El eucalipto reduce aves en Galicia


Un estudio del CSIC y la Universidad de Santiago muestra cómo las plantaciones de eucalipto alteran la avifauna y la biodiversidad del noroeste de España


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz


Plantar árboles no siempre significa restaurar un ecosistema. En España, el caso del eucalipto muestra que una masa forestal puede parecer verde, extensa y productiva, pero funcionar de manera muy distinta a un bosque nativo. La especie, impulsada durante décadas por su valor para la industria papelera, se ha convertido en un factor de presión sobre la avifauna local en Galicia y otros territorios del noroeste peninsular.

El problema no está únicamente en la presencia del árbol, sino en el tipo de paisaje que genera. Las plantaciones de eucalipto crean masas homogéneas, pobres en sotobosque, con menor disponibilidad de insectos y menos cavidades naturales para nidificación. Para muchas aves forestales, esa combinación reduce alimento, refugio y lugares adecuados para reproducirse.

Un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, publicado en la revista Forest Ecology and Management, comparó 240 parches de bosque autóctono y eucaliptal en el Parque Natural de las Fragas del Eume. La investigación fue realizada por Fernando García-Fernández, María Vidal y Jesús Domínguez, junto con Adrián Regos, de la Misión Biológica de Galicia del CSIC.

De árbol útil a problema ecológico

El eucalipto llegó a España en el siglo XIX, pero su expansión a gran escala se aceleró durante el siglo XX, especialmente desde los años sesenta, cuando fue promovido para repoblación forestal y abastecimiento de la industria papelera. Su crecimiento rápido, su aprovechamiento industrial y su capacidad para ocupar grandes superficies lo convirtieron en una opción atractiva para la producción de madera.

Décadas después, esa misma expansión plantea un conflicto ambiental. En Galicia, el eucalipto cubre más del 30 % de la superficie forestal, una cifra que refleja la magnitud del cambio en el paisaje. Allí donde antes había mosaicos de bosque nativo, matorral, robledales o formaciones mixtas, muchas zonas quedaron ocupadas por masas de una sola especie.

Este tipo de transformación se conecta con un problema más amplio: no todas las especies introducidas producen los mismos efectos, pero algunas pueden alterar de forma profunda el funcionamiento de los ecosistemas. En Noticias de la Tierra se ha explicado cómo las especies invasoras pueden convertirse en señales tempranas de desequilibrios ambientales cuando modifican relaciones entre plantas, animales y hábitats.

Menos aves en los eucaliptales

La investigación en las Fragas del Eume confirmó que las plantaciones de eucalipto albergan menos especies y menos ejemplares de aves que los bosques nativos. La diferencia no se limita a un cambio visual en el paisaje: afecta a la estructura ecológica que sostiene a las comunidades de aves.

Las aves insectívoras son especialmente sensibles a este proceso. Necesitan insectos disponibles, vegetación diversa y espacios adecuados para anidar. Cuando el sotobosque desaparece o se empobrece, disminuyen también las poblaciones de insectos y otros pequeños organismos que sirven de alimento.

La pérdida de aves puede generar efectos en cadena dentro del bosque. Otros ecosistemas ya han mostrado que la desaparición de aves insectívoras modifica el equilibrio entre depredadores, presas y vegetación, como ocurre en escenarios de bosques sin aves, donde la ausencia de ese grupo funcional altera la dinámica ecológica completa.

La alelopatía cambia el suelo del bosque

Uno de los mecanismos clave es la alelopatía. El eucalipto libera sustancias químicas que dificultan el crecimiento de otras plantas bajo su copa. Ese efecto limita la regeneración vegetal, reduce los arbustos autóctonos y empobrece el sotobosque.

Cuando desaparece esa vegetación baja, el bosque pierde capas ecológicas. El suelo queda menos protegido, disminuyen los refugios para pequeños animales y se reduce la disponibilidad de insectos. Para las aves que dependen de esos recursos, el eucaliptal ofrece menos oportunidades que un bosque autóctono bien estructurado.

