Un estudio comparó los episodios de 2014-2016 y 2023-2024 y encontró que la transferencia de agua desde los continentes dominó el aumento temporal del promedio oceánico
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
Los intensos eventos de El Niño de 2014-2016 y 2023-2024 elevaron temporalmente el nivel medio global del mar mediante mecanismos diferentes, según una investigación de científicos de dos universidades de China publicada en la revista Journal of Geophysical Research: Oceans.
El equipo encabezado por Zehui Jin comparó observaciones satelitales y mediciones oceánicas para determinar cuánto contribuyeron la expansión térmica del agua y el traslado de agua desde los continentes. En ambos episodios, la mayor parte del incremento procedió de cambios en el almacenamiento terrestre y no directamente de la dilatación del océano por el calor.
El Niño reorganiza el océano y las lluvias del planeta
El Niño constituye la fase cálida del sistema El Niño-Oscilación del Sur, conocido como ENSO. Se desarrolla cuando las temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental permanecen por encima de lo habitual y los cambios oceánicos se acoplan con modificaciones de los vientos y la circulación atmosférica.
La intensidad suele evaluarse mediante las anomalías térmicas de la región Niño 3.4. Los dos eventos examinados por el estudio superaron temporalmente los 2 °C sobre el promedio en esa zona, un valor asociado con episodios muy fuertes.
El fenómeno redistribuye calor y modifica los patrones de precipitación en regiones alejadas del Pacífico. Sus efectos, sin embargo, no son idénticos en cada aparición. La ubicación del calentamiento, la respuesta de los vientos y la interacción con otros patrones oceánicos determinan qué territorios reciben más lluvia y cuáles atraviesan sequías.
Esta variabilidad explica por qué resulta difícil anticipar el impacto preciso de un episodio. Una descripción del funcionamiento del sistema puede consultarse en el análisis sobre cómo El Niño influye temporalmente en el calentamiento global.
Dos mecanismos modifican el nivel medio del mar
El estudio separó la variación del nivel marino en dos componentes principales. El primero es el cambio estérico, producido cuando la densidad del agua se modifica, sobre todo por variaciones de temperatura. El agua oceánica ocupa más volumen al calentarse, aunque los cambios de salinidad también afectan su densidad.
El segundo componente es el cambio baristático, relacionado con la masa de agua que se desplaza entre los continentes y el océano. Las lluvias, la evaporación, la escorrentía, el almacenamiento subterráneo, los lagos, los embalses y el hielo terrestre alteran temporalmente la cantidad de agua retenida sobre tierra.
Durante El Niño, la reorganización de las precipitaciones puede hacer que ciertas regiones continentales acumulen agua y otras la pierdan. Cuando disminuye el almacenamiento terrestre y esa masa termina en el océano, el nivel medio del mar aumenta.
El episodio de 2014-2016 produjo un aumento de 9,16 milímetros
Durante la fase de desarrollo de El Niño de 2014-2016, la variación interanual del nivel medio global del mar alcanzó 9,16 milímetros. El componente baristático aportó alrededor de 6,20 milímetros, equivalentes al 68 % del incremento total.
El episodio de 2023-2024 produjo un aumento de 7,70 milímetros. De ese valor, aproximadamente 6,26 milímetros —el 81 %— correspondieron al traslado de agua desde los continentes hacia el océano.
Aunque el aumento absoluto fue menor durante el segundo evento, ocurrió en un periodo considerablemente más corto. Por ello, su velocidad fue más pronunciada y la influencia relativa de la pérdida de agua continental resultó mayor.
Estas variaciones asociadas a ENSO se superponen a una tendencia de largo plazo. El calentamiento oceánico y el deshielo continental continúan elevando el nivel global del mar, como muestra el balance que documentó récords climáticos en gases, océanos y nivel marino.
El océano Índico distinguió al evento más reciente
El aumento estérico de 2023-2024 se concentró principalmente en el océano Índico y estuvo impulsado por aguas más cálidas. Los investigadores vincularon esta anomalía regional con la coincidencia entre El Niño y una fase positiva intensa del Dipolo del Océano Índico.
Este dipolo describe una diferencia cambiante entre las temperaturas superficiales del oeste y el este del Índico. Durante su fase positiva, las aguas occidentales suelen calentarse respecto de la zona próxima a Indonesia, alterando vientos y precipitaciones en territorios vecinos.
Su coincidencia con El Niño puede reforzar determinadas anomalías. Una fase positiva suele relacionarse con condiciones más secas en Indonesia y Australia y con lluvias mayores en África oriental, aunque el resultado concreto depende de la evolución conjunta del océano y la atmósfera.
Las lluvias regionales explicaron buena parte de las diferencias
África experimentó una pérdida importante de agua terrestre durante El Niño de 2014-2016, pero esa señal no se repitió con la misma magnitud en 2023-2024. Norteamérica pasó de realizar una pequeña contribución positiva al componente baristático en el primer episodio a presentar una contribución negativa marcada en el segundo.
Sudamérica tuvo un papel especialmente relevante durante 2023-2024. El déficit de precipitación redujo el almacenamiento continental y favoreció una transferencia neta más rápida de masa de agua hacia el océano.
Los resultados demuestran que la intensidad térmica medida en el Pacífico no basta para anticipar el cambio del nivel marino. También es necesario conocer dónde se desplazarán las lluvias y cómo responderán las cuencas, los suelos, la vegetación y las reservas de agua.
Satélites y boyas permitieron separar las contribuciones
Los investigadores utilizaron datos de altimetría satelital del Servicio Marino de Copernicus. Estos instrumentos calculan la distancia entre el satélite y la superficie del océano mediante señales de radar, lo que permite seguir cambios en el nivel marino a escala global.
El análisis incorporó además información de las boyas Argo, una red internacional de instrumentos autónomos que miden temperatura y salinidad a distintas profundidades. Esos datos ayudan a estimar cuánto del aumento corresponde a cambios de densidad dentro del océano.
Los cálculos fueron ajustados para considerar la deformación del fondo oceánico y el ajuste isostático glaciar, un proceso geológico lento mediante el cual la superficie terrestre continúa respondiendo a la pérdida del enorme peso de las capas de hielo de la última glaciación.
El episodio de 2026 aumenta el interés por estos resultados
La investigación adquiere relevancia ante el fortalecimiento de El Niño en 2026. La NOAA estimó una probabilidad del 81 % de que el fenómeno alcance intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre, lo que supone anomalías superiores a 2 °C en la región Niño 3.4.
La evolución del episodio y sus posibles repercusiones sobre lluvias, temperaturas y ciclones se analiza en el seguimiento de El Niño 2026 y sus efectos sobre la temporada de huracanes.
Un evento intenso podría producir otra aceleración temporal del nivel medio del mar, pero el nuevo estudio no permite calcular anticipadamente cuánto aumentaría. Esa respuesta dependerá de la distribución regional de las precipitaciones, el almacenamiento de agua continental y el calentamiento de las diferentes cuencas oceánicas.
También conviene distinguir entre una previsión probabilística y una certeza. El término “súper El Niño” no forma parte de las categorías operativas oficiales y cada episodio evoluciona de manera particular. Por ello, los científicos han insistido en que la preparación debe avanzar sin presentar como seguro un escenario extremo.
Los autores muestran que dos eventos con anomalías térmicas comparables pueden producir respuestas diferentes del nivel marino. Mejorar los pronósticos requerirá integrar el estado del Pacífico con la evolución del océano Índico, las lluvias continentales y las mediciones de agua almacenada sobre tierra.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Journal of Geophysical Research: Oceans
