Un hallazgo en Islandia revela que los microbios colonizan superficies volcánicas apenas horas después de una erupción
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Durante mucho tiempo, la imagen de una colada de lava recién solidificada evocó un paisaje casi absoluto de silencio biológico: roca negra, calor residual, vacío mineral y ausencia de vida visible. Esa idea ha sido parte de la forma en que se entendía el nacimiento de nuevos ecosistemas sobre superficies volcánicas. Sin embargo, observaciones recientes en Islandia están cambiando esa visión con una rapidez comparable a la del propio enfriamiento de la lava.
Un trabajo centrado en coladas recientes del volcán Fagradalsfjall, en la península de Reykjanes, muestra que los primeros organismos microscópicos no esperan años para asentarse. Por el contrario, comienzan a instalarse sobre el basalto apenas unas horas después de que la superficie se enfría y adquiere estabilidad mínima. Este comportamiento modifica de forma profunda la comprensión de cómo arranca la sucesión ecológica en ambientes extremos.
Un paisaje hostil que no está tan vacío como parecía
El basalto recién formado es uno de los entornos más duros que puede enfrentar un organismo. Tras una erupción, la roca conserva calor, presenta escasa humedad superficial, casi no tiene materia orgánica disponible y ofrece muy pocos refugios aparentes para la actividad biológica.
Aun así, las nuevas observaciones indican que esa hostilidad no impide el inicio casi inmediato de procesos vivos. Los investigadores siguieron el comportamiento de distintas coladas generadas entre 2021 y 2023, coincidiendo con varios episodios eruptivos recientes en Islandia. La atención se centró en cómo evolucionaba la superficie de la lava desde sus primeras fases de enfriamiento.
Lo más llamativo fue comprobar que los microbios no solo llegaban rápidamente al nuevo sustrato, sino que mantenían actividad detectable desde etapas muy tempranas. Esto rompe con la idea clásica de que una roca volcánica recién formada permanece estéril durante largos periodos antes de ser colonizada.
Cómo detectaron la presencia de microbios sobre la lava
Para entender qué estaba ocurriendo sobre esas superficies negras y aparentemente inertes, el equipo tomó muestras de lava, aerosoles presentes en el aire y agua de lluvia en distintos momentos del proceso.
A través del análisis de ADN, se confirmó que existía una actividad biológica constante sobre las coladas. La información genética permitió identificar comunidades microbianas activas desde poco después de la solidificación, lo que aporta una evidencia mucho más sólida que una simple observación superficial del terreno.
Este enfoque permitió seguir la evolución de las comunidades durante tres años, observando no solo la llegada inicial de organismos, sino también la manera en que se reorganizan con el paso de las estaciones.
Lo relevante del hallazgo es que no se trata de una presencia anecdótica o esporádica. La colonización aparece como un proceso real, repetible y vinculado al funcionamiento natural de estos paisajes volcánicos.
Microbios transportados por el aire y la lluvia
Una de las claves del estudio es el origen de esos primeros colonizadores. Buena parte de las bacterias detectadas parece proceder del entorno atmosférico y de la lluvia.
Esto sugiere que la dispersión aérea tiene un papel decisivo en el inicio de la vida sobre nuevos sustratos volcánicos. Las partículas biológicas viajan en suspensión, llegan a la superficie recién formada y aprovechan cualquier microfractura, poro o pequeño depósito mineral para comenzar procesos metabólicos básicos.
Aunque el entorno siga siendo extremo, esos primeros microorganismos encuentran nichos mínimos donde establecerse. La roca, lejos de ser una barrera absoluta, ofrece puntos de apoyo microscópicos suficientes para que la vida empiece a organizarse.
Este proceso es especialmente importante porque esos microbios actúan como transformadores iniciales del terreno. Su actividad puede contribuir, con el tiempo, a modificar la superficie, generar compuestos básicos y facilitar la llegada de formas de vida más complejas.
El invierno no elimina la vida: solo cambia su ritmo
Islandia ofrece además un laboratorio natural especialmente exigente. El frío intenso, los ciclos de humedad y los cambios estacionales permiten observar cómo responde la vida a condiciones de estrés continuado.
Durante los inviernos, las poblaciones microbianas disminuyeron de forma visible, pero no desaparecieron. Lo que se observó fue una reducción de actividad y densidad, mientras la estructura general de las comunidades se mantenía.
Este comportamiento indica que los microorganismos no colonizan la lava de forma pasajera, sino que logran establecer una base persistente incluso en condiciones adversas.
Cuando las condiciones vuelven a ser más favorables, esa base biológica se reactiva. En términos ecológicos, esto significa que la construcción de un ecosistema puede comenzar mucho antes de lo que se pensaba.
Dos etapas claras en el nacimiento de un ecosistema
El seguimiento de las coladas permitió identificar dos fases bastante definidas en la evolución de estos nuevos entornos.
En un primer momento aparece una etapa de colonización rápida, marcada por variaciones fuertes en la composición de microbios presentes. Es una fase dinámica, de llegada, adaptación y selección frente a un medio todavía cambiante.
Después del primer invierno, las comunidades tienden a estabilizarse. Esa segunda fase muestra una estructura más consistente y una evolución menos errática, lo que indica que el ecosistema comienza a organizarse de forma más predecible.
Los modelos estadísticos utilizados en el seguimiento mostraron que este patrón se repite de forma bastante regular en distintas coladas y fases eruptivas.
Eso convierte a los microbios en los verdaderos primeros arquitectos del paisaje volcánico: son los que inician la transformación silenciosa de una superficie aparentemente muerta en un entorno con potencial ecológico.
Un hallazgo que amplía la mirada sobre la vida en ambientes extremos
Más allá de Islandia, este descubrimiento abre preguntas importantes sobre la capacidad de la vida para adaptarse a escenarios duros y de baja disponibilidad de recursos.
El hecho de que microorganismos puedan instalarse tan rápido sobre lava recién enfriada refuerza la idea de que la vida microscópica necesita menos condiciones previas de lo que se creía.
Este tipo de observaciones también resulta valioso para disciplinas como la astrobiología, porque ayuda a entender cómo podrían iniciarse procesos biológicos en superficies volcánicas de otros entornos planetarios si existiera una estabilidad mínima.
Lo que parecía un paisaje estéril y silencioso se revela ahora como un territorio donde la vida encuentra una oportunidad casi desde el primer momento. En Islandia, la lava no solo enfría: también se convierte, mucho antes de lo esperado, en el primer suelo de un ecosistema en formación.
Referencias
- OK Diario. “Giro radical en la vulcanología: confirman en Islandia que los microbios colonizan la lava justo tras solidificarse”.
- Estudio citado en Communications Biology sobre colonización microbiana en coladas recientes de Fagradalsfjall.