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🌍 Panorama Planetario

1 de noviembre de 2026 | Estado general del sistema Tierra

Resumen ejecutivo

El sistema climático terrestre continúa condicionado por el calentamiento acumulado de la atmósfera y los océanos, la persistencia de elevadas concentraciones de gases de efecto invernadero y la creciente exposición humana a fenómenos meteorológicos extremos.

Al comenzar noviembre, la vigilancia planetaria debe distinguir las tendencias climáticas de largo plazo de las condiciones meteorológicas de cada jornada. Una temperatura media global elevada no implica que todas las regiones experimenten simultáneamente calor extremo, del mismo modo que una tormenta intensa no demuestra por sí sola una modificación permanente del clima.

Este panel presenta indicadores estructurales y prioridades de observación. Las condiciones instantáneas requieren contrastarse con los registros operativos de los organismos científicos y meteorológicos correspondientes.

🌡️

Temperatura global

Indicador: anomalía térmica. La temperatura media de la superficie terrestre se evalúa mediante diferencias respecto de períodos climatológicos de referencia. Estas anomalías permiten comparar años y estaciones sin confundir los cambios estacionales normales con el calentamiento global.

La acumulación de energía en el sistema climático constituye una señal más robusta que cualquier récord aislado. Las series de NASA, NOAA y Copernicus permiten estudiar la persistencia del calentamiento, sus fluctuaciones interanuales y la distribución desigual de las anomalías entre océanos y continentes.

🌊

Océanos

Indicador: contenido de calor oceánico. El océano absorbe la mayor parte del exceso de energía acumulado en el sistema climático. Este almacenamiento influye en la expansión térmica del agua, la circulación marina y la intensidad potencial de determinados fenómenos atmosféricos.

La temperatura superficial es importante, pero no sustituye las mediciones de calor a diferentes profundidades. Las boyas Argo y los satélites aportan observaciones complementarias para comprender la evolución de las aguas marinas y sus consecuencias climáticas.

🏭

CO₂ atmosférico

Indicador: concentración en partes por millón. El dióxido de carbono es un gas de efecto invernadero de larga permanencia atmosférica. Su concentración refleja el balance entre emisiones humanas, absorción por ecosistemas terrestres y oceánicos y procesos naturales del ciclo del carbono.

Las mediciones de observatorios como Mauna Loa muestran variaciones estacionales superpuestas a una tendencia de incremento de largo plazo. Para establecer el valor correspondiente a noviembre de 2026 es necesario consultar las series instrumentales actualizadas, evitando extrapolar una lectura diaria no verificada.

🧊

Hielo polar

Indicador: extensión y masa de hielo. La criosfera responde al intercambio de energía entre océanos, atmósfera y superficies heladas. En noviembre, el hielo marino ártico atraviesa normalmente su fase de expansión estacional, mientras el antártico se aproxima a la temporada de mayor retroceso.

La extensión del hielo marino no equivale a su espesor ni a su volumen. También debe distinguirse del hielo continental de Groenlandia y la Antártida, cuya pérdida de masa contribuye directamente al aumento del nivel medio del mar.

🔥

Incendios de vegetación

Indicador: focos térmicos y condiciones de propagación. Los incendios dependen de la disponibilidad de combustible vegetal, su humedad, el viento, la temperatura y las fuentes de ignición. La detección satelital permite identificar anomalías térmicas, pero no todos los puntos calientes corresponden necesariamente a incendios forestales.

La interpretación debe combinar información de satélites, autoridades territoriales y observaciones meteorológicas. El humo puede deteriorar la calidad del aire a grandes distancias, incluso fuera de las áreas directamente afectadas por las llamas.

🏜️

Sequías

Indicador: déficit hídrico acumulado. La sequía meteorológica se relaciona con precipitaciones inferiores a las habituales; la agrícola, con insuficiencia de humedad disponible para los cultivos; y la hidrológica, con reducciones en caudales, embalses o aguas subterráneas.

