Un estudio publicado en Nature Sustainability revela que solo dos de 91 planes nacionales de adaptación climática mencionan la posible interrupción de la circulación oceánica del Atlántico, pese a sus consecuencias potenciales para Europa, África, América y Asia.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
La posibilidad de que uno de los principales sistemas de corrientes del océano Atlántico experimente un debilitamiento extremo o incluso un colapso representa un riesgo climático que la mayoría de los gobiernos todavía no incorpora a sus estrategias de adaptación. Una investigación internacional publicada en octubre de 2026 encontró que, de 91 planes nacionales presentados ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, únicamente dos mencionan expresamente este escenario.
El estudio, elaborado por Brenden Jongman y Jim Hall y publicado en la revista científica Nature Sustainability, examina cómo los países están preparando sus infraestructuras, sistemas de abastecimiento de agua y políticas de adaptación frente a los posibles cambios de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida internacionalmente como AMOC.
Los investigadores identificaron una diferencia importante entre el conocimiento científico disponible y su incorporación a la planificación pública. Aunque existe evidencia de que la circulación atlántica puede debilitarse considerablemente durante este siglo, la mayoría de las estrategias nacionales sigue concentrándose en cambios climáticos graduales y no contempla alteraciones oceánicas abruptas.
El problema no consiste en que los científicos hayan confirmado un colapso inminente de la AMOC. La fecha, la probabilidad y la magnitud de una posible interrupción completa siguen siendo inciertas. La advertencia se refiere a la falta de preparación frente a un escenario de consecuencias potencialmente graves, incluso cuando no se conoce con precisión si llegará a producirse.
Una circulación oceánica fundamental para el clima del planeta
La AMOC es un sistema de circulación oceánica que transporta aguas relativamente cálidas desde las regiones tropicales hacia el Atlántico Norte y devuelve aguas más frías y densas hacia el sur, principalmente a mayor profundidad.
Este intercambio contribuye a redistribuir grandes cantidades de calor entre diferentes latitudes y desempeña una función importante en las condiciones climáticas de Europa, América y otras regiones.
Su funcionamiento depende de varios factores, entre ellos la temperatura, la salinidad, la densidad del agua y los procesos de formación de aguas profundas en el Atlántico Norte.
Cuando las aguas superficiales pierden calor y adquieren suficiente densidad, pueden hundirse y participar en la circulación profunda. La incorporación de agua dulce procedente del deshielo y de otras fuentes puede modificar ese equilibrio al reducir la salinidad y dificultar el hundimiento.
El comportamiento de este sistema ya ha sido objeto de investigaciones basadas en observaciones directas. Un análisis de dos décadas de mediciones en cuatro estaciones oceánicas profundas aportó evidencias de cambios en componentes de la circulación atlántica.
Estos registros son relevantes porque permiten contrastar las simulaciones climáticas con mediciones obtenidas directamente en el océano.
Solo Brasil e Irlanda mencionan el riesgo en sus planes
Uno de los resultados centrales del nuevo estudio es la escasa presencia de la AMOC en los documentos nacionales de adaptación.
De los 91 planes examinados, solamente Brasil e Irlanda incluyeron referencias explícitas al posible debilitamiento extremo o colapso de este sistema de corrientes.
El plan brasileño advierte que una interrupción de la AMOC podría desplazar hacia el sur la franja de precipitaciones del Atlántico tropical, con posibles consecuencias para la estabilidad de la selva amazónica.
La posición geográfica de Brasil y la dependencia de diferentes ecosistemas respecto de las lluvias hacen especialmente relevante cualquier modificación importante de la circulación atmosférica tropical.
Por su parte, Irlanda reconoce la importancia de la circulación atlántica para las condiciones relativamente templadas de su clima.
Su documento plantea que, ante un colapso de este sistema oceánico, depender exclusivamente de las medidas de adaptación podría resultar insuficiente.
Sin embargo, los investigadores señalan que ninguno de los dos planes presenta un conjunto concreto de medidas diseñado específicamente para responder a ese escenario.
Esto significa que incluso los países que reconocen formalmente el riesgo todavía no han desarrollado estrategias nacionales detalladas para afrontarlo.
Un debilitamiento importante es posible antes de 2100
La comunidad científica mantiene diferentes estimaciones sobre la evolución futura de la AMOC.
El nuevo análisis distingue entre el debilitamiento progresivo de la circulación, considerado un riesgo importante durante este siglo, y un colapso completo, cuya probabilidad y calendario presentan mayores incertidumbres.
