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Panel de control planetario

Panorama Planetario

Actualización: 24 de agosto de 2026

El sistema Tierra mantiene señales simultáneas de calentamiento oceánico excepcional, fortalecimiento de El Niño, concentración elevada de dióxido de carbono y estrés hídrico en varias regiones. La combinación de mares muy cálidos, suelos secos y una atmósfera con mayor capacidad para retener humedad amplifica tanto las olas de calor como los episodios de precipitación intensa. El balance global exige vigilancia coordinada, aunque la intensidad y los impactos concretos varían de manera importante entre territorios.

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Temperatura global Calor persistente en tierra y mar

Julio de 2026 fue el segundo julio más cálido registrado a escala mundial, empatado con 2024. Europa occidental atravesó además su periodo junio-julio más cálido. La señal confirma que el calor de fondo continúa alto y aumenta la presión sobre la salud, el agua, los bosques y la producción alimentaria.

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Océanos Récord mensual de temperatura superficial

La superficie oceánica global alcanzó en julio una anomalía aproximada de 1,02 °C sobre el promedio del siglo XX, la más alta observada para ese mes. Las aguas excepcionalmente cálidas pueden intensificar olas de calor marinas, alterar ecosistemas y aportar más energía y humedad a determinados sistemas meteorológicos.

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CO₂ atmosférico 427,85 partes por millón

La tendencia global diaria de NOAA situó el dióxido de carbono en 427,85 ppm el 22 de agosto. El dato es preliminar, pero muestra la persistencia de concentraciones muy superiores al nivel preindustrial de referencia. Esta acumulación continúa reforzando el desequilibrio energético que impulsa el calentamiento global.

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Hielo polar Ártico bajo vigilancia estacional

La extensión del hielo marino del Ártico ocupó en julio el sexto lugar entre las más bajas registradas para ese mes. La cobertura fue especialmente reducida en el norte del mar de Barents, alrededor de Svalbard y Tierra de Francisco José. El mínimo anual suele alcanzarse en septiembre.

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Incendios Vegetación seca y calor elevan el peligro

Las condiciones cálidas y secas favorecieron incendios extremos en sectores de Europa occidental durante julio. La continuidad del déficit de humedad superficial puede sostener un peligro elevado donde coincidan combustible vegetal seco, viento y altas temperaturas. La prevención local y las restricciones deben seguir los avisos oficiales de cada territorio.

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Sequías Suelos excepcionalmente secos en Europa

Durante julio, partes de la península ibérica, Francia, Alemania, Austria y Hungría presentaron una señal intensa de sequedad. En amplias zonas, la humedad superficial del suelo fue la más baja desde al menos 1979 dentro del conjunto ERA5-Land, con posibles efectos sobre ríos, agricultura y ecosistemas.

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Fenómenos extremos Contrastes hidrológicos más marcados

Mientras unas regiones enfrentan calor, sequedad y fuego, otras pueden experimentar lluvias concentradas y crecidas rápidas. Un aire más cálido puede contener más vapor de agua, pero esto no distribuye la lluvia de forma uniforme. La vulnerabilidad depende del relieve, la urbanización, la saturación del suelo y la preparación local.

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Agua continental Caudales bajos presionan múltiples sectores

Los caudales estuvieron muy por debajo del promedio en varias de las regiones europeas afectadas por la sequedad de julio. Menos agua disponible puede comprometer abastecimiento, navegación, refrigeración industrial, generación eléctrica y hábitats acuáticos. La gestión por cuencas resulta decisiva para distribuir riesgos y prioridades.

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Señal planetaria destacada El Niño se fortalece en el Pacífico ecuatorial

NOAA informó el 13 de agosto que El Niño se había fortalecido, con anomalías superiores a +2,0 °C en el Pacífico ecuatorial oriental y una probabilidad superior al 90 % de convertirse en un evento muy fuerte durante el otoño e invierno de 2026-2027 en el hemisferio norte. El índice Niño 3.4 alcanzó +1,4 °C en julio. Esta señal no determina por sí sola el tiempo de cada localidad, pero puede reorganizar patrones de lluvia, temperatura y circulación atmosférica a escala mundial.

Perspectiva para los próximos 7–14 días

La prioridad será vigilar la evolución de El Niño, las temperaturas del océano, el peligro de incendios y las reservas hídricas regionales. El calor acumulado en el mar favorece anomalías térmicas y puede incrementar la disponibilidad de humedad para tormentas intensas, mientras los suelos secos responden con rapidez a nuevas olas de calor. No existe una única previsión válida para todo el planeta: autoridades meteorológicas, hidrológicas y de protección civil deben guiar las decisiones locales. Los indicadores actuales aconsejan reforzar alertas tempranas, ahorro de agua y prevención de incendios sin convertir las tendencias globales en pronósticos automáticos para una ciudad concreta.

