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Panorama Planetario · 7 de julio de 2026

Estado general del sistema Tierra

El sistema Tierra entra en julio con señales simultáneas de presión térmica, océanos muy cálidos, vigilancia satelital intensa sobre incendios y una temporada de fenómenos extremos que exige seguimiento cercano. La lectura global no corresponde a un solo evento aislado: temperatura, agua, hielo, atmósfera y ecosistemas muestran interacciones que aumentan la probabilidad de impactos regionales en las próximas semanas.
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Temperatura global Persistencia cálida

La temperatura del aire sobre tierra y océano se mantiene en un rango alto para la época. El punto central no es solo el valor diario, sino la duración de las anomalías cálidas y su capacidad para reforzar olas de calor, evaporación y estrés hídrico.

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Océanos Superficie marina en máximos estacionales

Copernicus informó que las temperaturas superficiales globales del océano rompieron récords diarios para la época a finales de junio. Un océano más cálido aporta más humedad y energía a la atmósfera, elevando riesgos de lluvias intensas, tormentas y estrés marino.

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CO₂ atmosférico Fondo climático elevado

La concentración de dióxido de carbono continúa actuando como la señal de fondo más estable del calentamiento global. Aunque varía estacionalmente, su tendencia de largo plazo mantiene presión sobre océanos, criósfera, lluvias y extremos térmicos.

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Hielo polar Vigilancia en Ártico y Antártida

Los boletines recientes de Copernicus han señalado extensiones de hielo marino por debajo del promedio en sectores del Ártico y la Antártida. La señal polar importa porque modifica albedo, circulación oceánica, hábitats y estabilidad de costas a largo plazo.

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Incendios Focos activos bajo observación satelital

NOAA/NESDIS reportó monitoreo satelital de incendios importantes en el oeste de Estados Unidos, favorecidos por calor, sequedad y viento. La señal es relevante porque humo, pérdida de cobertura vegetal y degradación del suelo amplifican impactos más allá del área quemada.

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Sequías Reservas y suelos bajo presión

El seguimiento hidrológico debe centrarse en embalses, humedad del suelo, caudales y demanda agrícola. Las sequías actuales no se interpretan solo por lluvia acumulada, sino por evaporación, temperatura, uso del agua y vulnerabilidad territorial.

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Tormentas y extremos Más energía disponible

La combinación de océanos cálidos y atmósfera húmeda puede favorecer lluvias de alta intensidad. No todos los sistemas se vuelven extremos, pero el entorno térmico aumenta el potencial de episodios severos cuando coinciden humedad, inestabilidad y circulación favorable.

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Señal planetaria destacada El océano domina la lectura climática

La señal más importante de la jornada es la temperatura del mar. Cuando la superficie oceánica se mantiene excepcionalmente cálida, la atmósfera recibe más vapor de agua y energía, con efectos sobre lluvias, ciclones, ecosistemas marinos y costas.

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Lectura integrada Sistema acoplado

Los indicadores no deben leerse por separado. Calor oceánico, incendios, hielo, sequías y tormentas forman una red de señales conectadas. La vigilancia ambiental útil es la que cruza atmósfera, agua, suelo, biodiversidad y observación satelital.

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Perspectiva 7–14 días Seguimiento prioritario

Durante las próximas dos semanas conviene observar tres frentes: evolución de la temperatura superficial del mar, aparición de lluvias extremas vinculadas a humedad oceánica y comportamiento de incendios en zonas cálidas o secas. El monitoreo satelital será clave para detectar humo, anomalías térmicas, humedad del suelo, cambios de vegetación y señales tempranas en costas y glaciares.

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Latigazos hidroclimáticos, la nueva cara del cambio climático

stockpexel/Shutterstock

Cuando habíamos empezado a asimilar el concepto de incendios de sexta generación, unos megaincendios inextinguibles en la práctica, nos enfrentamos ahora a un nuevo concepto que parece aplicarse bien a los incendios devastadores de enero de 2025 en California.


Fernando Valladares, Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC)


Cuando la señal del cambio climático en estos incendios es inequívoca, al ser responsable de unas condiciones alrededor de 5⁰ C más cálidas, un 15 % más secas y un 20 % más ventosas de la habitual, se habla de que estos incendios resultan de unos “latigazos hidroclimáticos”.

¿Qué son estos latigazos?

El sustantivo resume bien el carácter súbito, fulgurante y brutal de los nuevos eventos climáticos extremos. Por su parte, el adjetivo hidroclimático pone énfasis en el importante papel del agua en el nuevo clima.

