Una investigación de UCLA muestra que los incendios forestales de alta severidad, capaces de matar grandes extensiones de árboles, se han convertido en el tipo dominante de fuego en los bosques californianos.
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
Los incendios forestales queman hoy diez veces más superficie al año que en 1985, y los incendios de alta severidad avanzan todavía más rápido. En California, la superficie afectada por fuegos severos capaces de matar bosques completos se multiplicó por 30, de acuerdo con una investigación de la Universidad de California en Los Ángeles.
El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, muestra que los incendios severos pasaron de ser relativamente poco comunes a convertirse en el tipo dominante de fuego en los bosques de California. El cambio está asociado con un ambiente cada vez más cálido y árido, además de una mayor acumulación de combustible vegetal en zonas densamente forestadas.
De incendios moderados a fuegos que reemplazan bosques
Durante las décadas de 1980 y 1990, la mayoría de los incendios forestales de California ardían con severidad baja o moderada. En muchos casos, ese tipo de fuego podía formar parte de procesos ecológicos naturales y beneficiar a los ecosistemas al reducir combustible acumulado y favorecer ciertos ciclos de regeneración.
La situación cambió a medida que los incendios aumentaron de tamaño y severidad. El trabajo liderado por investigadores de UCLA concluye que los fuegos que causan muerte extensa de árboles superaron a los incendios de baja severidad como el tipo de fuego más frecuente en los bosques del estado.
Ese cambio coincide con una tendencia más amplia observada en distintos ecosistemas, donde el riesgo de incendios forestales aumenta bajo condiciones de calor, sequedad y mayor presión sobre los paisajes.
Desde 2012, los incendios severos dominan cada año
Mitchell Hung, autor principal del estudio e investigador de sistemas terrestres que realizó el trabajo como estudiante de posgrado en UCLA, explicó que los incendios de baja severidad comenzaron a ser superados en California en 2012. Desde ese año hasta 2024, los incendios de alta severidad superaron a los de baja severidad cada año.
Park Williams, bioclimatólogo de UCLA y autor sénior del estudio, señaló que los incendios severos que reemplazan bosques eran antes poco comunes, pero ahora representan el tipo dominante de fuego. Para muchas especies arbóreas de California, la recuperación resulta difícil cuando el incendio mata grandes extensiones continuas de árboles.
El año 2020 fue el de mayor superficie forestal quemada en el oeste de Estados Unidos en la historia moderna, seguido rápidamente por 2021 como el segundo mayor registro. Datos de Cal Fire citados por los investigadores muestran que ocho de los diez incendios más grandes ocurridos en California durante los últimos 100 años se produjeron dentro de la última década.
Combustible acumulado y aire más seco
Los investigadores identificaron dos impulsores principales del aumento de la severidad. El primero es la densidad de combustible. Los incendios severos aumentaron más rápido en bosques con mayor densidad de biomasa, es decir, con más vegetación disponible para arder, incluidos sotobosques cargados de matorrales inflamables.
El segundo factor es la aridez ambiental. El estudio destaca el papel del déficit de presión de vapor, una medida que expresa la diferencia entre la humedad que el aire puede contener y la que realmente contiene. Cuanto mayor es ese déficit, más agua extrae la atmósfera de plantas y suelos.
En condiciones más cálidas y secas, la vegetación pierde humedad y se vuelve más inflamable. Esa relación también ha sido observada en investigaciones sobre cómo la sequía modifica la recuperación posterior a los incendios, incluidas las señales detectadas mediante datos satelitales tras incendios forestales en el oeste de Estados Unidos.
La prevención total del fuego también dejó consecuencias
El estudio plantea que las políticas históricas de supresión del fuego contribuyeron a la acumulación de combustible en parte de los bosques de California. La prevención de incendios puede reducir el riesgo en el corto plazo, pero también puede permitir que se acumulen materiales vegetales que alimentan fuegos más intensos en el futuro.
Hung recordó la campaña de Smokey Bear, centrada en prevenir incendios forestales, y señaló que tuvo un efecto no deseado sobre ecosistemas que evolucionaron junto a fuegos más frecuentes y menos severos. La ausencia prolongada de fuego favoreció bosques más densos y vulnerables a incendios extremos.
En ese contexto, herramientas como el manejo del sotobosque, la reducción mecánica de combustible y las quemas prescritas pueden reducir riesgos locales, aunque no eliminan el efecto de una atmósfera más cálida y seca.
Cuando el bosque no logra volver
Los incendios de alta severidad pueden abrir grandes claros, destruir el dosel y calentar el suelo hasta limitar la regeneración. Cuando las fuentes de semillas vivas quedan demasiado lejos, el regreso rápido de los árboles se vuelve menos probable.
Williams advirtió que el cambio en los tipos de fuego implica también un cambio en la cobertura del suelo. Algunas zonas podrían tardar décadas en recuperar bosques densos o transformarse hacia paisajes dominados por pastos y arbustos. Esa transición, a su vez, puede alterar la forma en que futuros incendios responden a sequías, olas de calor o vientos.
El problema no se limita al paisaje. La pérdida de bosques reduce servicios ecosistémicos como regulación climática, calidad del aire, manejo del agua, turismo y madera. Los incendios severos también generan grandes cantidades de contaminación atmosférica y pueden aumentar el riesgo de inundaciones posteriores.
Impactos sociales, aire contaminado y prevención
El humo de incendios forestales se ha convertido en una preocupación ambiental y sanitaria de gran escala. En años recientes, episodios de humo extremo han mostrado que los incendios no solo afectan la zona quemada, sino también regiones alejadas por el transporte atmosférico de partículas.
La exposición al humo se relaciona con contaminación por partículas finas, ozono y riesgos dentro de viviendas, escuelas y lugares de trabajo. Ese impacto aparece en estudios sobre cómo el humo de incendios aumenta la contaminación por ozono, incluso lejos de las llamas.
La investigación de UCLA indica que la gestión forestal puede ayudar en lugares concretos, pero no puede resolver por sí sola el problema a escala estatal. El calentamiento y la desecación de la atmósfera están entre los mayores impulsores de la severidad, y ningún aclarado forestal puede revertir por completo ese cambio climático de fondo.
Qué puede hacerse para reducir el riesgo
Los investigadores sostienen que California puede avanzar mediante cambios de gestión forestal, como más eliminación manual de matorrales, reducción de combustible y quemas prescritas. Estas medidas pueden disminuir la probabilidad de incendios de alta severidad en sitios específicos.
La prevención también tiene una dimensión económica. Estudios recientes han calculado que invertir en tratamientos forestales puede reducir daños posteriores por incendios, como se ha planteado en análisis sobre prevención forestal en Estados Unidos.
La conclusión operativa del estudio es clara: la gestión del combustible puede reducir riesgos locales, pero la trayectoria de los incendios severos está estrechamente ligada a un clima más cálido y seco. Proteger los bosques exige combinar manejo forestal, restauración ecológica, planificación territorial y reducción de las condiciones climáticas que favorecen incendios cada vez más destructivos.
Fuente(s) referenciales
Phys.org / University of California, Los Angeles

