Un experimento con 800 peces revela que la forma de los microplásticos y el tiempo de exposición influyen en la mortalidad causada por un virus. Las fibras de nailon duplicaron aproximadamente las probabilidades de muerte, mientras que las partículas redondeadas no mostraron el mismo efecto.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
La contaminación por microplásticos puede tener consecuencias para los ecosistemas acuáticos que van más allá de los daños físicos o químicos que estas partículas ocasionan directamente a los organismos. Una investigación desarrollada por científicos del Instituto de Ciencias Marinas de Virginia (VIMS), perteneciente a la Universidad William & Mary, en Estados Unidos, descubrió que determinadas fibras plásticas pueden aumentar significativamente la gravedad de una infección viral en las truchas arcoíris.
El estudio, difundido el 29 de octubre de 2026 y publicado en la revista científica Environmental Toxicology and Chemistry, encontró que los peces expuestos continuamente a microfibras de nailon presentaron aproximadamente el doble de probabilidades de morir después de contraer una infección viral, en comparación con ejemplares infectados que no estuvieron expuestos a esas fibras.
Sin embargo, los investigadores observaron una diferencia importante: las partículas pequeñas y redondeadas del mismo material no provocaron un incremento estadísticamente significativo de la mortalidad. El resultado indica que la forma física de los microplásticos puede ser tan importante como su composición para determinar sus efectos biológicos.
La investigación aporta nuevas evidencias sobre la interacción entre la contaminación ambiental y las enfermedades infecciosas, un problema especialmente relevante para la conservación de peces silvestres y para las actividades de acuicultura.
Un experimento con 800 truchas y diferentes formas de plástico
Para investigar cómo los microplásticos modifican la respuesta de los peces frente a las infecciones, los científicos realizaron un experimento controlado durante ocho semanas en las instalaciones del VIMS.
El equipo utilizó 800 truchas arcoíris juveniles, distribuidas en 40 tanques de laboratorio. Los peces fueron sometidos a diferentes condiciones de exposición a partículas de nailon.
Algunos grupos estuvieron en contacto con microfibras largas y delgadas, mientras que otros fueron expuestos a partículas pequeñas de forma redondeada. Los investigadores también modificaron la duración y el momento de la exposición.
Determinados peces permanecieron en contacto con los microplásticos durante todo el experimento. Otros estuvieron expuestos únicamente durante la primera mitad o la segunda mitad del período de observación.
A mitad del ensayo, los científicos infectaron a los grupos seleccionados con el virus de la necrosis hematopoyética infecciosa, conocido por sus siglas en inglés como IHNV.
Este patógeno representa una amenaza importante para los salmónidos y puede provocar pérdidas en la producción de truchas, tanto en Norteamérica como en otras regiones donde se desarrolla la acuicultura.
Durante el experimento, los investigadores registraron la supervivencia de los peces y recogieron periódicamente muestras de agua para medir la eliminación viral, es decir, la cantidad de virus liberada al ambiente por los animales infectados.
Las microfibras de nailon aumentaron la mortalidad
Los resultados mostraron que las truchas expuestas continuamente a microfibras de nailon experimentaron una mortalidad significativamente mayor después de la infección viral.
En términos estadísticos, las probabilidades de morir fueron aproximadamente dos veces superiores a las observadas entre los peces infectados que no habían estado expuestos a los microplásticos.
Esta diferencia no apareció de la misma manera cuando los animales fueron expuestos a partículas redondeadas de nailon.
El hallazgo permitió distinguir entre los posibles efectos asociados a la composición química del plástico y aquellos relacionados con sus características físicas.
Meredith Evans Seeley, autora principal de la investigación y especialista en toxicología ambiental, explicó que los efectos de los microplásticos no siempre provocan directamente la muerte de los organismos. En determinadas circunstancias pueden modificar su capacidad para enfrentar otros factores de estrés.
Este enfoque amplía la comprensión de los riesgos asociados a la contaminación por microplásticos en los sistemas fluviales, donde estas partículas pueden alcanzar concentraciones importantes como consecuencia de las deficiencias en la gestión de residuos.
La exposición previa a la infección también resulta importante
Los investigadores comprobaron que el momento en que los peces entraban en contacto con los microplásticos influía sobre la gravedad posterior de la enfermedad.
Los efectos más pronunciados aparecieron cuando las truchas estuvieron expuestas a las fibras durante un período prolongado que comenzó aproximadamente 30 días antes de recibir el virus.
Los peces que estuvieron en contacto con las microfibras únicamente antes de la infección también mostraron una tendencia hacia una mayor mortalidad, aunque en ese grupo la diferencia no alcanzó significación estadística.
En cambio, cuando la exposición a las fibras comenzó después de la infección, el efecto observado fue comparativamente reducido.
Estos resultados sugieren que la contaminación plástica podría modificar previamente determinadas condiciones fisiológicas de los peces, aumentando su vulnerabilidad cuando posteriormente entran en contacto con un patógeno.
No obstante, los autores advierten que todavía es necesario investigar los mecanismos biológicos responsables de esta interacción.
Las fibras podrían dañar las barreras protectoras de los peces
Una de las hipótesis planteadas por el equipo científico está relacionada con la forma alargada y la rigidez de las microfibras.
A diferencia de las partículas redondeadas, las fibras pueden entrar en contacto con los tejidos de los peces de una manera que favorezca pequeñas lesiones o alteraciones físicas.
Los investigadores consideran que estas características podrían afectar estructuras protectoras, como las branquias, y facilitar potencialmente la entrada de agentes infecciosos.
También existe la posibilidad de que la exposición interfiera con determinados mecanismos de respuesta inmunitaria.