Fuentes consultadas: Copernicus Climate Change Service, NOAA/NCEI, NOAA Global Monitoring Laboratory y NOAA Climate Prediction Center.

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Huracanes de nueva generación: ¿hay que ampliar la escala?

Se pronostican fenómenos cada vez más catastróficos

La virulencia del huracán Dorian, con vientos que llegaron a los 295 kilómetros por hora, ha avivado el debate sobre si hay que actualizar la clasificación con nuevos niveles por encima del 5. Aunque los modelos predicen que, con la crisis climática, los eventos extremos serán más intensos, los meteorólogos muestran cautela.


Laura Chaparro 


Los huracanes devastadores en el Atlántico, de momento, son una rara avis. Solo el 7 % de los 243 colosos de este tipo observados desde que comenzaron las mediciones por satélite en 1983 han alcanzado la categoría 5, la más catastrófica de la escala de Saffir-Simpson. Lo recuerda el meteorólogo Jeff Masters en un artículo publicado en Scientific American.

El huracán Dorian es uno de ellos. Con vientos que alcanzaron los 295 kilómetros por hora, causó gran devastación en las Bahamas, en concreto en las islas Ábaco y Gran Bahama el pasado mes de septiembre. Aunque sus valores encajan dentro de la categoría 5 –que abarca huracanes con vientos, como mínimo, de 252 km/h–, su virulencia ha provocado que expertos como Masters y otros meteorólogos pidan que se revise la clasificación y se amplíe.

Aunque Dorian encaja en la categoría 5, su virulencia ha provocado que se pida una revisión de la clasificación

La decisión correspondería al Centro Nacional de Huracanes, con sede en Miami (EEUU), cuyos expertos, a priori, no consideran que sea necesario añadir un nuevo nivel. “La categoría 5 en la escala de Saffir-Simpson ya incluye “daño catastrófico” del viento, por lo que no está claro que sea necesaria otra categoría, incluso aunque las tormentas se hicieran más fuertes”, explica a Sinc Dennis Feltgen, meteorólogo y responsable de Comunicación del organismo.

Lo primero que hay que tener en cuenta cuando hablamos de un huracán es que nos estamos refiriendo a un ciclón tropical cuyos vientos superan los 117 km/h y que se genera y desarrolla en el océano Atlántico o en el Pacífico oriental. En el Pacífico occidental los huracanes se llaman tifones. Por debajo de esas velocidades están las tormentas y depresiones tropicales.

Para clasificar los huracanes según la velocidad del viento contamos con la escala de Saffir-Simpson, diseñada por el ingeniero Herbert Saffir y por el director del Centro Nacional de Huracanes, Robert Simpson, en 1969. Pero esta escala se limita a medir el daño potencial del viento. Para cuantificar otros impactos asociados a estos eventos extremos, como marejadas ciclónicas, lluvias o tornados, se emplean otras herramientas.

“La mayoría de las muertes en los ciclones tropicales no son fruto del viento, sino del agua –por marejadas ciclónicas, lluvias, inundaciones y olas peligrosas–, que causa el 90 % de las muertes por estos ciclones en Estados Unidos”, afirma Feltgen. “Por lo tanto, no queremos enfatizar mucho el peligro del viento poniendo demasiado peso en la categoría”, añade.

Un toque de atención hacia la emergencia climática

Más allá del viento, lo cierto es que cincuenta años después de que se diseñara la escala las condiciones climatológicas hoy son diferentes a las registradas a finales de la década de los 60. La crisis climática como consecuencia del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero ha traído aparejada un aumento de la temperatura de la superficie global de casi 1 ºC respecto al promedio del período de referencia que utiliza la NASA (de 1951 a 1980).

Y los pronósticos no son nada halagüeños. Los diferentes modelos que manejan los expertos reflejan eventos extremos cada vez más intensos fruto de este incremento de las temperaturas y eso incluye a los ciclones tropicales, como muestra una investigación publicada en Science.

Desde AEMET creen que tendría sentido incluir nuevas categorías para concienciar sobre estos nuevos huracanes ultraintensos, cada vez más probables

Teniendo en cuenta estas circunstancias, desde la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) entienden que haya voces que quieran ampliar la escala. “Desafortunadamente, el calentamiento global está haciendo que los huracanes tan intensos como el Dorian sean más probables”, señala a Sinc un portavoz de AEMET.

Desde el punto de vista de la comunicación del cambio climático, desde AEMET consideran que tendría sentido ampliar la clasificación e incluir una categoría 6 e incluso una categoría 7 “para llamar la atención sobre este nuevo tipo de huracanes catastróficos ultraintensos, que probablemente se volverán cada vez más comunes en las próximas décadas”.