Estos procesos no evolucionan necesariamente al mismo ritmo. Una lluvia intensa puede aliviar temporalmente la superficie del suelo sin recuperar acuíferos o reservas de agua. La evaluación requiere considerar precipitación, evapotranspiración, humedad del suelo y duración del déficit.

⛈️

Tormentas y fenómenos extremos

Indicador: exposición a peligros meteorológicos. Los ciclones, lluvias intensas, tormentas convectivas y episodios de viento fuerte presentan mecanismos físicos diferentes. Su vigilancia requiere modelos numéricos, radares, satélites y servicios nacionales de alerta temprana.

El impacto depende tanto de la intensidad del fenómeno como de la vulnerabilidad del territorio. La urbanización de zonas inundables, la pérdida de drenaje natural y las deficiencias de infraestructura pueden amplificar los daños asociados a precipitaciones extremas.

🌐

Balance del sistema Tierra

Indicador: desequilibrio energético. La diferencia entre la energía solar absorbida por el planeta y la energía que este devuelve al espacio permite estudiar el origen físico del calentamiento global.

El comportamiento de las nubes, los aerosoles, el hielo y los gases atmosféricos modifica ese balance. Su seguimiento exige series temporales suficientemente largas para separar fluctuaciones naturales, variabilidad estacional y cambios persistentes.

🔎 Señal planetaria destacada

La acumulación de calor es una señal transversal del cambio climático. No se manifiesta exclusivamente como aumento de temperatura del aire: también modifica el contenido térmico oceánico, la demanda evaporativa de la atmósfera, la estabilidad de los hielos y determinadas condiciones que favorecen extremos meteorológicos.

Por ello, el seguimiento científico debe integrar indicadores físicos diferentes. Ninguna variable aislada describe por completo la evolución del sistema Tierra.

📅 Perspectiva de vigilancia: 1–14 de noviembre de 2026

Durante las próximas dos semanas conviene prestar especial atención a la transición estacional del hemisferio norte, la evolución de los sistemas de bajas presiones, las precipitaciones intensas y las condiciones de humedad del suelo.

En el hemisferio sur, el avance de la primavera modifica la circulación atmosférica, la demanda de agua y las condiciones favorables para incendios en determinadas zonas. La temporada atlántica de huracanes permanece oficialmente abierta hasta el 30 de noviembre, aunque ello no implica la existencia de una tormenta activa.

La identificación de amenazas concretas, trayectorias, probabilidades e intensidades debe basarse en los boletines operativos vigentes, no en extrapolaciones de las tendencias generales.

Fuentes científicas de referencia: NASA GISS, NOAA, Copernicus Climate Change Service, Organización Meteorológica Mundial, NSIDC y Global Carbon Project. Panel interpretativo fechado el 1 de noviembre de 2026; no constituye un boletín de observaciones instrumentales en tiempo real.

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🌍 Panorama Planetario

1 de noviembre de 2026 | Estado general del sistema Tierra

Resumen ejecutivo

El sistema climático terrestre continúa condicionado por el calentamiento acumulado de la atmósfera y los océanos, la persistencia de elevadas concentraciones de gases de efecto invernadero y la creciente exposición humana a fenómenos meteorológicos extremos.

Al comenzar noviembre, la vigilancia planetaria debe distinguir las tendencias climáticas de largo plazo de las condiciones meteorológicas de cada jornada. Una temperatura media global elevada no implica que todas las regiones experimenten simultáneamente calor extremo, del mismo modo que una tormenta intensa no demuestra por sí sola una modificación permanente del clima.

Este panel presenta indicadores estructurales y prioridades de observación. Las condiciones instantáneas requieren contrastarse con los registros operativos de los organismos científicos y meteorológicos correspondientes.

