La NOAA proyecta entre 8 y 14 tormentas con nombre durante 2026, mientras la Universidad Estatal de Colorado rebajó su estimación a nueve sistemas y cuatro huracanes
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
La temporada de huracanes del Atlántico de 2026 se perfila menos activa de lo habitual debido principalmente a la influencia de El Niño, un fenómeno que modifica la circulación atmosférica y dificulta la organización de los ciclones tropicales. La previsión ofrece un escenario más favorable para millones de habitantes del Caribe, el golfo de México y la costa oriental de Estados Unidos, aunque no elimina el riesgo de impactos destructivos.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, conocida como NOAA, anticipó entre 8 y 14 tormentas con nombre, de las cuales entre 3 y 6 podrían convertirse en huracanes. El organismo calcula que entre uno y tres sistemas podrían alcanzar la categoría de huracán mayor, con vientos sostenidos de al menos 178 kilómetros por hora.
El rango se encuentra por debajo del promedio de la temporada 1991-2020, que registra unas 14 tormentas con nombre, siete huracanes y tres huracanes mayores. La NOAA asignó una probabilidad del 55 % a que la actividad total de 2026 termine por debajo de lo normal.
Colorado redujo su previsión a nueve tormentas con nombre
El equipo de Meteorología Tropical de la Universidad Estatal de Colorado revisó progresivamente sus cálculos a medida que El Niño se fortaleció. En abril proyectaba 13 tormentas con nombre y seis huracanes; en junio redujo las cifras a 11 tormentas y cinco huracanes.
La actualización estacional de agosto estima un total de nueve tormentas con nombre, cuatro huracanes y un huracán mayor durante 2026. Hasta comienzos de agosto se habían formado las tormentas tropicales Arthur y Bertha, por lo que el equipo prevé aproximadamente siete sistemas adicionales antes de que termine la temporada.
La estimación de nueve tormentas representa una reducción importante frente al promedio de 14,4 utilizado por la Universidad Estatal de Colorado. El pronóstico también sitúa la energía ciclónica acumulada, una medida que combina intensidad y duración de las tormentas, claramente por debajo de sus valores habituales.
La evolución confirma una tendencia advertida desde mayo, cuando la NOAA anticipó una temporada atlántica menos activa por El Niño, pero pidió a las comunidades costeras mantener sus planes de preparación.
Cómo El Niño interfiere con la formación de huracanes
El Niño se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental. Aunque se desarrolla lejos del Atlántico, modifica los patrones de viento y circulación en diferentes regiones del planeta.
Uno de sus principales efectos sobre el Atlántico tropical es el aumento de la cizalladura vertical del viento, es decir, el cambio de velocidad o dirección de las corrientes atmosféricas entre niveles bajos y altos. Los ciclones necesitan una estructura vertical organizada para fortalecerse, pero una cizalladura intensa puede inclinar o separar sus núcleos.
El fenómeno también puede favorecer aire más seco y movimientos descendentes sobre partes de la cuenca atlántica. Estas condiciones limitan el desarrollo de tormentas eléctricas alrededor del centro de circulación y dificultan que una perturbación tropical se convierta en un ciclón organizado.
El establecimiento de un episodio de El Niño potencialmente muy fuerte durante 2026 llevó a los meteorólogos a reducir tanto el número previsto de sistemas como la probabilidad de impactos de huracanes mayores en Estados Unidos.
El Atlántico ecuatorial aporta una segunda influencia
A la cizalladura relacionada con El Niño se suma una fase fría en el Atlántico ecuatorial, denominada informalmente Niña del Atlántico. Este patrón reduce las temperaturas de la superficie marina en una zona que puede aportar humedad y energía a la convección tropical.
La combinación crea dos obstáculos distintos: El Niño altera la estructura de los vientos en altura y el enfriamiento atlántico limita parte de la energía disponible en la superficie. El efecto conjunto ha sido descrito como una interacción que frena la formación de huracanes en el Atlántico.
