Entre Noruega y Groenlandia, un antiguo pulso del manto ayudó a abrir el Atlántico Norte


Nuevas investigaciones sobre la margen volcánica entre Noruega y Groenlandia explicaron cómo grandes volúmenes de basalto del manto terrestre emergieron cuando Europa y América del Norte comenzaron a separarse


Redacción Noticias de la Tierra


Hace unos 56 millones de años, el mapa del planeta empezó a cambiar de manera irreversible. Europa y América del Norte iniciaron un proceso de separación tectónica que dio origen al océano Atlántico Norte, un espacio oceánico que desde entonces no ha dejado de expandirse. En ese momento clave de la historia geológica, enormes cantidades de roca fundida procedente del manto ascendieron hasta el fondo marino a medida que la corteza se estiraba y adelgazaba. Este proceso formó una margen volcánica riftada entre lo que hoy son Noruega y Groenlandia, una estructura submarina que ha intrigado a los científicos durante décadas por su volumen de basaltos y por el papel que desempeñó en la apertura del océano.

El origen de esta vasta provincia volcánica ha sido objeto de debate en la geología durante años. La pregunta central ha girado en torno a qué mecanismos impulsaron la llegada de tanto material fundido a la superficie en un contexto de rifting continental. Investigaciones recientes han profundizado en la relación entre la tectónica de placas y los plumas del manto, aportando un marco más claro para entender cómo estos procesos actuaron de manera conjunta en la formación de la margen volcánica del Atlántico Norte.

El inicio de la ruptura entre Europa y América del Norte

La separación entre Europa y América del Norte marcó un episodio decisivo en la reorganización de los continentes del hemisferio norte. A medida que las placas tectónicas comenzaron a alejarse, la corteza terrestre se estiró y adelgazó, creando condiciones favorables para que el material caliente del interior del planeta ascendiera. Este adelgazamiento de la litosfera permitió que el magma del manto alcanzara el fondo oceánico, donde se enfrió y solidificó en forma de extensos flujos de basalto.

La región comprendida entre Noruega y Groenlandia se convirtió en uno de los escenarios más llamativos de este proceso. Allí se desarrolló una margen volcánica caracterizada por grandes acumulaciones de rocas ígneas que se depositaron durante las primeras fases de apertura del Atlántico Norte. La magnitud de estos volúmenes volcánicos sugirió desde hace tiempo que la simple extensión tectónica no bastaba para explicar por completo el fenómeno, lo que llevó a explorar la posible influencia de dinámicas profundas del manto terrestre.

Plumas del manto y aporte de calor desde el interior de la Tierra

Las investigaciones recientes han examinado el papel de las plumas del manto, columnas de material caliente que ascienden desde grandes profundidades del planeta. En el contexto del Atlántico Norte, la interacción entre estas plumas y el proceso de rifting habría favorecido un aporte adicional de calor y magma hacia la corteza en adelgazamiento. Este suministro extra de material fundido ayudó a explicar por qué la margen entre Noruega y Groenlandia presenta volúmenes de basalto tan extensos en comparación con otros márgenes continentales.

La hipótesis de la influencia de plumas del manto no sustituye el papel de la tectónica de placas, sino que la complementa. El estiramiento de la corteza creó el espacio estructural necesario para que el magma ascendiera, mientras que el calor procedente del manto profundo incrementó la cantidad de material disponible para formar la margen volcánica. Esta combinación de procesos ofreció una explicación integrada de cómo se construyó la estructura submarina que hoy caracteriza el borde del Atlántico Norte.

La margen volcánica entre Noruega y Groenlandia como laboratorio natural

La margen volcánica riftada entre Noruega y Groenlandia se ha convertido en un auténtico laboratorio natural para estudiar la interacción entre procesos profundos del manto y la dinámica de las placas tectónicas. Su morfología, composición basáltica y distribución de los flujos volcánicos permiten reconstruir las condiciones que dominaron durante los primeros momentos de apertura del océano. El registro geológico de esta región conserva la huella de un episodio de intensa actividad magmática asociado al nacimiento de un nuevo océano.

El interés científico por esta zona no se limita a su pasado geológico. Comprender cómo se formó una margen volcánica de estas características ayuda a interpretar otros márgenes similares en diferentes partes del mundo. Los modelos desarrollados a partir del caso del Atlántico Norte ofrecen herramientas para analizar procesos análogos en contextos donde los continentes se separan y el manto participa activamente en la generación de nueva corteza oceánica.

Basaltos y construcción del fondo oceánico

Los basaltos que se formaron durante la apertura inicial del Atlántico Norte constituyen el material básico del fondo oceánico en esta región. A medida que la corteza se adelgazaba, el magma ascendía y se extendía en capas sucesivas, construyendo una base volcánica que posteriormente quedó cubierta por sedimentos marinos. Este proceso de creación de nueva corteza es un componente esencial de la dinámica de los océanos en expansión.

El estudio de estos basaltos permite inferir las condiciones térmicas y composicionales del manto en el momento de la ruptura continental. La cantidad de material volcánico acumulado en la margen entre Noruega y Groenlandia sugiere un episodio de aporte magmático particularmente intenso, coherente con la interacción entre rifting tectónico y plumas del manto. Esta relación ayuda a comprender por qué algunas aperturas oceánicas están asociadas a grandes provincias ígneas, mientras que otras presentan un vulcanismo más limitado.

Implicaciones para la comprensión de la tectónica global

La reconstrucción de cómo se abrió el Atlántico Norte ofrece claves para entender procesos de tectónica global que han modelado la superficie terrestre a lo largo de millones de años. La combinación de extensión cortical, ascenso de magma del manto y formación de márgenes volcánicas ilustra cómo el interior del planeta interactúa con la dinámica de las placas en la superficie. En el caso de Noruega y Groenlandia, esta interacción dejó una huella geológica que permite rastrear los primeros pasos de un océano en expansión.

Para audiencias internacionales, este episodio geológico pone de relieve que los océanos actuales son el resultado de procesos prolongados y complejos, en los que convergen fuerzas profundas del manto y movimientos de las placas tectónicas. La margen volcánica del Atlántico Norte no es solo una curiosidad regional, sino un ejemplo emblemático de cómo la Tierra renueva su superficie a través de ciclos de ruptura continental y creación de nueva corteza oceánica.


Referencias

  • Equipos de investigación en geodinámica y tectónica de placas. Estudios sobre la interacción entre plumas del manto, extensión cortical y formación de basaltos en la margen volcánica entre Noruega y Groenlandia durante la apertura del Atlántico Norte, febrero de 2026.