Sin embargo, estas explicaciones siguen siendo hipótesis. El experimento demostró una relación entre la exposición a ciertas microfibras y el aumento de la mortalidad viral, pero no identificó definitivamente el proceso celular o fisiológico que produjo ese resultado.
La importancia de estudiar las interacciones entre contaminantes y microorganismos también se observa en investigaciones sobre la presencia de bacterias potencialmente patógenas asociadas a microplásticos en una laguna costera de Colombia, donde se han documentado vínculos entre residuos plásticos y contaminación microbiológica.
Aunque ambos estudios examinan procesos diferentes, coinciden en señalar que los plásticos presentes en el agua pueden participar en interacciones ambientales más complejas de lo que inicialmente se consideraba.
No todos los microplásticos representan el mismo riesgo
Los microplásticos son partículas de plástico de menos de cinco milímetros que pueden originarse por la fragmentación de objetos mayores o por el desprendimiento de materiales sintéticos.
Entre sus fuentes se encuentran prendas de vestir, redes de pesca, cuerdas, envases y numerosos productos utilizados en actividades domésticas e industriales.
Durante años, buena parte de las investigaciones se concentró en determinar si estas partículas podían acumularse en los organismos, alterar sus funciones fisiológicas o causar mortalidad directa.
El nuevo trabajo demuestra que también es necesario considerar cómo los microplásticos interactúan con otras amenazas ambientales.
Robert Hale, investigador del VIMS y participante en el estudio, explicó que una de las preguntas fundamentales del equipo consistía en determinar si los efectos observados anteriormente se debían específicamente al nailon o a la forma de las fibras.
Los resultados indican que la geometría de las partículas desempeña un papel importante, aunque otras propiedades, como el tamaño, la composición química y la duración de la exposición, también pueden modificar sus efectos.
La acumulación de estas partículas en diferentes ambientes ha sido objeto de investigaciones recientes. Un análisis sobre los microplásticos conservados en sedimentos como registro de la actividad humana plantea que su distribución puede ayudar a reconstruir décadas de contaminación ambiental.
El nuevo estudio añade otra dimensión a ese problema: además de conocer dónde se acumulan los residuos plásticos, resulta necesario identificar cuáles de sus características representan mayores amenazas para los organismos.
Posibles consecuencias para la acuicultura y los peces silvestres
Los resultados tienen implicaciones potenciales para la producción acuícola, especialmente en instalaciones donde los peces pueden estar expuestos simultáneamente a contaminantes ambientales y enfermedades infecciosas.
El virus IHNV es uno de los patógenos que afectan a los salmónidos y puede ocasionar importantes pérdidas productivas.
Si determinadas microfibras incrementan la vulnerabilidad de los peces a las infecciones, identificar sus fuentes y reducir su presencia podría convertirse en una medida complementaria de protección sanitaria.
Andrew Wargo, especialista en enfermedades infecciosas de peces y coautor del estudio, destacó que reconocer las formas de contaminación más perjudiciales podría facilitar el desarrollo de soluciones específicas.
Sin embargo, los investigadores subrayan que los resultados proceden de condiciones experimentales controladas y no deben extrapolarse automáticamente a todos los ríos, lagos o establecimientos acuícolas.
Las concentraciones ambientales, la duración de la exposición, las características del agua y la presencia de otros factores de estrés pueden modificar considerablemente los efectos observados.
Los investigadores estudiarán microplásticos en granjas acuícolas
El equipo científico ya trabaja para ampliar la investigación hacia condiciones de producción comercial.
Mediante una nueva colaboración con una empresa dedicada a la cría de truchas, los investigadores pretenden identificar qué tipos de microplásticos están presentes en las instalaciones acuícolas y cuáles son sus principales fuentes.
En esta nueva etapa participarán Sarah Stafford, profesora de economía y políticas públicas, y Hannes Schniepp, especialista en materiales, junto con los investigadores del VIMS.
El objetivo consiste en evaluar alternativas que permitan reducir la exposición de los peces sin imponer costos excesivos a los productores.
Entre las cuestiones que deberán examinarse se encuentran las características de los materiales utilizados en las instalaciones, la presencia de fibras sintéticas y las posibles medidas de prevención.
La investigación también podría aportar información para mejorar los sistemas de vigilancia ambiental y orientar estrategias destinadas a reducir la liberación de determinados tipos de residuos plásticos.
En materia de regulación, California ha comenzado a incorporar los microplásticos a sus mecanismos de evaluación de sustancias presentes en productos, una iniciativa que refleja la creciente atención institucional hacia estos contaminantes.
La contaminación puede modificar la gravedad de las enfermedades
El estudio, titulado Microplastic fibers can alter viral disease severity, contingent on particle shape and exposure timing, fue elaborado por Meredith E. Seeley y colaboradores y publicado en Environmental Toxicology and Chemistry.
Su principal aportación consiste en demostrar experimentalmente que la forma de las partículas plásticas y el momento de exposición pueden modificar la gravedad de una enfermedad viral en peces.
Los resultados refuerzan la necesidad de estudiar la contaminación como parte de un conjunto de presiones ambientales que pueden interactuar entre sí.
Para los científicos, comprender estas relaciones permitirá desarrollar evaluaciones más precisas de los riesgos asociados a los microplásticos y determinar qué materiales o formas de contaminación deberían recibir mayor atención en las estrategias de prevención.
Las próximas investigaciones deberán establecer si los efectos observados en las truchas arcoíris también se presentan en otras especies, con diferentes concentraciones de partículas y bajo las condiciones variables de los ecosistemas naturales.
Fuentes referenciales:
Environmental Toxicology and Chemistry — Microplastic fibers can alter viral disease severity, contingent on particle shape and exposure timing
William & Mary / Virginia Institute of Marine Science — Microplastic shape can influence viral disease severity in rainbow trout