🌡️

Temperatura global

Indicador: anomalía térmica. La temperatura media de la superficie terrestre se evalúa mediante diferencias respecto de períodos climatológicos de referencia. Estas anomalías permiten comparar años y estaciones sin confundir los cambios estacionales normales con el calentamiento global.

La acumulación de energía en el sistema climático constituye una señal más robusta que cualquier récord aislado. Las series de NASA, NOAA y Copernicus permiten estudiar la persistencia del calentamiento, sus fluctuaciones interanuales y la distribución desigual de las anomalías entre océanos y continentes.

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Océanos

Indicador: contenido de calor oceánico. El océano absorbe la mayor parte del exceso de energía acumulado en el sistema climático. Este almacenamiento influye en la expansión térmica del agua, la circulación marina y la intensidad potencial de determinados fenómenos atmosféricos.

La temperatura superficial es importante, pero no sustituye las mediciones de calor a diferentes profundidades. Las boyas Argo y los satélites aportan observaciones complementarias para comprender la evolución de las aguas marinas y sus consecuencias climáticas.

🏭

CO₂ atmosférico

Indicador: concentración en partes por millón. El dióxido de carbono es un gas de efecto invernadero de larga permanencia atmosférica. Su concentración refleja el balance entre emisiones humanas, absorción por ecosistemas terrestres y oceánicos y procesos naturales del ciclo del carbono.

Las mediciones de observatorios como Mauna Loa muestran variaciones estacionales superpuestas a una tendencia de incremento de largo plazo. Para establecer el valor correspondiente a noviembre de 2026 es necesario consultar las series instrumentales actualizadas, evitando extrapolar una lectura diaria no verificada.

🧊

Hielo polar

Indicador: extensión y masa de hielo. La criosfera responde al intercambio de energía entre océanos, atmósfera y superficies heladas. En noviembre, el hielo marino ártico atraviesa normalmente su fase de expansión estacional, mientras el antártico se aproxima a la temporada de mayor retroceso.

La extensión del hielo marino no equivale a su espesor ni a su volumen. También debe distinguirse del hielo continental de Groenlandia y la Antártida, cuya pérdida de masa contribuye directamente al aumento del nivel medio del mar.

🔥

Incendios de vegetación

Indicador: focos térmicos y condiciones de propagación. Los incendios dependen de la disponibilidad de combustible vegetal, su humedad, el viento, la temperatura y las fuentes de ignición. La detección satelital permite identificar anomalías térmicas, pero no todos los puntos calientes corresponden necesariamente a incendios forestales.

La interpretación debe combinar información de satélites, autoridades territoriales y observaciones meteorológicas. El humo puede deteriorar la calidad del aire a grandes distancias, incluso fuera de las áreas directamente afectadas por las llamas.

🏜️

Sequías

Indicador: déficit hídrico acumulado. La sequía meteorológica se relaciona con precipitaciones inferiores a las habituales; la agrícola, con insuficiencia de humedad disponible para los cultivos; y la hidrológica, con reducciones en caudales, embalses o aguas subterráneas.

Estos procesos no evolucionan necesariamente al mismo ritmo. Una lluvia intensa puede aliviar temporalmente la superficie del suelo sin recuperar acuíferos o reservas de agua. La evaluación requiere considerar precipitación, evapotranspiración, humedad del suelo y duración del déficit.

⛈️

Tormentas y fenómenos extremos

Indicador: exposición a peligros meteorológicos. Los ciclones, lluvias intensas, tormentas convectivas y episodios de viento fuerte presentan mecanismos físicos diferentes. Su vigilancia requiere modelos numéricos, radares, satélites y servicios nacionales de alerta temprana.

El impacto depende tanto de la intensidad del fenómeno como de la vulnerabilidad del territorio. La urbanización de zonas inundables, la pérdida de drenaje natural y las deficiencias de infraestructura pueden amplificar los daños asociados a precipitaciones extremas.

🌐

Balance del sistema Tierra

Indicador: desequilibrio energético. La diferencia entre la energía solar absorbida por el planeta y la energía que este devuelve al espacio permite estudiar el origen físico del calentamiento global.

