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Panorama Planetario

Estado general del sistema Tierra
26 de agosto de 2026
Resumen ejecutivo. El sistema climático global mantiene señales de fuerte acumulación de calor, con temperaturas oceánicas excepcionalmente altas, concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono superiores a las del año anterior y una temporada boreal marcada por incendios, sequedad del suelo y episodios de calor persistente. La evolución del Pacífico ecuatorial añade incertidumbre a la distribución de lluvias durante los próximos meses. En las regiones polares continúa la pérdida estacional de hielo, mientras la observación satelital permite seguir casi diariamente incendios, humedad, vegetación, nubes y cambios costeros.
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Temperatura global El calor de fondo permanece elevado

Julio de 2026 fue clasificado por Copernicus entre los julios más cálidos registrados. Las anomalías no se distribuyen de forma uniforme: Europa occidental, el norte del Atlántico y distintas zonas continentales soportan impactos especialmente visibles. La señal confirma que los extremos regionales se desarrollan sobre una base climática global más cálida.

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Océanos Temperaturas marinas en niveles récord

La temperatura media de la superficie oceánica alcanzó alrededor de 21,1 °C durante agosto, según los reportes climáticos disponibles. El exceso de calor favorece olas de calor marinas, aumenta la evaporación y puede intensificar lluvias extremas. También eleva el estrés sobre corales, peces, praderas submarinas y cadenas alimentarias costeras.

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CO₂ atmosférico 426,98 ppm en el promedio semanal reciente

La NOAA informó para la semana iniciada el 16 de agosto un promedio de 426,98 partes por millón en Mauna Loa, frente a 425,60 ppm un año antes. Aunque el ciclo estacional hace descender las concentraciones después del máximo boreal, la comparación interanual conserva una tendencia ascendente impulsada principalmente por las emisiones humanas.

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Hielo polar El Ártico avanza hacia su mínimo anual

El hielo marino ártico continúa su retirada estacional antes del mínimo de septiembre. Copernicus situó la extensión de julio como la sexta más baja para ese mes. La atención se concentra en los mares de Barents y zonas próximas a Svalbard, además del impacto del agua cálida sobre plataformas y frentes glaciares.

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Incendios Europa mantiene una temporada de alta presión

El calor prolongado, la vegetación seca y los periodos sin lluvias han elevado la inflamabilidad del paisaje. La superficie quemada europea durante 2026 ya figura entre las más extensas de las últimas décadas. El riesgo no depende únicamente de la temperatura: viento, acumulación de combustible y abandono rural pueden acelerar la propagación.

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Sequías Persisten déficits de humedad agrícola

Partes de Europa, el Mediterráneo y otras áreas productivas llegan al final del verano boreal con reservas de agua reducidas. La sequedad afecta cultivos, pastizales, caudales y disponibilidad para riego. Las lluvias puntuales pueden aliviar la superficie, pero no siempre recuperan acuíferos ni perfiles profundos del suelo.

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Fenómenos extremos Más energía disponible para lluvias intensas

Una atmósfera más cálida puede retener más vapor de agua, mientras los mares cálidos aportan humedad adicional. Esta combinación incrementa el potencial de precipitaciones torrenciales cuando se forman tormentas organizadas. El impacto final depende de la trayectoria, el relieve, la urbanización y la capacidad local de drenaje.

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Circulación planetaria El Pacífico gana peso en la perspectiva estacional

El calentamiento del Pacífico ecuatorial es una variable clave para los próximos meses. Su evolución puede reorganizar patrones de precipitación, temperatura y actividad tropical a escala internacional. Los efectos no son idénticos en todos los episodios, por lo que deben seguirse mediante observaciones oceánicas y actualizaciones meteorológicas oficiales.

🔎 Señal planetaria destacada

El océano concentra la señal más clara del día. El récord térmico marino no representa solamente agua más cálida: implica mayor expansión térmica, cambios en la distribución de especies, pérdida de oxígeno y más humedad disponible para eventos extremos. La persistencia será tan importante como el valor puntual observado.

Perspectiva para los próximos 7–14 días Se prevé que el cierre del verano boreal mantenga contrastes importantes: calor e inflamabilidad elevada en áreas secas, tormentas localmente intensas donde coincidan humedad y sistemas inestables, y continuidad de la fusión estacional del hielo ártico. En el hemisferio sur, la transición hacia la primavera favorecerá cambios rápidos de temperatura y viento. Las alertas nacionales y regionales deberán prevalecer sobre cualquier descripción global.
Referencias de seguimiento: NOAA Global Monitoring Laboratory, Copernicus Climate Change Service, NASA Earth Observatory, ESA y National Snow and Ice Data Center. Los indicadores globales describen condiciones generales y no sustituyen alertas meteorológicas o de protección civil.
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Las especies invasoras como centinelas medioambientales

La cotorra argentina (Myiopsitta monachus) es originaria de América del Sur. El ser humano, al comprarla enjaulada y liberarla después, la ha extendido por numerosos países de América, Europa, Asia y África. Life is strange2 / Wikimedia Commons, CC BY

La cotorra argentina, la culebra real de California o el mosquito tigre son algunos ejemplos conocidos de especies invasoras en España. Así es como se cataloga a aquellas especies que se introducen o asientan en un nuevo hábitat natural.