Los autores señalan que una interrupción total antes de 2100 no constituye el resultado más probable según determinadas evaluaciones actuales. No obstante, recuerdan que investigaciones recientes han proyectado un debilitamiento de aproximadamente el 50 % hacia finales de siglo bajo un escenario intermedio de emisiones.
La posibilidad de cambios importantes también ha aparecido en estudios que proyectan un debilitamiento de la circulación atlántica más intenso de lo estimado anteriormente.
Además, otras investigaciones han examinado la sensibilidad de la AMOC a la velocidad del calentamiento global.
Un trabajo de la Universidad de Utrecht mostró, mediante simulaciones, que la rapidez del aumento de las temperaturas puede influir en el riesgo de alcanzar un punto de inflexión, lo que introduce otra variable en las evaluaciones sobre su estabilidad.
Estas diferencias entre resultados científicos no eliminan la necesidad de preparación. Por el contrario, los autores consideran que la incertidumbre obliga a evaluar una variedad más amplia de escenarios.
Europa podría enfrentar inviernos mucho más fríos
Una de las consecuencias más estudiadas de un debilitamiento extremo de la AMOC es la reducción del transporte de calor hacia el Atlántico Norte.
En el noroeste de Europa, este proceso podría favorecer condiciones invernales considerablemente más frías, incluso en un planeta que continúa experimentando calentamiento global.
Los investigadores citan experimentos climáticos en los que una interrupción de la circulación atlántica genera episodios de frío extremo en ciudades como Londres, con temperaturas invernales que podrían descender hasta aproximadamente 20 grados bajo cero.
Esta cifra corresponde a un escenario modelizado y no constituye una predicción meteorológica para una fecha determinada.
El resultado ilustra que los cambios regionales asociados a una alteración importante de la circulación oceánica pueden ser muy diferentes de las tendencias de calentamiento utilizadas habitualmente en los planes de adaptación.
Para las autoridades, esta posibilidad plantea dificultades prácticas. Las inversiones destinadas a preparar edificios, redes energéticas, transportes y servicios públicos para temperaturas más elevadas podrían necesitar también capacidad de respuesta ante episodios de frío más severos.
El impacto potencial sobre Europa ya ha sido abordado en investigaciones sobre el debilitamiento de la AMOC y sus consecuencias para los inviernos europeos.
Los monzones de África y Asia también podrían debilitarse
Las consecuencias de una alteración extrema de la circulación atlántica no quedarían limitadas a Europa.
Los autores citan experimentos de modelos climáticos que simulan una interrupción de la AMOC y muestran una reducción media aproximada del 29 % en la intensidad de los monzones de África occidental.
En el caso del monzón de verano de la India, la disminución modelizada alcanza aproximadamente el 19 %.
Estas cifras corresponden a simulaciones específicas de interrupción de la circulación y no deben interpretarse como previsiones confirmadas de precipitaciones para las próximas décadas.
Sin embargo, permiten identificar regiones especialmente vulnerables debido a su dependencia de las lluvias estacionales.
Una reducción persistente de las precipitaciones podría afectar la disponibilidad de agua, la producción de alimentos y los medios de subsistencia de numerosas comunidades.
Otros estudios también han identificado posibles aumentos del riesgo de sequía en zonas de América Central, África occidental y la Amazonía.
En estas regiones, los cambios en la distribución de las lluvias podrían tener consecuencias ambientales y económicas incluso cuando el debilitamiento de la circulación no alcanzara un colapso completo.
Infraestructuras diseñadas para un clima que podría cambiar de forma distinta
La investigación presta especial atención a las decisiones de inversión que los gobiernos están adoptando actualmente.
Muchas infraestructuras de abastecimiento de agua, protección costera, transporte y energía se construyen para funcionar durante varias décadas.
Los planes de adaptación suelen evaluar su desempeño bajo escenarios de calentamiento progresivo, variaciones de precipitación y aumento del nivel del mar.
Sin embargo, una modificación intensa de la AMOC podría alterar las condiciones climáticas regionales de maneras que no coincidan con esas proyecciones.
Los autores presentan como ejemplo la construcción de un embalse destinado a afrontar precipitaciones cada vez más variables.
Si una alteración de la circulación oceánica provoca una temporada lluviosa mucho más corta y una reducción sostenida de las precipitaciones, la infraestructura podría no cumplir adecuadamente la función para la que fue diseñada.