El comportamiento de las nubes, los aerosoles, el hielo y los gases atmosféricos modifica ese balance. Su seguimiento exige series temporales suficientemente largas para separar fluctuaciones naturales, variabilidad estacional y cambios persistentes.

🔎 Señal planetaria destacada

La acumulación de calor es una señal transversal del cambio climático. No se manifiesta exclusivamente como aumento de temperatura del aire: también modifica el contenido térmico oceánico, la demanda evaporativa de la atmósfera, la estabilidad de los hielos y determinadas condiciones que favorecen extremos meteorológicos.

Por ello, el seguimiento científico debe integrar indicadores físicos diferentes. Ninguna variable aislada describe por completo la evolución del sistema Tierra.

📅 Perspectiva de vigilancia: 1–14 de noviembre de 2026

Durante las próximas dos semanas conviene prestar especial atención a la transición estacional del hemisferio norte, la evolución de los sistemas de bajas presiones, las precipitaciones intensas y las condiciones de humedad del suelo.

En el hemisferio sur, el avance de la primavera modifica la circulación atmosférica, la demanda de agua y las condiciones favorables para incendios en determinadas zonas. La temporada atlántica de huracanes permanece oficialmente abierta hasta el 30 de noviembre, aunque ello no implica la existencia de una tormenta activa.

La identificación de amenazas concretas, trayectorias, probabilidades e intensidades debe basarse en los boletines operativos vigentes, no en extrapolaciones de las tendencias generales.

Fuentes científicas de referencia: NASA GISS, NOAA, Copernicus Climate Change Service, Organización Meteorológica Mundial, NSIDC y Global Carbon Project. Panel interpretativo fechado el 1 de noviembre de 2026; no constituye un boletín de observaciones instrumentales en tiempo real.

Descubren por qué los cocodrilos sobrevivieron al asteroide


Un estudio dirigido por University College London analizó más de 7.000 registros fósiles y reconstruyó 245 millones de años de historia climática. Los resultados indican que las regiones tropicales pudieron servir de refugio para los antepasados de los cocodrilos tras la extinción de los dinosaurios.


Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.

La capacidad de los cocodrilos y sus antiguos parientes para permanecer en regiones cálidas pudo ser uno de los factores que les permitió sobrevivir al impacto del asteroide que provocó la extinción de los dinosaurios no avianos hace aproximadamente 66 millones de años. Una investigación internacional encabezada por científicos de University College London, en el Reino Unido, encontró que las zonas tropicales y subtropicales probablemente conservaron condiciones favorables para estos reptiles durante parte de la crisis ambiental que siguió a la colisión.

El estudio, publicado el 21 de octubre de 2026 en la revista científica Science Advances y difundido nuevamente el 30 de octubre, combinó más de 7.000 registros fósiles con información de más de 400 especies actuales y extintas. Los investigadores reconstruyeron la distribución de estos animales y las condiciones climáticas de sus hábitats durante aproximadamente 245 millones de años.

Los resultados muestran que, a lo largo de buena parte de su historia evolutiva, los linajes relacionados con los cocodrilos tendieron a desplazarse hacia regiones donde persistían las temperaturas que les resultaban favorables, en lugar de desarrollar constantemente nuevas tolerancias térmicas.

Esta relación prolongada con los ambientes cálidos pudo adquirir una importancia decisiva cuando el impacto de Chicxulub alteró el clima terrestre y transformó los ecosistemas de todo el planeta.

Los trópicos pudieron convertirse en refugios después del impacto

El asteroide que cayó en la actual península de Yucatán, México, hace 66 millones de años desencadenó una de las mayores crisis biológicas de la historia terrestre.

La colisión levantó enormes cantidades de materiales hacia la atmósfera y produjo alteraciones que afectaron la entrada de radiación solar, las temperaturas y las cadenas alimentarias.

