Un estudio liderado por Scripps Institution of Oceanography modeló si el brillo de nubes marinas podría reducir lluvias extremas, calor e impactos asociados a eventos intensos de El Niño
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Un estudio liderado por la Scripps Institution of Oceanography de la Universidad de California en San Diego analizó si una técnica de geoingeniería podría utilizarse de forma temporal para reducir algunos impactos de un posible “super” El Niño.
La investigación, publicada en Science Advances, evaluó el brillo de nubes marinas como herramienta para atenuar inundaciones, calor extremo y otros eventos asociados con episodios intensos del fenómeno El Niño.
El trabajo aparece en un contexto de creciente vigilancia climática, después de nuevas alertas sobre El Niño y sus posibles efectos sobre lluvias, sequías, calor y sistemas productivos.
Una técnica inspirada en un experimento natural
El punto de partida fue el humo de los incendios forestales de Australia durante la temporada conocida como “Black Summer”, entre 2019 y 2020. Ese humo llevó a la atmósfera aerosoles reflectantes capaces de interactuar con las nubes de forma parecida a una técnica de geoingeniería conocida como brillo de nubes marinas.
Investigaciones previas habían observado que ese humo iluminó nubes sobre el Pacífico sudoriental y pareció contribuir a patrones climáticos similares a La Niña. A partir de esa señal, el equipo dirigido por Kate Ricke y Jessica Wan modeló qué habría ocurrido si un efecto semejante se hubiera aplicado antes de un episodio intenso de El Niño.
La geoingeniería climática sigue siendo una línea altamente controvertida. En Noticias de la Tierra ya se ha abordado el debate sobre la geoingeniería solar, sus límites éticos y el riesgo de presentarla como una solución rápida al calentamiento global.
Qué es el brillo de nubes marinas
El brillo de nubes marinas busca aumentar la reflectividad de ciertas nubes para que devuelvan más radiación solar al espacio. En teoría, esto podría enfriar zonas específicas del océano y modificar la circulación atmosférica regional.
En el estudio, los investigadores no realizaron pruebas de campo. Usaron modelos de predicción estacional para explorar si una intervención dirigida en el Pacífico podía debilitar la evolución de grandes eventos de El Niño.
Los autores trabajaron con casos comparables a los episodios intensos originados en 1997 y 2015. La simulación sugirió que el brillo de nubes marinas podría atenuar efectos posteriores del fenómeno, especialmente si se aplicara temprano en su desarrollo.
Una intervención temporal, no una solución climática
Jessica Wan, actualmente investigadora posdoctoral en la Universidad de Chicago, planteó que uno de los mayores temores sociales frente a la geoingeniería es su posible despliegue continuo durante tiempo indefinido para reducir riesgos climáticos de largo plazo.
El enfoque estudiado sería distinto: una intervención corta, dirigida a variabilidad natural, no al calentamiento global causado por gases de efecto invernadero.
Kate Ricke, científica climática con nombramientos en Scripps Oceanography y en la School of Global Policy and Strategy de UC San Diego, sostuvo que aún falta mucha investigación para hacer un análisis adecuado de riesgos y beneficios.
La distinción es importante porque El Niño no opera de manera aislada. Su impacto se superpone con un planeta más cálido, como ya han mostrado análisis sobre el vínculo entre El Niño y calentamiento global.
Resultados del modelado
Las simulaciones indicaron que una intervención dirigida en el Pacífico sudoriental podría debilitar efectos de El Niño. El modelo también mostró que, si el brillo de nubes marinas se desplegara sobre el Pacífico central, podría aumentar en más de 40% los efectos de enfriamiento y secado asociados con La Niña.
Los autores destacan que esta posibilidad no equivale a una recomendación de uso inmediato. Una prueba real en campo podría generar consecuencias no deseadas y difíciles de prever.
El estudio tampoco plantea reemplazar medidas conocidas de reducción de riesgos, como infraestructura frente a inundaciones, planificación territorial, sistemas de alerta temprana y preparación ante calor extremo.
Impactos económicos y decisiones públicas
Los grandes eventos de El Niño pueden provocar daños económicos de gran escala. La investigación menciona análisis que estiman pérdidas de billones de dólares asociadas a episodios recientes.
Por eso, los autores consideran que una intervención temporal podría evaluarse como parte de una caja de herramientas más amplia frente a eventos casi seguros de generar impactos significativos.
Sin embargo, cualquier paso hacia una aplicación real requeriría decisiones gubernamentales, evaluación internacional, reglas de gobernanza y mecanismos transparentes de control. Otros estudios sobre geoingeniería climática han advertido que intervenir el sistema terrestre implica riesgos físicos, políticos y sociales.
No hay planes de uso inmediato
Los investigadores señalaron que no conocen propuestas activas para probar esta técnica frente al El Niño que se está formando. La publicación funciona como ejercicio científico de modelado y como invitación a estudiar con mayor rigor sus posibles efectos.
Además de Wan, Ricke y John Fasullo, del National Center for Atmospheric Research, participaron Nan Rosenbloom y Chih-Chieh Chen, también vinculados al NCAR.
El trabajo no concluye que la geoingeniería sea una respuesta lista para aplicar. Su aporte principal es abrir una pregunta concreta: si una intervención corta, localizada y asociada a variabilidad natural podría reducir riesgos sin asumir los compromisos prolongados de otros esquemas de enfriamiento planetario.
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