Una investigación internacional revela que una extensa masa de agua del hemisferio sur pasó de perder salinidad a volverse más salada, densa y profunda desde 2016. El fenómeno, relacionado con la disminución del hielo marino antártico, podría modificar el almacenamiento de calor y carbono en los océanos.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
Una de las grandes masas de agua que conectan los océanos del hemisferio sur está experimentando una transformación inesperadamente rápida. Un equipo internacional de investigadores identificó un cambio abrupto en la salinidad y la densidad del Agua Intermedia Antártica, una extensa capa oceánica que participa en la redistribución de calor, oxígeno, agua dulce y carbono entre distintas regiones del planeta.
La investigación, publicada el 28 de octubre de 2026 en la revista científica Nature Climate Change, encontró que esta masa de agua invirtió una tendencia que se había mantenido durante aproximadamente dos décadas. Después de un período de disminución de la salinidad, comenzó a volverse más salada, más densa y a desplazarse hacia mayores profundidades.
El cambio está relacionado con la reducción del hielo marino que rodea la Antártida y con la consiguiente alteración del aporte estacional de agua dulce al océano.
Los científicos advierten que esta transformación podría tener consecuencias para la circulación oceánica global, el almacenamiento de carbono y las estimaciones del calentamiento de las aguas profundas. Sin embargo, todavía existen incertidumbres sobre la magnitud y el momento en que podrían manifestarse esos efectos.
Una masa de agua que conecta tres grandes océanos
El Agua Intermedia Antártica, conocida por sus siglas en inglés como AAIW, se forma en el entorno del océano Austral y se extiende hacia latitudes más bajas a través de las cuencas del Atlántico, el Índico y el Pacífico.
Esta masa de agua ocupa profundidades intermedias y desempeña una función importante en los intercambios entre las aguas superficiales y el interior oceánico.
Sus características dependen, entre otros factores, de la temperatura, la salinidad y la densidad. Estas propiedades determinan cómo se hunde el agua, a qué profundidad se desplaza y de qué manera participa en la circulación marina.
La importancia de estos procesos radica en que los océanos no funcionan como depósitos de agua independientes. Forman parte de un sistema interconectado que transporta energía y sustancias disueltas entre regiones separadas por miles de kilómetros.
La influencia de estas conexiones también se ha identificado en investigaciones sobre el papel de los océanos de ambos hemisferios durante las glaciaciones, que muestran cómo las modificaciones de la circulación pueden alterar el almacenamiento de carbono a escala planetaria.
Dos décadas de cambios que se invirtieron desde 2016
El estudio fue dirigido por Bishakhdatta Gayen, profesor asociado de la Universidad de Melbourne y del Instituto Indio de Ciencias, junto con el investigador doctoral Kaushik Mishra, de esta última institución.
También participó Alberto Naveira Garabato, profesor de la Universidad de Southampton, en el Reino Unido.
El equipo reconstruyó la evolución del Agua Intermedia Antártica mediante observaciones oceánicas, datos satelitales e información atmosférica.
Entre 1995 y 2015, la masa de agua mostró una tendencia hacia una menor salinidad, relacionada con el aporte estacional de agua dulce procedente del deshielo del hielo marino antártico.
Sin embargo, entre 2016 y 2024 se produjo una inversión de esa tendencia. La disminución del aporte de agua dulce coincidió con un aumento de la salinidad y de la densidad del Agua Intermedia Antártica.
Como consecuencia, esta masa de agua también comenzó a ocupar niveles más profundos.
Los investigadores consideran que sus resultados constituyen la primera evidencia observacional directa de esta inversión reciente en las propiedades del Agua Intermedia Antártica.
La reducción del hielo marino modificó el aporte de agua dulce
El mecanismo identificado por el equipo está estrechamente relacionado con los cambios en la extensión del hielo marino antártico.
Durante décadas, la expansión y el retroceso estacional del hielo contribuyeron a regular el suministro de agua dulce hacia el océano.
