Más de 40 millones de personas quedaron expuestas a un episodio de lluvias intensas, fuertes vientos e inundaciones costeras que afecta desde el Atlántico medio hasta Nueva Inglaterra
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
Un nor’easter inusualmente intenso para esta etapa de la temporada golpea el noreste de Estados Unidos con lluvias persistentes, fuertes vientos, oleaje elevado e inundaciones costeras. Más de 40 millones de personas se encontraban dentro de la extensa zona amenazada por el sistema, que afecta a importantes áreas metropolitanas como Nueva York, Boston y Filadelfia.
El fenómeno comenzó a intensificarse frente a la costa atlántica y avanzó hacia el norte durante el fin de semana. El Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos (NWS) confirmó que se trata de un nor’easter de inicio de temporada y mantiene advertencias por viento, inundación costera, fuerte oleaje y corrientes de resaca en diferentes sectores del litoral.
La tormenta se produce mientras Estados Unidos atraviesa un período de marcada variabilidad meteorológica. En los últimos meses, el país ha registrado simultáneamente sequías y episodios de precipitación intensa, una combinación analizada anteriormente al explicar por qué el calentamiento puede intensificar tanto las lluvias como el secado de los suelos.
Las lluvias pueden superar los 100 milímetros en algunas zonas
Las previsiones iniciales advertían que sectores de Massachusetts podían acumular hasta unos 13 centímetros de lluvia, una cantidad comparable con más de un mes de precipitación habitual. La evolución posterior confirmó un episodio prolongado, aunque con diferencias importantes entre regiones.
Para el área atendida por la oficina del NWS en Nueva York, las estimaciones del sábado situaban los acumulados entre viernes y domingo en aproximadamente 76 a 102 milímetros sobre Long Island y Connecticut, mientras Nueva York y las zonas situadas al norte y oeste podían recibir entre 51 y 76 milímetros.
El organismo explicó que las bandas de lluvia continuarían desplazándose alrededor del centro de bajas presiones. Las tasas máximas previstas en las bandas más intensas se mantenían por debajo de aproximadamente 13 milímetros por hora, por lo que la amenaza principal en esa zona no era una inundación repentina generalizada, sino la acumulación prolongada de agua en sectores bajos y lugares con drenaje deficiente.
Este tipo de amenaza ha adquirido especial relevancia después de otros episodios recientes en Estados Unidos. Una inundación repentina en el Gran Cañón mostró cómo lluvias intensas pueden producir impactos graves cuando coinciden con condiciones territoriales que favorecen una rápida concentración del agua.
Vientos de más de 80 km/h amenazan árboles y redes eléctricas
Los fuertes vientos constituyen otro de los principales peligros del nor’easter. El NWS pronosticó para áreas costeras velocidades sostenidas de aproximadamente 48 a 56 km/h y rachas de entre 72 y 88 km/h, con la posibilidad de alcanzar alrededor de 97 km/h en lugares expuestos del este de Long Island y el sureste de Connecticut.
La combinación de suelo progresivamente húmedo, árboles todavía cubiertos de hojas y vientos persistentes aumenta la posibilidad de caída de ramas y árboles, así como daños en líneas eléctricas. Miles de usuarios habían sufrido interrupciones del suministro a medida que la tormenta avanzaba por la costa.
Las condiciones obligaron además a modificar actividades previstas durante el fin de semana. Conciertos y festivales al aire libre fueron cancelados por razones de seguridad, mientras compañías aéreas emitieron alertas que permitían a determinados pasajeros cambiar sus itinerarios sin penalización.
La Administración Federal de Aviación también recomendó comprobar el estado de los vuelos antes de desplazarse, ante la posibilidad de restricciones provocadas por el viento y las condiciones meteorológicas adversas.
La costa enfrenta marejadas, inundaciones y fuerte oleaje
La amenaza no se limita a la precipitación. El NWS advirtió sobre inundaciones costeras durante sucesivos ciclos de marea alta, con los impactos más importantes concentrados entre el sábado y el domingo.