La desaparición de los dinosaurios no avianos fue una de sus consecuencias más conocidas, pero el impacto también afectó a numerosos organismos marinos y terrestres.

Las evidencias geológicas de la extinción del final del Cretácico incluyen anomalías químicas, depósitos asociados con el impacto y cambios abruptos en los registros fósiles.

Sin embargo, las consecuencias ambientales no fueron necesariamente iguales en todas las regiones ni para todos los grupos de organismos.

Para investigar esta diferencia, el equipo dirigido por Alfio Alessandro Chiarenza simuló varios escenarios climáticos posteriores al impacto de Chicxulub.

Los resultados indicaron que determinadas zonas cercanas al ecuador podían conservar temperaturas compatibles con las necesidades de los antepasados de los cocodrilos, incluso después de una reducción importante de la energía solar que alcanzaba la superficie.

Estos espacios habrían funcionado como refugios climáticos, permitiendo que algunas poblaciones sobrevivieran y posteriormente volvieran a expandirse.

La investigación no identifica los lugares exactos donde sobrevivió cada linaje. Propone, mediante modelos climáticos y evidencia paleontológica, las regiones donde las condiciones pudieron seguir siendo adecuadas.

Más de 7.000 fósiles permitieron reconstruir su historia evolutiva

Para comprender por qué estos reptiles lograron atravesar grandes crisis ambientales, los investigadores examinaron su relación con el clima a lo largo de una escala temporal mucho más extensa que la propia extinción de los dinosaurios.

El análisis incorporó más de 7.000 registros fósiles y datos correspondientes a más de 400 especies vivas y desaparecidas pertenecientes al linaje de los pseudosuquios.

Este grupo incluye a los cocodrilos actuales y a numerosos parientes antiguos que presentaban formas corporales y modos de vida muy diferentes.

Los científicos combinaron la distribución geográfica de los fósiles con árboles evolutivos y reconstrucciones de la temperatura, las precipitaciones y la configuración de los continentes.

La metodología permitió estimar qué condiciones ambientales resultaban favorables para distintos linajes y cómo cambiaron sus áreas potenciales de distribución durante aproximadamente 245 millones de años.

El patrón predominante fue una asociación persistente con los ambientes cálidos.

Durante los períodos de temperaturas elevadas, estos animales ampliaron su distribución hacia latitudes más altas. Cuando el planeta experimentó fases de enfriamiento, sus áreas de presencia tendieron a contraerse hacia las regiones tropicales.

Este comportamiento se conoce como conservadurismo del nicho climático: la tendencia de un linaje a mantener determinadas preferencias ambientales durante períodos evolutivos prolongados.

Las investigaciones sobre cómo las antiguas crisis climáticas influyeron en la evolución de los reptiles también muestran que los cambios ambientales pueden modificar profundamente la diversidad y distribución de estos animales.

Los cocodrilos llegaron a vivir cerca de la Antártida

La relación entre estos reptiles y las temperaturas cálidas no significa que sus antepasados siempre permanecieran en las regiones tropicales.

Durante algunas etapas especialmente cálidas de la historia terrestre, los ecosistemas favorables se extendieron hacia lugares que actualmente presentan condiciones muy diferentes.

Hace aproximadamente 50 millones de años, durante el Eoceno temprano, la temperatura media mundial era alrededor de 10 grados Celsius superior a la actual y las regiones polares carecían de las grandes masas permanentes de hielo que conocemos.

En aquellas condiciones, los parientes de los cocodrilos podían habitar regiones de latitudes elevadas en América del Norte, Europa e incluso la Antártida.

Su presencia en estos territorios no implica que soportaran las temperaturas polares contemporáneas. Significa que aquellas regiones eran considerablemente más cálidas cuando los animales vivieron allí.

Posteriormente, el enfriamiento progresivo del planeta redujo la extensión de los ambientes adecuados y favoreció la retirada de estos linajes hacia latitudes menores.