La magnitud de los incendios de California se debió a los vientos del diablo o de santa Ana, especialmente virulentos, y a una vegetación y unos suelos extraordinariamente secos tras un largo verano y un otoño sin lluvias.

La dana –sufrida sobre todo en Valencia el 29 de octubre de 2024– estuvo asociada al cambio climático, lo que la hizo mucho más probable e intensa. Esta dana también entraría dentro del concepto de latigazo hidroclimático, en este caso por unas lluvias torrenciales de auténtico récord.

Las consecuencias de la atmósfera cálida

Ambas situaciones, las de sequías extremas y las de lluvias torrenciales, son en realidad dos caras de una misma moneda. La moneda se llama atmósfera cálida.

Esa atmósfera cálida roba agua líquida de los ecosistemas y la almacena en forma de vapor en la propia atmósfera. Cabe recordar que, por cada grado centígrado de calentamiento, la capacidad de la atmósfera para retener la humedad aumenta un 7 %.

Cuando se dan las condiciones para una precipitación, las cantidades de agua en juego en una atmósfera recalentada son muy superiores a lo habitual. Mientras llegan esas lluvias, los ecosistemas y los paisajes, sean humanizados o no, sufren una gran sequía.

La volatilidad hidroclimática se refiere, precisamente, a transiciones repentinas, grandes y frecuentes entre condiciones muy secas y muy húmedas. Algo que irá siendo cada vez más común en las regiones de clima mediterráneo.

California como modelo climático

California es todo un modelo de latigazos hidroclimáticos. Los inviernos de 2022-23 y 2023-24 llevaron a California precipitaciones sin precedentes, alimentadas por decenas de ríos atmosféricos.

Los pueblos de montaña quedaron sepultados bajo la nieve, los valles se inundaron con la lluvia y el deshielo, y se produjeron corrimientos de tierra en todo el estado.

A estos diluvios les siguió un calor estival récord y un comienzo de la temporada de lluvias de 2025 marcado por la sequía. La vegetación seca resultante proporcionó abundante combustible para la serie de incendios forestales que vendrían a comienzos del 2025.

Es precisamente esta sucesión de latigazos lo que ha aumentado el riesgo de incendios por partida doble en California. Primero aumenta desproporcionadamente el crecimiento de la vegetación en los meses previos a la temporada de incendios, para después secarse rápidamente también hasta niveles de auténtico récord. Pero la situación es global.

Los datos avisan del aumento de latigazos asociados al cambio climático

Un reciente estudio emplea una métrica para este latigazo hidroclimático basada en el índice de evapotranspiración estandarizada de las precipitaciones.

Este estudio ha encontrado en el promedio mundial del latigazo de ciclo corto o subestacional (3 meses) un aumento de entre un 31 y un 66 %, y en el latigazo de ciclo largo o interanual (12 meses), un aumento de entre un 8 y un 31 %. Todo ello tomando como referencia los valores de mediados del siglo XX.

Todos los modelos estiman nuevos aumentos en estos latigazos con el calentamiento actualmente en curso.

Aquellas regiones terrestres que se lleguen a calentar 3º C o más respecto a la era preindustrial (recordemos que ya andamos en el entorno del 1,5º C de calentamiento promedio) experimentarán aumentos de los latigazos subestacionales del 113 % y de los latigazos interanuales del 52 %.

Estos cambios son mayores en latitudes altas y aumentan desde el norte de África hacia el este y sur de Asia. Son muchas las pruebas que relacionan estos aumentos con la termodinámica atmosférica, es decir, con el aumento de la capacidad de retención de vapor de agua y la demanda potencial de evaporación de una atmósfera cada vez más caliente.

El necesario cambio en la gestión del agua

El aumento de la volatilidad hidroclimática irá amplificando los peligros asociados a las rápidas oscilaciones entre estados húmedos y secos. Peligros entre los que destacan inundaciones repentinas, incendios forestales, corrimientos de tierras y brotes de enfermedades.

Estos riesgos crecientes requieren de un cambio en la gestión del agua, combinando la prevención y manejo de riesgos asociados tanto a la sequía como a la inundación.

El agua excedente en los episodios de lluvia torrencial no puede descartarse. Aunque los sistemas naturales no sean capaces de retenerla, hay que idear maneras de ingresarla en el subsuelo o de almacenarla para que quede disponible para la sequía que no tardará en imponerse.

En el medio y largo plazo resulta evidente la urgencia de reducir el calentamiento global y poder atenuar así el impacto de estos temibles latigazos hidroclimáticos.

Fernando Valladares, Profesor de Investigación en el Departamento de Biogeografía y Cambio Global, Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.