Long Island y Queens figuraban entre las zonas con mayor riesgo de inundación costera moderada y localmente importante. El flujo persistente del norte y noreste empujó agua hacia determinados sectores costeros y dificultó el descenso de los niveles entre una pleamar y la siguiente.
En aguas oceánicas próximas a Nueva York, las olas mar adentro alcanzaban aproximadamente entre 4 y 5 metros, mientras cerca de las playas se esperaban alturas de unos 2 a 3,4 metros. Las autoridades meteorológicas mantuvieron un riesgo elevado de corrientes de resaca y alertaron sobre erosión e inundación de playas.
La vulnerabilidad de las costas frente a estos episodios no depende únicamente de la intensidad de una tormenta individual. Investigaciones recientes muestran que el aumento del nivel medio del mar incrementa la frecuencia de las inundaciones costeras extremas, porque las marejadas parten desde una línea de base oceánica más elevada.
Qué es un nor’easter y por qué puede ser tan intenso
Los nor’easters son grandes sistemas de bajas presiones que afectan principalmente a la costa oriental de América del Norte. Reciben su nombre de los fuertes vientos del noreste que suelen presentarse sobre las áreas costeras situadas al norte del centro de la tormenta.
Pueden desarrollarse durante todo el año, aunque son más frecuentes entre el otoño y comienzos de la primavera. El contraste entre masas de aire y las aguas relativamente cálidas del Atlántico puede proporcionar energía y humedad a estos sistemas, capaces de producir lluvias torrenciales, nieve durante los meses fríos, fuertes vientos y grandes olas.
En este episodio, el centro de bajas presiones se desplazó desde aguas situadas al este de Virginia hacia el norte y posteriormente al noroeste, aproximándose a la costa de Nueva Jersey. El NWS esperaba que el sistema comenzara a debilitarse durante el domingo, aunque las lluvias podían persistir hasta el lunes antes de retirarse progresivamente hacia el noreste.
El temporal ocurre además en un año caracterizado por condiciones oceánicas y atmosféricas particulares. Aunque este nor’easter no debe atribuirse automáticamente a El Niño, el fortalecimiento del fenómeno durante 2026 mantiene bajo vigilancia la preparación de las ciudades frente a lluvias, inundaciones y otros extremos durante los próximos meses.
Una tormenta extratropical, no un huracán
A pesar de sus fuertes vientos y su amplio campo de precipitaciones, un nor’easter no es necesariamente un ciclón tropical. Estos sistemas pertenecen fundamentalmente a la dinámica de las latitudes medias y obtienen gran parte de su energía de los contrastes de temperatura en la atmósfera, mientras los huracanes dependen principalmente del calor del océano tropical y de procesos de convección alrededor de un núcleo cálido.
La distinción es relevante en una temporada atlántica de 2026 que ha mostrado una actividad tropical reducida. El Atlántico atraviesa una pausa ciclónica excepcional asociada en parte a condiciones atmosféricas poco favorables para la organización de huracanes, pero esa menor actividad tropical no impide la formación de poderosas tormentas extratropicales.
Los impactos costeros tampoco son exclusivos de los ciclones que tocan tierra. A comienzos de septiembre, el oleaje generado por el huracán Marie produjo inundaciones y corrientes peligrosas en California aunque su centro permaneció a más de 1.100 kilómetros de la costa, otro ejemplo de cómo el océano puede transmitir los efectos de una tormenta a grandes distancias.
Para el actual nor’easter, el Servicio Meteorológico Nacional mantiene como principales amenazas las lluvias prolongadas, los vientos capaces de derribar árboles y tendidos eléctricos, las inundaciones costeras, el fuerte oleaje y las corrientes de resaca. Las condiciones deberían mejorar gradualmente a medida que la baja presión se debilite y se aleje de la región.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos




