Investigadores de España identificaron en depósitos naturales de una cueva de Málaga compuestos amorfos que pueden transformarse en dolomita y magnesita, aportando nuevas evidencias para resolver un antiguo problema de la geología.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
La cueva de Nerja, situada en la provincia de Málaga, al sur de España, ha proporcionado nuevas pistas sobre uno de los problemas más persistentes de la mineralogía: cómo se forman determinados minerales de carbonato en condiciones naturales de baja temperatura. Un equipo de investigadores de la Universidad de Granada, el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra y la Universidad de Málaga ha identificado compuestos que pueden actuar como precursores de la dolomita y la magnesita, dos minerales cuya formación ha planteado interrogantes durante décadas.
El descubrimiento, comunicado por la Universidad de Granada el 17 de septiembre de 2026, procede del estudio de depósitos conocidos como leche de luna, un material blanquecino y de consistencia blanda que aparece en determinadas cavidades subterráneas.
Mediante técnicas avanzadas de microscopía, análisis mineralógico y experimentos realizados en instalaciones de radiación sincrotrón, los científicos encontraron carbonatos amorfos de magnesio y de calcio-magnesio en un entorno natural.
Estos materiales carecen de la organización cristalina característica de los minerales plenamente formados, pero pueden constituir etapas intermedias de su desarrollo.
El resultado ofrece una explicación alternativa para la formación de dolomita y magnesita: en lugar de originarse necesariamente mediante la precipitación directa de cristales desde una disolución, podrían desarrollarse a través de fases precursoras que posteriormente experimentan transformaciones estructurales.
La investigación forma parte de la tesis doctoral de Sarah Bonilla-Correa, desarrollada en la Universidad de Granada bajo la dirección de las investigadoras Encarnación Ruiz-Agudo y María Pilar Asta Andrés.
Un problema geológico que ha desconcertado a generaciones de científicos
La dolomita es un mineral compuesto principalmente por carbonato de calcio y magnesio. Se encuentra en numerosas formaciones sedimentarias y constituye un componente fundamental de las rocas conocidas como dolomías.
La magnesita, por su parte, es un carbonato de magnesio que también aparece en diferentes ambientes geológicos.
Ambos minerales forman parte de los procesos naturales mediante los cuales elementos como el carbono, el calcio y el magnesio circulan entre el agua, las rocas y otros componentes del sistema terrestre.
Sin embargo, su abundancia en el registro geológico contrasta con las dificultades que encuentran los investigadores cuando intentan reproducir su formación bajo determinadas condiciones de laboratorio.
Esta contradicción resulta especialmente conocida en el caso de la dolomita.
En numerosas regiones del planeta existen grandes depósitos de rocas dolomíticas que se formaron durante diferentes etapas de la historia terrestre. A pesar de ello, obtener cristales de dolomita bien ordenados a bajas temperaturas mediante procedimientos experimentales puede resultar extraordinariamente difícil.
La situación ha dado origen al denominado problema de la dolomita, una cuestión clásica de la sedimentología y la geoquímica.
Los investigadores han propuesto distintas explicaciones, entre ellas la participación de microorganismos, variaciones en la composición de las aguas y procesos que favorecen la reorganización de los componentes químicos durante la cristalización.
El nuevo trabajo aporta una perspectiva diferente al identificar materiales naturales que podrían representar etapas previas a la formación de los minerales cristalinos.
El interés por comprender esta dificultad se refleja también en las investigaciones sobre el enigma geológico de la dolomita, que han explorado por qué su abundancia en las rocas no se corresponde con la facilidad para producirla experimentalmente.
La leche de luna conserva las primeras etapas de formación mineral
La clave del descubrimiento se encontraba en unos depósitos de aspecto poco llamativo que aparecen en determinadas cuevas.
La leche de luna, también conocida por el término inglés moonmilk, es un material generalmente blanco, húmedo y de textura blanda, compuesto principalmente por minerales carbonatados.
A diferencia de las estalactitas y estalagmitas, que suelen presentar estructuras rígidas y reconocibles, estos depósitos pueden formar recubrimientos o acumulaciones de consistencia pastosa.
Su composición y características dependen de las condiciones geológicas, químicas e hidrológicas del lugar donde se desarrollan.
En la cueva de Nerja, los investigadores encontraron un ambiente especialmente útil para estudiar procesos de mineralización que todavía no habían concluido.
En lugar de analizar únicamente cristales completamente desarrollados, examinaron materiales capaces de conservar señales de etapas intermedias.
Esta diferencia resulta fundamental.
Cuando un mineral ya ha alcanzado una estructura cristalina estable, puede ser difícil reconstruir todos los pasos químicos y físicos que condujeron a su formación.
En cambio, los depósitos que contienen fases precursoras permiten estudiar procesos que normalmente permanecen ocultos en el registro geológico.
La investigación demuestra que las cuevas no solo conservan minerales ya formados, sino que también pueden ofrecer oportunidades para observar cómo se desarrollan determinadas transformaciones geoquímicas.
Los científicos identificaron carbonatos sin estructura cristalina definida
El resultado central del estudio fue la identificación de carbonato amorfo de magnesio y de compuestos amorfos de carbonato de calcio y magnesio.
Un material amorfo se diferencia de un cristal porque sus componentes no presentan el mismo ordenamiento periódico a larga distancia.
En un mineral cristalino, los átomos ocupan posiciones organizadas según una estructura característica. Esa disposición influye en propiedades como la estabilidad, la dureza y la respuesta del material ante diferentes condiciones ambientales.
Los compuestos amorfos, por el contrario, pueden representar estados menos ordenados que posteriormente evolucionan hacia estructuras cristalinas.
Los investigadores observaron que los materiales identificados en Nerja son compatibles con una ruta de transformación hacia magnesita y dolomita.
Este mecanismo ofrece una explicación para la aparición de ambos minerales en ambientes donde su cristalización directa resulta difícil.
En términos sencillos, el proceso podría comenzar con la acumulación de un carbonato que todavía no presenta la estructura definitiva del mineral.
Con el tiempo y bajo condiciones adecuadas, ese material puede reorganizarse hasta desarrollar una fase cristalina más estable.
La importancia del hallazgo reside en que los científicos encontraron estas fases precursoras en un entorno natural, no solamente como productos obtenidos mediante experimentos de laboratorio.
La evidencia tampoco significa que todos los depósitos de dolomita y magnesita del planeta se hayan formado necesariamente mediante el mismo mecanismo.
Las condiciones geológicas varían considerablemente y pueden existir diferentes rutas de mineralización.
Dos instalaciones de sincrotrón ayudaron a estudiar los depósitos
La identificación de estos compuestos requirió técnicas capaces de examinar materiales con estructuras muy pequeñas y propiedades difíciles de distinguir mediante observación convencional.
El equipo combinó procedimientos avanzados de microscopía y análisis mineralógico con experimentos realizados en dos grandes instalaciones científicas europeas.
Una de ellas fue el sincrotrón ALBA, situado en España. La otra fue el sincrotrón SOLEIL, ubicado en Francia.
Un sincrotrón es una instalación que produce radiación electromagnética de gran intensidad y características controladas, utilizada para estudiar la composición y estructura de diferentes materiales.
Estas herramientas permiten investigar propiedades que pueden resultar inaccesibles mediante equipos de laboratorio convencionales.
En mineralogía, su utilización resulta especialmente valiosa para examinar materiales poco cristalinos, mezclas de diferentes fases y procesos de transformación estructural.
La combinación de técnicas permitió a los investigadores distinguir los compuestos amorfos presentes en la leche de luna y relacionarlos con la formación de minerales carbonatados.
El estudio muestra la importancia de integrar observaciones de campo con análisis de alta resolución.
Sin las muestras naturales, los científicos no habrían podido examinar directamente ese ambiente de formación. Sin las técnicas instrumentales, habría resultado mucho más difícil reconocer las características de los materiales encontrados.
El magnesio desempeña un papel decisivo en la cristalización
Una de las dificultades relacionadas con la formación de dolomita y magnesita se encuentra en el comportamiento químico del magnesio cuando está disuelto en agua.
Los iones de magnesio interactúan intensamente con las moléculas de agua que los rodean.
Para incorporarse a determinadas estructuras cristalinas, deben producirse cambios en esas interacciones y en la organización de los componentes químicos.
Estos procesos pueden dificultar la formación directa de cristales bajo condiciones de baja temperatura.
La existencia de una fase amorfa proporciona una posible vía alternativa.
En lugar de requerir desde el comienzo una estructura cristalina perfectamente organizada, los componentes pueden incorporarse primero a un material menos ordenado.
Posteriormente, ese material puede transformarse mediante procesos de reorganización.
La nueva evidencia resulta compatible con esta interpretación y contribuye a explicar por qué ciertos minerales aparecen en ambientes naturales donde su formación directa parecía poco probable.
Las reacciones entre calcio, magnesio y carbonatos también tienen importancia en otros sistemas ambientales. En determinados lagos alcalinos, por ejemplo, la formación de dolomita modifica la disponibilidad de sustancias disueltas, un proceso que ha despertado interés por sus posibles implicaciones para la química de la Tierra primitiva.
Aunque ambos estudios examinan ambientes distintos, muestran que los minerales carbonatados participan activamente en la evolución química de las aguas naturales.
La cueva de Nerja ofrece un laboratorio geológico natural
Las cavidades subterráneas constituyen ambientes especialmente interesantes para investigar la interacción entre agua y roca.
Cuando el agua circula por fracturas y poros del terreno, puede disolver determinados componentes minerales y transportarlos hacia otros lugares.
Si cambian las condiciones químicas, parte de esas sustancias puede precipitar y formar nuevos depósitos.
Este proceso participa en el desarrollo de numerosas estructuras subterráneas, incluidas estalactitas, estalagmitas y recubrimientos minerales.
La composición del agua, la temperatura, la disponibilidad de dióxido de carbono y las características de la roca condicionan las reacciones que pueden producirse.
En el caso de la leche de luna de Nerja, las condiciones naturales han permitido conservar materiales relacionados con una transformación mineralógica que durante mucho tiempo resultó difícil de documentar.
El descubrimiento amplía el valor científico de las cuevas como lugares de investigación geológica.
Estos ambientes también pueden conservar información sobre procesos ambientales de larga duración.
Por ejemplo, los depósitos de calcita de una cueva de Nevada han permitido reconstruir cambios climáticos y condiciones hidrológicas a lo largo de cientos de miles de años.
En aquel caso, el interés principal se encontraba en la información ambiental conservada por el crecimiento mineral.
En Nerja, la novedad consiste en observar materiales que ayudan a explicar el propio mecanismo de formación de determinados carbonatos.
Son aplicaciones científicas diferentes de un mismo principio: las cuevas conservan registros físicos y químicos de procesos que ocurren lentamente en el interior de la Tierra.
La dolomita también participa en la historia del carbono terrestre
La formación y transformación de minerales carbonatados tiene implicaciones que van más allá de la descripción de una roca.
El carbono se encuentra distribuido entre la atmósfera, los océanos, los organismos y los materiales geológicos.
Una parte importante de ese elemento queda almacenada durante largos períodos en minerales carbonatados y en las rocas que los contienen.
La precipitación, disolución y transformación de estos minerales participan en intercambios químicos que forman parte del ciclo geológico del carbono.
La dolomita es especialmente relevante por su presencia en extensas secuencias sedimentarias de diferentes edades.
Comprender cómo se forma puede ayudar a interpretar las condiciones químicas de antiguos ambientes acuáticos y la evolución de determinadas formaciones geológicas.
Sin embargo, el descubrimiento de Nerja no permite calcular por sí solo cuánto carbono queda almacenado mediante esta ruta mineralógica a escala global.
Tampoco demuestra que la formación de estos precursores constituya un mecanismo nuevo de captura de dióxido de carbono aplicable directamente a gran escala.
Su aportación es fundamentalmente mineralógica: proporciona evidencia sobre una posible secuencia natural de transformación de carbonatos.
En otros contextos, las reacciones químicas entre agua y roca se han relacionado con la regulación del carbono atmosférico durante antiguos episodios climáticos extremos.
Estos antecedentes ilustran por qué los procesos geoquímicos aparentemente pequeños pueden resultar importantes para reconstruir la historia del planeta.
El hallazgo ayuda a explicar la formación de minerales a baja temperatura
La principal diferencia entre la investigación de Nerja y otros trabajos sobre dolomita reside en la identificación directa de fases precursoras en un ambiente natural.
La dificultad de reproducir la formación de determinados carbonatos en el laboratorio había llevado a los científicos a investigar si existían mecanismos intermedios capaces de superar las limitaciones de la cristalización directa.
El equipo español encontró materiales compatibles con esa posibilidad.
La observación de carbonatos amorfos de magnesio y calcio-magnesio proporciona una base experimental para estudiar cómo estos compuestos evolucionan hacia minerales más ordenados.
El resultado también plantea nuevas preguntas.
Entre ellas se encuentra determinar qué condiciones químicas favorecen la aparición de las fases amorfas, cuánto tiempo pueden permanecer estables y qué factores controlan su transformación posterior.
Otra cuestión consiste en establecer si mecanismos semejantes operan en otros ambientes naturales donde se forman dolomita y magnesita.
Para responder será necesario comparar depósitos procedentes de diferentes regiones y estudiar las transformaciones mediante métodos experimentales apropiados.
Los investigadores tampoco han demostrado que la leche de luna sea el único ambiente donde pueden conservarse estos materiales.
La importancia de Nerja consiste en haber proporcionado un lugar donde fue posible reconocerlos y examinarlos directamente.
Una nueva pieza para comprender las rocas sedimentarias
La investigación aporta una explicación plausible para una contradicción que ha acompañado a la geología durante generaciones.
Si la dolomita es abundante en el registro terrestre, pero resulta difícil producirla directamente en determinadas condiciones de laboratorio, es necesario investigar las rutas químicas y estructurales que pueden intervenir en su formación.
Los materiales amorfos identificados en la cueva de Nerja ofrecen una respuesta parcial a esa cuestión.
Los resultados indican que algunos minerales podrían desarrollarse mediante etapas intermedias que no dejan una señal evidente una vez completada la cristalización.
Este planteamiento también ayuda a comprender por qué estudiar únicamente el mineral final puede resultar insuficiente para reconstruir su origen.
La formación de una roca depende de una sucesión de procesos que pueden incluir disolución, precipitación, transformación estructural y cambios en las condiciones ambientales.
El descubrimiento no resuelve por completo todos los aspectos del problema de la dolomita, pero proporciona evidencia natural de una ruta de formación que merece seguir investigándose.
Para la mineralogía y la geoquímica sedimentaria, la identificación de estos precursores abre nuevas posibilidades de estudio sobre la formación de carbonatos a baja temperatura.
La cueva de Nerja demuestra así que depósitos aparentemente modestos pueden conservar información decisiva sobre procesos responsables de la formación de algunas de las rocas más extendidas de la Tierra.
Fuentes referenciales:
Universidad de Granada — Investigación sobre la formación de dolomita y magnesita en la cueva de Nerja, 17 de septiembre de 2026
Geochimica et Cosmochimica Acta — Publicación científica original sobre los precursores amorfos de carbonatos en la cueva de Nerja, 2026