Los investigadores identificaron también excepciones importantes a esta tendencia general.

Durante el máximo térmico del Cretácico, hace unos 94 millones de años, un linaje desarrolló tolerancia a temperaturas especialmente elevadas.

Otra excepción ocurrió hace aproximadamente 34 millones de años, cuando un grupo de cocodrilos australianos, actualmente extinto, se adaptó a ambientes cada vez más secos.

Estos casos demuestran que la evolución de los pseudosuquios no estuvo completamente limitada por preferencias climáticas invariables, aunque la conservación de ambientes cálidos fue el patrón dominante.

Las simulaciones evaluaron cuánto pudo oscurecerse la Tierra

Uno de los aspectos centrales del estudio fue la reconstrucción de posibles condiciones climáticas después del impacto de Chicxulub.

Los científicos analizaron escenarios en los que el polvo, las cenizas y otros materiales presentes en la atmósfera reducían la cantidad de radiación solar disponible.

Cuando los modelos incorporaron disminuciones del 5 % y del 10 % en la radiación solar, las regiones próximas al ecuador conservaron áreas potencialmente adecuadas para los cocodrilos y sus parientes.

En cambio, un escenario más extremo, con una reducción del 15 %, eliminó esos refugios climáticos dentro de las simulaciones.

Los autores señalaron que esta última configuración se considera menos probable según las interpretaciones climáticas utilizadas en su investigación.

También examinaron escenarios relacionados con un aumento del dióxido de carbono atmosférico asociado con el volcanismo de la época.

En esos experimentos, los cambios de dióxido de carbono no modificaron de manera decisiva la disponibilidad de condiciones térmicas favorables para los cocodrilos.

Los resultados deben interpretarse como simulaciones de posibles respuestas climáticas, no como mediciones directas de las temperaturas que experimentó cada población hace 66 millones de años.

El estudio tampoco establece que todos los cocodrilos antiguos sobrevivieran. Muchos linajes desaparecieron durante distintas etapas de su evolución.

La conclusión es más específica: algunas poblaciones pudieron encontrarse en regiones donde el deterioro climático fue menos incompatible con sus necesidades térmicas.

El clima no fue el único factor de supervivencia

Los investigadores advierten que la disponibilidad de refugios cálidos no explica por sí sola la supervivencia de estos reptiles.

Otras características biológicas pudieron contribuir a que determinadas poblaciones resistieran la crisis.

Entre ellas se encuentran el tamaño corporal relativamente pequeño de algunos supervivientes, los hábitos semiacuáticos, la capacidad de consumir distintos alimentos y las necesidades energéticas comparativamente reducidas de los animales ectotermos.

Los cocodrilos dependen en gran medida de fuentes externas de calor para regular su temperatura corporal. Esta característica les permite mantener un gasto energético menor que el de muchos animales que producen internamente gran parte del calor necesario para conservar una temperatura estable.

En condiciones de escasez alimentaria, un metabolismo de menor demanda puede representar una ventaja, aunque su eficacia depende del ambiente y de las características de cada especie.

La desaparición de los dinosaurios también estuvo acompañada por transformaciones de la vegetación y de las comunidades animales.

Los estudios sobre los cambios evolutivos de las plantas después de la extinción de los dinosaurios muestran que aquella crisis tuvo consecuencias ecológicas que se prolongaron mucho más allá del impacto inicial.

La combinación de refugios ambientales, flexibilidad alimentaria y menores requerimientos energéticos ofrece una explicación más completa de la supervivencia de algunos linajes de cocodrilos.

Los antiguos parientes de los cocodrilos eran mucho más diversos

Los cocodrilos actuales conservan una apariencia relativamente uniforme, caracterizada por cuerpos alargados, mandíbulas poderosas y adaptaciones a la vida en ambientes acuáticos.

Sin embargo, su historia evolutiva incluye animales con características extraordinariamente diferentes.