Algo semejante podría ocurrir con determinadas defensas costeras si cambian las temperaturas oceánicas, la circulación marina o los patrones regionales del nivel del mar.
También podrían verse afectados los recursos pesqueros, con consecuencias para comunidades costeras que dependen de la actividad extractiva.
Los investigadores advierten que los países con menos recursos para modificar infraestructuras o responder a situaciones inesperadas podrían experimentar mayores dificultades.
Cinco medidas para incorporar el riesgo oceánico a la adaptación
El estudio propone cinco líneas de actuación para que los gobiernos comiencen a considerar escenarios de debilitamiento extremo de la AMOC sin necesidad de conocer de antemano cuándo podría producirse un colapso.
La primera consiste en identificar los países, sectores e inversiones más expuestos. Esto incluye regiones dependientes de los monzones, comunidades pesqueras y territorios con grandes infraestructuras situadas junto al Atlántico.
La segunda propone someter las inversiones importantes a pruebas de resistencia mediante simulaciones climáticas. El objetivo es determinar si continuarían funcionando bajo cambios de temperatura, precipitaciones o nivel del mar considerablemente distintos de los previstos.
La tercera recomendación es favorecer soluciones flexibles. En lugar de construir infraestructuras difíciles de modificar, los autores plantean proyectos que puedan ampliarse, adaptarse o actualizarse conforme cambien las condiciones.
La cuarta consiste en mantener y reforzar la observación de la circulación oceánica, utilizando la información científica para revisar periódicamente las decisiones de adaptación.
En este ámbito, las nuevas técnicas de reconstrucción de la circulación atlántica mediante inteligencia artificial y datos Argo muestran cómo las observaciones pueden contribuir a mejorar el seguimiento de los cambios oceánicos.
La quinta medida plantea revisar las proyecciones climáticas globales para examinar cómo un debilitamiento importante de la AMOC podría modificar la absorción oceánica de carbono y las estimaciones de calentamiento futuro.
La vigilancia oceánica es esencial para anticipar cambios
Los autores destacan que una planificación adecuada requiere mantener sistemas de observación capaces de detectar modificaciones en la intensidad y estructura de las corrientes.
La AMOC presenta una variabilidad natural considerable, por lo que resulta necesario disponer de registros prolongados para distinguir fluctuaciones temporales de tendencias persistentes.
Las mediciones directas, los instrumentos autónomos y los modelos numéricos aportan información complementaria sobre el funcionamiento del sistema.
La vigilancia también permite identificar posibles señales de cambios rápidos, aunque todavía existen limitaciones para determinar con precisión si un determinado comportamiento indica la proximidad de un punto de inflexión.
Una investigación sobre los desplazamientos de la Corriente del Golfo como posible señal temprana de alteraciones de la AMOC examinó precisamente la utilidad de combinar observaciones y simulaciones para reconocer estas transformaciones.
El nuevo trabajo considera que esa información científica debe incorporarse a los procesos de decisión pública, especialmente cuando se planifican inversiones con una vida útil prolongada.
Prepararse no significa considerar inevitable el colapso
Jongman y Hall insisten en que incorporar el riesgo de una alteración extrema de la AMOC no implica afirmar que su colapso sea inevitable ni abandonar las medidas de adaptación frente a los efectos del cambio climático que ya se están manifestando.
Las olas de calor, las inundaciones, las sequías y otros fenómenos actuales continúan requiriendo actuaciones específicas.
La propuesta consiste en ampliar las evaluaciones para que las infraestructuras y políticas puedan funcionar bajo diferentes condiciones climáticas plausibles.
Los investigadores también subrayan que la reducción rápida de las emisiones de gases de efecto invernadero sigue siendo fundamental para limitar los riesgos climáticos.
El estudio, titulado Adapting to the risk of Atlantic circulation change, publicado en Nature Sustainability, plantea así una cuestión central para la planificación ambiental: los gobiernos no necesitan conocer la fecha exacta de una posible alteración oceánica para comenzar a evaluar sus consecuencias.
Su principal conclusión es que las estrategias nacionales de adaptación deberían incorporar escenarios de cambios importantes en la circulación atlántica, especialmente cuando las decisiones actuales pueden condicionar la seguridad hídrica, alimentaria y territorial durante muchas décadas.
Fuentes referenciales:
Nature Sustainability — Adapting to the risk of Atlantic circulation change
The Conversation — Key Atlantic currents could collapse this century, but the risk is missing from almost all national climate plans




