el vuelo o la búsqueda de alimento. Además, no tienen glándulas sudoríparas, por lo que les resulta más difícil disipar calor cuando el ambiente se vuelve extremo.

Para enfriarse, las aves recurren a la evaporación a través del sistema respiratorio. Este mecanismo consume agua y eleva el riesgo de deshidratación, especialmente en días muy calurosos. Los polluelos que permanecen en el nido durante el verano son todavía más vulnerables.

El problema se agrava en especies que anidan bajo aleros, como vencejos y golondrinas, porque las estructuras urbanas pueden acumular calor. La pérdida de refugios adecuados y la exposición a temperaturas extremas añaden presión sobre la biodiversidad en entornos urbanos y rurales.

Mamíferos pequeños y grandes también sufren

Los mamíferos regulan su temperatura mediante jadeo o sudoración, pero ese proceso implica pérdida de agua. En animales pequeños, la deshidratación puede aparecer con rapidez. Erizos y algunos roedores enfrentan riesgos importantes de hipertermia cuando las temperaturas se mantienen altas.

Los murciélagos también pueden sufrir mortandades masivas durante las olas de calor. En enero de 2026, miles de zorros voladores murieron durante un episodio de calor en el sureste de Australia, un ejemplo de cómo los eventos extremos pueden superar la capacidad de resistencia de una especie.

Los grandes mamíferos no quedan fuera del riesgo. Animales adaptados al frío, como osos, bisontes, renos y alces, pueden sufrir cuando su pelaje grueso deja de ser una ventaja y se convierte en una carga térmica. En koalas, una semana con máximas diurnas de 27 °C puede aumentar de forma significativa la probabilidad de enfermedad o muerte.

Invertebrados y especies acuáticas bajo presión

La mayoría de los invertebrados son ectotermos, es decir, su temperatura corporal depende en gran medida del ambiente. Cuando se supera su límite de tolerancia térmica, las consecuencias pueden ser severas, sobre todo en especies con movilidad reducida o nula.

Durante una ola de calor en el Pacífico Norte en 2021, murieron más de mil millones de mejillones, almejas y estrellas de mar. Este tipo de episodios muestra que el calor extremo puede transformar rápidamente comunidades enteras en costas, fondos poco profundos y ecosistemas intermareales.

En los peces, las altas temperaturas reducen el oxígeno disponible en el agua al mismo tiempo que aumentan las necesidades fisiológicas del animal. Esa combinación puede provocar estrés térmico, enfermedades, alteraciones reproductivas y mortalidad masiva, como ya se ha observado durante episodios de sequía y calor que afectan a ríos y peces.

Anfibios y reptiles frente a hábitats más secos

Ranas, sapos y tritones dependen fuertemente de la humedad. Durante las olas de calor, sus hábitats acuáticos pueden secarse y su piel permeable los vuelve especialmente propensos a la deshidratación. La reproducción también puede verse afectada si las zonas de desove desaparecen antes de tiempo.

Los reptiles, como lagartos y serpientes, tampoco están libres del problema. Al no regular internamente su temperatura, deben restringir su actividad durante los periodos más calurosos. Esa reducción puede limitar la búsqueda de alimento y alterar los horarios de caza.

Algunas especies pueden volverse más nocturnas para evitar el calor, pero esta adaptación no siempre resuelve el problema. Sus presas o recursos alimentarios no necesariamente están disponibles en los mismos horarios, lo que puede afectar la supervivencia y reproducción.

El cambio climático amplifica el riesgo

Las olas de calor repentinas dejan menos margen de adaptación que el calentamiento gradual. Por eso, los episodios extremos pueden tener efectos desproporcionados en animales que, en condiciones normales, toleran variaciones moderadas de temperatura.

La expansión de las olas de calor extremas está modificando la relación entre clima, agua, reproducción y disponibilidad de alimento. Cuando el calor coincide con sequías, incendios o pérdida de hábitat, el daño ecológico puede multiplicarse.

Los ecosistemas acuáticos también reflejan esa vulnerabilidad. Investigaciones previas han mostrado que las olas de calor frecuentes pueden afectar con fuerza a plantas acuáticas y ecosistemas de agua dulce, lo que a su vez repercute sobre peces, anfibios e invertebrados.

Una señal de alerta para la conservación

El calor extremo ya no puede entenderse solo como un problema meteorológico o sanitario. También es una amenaza ecológica que afecta a aves, mamíferos, peces, anfibios, reptiles e invertebrados.

La protección de refugios frescos, humedales, riberas, bosques, zonas sombreadas y corredores ecológicos puede ayudar a reducir la exposición de la fauna durante eventos extremos. La conservación debe incorporar cada vez más el riesgo térmico en la gestión de especies y ecosistemas.

El avance del calentamiento global aumenta la probabilidad de episodios climáticos extremos que alteran la vida silvestre. Para muchas especies, sobrevivir dependerá de contar con hábitats funcionales, agua disponible y menor presión humana durante los periodos críticos.

Fuente(s) referenciales

Phys.org