Entre los pseudosuquios antiguos existieron depredadores completamente terrestres, formas herbívoras protegidas por estructuras óseas y especies gigantescas.

Uno de los representantes más conocidos es Sarcosuchus, un gran depredador que pudo alcanzar aproximadamente 12 metros de longitud.

Otro ejemplo es Postosuchus, un animal terrestre que podía desplazarse sobre cuatro extremidades y, posiblemente, adoptar una locomoción bípeda en determinadas circunstancias.

Esta diversidad demuestra que los cocodrilos modernos representan solo una pequeña parte de un linaje que experimentó numerosos cambios anatómicos y ecológicos.

La persistencia de preferencias térmicas relativamente semejantes entre formas tan diferentes constituye uno de los resultados más interesantes del estudio.

El equipo considera que esa estabilidad climática pudo condicionar tanto la expansión de los grupos como su desaparición en distintas regiones del planeta.

La investigación también plantea desafíos para los cocodrilos actuales

La capacidad histórica de desplazarse hacia regiones con condiciones adecuadas plantea una cuestión importante para la conservación de los cocodrilos contemporáneos.

Durante millones de años, estos animales pudieron modificar sus áreas de distribución conforme cambiaban las temperaturas y los ambientes disponibles.

Sin embargo, en el mundo actual, las carreteras, las ciudades, las tierras agrícolas y otras transformaciones del territorio pueden limitar la conexión entre los ecosistemas.

Philip Mannion, profesor del Departamento de Ciencias de la Tierra de University College London y coautor del trabajo, señaló que las especies actuales necesitan disponer de espacios adecuados para responder a las transformaciones ambientales.

La investigación no predice que todos los cocodrilos ampliarán su distribución ni que el calentamiento favorecerá necesariamente a sus poblaciones.

Las respuestas dependerán de las temperaturas locales, la disponibilidad de agua, los lugares de reproducción, las presas y las presiones humanas sobre sus hábitats.

El trabajo también refuerza la importancia de considerar cómo los cambios ambientales afectan de manera diferente a cada grupo de organismos.

La reorganización de los ecosistemas terrestres después de la extinción del Cretácico demuestra que una misma perturbación planetaria puede producir desapariciones, supervivencias y nuevas oportunidades evolutivas.

Una explicación climática para una supervivencia de 66 millones de años

La investigación fue desarrollada por Alfio Alessandro Chiarenza, Alexandra F. C. Howard, Grace L. Varnham, Alex Farnsworth, Paul J. Valdes y Philip D. Mannion.

El artículo científico, titulado Climatic niche conservatism shapes the macroevolution, extinction, and survivorship of crocodile-line archosaurs, apareció en Science Advances, volumen 12, número 43, con el identificador DOI 10.1126/sciadv.aeg2217.

El proyecto recibió financiación de la Royal Society, el Leverhulme Trust y el Natural Environment Research Council del Reino Unido.

Su principal aportación consiste en conectar la historia evolutiva de los cocodrilos con las condiciones climáticas que pudieron persistir después de una de las mayores catástrofes biológicas del planeta.

Los modelos no demuestran por sí solos dónde sobrevivieron todos los antepasados de los cocodrilos actuales, pero respaldan la hipótesis de que la distribución geográfica previa al impacto y la persistencia de refugios cálidos contribuyeron a su supervivencia.

La investigación muestra que, para comprender por qué determinados grupos atravesaron una extinción masiva mientras otros desaparecieron, no basta con estudiar la magnitud de la catástrofe. También es necesario reconstruir qué ambientes permanecieron habitables y qué características biológicas permitieron aprovecharlos.

Fuentes referenciales:
Science Advances – Climatic niche conservatism shapes the macroevolution, extinction, and survivorship of crocodile-line archosaurs
University College London – Keeping to warm climates helped crocodiles outlast the dinosaurs
PubMed – Registro bibliográfico del estudio