Un estudio publicado en Science identifica en los últimos 320 millones de años varios episodios de deriva polar verdadera mediante las huellas globales que dejaron en el nivel del mar
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Los antiguos avances y retrocesos del mar sobre los continentes han proporcionado una nueva forma de reconstruir uno de los movimientos más difíciles de detectar en la historia de la Tierra. Un equipo liderado por Mathew Domeier, del Centro para la Habitabilidad Planetaria de la Universidad de Oslo, encontró evidencias de episodios en los que la corteza y el manto terrestres se reorientaron con relativa rapidez respecto del eje de rotación del planeta.
El fenómeno se denomina deriva polar verdadera o true polar wander (TPW). No significa que el campo magnético terrestre se invierta ni que el eje de rotación cambie súbitamente de orientación en el espacio. Es la Tierra sólida —corteza y manto— la que cambia su posición relativa respecto del eje alrededor del cual gira el planeta.
El estudio, publicado el 1 de octubre de 2026 en la revista Science, utilizó reconstrucciones de inundación continental correspondientes a los últimos 320 millones de años. El análisis identificó varios patrones compatibles con episodios rápidos de TPW y encontró evidencias particularmente sólidas durante el Cretácico medio, hace entre 100 y 90 millones de años, y cerca del límite entre el Jurásico tardío y el Cretácico temprano, hace entre 150 y 140 millones de años.
El nivel del mar ofrece una prueba diferente al paleomagnetismo
Gran parte de las reconstrucciones anteriores de la deriva polar verdadera se han basado en el paleomagnetismo. Determinados minerales de las rocas pueden conservar información sobre la orientación del campo magnético existente cuando se formaron y, a partir de esas señales, los geólogos reconstruyen antiguas posiciones de continentes y polos.
Sin embargo, separar la señal correspondiente al movimiento de las placas tectónicas de la causada por una reorientación de toda la Tierra sólida resulta complicado. Esa dificultad ha contribuido a un debate prolongado sobre la magnitud y velocidad que pudo alcanzar la deriva polar verdadera.
El nuevo estudio introduce una prueba independiente: el comportamiento del nivel relativo del mar. Cuando la Tierra sólida cambia de orientación respecto de su eje de rotación, también cambia la distribución del potencial centrífugo. Los océanos responden rápidamente a esa nueva geometría, mientras que la parte sólida del planeta necesita más tiempo para reajustar su forma.
El resultado esperado es un patrón global característico: el nivel relativo del mar aumenta en dos grandes regiones opuestas del planeta y disminuye en otras dos. Los investigadores buscaron precisamente esta configuración en las reconstrucciones geológicas.
La técnica complementa los métodos empleados para reconstruir la geografía del pasado. Noticias de la Tierra explicó recientemente cómo un nuevo modelo paleogeográfico permite reconstruir la posición de regiones y placas desde la época de Pangea, información esencial para distinguir desplazamientos tectónicos de otros movimientos globales del planeta.
Los investigadores reconstruyeron 320 millones de años
Domeier y sus colegas utilizaron mapas digitales que reconstruyen qué zonas continentales estaban emergidas y cuáles se encontraban cubiertas por mares poco profundos a lo largo de los últimos 320 millones de años.
Las reconstrucciones fueron organizadas en intervalos de 10 millones de años. El equipo comparó mapas consecutivos para determinar dónde los mares habían avanzado sobre los continentes y dónde se habían retirado.
Después aplicó modelos estadísticos destinados a identificar la configuración cuadrupolar que debería producir una deriva polar verdadera suficientemente rápida. En lugar de buscar simplemente una subida o bajada global del nivel del mar, el método examina la distribución geográfica de esos cambios.
Esta distinción es importante porque numerosos procesos pueden modificar el nivel del océano. La expansión y contracción de las capas de hielo, las variaciones del volumen de las cuencas oceánicas y los movimientos tectónicos regionales también dejan señales en el registro geológico. La TPW, en cambio, debería generar una geometría espacial específica a escala planetaria.
Cuatro intervalos muestran señales de deriva polar rápida
El análisis encontró señales compatibles con cuatro posibles episodios rápidos de deriva polar verdadera: entre aproximadamente 200 y 190 millones de años atrás, durante el Jurásico temprano; entre 150 y 140 millones de años, desde el Jurásico tardío hasta el Cretácico temprano; entre 100 y 90 millones de años, durante el Cretácico medio; y entre 30 y 20 millones de años atrás, desde el Oligoceno hasta el Mioceno.
