El décimo Informe sobre el Estado de los Océanos registra calor récord, una subida más rápida del nivel del mar y un aumento de la acidificación
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Los océanos del planeta están acumulando cantidades crecientes de calor, el nivel medio global del mar continúa elevándose y la química del agua está cambiando por la acidificación. El décimo Informe sobre el Estado de los Océanos de Copernicus, publicado el 30 de septiembre de 2026, reúne décadas de observaciones para mostrar una transformación que ya afecta a ecosistemas, costas y comunidades dependientes del mar.
La nueva edición del Copernicus Ocean State Report fue elaborada dentro del Servicio Marino de Copernicus, implementado por Mercator Ocean International para la Unión Europea. El informe combina observaciones satelitales, mediciones realizadas directamente en el océano y sistemas de reanálisis para estudiar cambios físicos, biogeoquímicos y ecológicos a escala global y regional.
Entre los indicadores más contundentes aparece el contenido de calor oceánico. Durante 2025, el océano absorbió 23 zettajulios adicionales de calor, una cantidad equivalente a aproximadamente 40 veces la energía consumida por el mundo durante ese mismo año. El dato amplía una tendencia que ya había llevado al contenido de calor oceánico y al nivel del mar a alcanzar valores récord en 2025.
El océano absorbió otros 23 zettajulios de calor
El calentamiento oceánico constituye uno de los principales indicadores del desequilibrio energético de la Tierra. El mar absorbe gran parte del exceso de calor acumulado en el sistema climático, por lo que los cambios en su contenido térmico permiten observar tendencias que no siempre son evidentes analizando únicamente la temperatura atmosférica.
Copernicus señala que el contenido de calor del océano ha aumentado a un ritmo acelerado desde 1960. La incorporación de otros 23 zettajulios durante 2025 confirma la persistencia de esa acumulación energética y sus consecuencias potenciales sobre ecosistemas, circulación oceánica y condiciones climáticas.
Las señales también aparecen en la superficie. Durante 2026, diferentes mediciones han mostrado temperaturas excepcionalmente elevadas, en continuidad con una tendencia que Noticias de la Tierra documentó al analizar cómo los océanos alcanzaron temperaturas récord y elevaron la alerta climática.
El calentamiento no se distribuye uniformemente. Algunas regiones experimentan anomalías particularmente intensas y episodios prolongados de temperaturas elevadas. Las olas de calor marinas amenazan corales, praderas submarinas, peces y otros ecosistemas oceánicos, especialmente cuando las temperaturas extremas persisten durante semanas o meses.
El nivel medio del mar acelera su aumento
Otro de los indicadores recogidos por Copernicus es la evolución del nivel del mar. Entre 1999 y 2025, el nivel medio global aumentó a una tasa de 3,8 ± 0,3 milímetros por año. Cuando se analiza el periodo más reciente, entre 2012 y 2025, la velocidad asciende a 4,2 ± 0,3 milímetros anuales.
La diferencia entre ambos periodos refleja una aceleración de la subida del nivel medio global. El calentamiento contribuye mediante la expansión térmica del agua, mientras el deshielo de glaciares y capas de hielo continentales añade masa a los océanos.
La elevación global, sin embargo, no implica que todas las costas experimenten exactamente el mismo cambio. Procesos regionales, movimientos verticales del terreno, circulación oceánica y redistribución de masas pueden modificar considerablemente el impacto local. Investigaciones recientes han mostrado que la gravedad, la deformación de la corteza y la redistribución oceánica pueden alterar el riesgo asociado al nivel del mar.
Estas diferencias son especialmente relevantes para islas y zonas costeras bajas, donde unos pocos centímetros adicionales pueden modificar la frecuencia de las inundaciones, favorecer la erosión y aumentar la exposición de viviendas, carreteras y otras infraestructuras.
La acidificación aumentó alrededor de 17 % en cuatro décadas
La transformación del océano no se limita a su temperatura y volumen. El informe indica que la acidez oceánica aumentó aproximadamente 17 % entre 1985 y 2025. El proceso está relacionado con la absorción por el océano de parte del dióxido de carbono emitido a la atmósfera, lo que modifica la química del agua marina.
La acidificación puede afectar particularmente a organismos que forman conchas o esqueletos de carbonato de calcio, incluidos corales y determinados moluscos y organismos planctónicos. Además, los cambios químicos no ocurren de manera aislada: los ecosistemas pueden estar sometidos simultáneamente a temperaturas extremas, pérdida de oxígeno, contaminación y otras presiones.
Un análisis global publicado este mismo año mostró precisamente que los episodios extremos de calor y acidificación coinciden más de lo esperado en los océanos. Esa superposición puede aumentar la presión fisiológica sobre especies que ya operan cerca de sus límites ambientales.