Sin embargo, admiten que la actual categoría 5 ya contempla la máxima alerta en cuanto a la seguridad pública debido a su poder catastrófico, por lo que técnicamente no sería esencial modificarla.

Falta que se confirme la tendencia

Otros expertos abogan por revisar la escala cuando realmente se observe una tendencia de huracanes cuyos vientos se salgan de los valores que comprende. “Si las futuras intensidades de los huracanes se alejan significativamente de las anteriores, es posible que debamos considerar la posibilidad de revisarla”, apunta a Sinc Karthik Balaguru, investigador del Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico (EEUU).

Una opinión que comparte José Miguel Viñas, meteorólogo de MeteoRed y responsable de Divulgameteo. “Es cierto que parece detectarse ya una tendencia a tener un mayor número de ciclones tropicales de categorías 3, 4 y 5, pero todavía no hay suficientes evidencias de que los de categoría 5 vayan a ser mucho más frecuentes a partir de ahora”, puntualiza a Sinc.

Solo en el caso de que se detectara esa tendencia y fueran más frecuentes huracanes con vientos sostenidos alrededor de su ojo de unos 280 km/h, según Viñas tendría sentido plantearse incluir en la clasificación a los fenómenos de categoría 6.

Si aumentaran las intensidades de estos colosos, además de ampliar la escala, Balaguru apuesta por modificarla para que tenga en cuenta factores que actualmente no mide, como marejadas ciclónicas y precipitaciones que tienen mayor potencial destructivo que el viento.

Daños causados por el huracán Sandy en 2012, el más mortífero de su temporada. / Library of Congress

El objetivo: evitar confusión en la población

Los meteorólogos también analizan cómo afectaría al público estos hipotéticos cambios en la clasificación. Aunque, como hemos visto, una ampliación de las categorías podría ser una forma de concienciar a la ciudadanía de los efectos del cambio climático, también podría conseguir el efecto contrario.

“Si agregar una nueva categoría le da a la gente la impresión errónea, por ejemplo de que una categoría inferior es menos dañina, sería un posible efecto no deseado”, advierte a Sinc Taoyong Peng, responsable del programa de Ciclón Tropical de la Organización Meteorológica Mundial.

En Estados Unidos, la población está muy familiarizada con las actuales categorías y modificarlas podría hacer que bajara la guardia

En países como Estados Unidos, la población está muy familiarizada con las actuales categorías y modificarlas podría provocar que bajara la guardia, infravalorando los riesgos si se añaden más números. “Lo último que queremos es crear confusión, por lo que planeamos recabar datos de las ciencias sociales y del comportamiento antes de realizar cambios en la escala”, recalca el meteorólogo del Centro Nacional de Huracanes.

Además de los huracanes, ¿habría que revisar las clasificaciones de otros eventos extremos que también podrían ser más virulentos en los próximos años, como los tornados? De nuevo, los expertos piden esperar a tener suficientes evidencias de este aumento en la intensidad para revisar la clasificación que, en el caso de los tornados, se recoge en la escala Fujita Mejorada.

Esta herramienta –que empezó a utilizarse en 2007–, es una actualización de la anterior. “En la escala actual están mejor ajustados algunos rangos de velocidad del viento con el nivel de destrozos que provoca el fenómeno”, detalla Viñas.

Ya sean tornados o huracanes, de momento, habrá que esperar para comprobar si el potencial destructivo de estos colosos se sale de las escalas o si, al menos por ahora, se pueden contener.

A mayor lentitud, mayor devastación

Además del viento del huracán, su potencial destructivo tiene que ver con su velocidad de movimiento: cuanto más lentamente se desplazan, más daños provocan a su paso. Y es algo que está ocurriendo con más frecuencia, como revela un estudio de Nature.

El autor comparó datos de huracanes ocurridos en todo el mundo entre 1949 y 2016, y concluyó que la velocidad de desplazamiento de estos fenómenos había disminuido un 10 % de media en ese período. Desde la Organización Meteorológica Mundial confirman a Sinc que las observaciones en los dos últimos años muestran cómo los ciclones tropicales más fuertes se mueven más lentamente, “aunque estadísticamente no es una tendencia evidente”, matiza el responsable del programa de Ciclón Tropical del organismo.

Lo que preocupa a los expertos es que esta tendencia se confirme, dado su potencial devastador. “Los huracanes de movimiento más lento serán mucho más dañinos. Pueden provocar lluvias más fuertes, someter a las edificaciones a fuertes presiones de viento durante más tiempo y provocar marejadas ciclónicas durante múltiples ciclos de marea alta que provocarán mayores inundaciones”, alerta a Sinc el meteorólogo Jeff Masters.

Fuente: SINC

Derechos: Creative Commons