Hasta aproximadamente 2015, el aporte asociado al deshielo estival favorecía una menor salinidad en las aguas que posteriormente se incorporaban a la circulación oceánica intermedia.
Desde 2016, la reducción del hielo marino alteró ese mecanismo.
Gayen explicó que, antes de esa fecha, el aporte estacional de agua dulce procedente del deshielo antártico equivalía aproximadamente a tres veces el caudal anual completo del río Amazonas, estimado en unos 6.600 kilómetros cúbicos.
Con la disminución del hielo marino, ese aporte se redujo hasta una magnitud equivalente a aproximadamente dos veces el volumen anual del Amazonas.
La comparación permite dimensionar la enorme cantidad de agua dulce involucrada en este proceso y su importancia para las propiedades físicas de las aguas oceánicas.
La reducción del suministro de agua dulce contribuye a que el Agua Intermedia Antártica sea relativamente más salada. Al aumentar su densidad, también puede cambiar la profundidad a la que se incorpora a la circulación oceánica.
Los flotadores Argo permitieron observar la transformación
Para identificar estos cambios, los investigadores utilizaron información del programa internacional Argo, una red de aproximadamente 4.000 flotadores robóticos distribuidos por los océanos.
Estos instrumentos registran perfiles de temperatura, salinidad y otras propiedades del agua a distintas profundidades.
Las mediciones permiten estudiar procesos que no pueden identificarse únicamente mediante observaciones de la superficie marina.
El equipo combinó los registros de Argo con información satelital sobre la extensión del hielo marino y conjuntos de datos atmosféricos.
Esta integración permitió relacionar los cambios en las propiedades del Agua Intermedia Antártica con la evolución reciente del hielo que rodea el continente austral.
La importancia de disponer de observaciones continuas también se refleja en una investigación que combinó mediciones satelitales y datos Argo para reconstruir la distribución del calor oceánico durante las últimas dos décadas.
Ambos trabajos muestran que los cambios del océano no pueden comprenderse completamente a partir de las temperaturas superficiales, porque una parte importante de los procesos climáticos ocurre bajo la superficie.
Una transformación excepcional por su rapidez
Uno de los aspectos que más preocupa a los científicos es la velocidad con la que se produjo la inversión de la tendencia.
Gayen señaló que una transición comparable en las propiedades del Agua Intermedia Antártica habría ocurrido al final del último período interglacial, hace aproximadamente 130.000 años, cuando la extensión del hielo antártico era muy reducida.
Sin embargo, aquella transformación se desarrolló durante miles de años, mientras que el cambio reciente se ha producido en un intervalo de aproximadamente dos décadas.
Esta comparación no significa que las condiciones actuales sean idénticas a las del pasado ni que la evolución futura esté determinada.
Su importancia reside en que evidencia una modificación rápida de una masa de agua que normalmente responde a procesos oceánicos y climáticos de gran escala.
Los investigadores consideran que esta velocidad plantea nuevas preguntas sobre la sensibilidad de la circulación oceánica a las variaciones del hielo marino.
El almacenamiento de calor y carbono podría cambiar
Los océanos desempeñan una función fundamental en la regulación del clima terrestre porque absorben más del 90 % del exceso de calor acumulado en el sistema climático y una parte importante del dióxido de carbono emitido por las actividades humanas.
La circulación oceánica permite transportar parte de ese calor y carbono hacia el interior del mar, donde pueden permanecer almacenados durante períodos prolongados.
El Agua Intermedia Antártica participa en estos intercambios al conectar las aguas superficiales del océano Austral con regiones más profundas y con otras cuencas oceánicas.
Si sus propiedades cambian de manera sostenida, también podría modificarse la cantidad de agua superficial que se transporta hacia el interior del océano y la profundidad a la que llega.
Gayen advirtió que una alteración de este mecanismo podría influir sobre la cantidad de carbono que permanece almacenada en el océano, aunque todavía no se conoce con precisión la magnitud ni la evolución temporal de ese posible efecto.