Los arrecifes muestran el impacto del calentamiento
Los arrecifes de coral constituyen uno de los ecosistemas particularmente expuestos. El décimo informe de Copernicus señala que, entre enero de 2023 y septiembre de 2025, alrededor del 84 % de los arrecifes coralinos del mundo estuvo sometido a niveles de estrés térmico asociados con condiciones de blanqueamiento.
El calor prolongado puede hacer que los corales expulsen las algas microscópicas con las que mantienen una relación simbiótica, provocando la pérdida de color característica del blanqueamiento. Si las condiciones extremas persisten, aumenta la mortalidad y disminuye la capacidad de recuperación del arrecife.
La combinación de calentamiento, acidificación, enfermedades y otras presiones ya está modificando algunos sistemas coralinos. En el Caribe, por ejemplo, se ha documentado que determinados arrecifes han dejado de compensar con crecimiento las pérdidas provocadas por la erosión, debilitando estructuras que funcionan como hábitat y protección natural de las costas.
Zanzíbar observa los cambios desde sus cultivos de algas
Las tendencias globales descritas por Copernicus tienen manifestaciones locales muy concretas. En Zanzíbar, archipiélago semiautónomo perteneciente a Tanzania, productores de algas marinas llevan años enfrentándose a temperaturas más elevadas en aguas costeras poco profundas.
En las islas de Unguja y Pemba, el cultivo de algas proporciona ingresos a miles de hogares y tiene una participación especialmente importante de mujeres. Los productores fijan las plántulas a líneas instaladas en el agua, mantienen el cultivo hasta la cosecha y posteriormente secan las algas para comercializarlas.
El aumento de la temperatura en zonas poco profundas puede reducir el crecimiento de las algas y favorecer enfermedades. Algunos productores han comenzado a trasladar sus líneas hacia aguas más profundas y frías, pero esa adaptación requiere embarcaciones, equipamiento, capacitación y capacidad para trabajar con corrientes más fuertes.
Fatuma Makame, cultivadora vinculada a la cooperativa Mwani Zanzibar Mamas, trasladó parte de su actividad más lejos de la costa después de disponer de una embarcación y material adecuado. La experiencia ilustra una diferencia fundamental entre reconocer un riesgo climático y poder adaptarse a él: no todos los hogares disponen de los mismos recursos para modificar sus sistemas productivos.
Las islas afrontan varias presiones oceánicas simultáneas
El informe dedica especial atención a los pequeños Estados insulares en desarrollo. Sus resultados indican que todas las zonas económicas exclusivas de estos países analizadas han experimentado calentamiento oceánico desde 1960.
Aproximadamente 65 % de la superficie oceánica combinada de esos territorios ha estado expuesta a una aceleración del aumento del nivel del mar desde 1999. Entre los integrantes de ese grupo situados en el océano Índico, la proporción indicada por el informe es de 33 %.
Zanzíbar forma parte de Tanzania y no constituye por sí misma un pequeño Estado insular en desarrollo, por lo que esos porcentajes no pueden atribuirse directamente al archipiélago. Sin embargo, su dependencia de ecosistemas costeros, pesca, arrecifes y cultivos marinos permite observar cómo diferentes cambios ambientales pueden repercutir sobre economías locales estrechamente vinculadas al océano.
Los arrecifes desempeñan además una doble función para muchas comunidades: sostienen biodiversidad y recursos pesqueros y reducen parte de la energía de las olas que alcanza las costas. Su deterioro puede coincidir así con una subida progresiva del nivel del mar, aumentando la vulnerabilidad de asentamientos e infraestructuras.
Décadas de observaciones permiten distinguir la tendencia
El valor del Informe sobre el Estado de los Océanos reside en integrar series de observación de largo plazo con mediciones recientes. Esa perspectiva permite diferenciar acontecimientos puntuales de tendencias persistentes y examinar simultáneamente temperatura, nivel del mar, química oceánica, hielo marino, salinidad y cambios ecológicos.
La décima edición reúne trabajos de una amplia comunidad científica internacional y analiza tanto el océano global como mares regionales europeos. Los datos proceden de satélites, observaciones in situ y modelos de reanálisis que reconstruyen la evolución del sistema oceánico en múltiples dimensiones.
Los indicadores no describen una única transformación uniforme. El calentamiento, la acidificación y el aumento del nivel del mar varían regionalmente y sus efectos dependen de las características ecológicas, físicas y sociales de cada territorio. Sin embargo, considerados conjuntamente, los registros muestran cambios persistentes que se desarrollan durante décadas y que ya condicionan ecosistemas y comunidades costeras.
Fuentes referenciales:
10th Copernicus Ocean State Report – State of the Planet
Copernicus Marine Service – Ocean State Report 10
Inter Press Service