Beatriz Martin Cruz, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria and Octavio Pérez Luzardo, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria


El cambio climático, la actividad humana y su influencia sobre las plantas y animales, entre otras causas, están modificando nuestros ecosistemas. Cada vez más nuevas especies se establecen en lugares donde antes no estaban, lo que representa un desafío para la conservación del medio ambiente.

La primera consecuencia es que, a menudo, genera importantes desequilibrios para las especies nativas. Por eso, los gobiernos, ayudados de expertos en la materia, invierten tiempo y recursos en capturarlas y erradicarlas.

Aunque es necesario eliminarlas del territorio invadido, la ciencia ha demostrado que quizá puedan ofrecer información valiosa sobre la salud del entorno y desempeñar un papel útil como centinelas ambientales.

Los primeros en dar la voz de alarma

Existen numerosos ejemplos de especies empleadas con este fin en océanos, ríos, selvas, bosques o ciudades. En todos estos casos, nos ayudan a determinar riesgos ambientales alertando de manera temprana sobre un peligro inminente.

Para cumplir este propósito, deben tener ciertas cualidades, como sensibilidad a la detección de compuestos, posición estratégica en la cadena alimentaria, potencial de exposición ambiental o amplia distribución geográfica, entre otras.

Los canarios (Serinus canaria domestica) eran usados muy a menudo en minas de carbón británicas como un sistema eficaz y económico de alarma, tanto visual como sonora. Wikimedia Commons, CC BY

El caso más popularmente conocido es el de los canarios en las minas de carbón. Estas aves, muy sensibles a los gases nocivos del aire, eran usadas por los mineros como medio de aviso y protección en su entorno de trabajo.

Actualmente, de igual manera, los científicos estudian aquellas especies que pueden ayudar a detectar determinados químicos peligrosos para el ser humano y el resto de seres vivos con los que convivimos.

El caso clave de las islas

En los ecosistemas insulares, la conservación de la biodiversidad es especialmente importante. Por ejemplo, las islas Canarias albergan especies endémicas en un entorno único. Sin embargo, se enfrentan a multitud de riesgos, como el uso indiscriminado de ciertos productos.

Aquí, el uso descontrolado de rodenticidas, compuestos diseñados para controlar plagas de roedores, está afectando a otras especies silvestres, como las aves rapaces.

Los efectos negativos que generan incluyen cambios en la fisiología y en el comportamiento de los animales expuestos, lo que pone en riesgo su supervivencia.

Tanto es así que investigaciones toxicológicas en las islas han revelado una preocupante exposición de la fauna nativa a estos contaminantes y, por tanto, el riesgo de su continuidad en los ecosistemas canarios.

El vigilante de Gran Canaria

La presencia de la culebra real de CaliforniaLampropeltis californiae– en la isla de Gran Canaria desde hace más de una década ha tenido graves consecuencias ambientales, como el desplazamiento y la depredación de especies endémicas, así como la inversión logística y económica que el gobierno ha realizado en el intento de controlarla.

La culebra real de California es una especie invasora que lleva más de una década en Gran Canaria. Pierre Fidenci / Wikimedia Commons, CC BY

Pero también ha proporcionado información valiosa sobre la exposición de la fauna silvestre a los rodenticidas. Especialmente, las aves rapaces, con las cuales comparte patrones alimenticios y posición en la cadena trófica.

El estudio de este reptil foráneo ha permitido determinar su potencial como centinela de estos compuestos. Su amplia distribución en la isla de Gran Canaria y su elevada tasa de reproducción han facilitado el muestreo de casi 400 ejemplares.

Los resultados confirman la presencia significativa de raticidas en la naturaleza. Más del 90 % de los individuos analizados estaban expuestos a estas sustancias. Además, en muchos casos, lo hacían a concentraciones conocidas como tóxicas o potencialmente letales para las aves.

Por otra parte, nos ayudan a plantear futuras preguntas de investigación e hipótesis sobre la posible tolerancia de estos reptiles a los raticidas, dado que la mayoría de ellos no presentaba síntomas de intoxicación y estaban vivos en el momento de la captura.

Gracias a estos descubrimientos, en los últimos años se han puesto en marcha leyes y medidas de vigilancia que, junto con la ciencia , puedan mitigar este problema lo antes posible.

Beatriz Martin Cruz, Personal Investigador en Formación, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria and Octavio Pérez Luzardo, Catedrático de Toxicología, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.