Modelos de Michigan State University estiman que una intervención solar agresiva reduciría el agravamiento de las olas de calor marinas en hasta 75% del océano, aunque dejaría grandes zonas expuestas
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Las olas de calor no ocurren solo en tierra firme. También pueden formarse en el océano y, a medida que el planeta se calienta, estos episodios marinos se vuelven más largos, intensos y dañinos para ecosistemas, pesca y comunidades costeras. Un nuevo estudio de Michigan State University analiza si la geoingeniería solar podría reducir ese riesgo, pero sus resultados muestran un beneficio desigual.
La investigación, publicada en Geophysical Research Letters, utilizó simulaciones climáticas para evaluar cómo responderían las olas de calor marinas bajo distintos escenarios de calentamiento y gestión de la radiación solar. El trabajo fue liderado por la climatóloga oceánica Yiyang Li, junto con colaboradores de Michigan State University.
La geoingeniería solar evaluada en el estudio consiste en reflejar una pequeña parte de la luz solar hacia el espacio para enfriar el planeta. Una de las técnicas más citadas es la inyección de aerosoles estratosféricos, que intentaría imitar parcialmente el efecto de grandes erupciones volcánicas al dispersar partículas reflectantes en la atmósfera superior.
El océano se calienta y las olas marinas se alargan
Los modelos señalan que, si el mundo continúa en la trayectoria actual, la temperatura media del océano podría aumentar 1 °C hacia 2069. En ese escenario, las olas de calor marinas se volverían más calientes y más prolongadas en el 97% de los océanos del mundo.
Este riesgo ya preocupa a la comunidad científica porque las olas de calor marinas pueden alterar redes alimentarias, desplazar especies, afectar arrecifes, reducir capturas pesqueras y aumentar la presión sobre comunidades que dependen del mar para alimentarse o trabajar.
El problema no es una anomalía aislada. Los océanos absorben una gran parte del exceso de calor del sistema climático, y esa acumulación modifica temperaturas superficiales, corrientes, evaporación y condiciones biológicas. Por eso, la intensificación del calor marino se ha convertido en una señal crítica del cambio climático.
Un escudo parcial bajo escenarios de geoingeniería
El equipo modeló un escenario moderado de geoingeniería solar capaz de mantener el calentamiento atmosférico en torno a 1,5 °C. En ese caso, solo entre 20% y 25% del océano quedaría protegido del empeoramiento de las olas de calor marinas.
En una intervención más agresiva, diseñada para limitar el calentamiento por debajo de 1 °C, la protección aumentaría de forma notable y alcanzaría hasta 75% del océano. Sin embargo, incluso en ese escenario, cerca de una cuarta parte de los mares seguiría enfrentando olas de calor más calientes, largas o intensas.
La diferencia confirma que la geoingeniería solar no actuaría como un interruptor climático uniforme. Podría enfriar el promedio global, pero no garantizaría beneficios iguales en todas las regiones oceánicas.
La protección no llegaría a todos los mares
Los resultados muestran que algunas zonas quedarían más protegidas que otras. El océano Austral y el Pacífico tropical recibirían mayor alivio térmico, mientras que regiones como el Ártico, el Atlántico norte y partes del Pacífico occidental seguirían siendo vulnerables.
Esta distribución desigual importa porque los impactos de las olas de calor marinas dependen del lugar. Una reducción global del calentamiento puede no evitar daños locales si las especies, pesquerías o ecosistemas más sensibles se encuentran en áreas donde la protección es limitada.
La cautela coincide con debates previos sobre la geoingeniería solar, una propuesta que despierta interés científico, pero también preguntas éticas, ambientales y políticas por sus posibles efectos regionales y por la dificultad de gobernar una intervención planetaria.
Menos calor no significa resolver el cambio climático
El estudio no presenta la geoingeniería solar como sustituto de la reducción de emisiones. Aunque reflejar parte de la radiación solar podría bajar temperaturas, no elimina el dióxido de carbono acumulado en la atmósfera ni resuelve otros impactos asociados a las emisiones humanas.
Los autores advierten que la geoingeniería solar no detendría la acidificación oceánica, porque ese proceso depende del CO₂ absorbido por el agua de mar. Aunque se reduzca parte del calentamiento, el exceso de dióxido de carbono seguiría alterando la química oceánica.
Esa limitación es central en la discusión climática. Los océanos bajo presión no solo enfrentan calor acumulado, sino también cambios químicos, pérdida de oxígeno, alteraciones en corrientes y efectos sobre biodiversidad marina.
Riesgos de gobernanza y efectos no deseados
La geoingeniería solar plantea además un problema de gobernanza. Una tecnología capaz de modificar parcialmente el balance energético del planeta tendría efectos transfronterizos, con posibles ganadores y perdedores regionales. Esa dimensión vuelve imprescindible definir reglas internacionales antes de cualquier despliegue.
Otro riesgo es que la promesa de enfriar temporalmente el planeta debilite la urgencia de reducir emisiones. Si la geoingeniería se interpreta como una salida rápida, podría retrasar políticas de descarbonización y dejar intacta la causa principal del calentamiento.
Las investigaciones sobre intervención climática ya han advertido que la gestión de la radiación solar debe evaluarse con transparencia, límites estrictos y cooperación científica, porque sus beneficios potenciales conviven con riesgos difíciles de repartir de manera justa.
Un estudio para medir opciones, no para aprobarlas
Yiyang Li explicó que el propósito del estudio no es defender la aplicación de geoingeniería solar, sino comprender mejor qué podría hacer y qué no podría hacer frente a un riesgo específico: las olas de calor marinas. Esa distinción es importante porque modelar escenarios no equivale a recomendar su despliegue.
La investigación aporta una medida concreta: bajo una intervención fuerte, hasta tres cuartas partes del océano podrían evitar un agravamiento adicional de las olas de calor marinas. Pero también deja claro que una fracción importante del océano seguiría expuesta y que la acidificación no se resolvería.
En un mundo donde las olas de calor marinas récord ya han alcanzado dimensiones globales, el nuevo trabajo suma evidencia para una discusión incómoda: algunas intervenciones podrían reducir daños, pero ninguna elimina la necesidad de atacar la raíz del calentamiento.
Fuente(s) referenciales
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