El resultado es lo que algunos investigadores describen como un “desierto verde”: una masa vegetal que puede parecer bosque desde lejos, pero que no cumple las mismas funciones ecológicas. Hay árboles, pero falta diversidad de plantas, insectos, cavidades y relaciones biológicas.

Ciclos de tala que impiden la nidificación

El manejo forestal también influye. Los eucaliptos suelen talarse en ciclos de entre 10 y 15 años. Ese ritmo impide que muchos árboles envejezcan lo suficiente para formar cavidades naturales, un recurso esencial para especies que nidifican en huecos de troncos o ramas.

En un bosque maduro, los árboles viejos, muertos o parcialmente deteriorados ofrecen microhábitats para aves, insectos, hongos y pequeños mamíferos. En una plantación de rotación corta, esos elementos suelen desaparecer antes de que puedan cumplir esa función.

La diferencia entre plantar árboles y recuperar un ecosistema aparece aquí con claridad. Un cultivo forestal puede producir madera, pero no necesariamente reemplaza la complejidad de un bosque nativo. La biodiversidad depende de la estructura del hábitat, no solo del número de árboles plantados.

Un caso ligado a las invasiones biológicas

El caso del eucalipto forma parte del debate sobre especies exóticas, invasiones biológicas y gestión del territorio. Las especies introducidas pueden llegar por motivos productivos, ornamentales o comerciales, pero sus impactos aparecen cuando se expanden y desplazan funciones ecológicas locales.

La dimensión económica y ambiental de este problema es global. Las invasiones biológicas generan daños sobre biodiversidad, ecosistemas y actividades humanas, especialmente cuando se detectan tarde o cuando la gestión queda atrapada entre intereses productivos y conservación.

En el caso gallego, el conflicto no se limita a erradicar o conservar una especie. También incluye el modelo forestal, la industria que depende de esa madera, los propietarios de tierras, el riesgo de incendios, la regeneración del bosque autóctono y la protección de aves que necesitan hábitats más diversos.

El bosque mediterráneo bajo presión

La presión sobre los bosques ibéricos no procede de un solo factor. Sequías, patógenos exóticos, cambio climático, abandono rural, incendios y expansión de especies introducidas se combinan en distintas regiones. En los bosques mediterráneos, esa suma puede reducir la regeneración natural y favorecer especies más tolerantes a condiciones alteradas.

Investigaciones del CSIC ya han advertido que la sequía y los patógenos exóticos amenazan la regeneración de los bosques mediterráneos, un proceso que puede cambiar qué especies dominan el paisaje en las próximas décadas.

El eucalipto se inserta en ese contexto como un ejemplo de decisión forestal con consecuencias de largo plazo. Lo que en su momento se presentó como una solución productiva terminó modificando la estructura ecológica de amplias zonas del noroeste español.

Restaurar no es solo plantar

La principal lección del estudio es que restaurar un paisaje no consiste únicamente en añadir árboles. La recuperación ecológica exige diversidad de especies, edades, estratos vegetales, madera muerta, fauna asociada, suelos funcionales y conectividad con otros hábitats.

Las plantaciones homogéneas pueden cumplir una función económica, pero no deben confundirse con bosques nativos. Para la avifauna local, esa diferencia es decisiva: un eucaliptal joven y manejado en ciclos cortos no ofrece los mismos recursos que un robledal, un bosque mixto o una formación autóctona madura.

El desafío para España, y especialmente para Galicia, será equilibrar producción forestal, prevención de incendios, conservación de aves y restauración de hábitats. La evidencia científica muestra que el verde no siempre significa biodiversidad, y que algunas decisiones de repoblación pueden dejar efectos ecológicos durante generaciones.

Fuente(s) referenciales

OKDiario: En 1960 pensaron que era buena idea plantarlos en España: hoy es un árbol invasor que se está cargando la avifauna local