Los autores subrayan que la evidencia no posee la misma solidez para los cuatro intervalos. Las señales más robustas corresponden al episodio de hace entre 150 y 140 millones de años y al ocurrido entre 100 y 90 millones de años.
Estos resultados coinciden en términos generales con reconstrucciones paleomagnéticas y modelos de movimiento de placas que previamente habían propuesto episodios de rápida TPW durante esas etapas de la historia terrestre.
La conclusión principal no es que los polos geográficos hayan saltado repentinamente de una región a otra. Los procesos identificados se desarrollaron durante millones de años, aunque a velocidades elevadas en comparación con otros movimientos geológicos de largo plazo.
No es lo mismo que el desplazamiento del polo magnético
La diferencia entre deriva polar verdadera y desplazamiento del polo magnético es fundamental para interpretar el estudio. El polo magnético depende de los movimientos del hierro líquido en el núcleo externo y cambia continuamente de posición conforme evoluciona el campo geomagnético.
Ese proceso es el que obliga periódicamente a actualizar los modelos utilizados por sistemas de navegación. Noticias de la Tierra informó recientemente sobre el desplazamiento del polo norte magnético hacia el sector ruso del Ártico y sus implicaciones para la navegación mundial.
La deriva polar verdadera estudiada por el equipo de la Universidad de Oslo es distinta. En este caso, la corteza y el manto se desplazan conjuntamente respecto del eje de rotación. Una región situada cerca del polo puede, a lo largo de millones de años, trasladarse hacia latitudes inferiores aunque no se esté moviendo de manera independiente mediante la tectónica de placas.
Esta distinción también evita confundir el nuevo estudio con las inversiones geomagnéticas, durante las cuales la polaridad del campo magnético terrestre cambia y los polos magnéticos norte y sur intercambian posiciones.
La redistribución de masa puede reorientar la Tierra sólida
La Tierra no es una esfera perfecta. Su rotación produce un ligero abultamiento ecuatorial y un achatamiento en los polos. La distribución de masa dentro del planeta influye en la orientación estable de ese cuerpo en rotación.
Los movimientos tectónicos y los procesos del manto redistribuyen lentamente enormes cantidades de material. Si esa distribución cambia lo suficiente, la Tierra sólida puede reorientarse para alcanzar una configuración rotacional más estable.
El principio físico guarda relación, aunque a una escala completamente diferente, con movimientos polares que actualmente pueden medirse con técnicas geodésicas. Noticias de la Tierra ha documentado cómo la redistribución de agua provocada por las grandes represas ha producido pequeños cambios medibles en la posición de los polos.
En aquel caso se trata de desplazamientos diminutos asociados con la redistribución reciente de masa sobre la superficie. Los episodios geológicos estudiados ahora involucran procesos internos y tectónicos de una escala espacial y temporal mucho mayor.
La deriva polar verdadera continúa ocurriendo actualmente
La TPW no pertenece exclusivamente al pasado remoto. El resumen científico del estudio señala que actualmente se produce a un ritmo aproximado de 10 centímetros por año, una magnitud que puede medirse mediante observaciones modernas.
La cuestión científica era determinar si ese movimiento representa únicamente una variación transitoria y pequeña en escalas geológicas o si, en determinados momentos, la Tierra ha mantenido desplazamientos rápidos durante millones de años.
Las nuevas evidencias del nivel del mar respaldan la segunda posibilidad. La historia del planeta habría estado interrumpida por intervalos en los que la reorientación fue suficientemente rápida y prolongada como para dejar una señal detectable en la distribución de los antiguos mares.
El movimiento polar moderno también responde a redistribuciones de masa asociadas con procesos naturales y humanos. Por ejemplo, el derretimiento de Groenlandia y la Antártida está modificando el movimiento polar y la rotación terrestre, aunque esos cambios contemporáneos no deben confundirse directamente con los grandes episodios de TPW reconstruidos en el nuevo estudio.
El estudio cuestiona una explicación sobre Pangea
Los resultados también permiten evaluar hipótesis concretas sobre la historia de los continentes. Una propuesta anterior planteaba que el rápido movimiento hacia el norte de Pangea durante el Carbonífero tardío y el Pérmico podría explicarse principalmente mediante deriva polar verdadera.