Por su parte, Mishra señaló que los cambios en el Agua Intermedia Antártica podrían favorecer el transporte de una mayor cantidad de calor hacia profundidades superiores a las consideradas en algunas proyecciones actuales.
Esto plantea la posibilidad de que determinados modelos estén subestimando el calentamiento del océano profundo y, por tanto, calculando de manera incompleta algunos cambios regionales del nivel del mar.
La preocupación se relaciona con los resultados de los informes recientes sobre la transformación de los océanos, el calentamiento marino y la subida del nivel del mar, que documentan la importancia de mejorar las observaciones y las proyecciones climáticas.
Las consecuencias podrían extenderse al Atlántico, Índico y Pacífico
Alberto Naveira Garabato explicó que las modificaciones del Agua Intermedia Antártica no necesariamente permanecerán confinadas a las proximidades de la Antártida.
Esta masa de agua se desplaza hacia el norte y participa en intercambios que alcanzan los océanos Atlántico, Índico y Pacífico.
Por ello, un cambio persistente en sus propiedades podría propagarse progresivamente a través de la circulación oceánica durante años o décadas.
Los investigadores también consideran que estas alteraciones podrían influir en la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC, un sistema de corrientes que transporta calor y conecta diferentes profundidades del océano Atlántico.
La AMOC desempeña un papel relevante en la distribución de energía hacia el Atlántico Norte y en la regulación de condiciones climáticas regionales.
Su posible debilitamiento ya ha sido examinado en investigaciones que advierten sobre cambios en la intensidad de las corrientes atlánticas.
Sin embargo, el nuevo estudio no demuestra que la transformación del Agua Intermedia Antártica haya provocado un debilitamiento concreto de la AMOC ni que su colapso sea inevitable.
Los autores plantean una posible conexión física que requiere seguimiento y nuevas investigaciones.
También podrían modificarse las condiciones atmosféricas
Las consecuencias potenciales de esta transformación no se limitan al interior de los océanos.
La circulación marina influye sobre la distribución del calor en la superficie y sobre los intercambios de energía entre el océano y la atmósfera.
Por esa razón, modificaciones persistentes en las masas de agua pueden contribuir, con el tiempo, a cambios en los patrones atmosféricos.
Naveira Garabato indicó que la alteración del Agua Intermedia Antártica podría llegar a influir sobre la circulación atmosférica, las condiciones meteorológicas y las trayectorias de las tormentas en el hemisferio sur.
No obstante, estas posibles consecuencias todavía deben investigarse y cuantificarse.
El estudio no permite atribuir fenómenos meteorológicos recientes a la transformación identificada ni establecer pronósticos específicos de tormentas, precipitaciones o temperaturas regionales.
Un nuevo desafío para las proyecciones climáticas
La investigación, titulada Reversal of Antarctic Intermediate Water trends triggered by sea ice decline, fue publicada en Nature Climate Change y aporta una nueva perspectiva sobre la relación entre el hielo marino antártico y la circulación oceánica global.
Su principal resultado es la identificación de una inversión rápida y observada directamente en las propiedades del Agua Intermedia Antártica, después de aproximadamente dos décadas de evolución en sentido contrario.
Los investigadores consideran que este comportamiento revela una interacción entre el hielo marino, el aporte de agua dulce y las masas de agua intermedias que debe incorporarse de manera más precisa a los modelos climáticos.
También destaca la necesidad de mantener las observaciones del océano Austral y de las profundidades marinas para determinar si la tendencia reciente continúa, se intensifica o vuelve a modificarse.
Comprender la evolución del Agua Intermedia Antártica será importante para evaluar cómo los océanos redistribuyen el calor, almacenan carbono y responden a los cambios del clima en las próximas décadas.
Fuentes referenciales:
Nature Climate Change — Reversal of Antarctic Intermediate Water trends triggered by sea ice decline
Universidad de Melbourne — Major Southern Hemisphere ocean layer shifts, raising questions about heat and carbon storage