Sin embargo, la cuenca no presenta condiciones uniformes. Algunas zonas del Atlántico occidental, el Caribe y el golfo de México conservan aguas suficientemente cálidas para alimentar ciclones. Si la cizalladura disminuye temporalmente, una tormenta puede organizarse y fortalecerse con rapidez.
Los pronósticos estacionales describen la actividad total esperada, pero no determinan con meses de anticipación dónde se formará cada sistema, qué trayectoria seguirá ni si tocará tierra. La ubicación de los impactos depende de patrones atmosféricos que solo pueden evaluarse con mayor precisión cuando el ciclón ya existe.
La probabilidad de un huracán mayor en Estados Unidos disminuyó
El equipo de la Universidad Estatal de Colorado calcula una probabilidad del 16 % de que un huracán mayor alcance algún punto de la costa continental de Estados Unidos durante 2026. El promedio histórico para ese indicador es del 43 %.
Para la costa del golfo, desde Florida hasta Texas, la probabilidad estimada se sitúa alrededor del 9 %, frente a un promedio histórico cercano al 27 %. Estas cifras representan una reducción del riesgo estadístico general, pero no equivalen a una garantía de ausencia de impactos.
Un ciclón no necesita alcanzar la categoría 3 para causar una emergencia. Las tormentas tropicales y los huracanes de menor categoría pueden producir inundaciones, marejada ciclónica, deslizamientos, tornados, cortes eléctricos y daños extensos si afectan zonas densamente pobladas o vulnerables.
Los especialistas insisten en que una temporada tranquila en el conjunto del océano puede resultar desastrosa para una comunidad concreta. El riesgo individual depende de la trayectoria, la intensidad al tocar tierra, la velocidad de desplazamiento, las lluvias y las condiciones del territorio.
Agosto y septiembre siguen siendo los meses de mayor riesgo
La temporada oficial de huracanes del Atlántico se extiende desde el 1 de junio hasta el 30 de noviembre. Su periodo más activo suele comenzar en agosto y alcanza el máximo climatológico alrededor del 10 de septiembre, cuando las aguas están más cálidas y las ondas tropicales procedentes de África son más frecuentes.
La escasa actividad durante junio y julio no permite descartar un aumento posterior. En varias temporadas influenciadas por El Niño se desarrollaron pocos ciclones, pero algunos lograron alcanzar una intensidad elevada durante ventanas breves de condiciones favorables.
La relación entre las fases del Pacífico y los ciclones tampoco es idéntica todos los años. Estudios sobre cómo las transiciones entre El Niño y La Niña modifican los ciclones tropicales muestran que la respuesta depende de la intensidad, la época y la distribución espacial del fenómeno.
Las previsiones pueden cambiar durante la temporada debido a variaciones en la temperatura del océano, la cizalladura, la humedad y otros patrones atmosféricos. Por eso, NOAA y la Universidad Estatal de Colorado actualizan periódicamente sus cálculos con nuevas observaciones y modelos.
Una temporada menos activa no permite bajar la vigilancia
Las autoridades recomiendan que quienes viven en zonas costeras conozcan sus rutas de evacuación, revisen la seguridad de sus viviendas y mantengan suministros básicos para varios días. También conviene comprobar con anticipación las pólizas de seguro, especialmente las coberturas por inundación, que pueden tener periodos de espera.
La preparación debe contemplar medicamentos, agua, alimentos no perecederos, linternas, baterías, documentos protegidos y mecanismos para recibir avisos oficiales. Las familias con niños, adultos mayores, mascotas o personas con necesidades médicas requieren planes adicionales.
Los meteorólogos advierten que el número total de tormentas no guarda una relación directa con los daños. Basta un solo huracán intenso que toque tierra en una región vulnerable para convertir una temporada estadísticamente tranquila en una de alto impacto humano y económico.
Fuentes referenciales:
Infobae
Administración Nacional Oceánica y Atmosférica
Centro de Predicción Climática de la NOAA
Universidad Estatal de Colorado
Pronóstico atlántico de agosto de 2026 de la Universidad Estatal de Colorado