El nuevo análisis no encontró una señal significativa en el nivel del mar que respalde esa interpretación. Los autores consideran que este resultado cuestiona la idea de que la TPW fuera la causa dominante de aquel desplazamiento aparente del supercontinente.
Esto no implica que Pangea permaneciera inmóvil. Las placas que formaban el supercontinente estaban sometidas a la dinámica tectónica habitual, y reconstruir su movimiento exige separar cuidadosamente esa tectónica de cualquier reorientación simultánea de la Tierra sólida.
La dificultad para distinguir ambos procesos explica la importancia de contar con una prueba independiente del paleomagnetismo. Si dos métodos basados en fenómenos físicos distintos señalan un mismo episodio, aumenta la confianza en que la señal corresponde realmente a una reorientación global.
La posición de los continentes influye en clima y biodiversidad
Una deriva polar verdadera suficientemente grande modifica la latitud de continentes enteros respecto de los cinturones climáticos asociados con el eje de rotación. Una región puede desplazarse hacia condiciones más tropicales o hacia latitudes más frías sin que ese cambio dependa exclusivamente del movimiento relativo de su placa tectónica.
Por esa razón, reconstruir correctamente la TPW puede resultar importante para interpretar antiguos registros climáticos, sedimentarios y biológicos. Cambios de latitud afectan la radiación solar estacional, los patrones atmosféricos y oceánicos y los ambientes disponibles para diferentes ecosistemas.
Los investigadores señalan que episodios grandes o rápidos podrían haber tenido efectos sobre el clima y la biosfera. El nuevo trabajo, sin embargo, identifica las señales geofísicas de la deriva polar y no demuestra por sí mismo que un episodio concreto haya causado una determinada crisis climática o transformación biológica.
Las reconstrucciones de latitud son precisamente una herramienta fundamental para estudiar esas conexiones. El Modelo Paleogeográfico de Utrecht permite seguir la posición de territorios a través de cientos de millones de años, y trabajos como el publicado ahora muestran por qué esas reconstrucciones deben considerar tanto la tectónica de placas como posibles episodios de reorientación global.
Los antiguos mares conservan una señal del interior del planeta
Una de las aportaciones más destacadas del estudio es utilizar las antiguas costas como registro indirecto de procesos ocurridos a miles de kilómetros de profundidad. La distribución de continentes inundados y emergidos puede contener información sobre cómo se reorganizó la masa dentro del planeta y cómo respondió posteriormente la Tierra sólida.
El método tampoco reemplaza al paleomagnetismo. Su utilidad reside precisamente en aportar una línea de evidencia independiente con limitaciones diferentes. Las reconstrucciones de inundación continental tienen incertidumbres en edad, paleogeografía y extensión de los antiguos mares, mientras el registro paleomagnético enfrenta sus propios problemas de conservación e interpretación.
La combinación de ambos tipos de información permite contrastar episodios propuestos anteriormente y descartar otros que no producen la señal esperada.
El interior terrestre ya ha mostrado que puede dejar huellas detectables en pequeñas variaciones de la rotación. Investigaciones sobre la oscilación de aproximadamente 8,5 años del núcleo interno han relacionado procesos profundos con cambios en el movimiento polar y la duración del día. La nueva investigación extiende esa perspectiva a escalas de cientos de millones de años.
La historia de los polos fue más dinámica de lo esperado
El trabajo de Domeier, Leandro C. Gallo, Chloé M. Marcilly y Trond H. Torsvik respalda la existencia de intervalos prolongados de deriva polar verdadera rápida y contradice una visión en la que este proceso habría sido siempre insignificante o persistentemente lento.
Los autores consideran además probable que episodios similares hayan ocurrido antes de los 320 millones de años cubiertos por las reconstrucciones utilizadas. La ausencia de información comparable para periodos más antiguos dificulta comprobarlo con el mismo método.
La evidencia más firme del nuevo análisis se concentra en dos grandes intervalos: entre 150 y 140 millones de años atrás y entre 100 y 90 millones de años. En ambos casos, la señal independiente proporcionada por los cambios del nivel del mar coincide ampliamente con episodios sugeridos mediante otros métodos geológicos.
Así, las antiguas invasiones del mar sobre los continentes no solo registran la evolución de los océanos. También pueden conservar la huella de momentos en los que prácticamente toda la envoltura rocosa del planeta cambió de orientación respecto del eje alrededor del cual gira la Tierra.
Fuentes referenciales:
Science
American Association for the Advancement of Science




