Francia, España y Portugal concentran los focos más graves, con evacuaciones, áreas protegidas afectadas y miles de bomberos desplegados.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.
Los incendios forestales arrasaron más de 17.000 hectáreas en el suroeste de Europa tras una ola de calor extrema que elevó las temperaturas por encima de los 40 °C en numerosos puntos del continente.
Francia, España y Portugal figuran entre los países más afectados, con miles de bomberos desplegados, comunidades en alerta máxima y sistemas de emergencia sometidos a fuerte presión. El episodio expone la vulnerabilidad europea ante una combinación de calor extremo, vegetación seca y temporadas de fuego cada vez más largas.
Francia, España y Portugal bajo presión
En el sur de Francia, cerca de Trevillach y a unos 36 kilómetros de Perpiñán, unos 600 bomberos trabajan para contener un incendio que ya devastó más de 1.000 hectáreas en la ladera de una montaña. Las autoridades cerraron carreteras y habilitaron refugios de emergencia para las personas que debieron abandonar sus hogares.
En España, un incendio forestal cerca de la Costa Brava catalana arrasó 2.200 hectáreas y afectó principalmente la zona protegida de las Gavarras. Los bomberos lograron estabilizar parte del perímetro, aunque mantienen la vigilancia por el riesgo de nuevos focos ante las altas temperaturas.
El presidente de Cataluña, Salvador Illa, confirmó la detención de una persona por su presunta responsabilidad. Los agentes forestales atribuyeron el inicio del fuego a una negligencia.
Portugal reporta 13.000 hectáreas quemadas
Portugal también enfrenta una emergencia grave. La protección civil informó que el fuego en el norte del país recorrió 35 kilómetros y arrasó al menos 13.000 hectáreas en tres días, aunque el 80% del perímetro ya se encontraba bajo control.
Las llamas dejaron al menos nueve heridos y obligaron a solicitar apoyo internacional. España e Italia enviaron refuerzos y aviones cisterna para colaborar en las tareas de extinción.
La magnitud del daño ecológico es especialmente visible en la Costa Brava, donde cerca del 97% de la superficie afectada corresponde a un espacio natural protegido. La temporada de incendios comenzó además un mes antes de lo habitual, de acuerdo con la advertencia del ministro del Interior francés, Laurent Nuñez.
El calor extremo amplifica el riesgo de incendios
La organización EUSTAFOR advierte que estos eventos generan pérdidas económicas, afectan la biodiversidad, desplazan poblaciones e incrementan las emisiones contaminantes. El abandono rural y la acumulación de vegetación seca elevan además el riesgo en zonas forestales con menor capacidad de vigilancia local.
La NASA subraya que el calentamiento global amplifica la actividad de los incendios forestales, en especial en bosques templados y boreales del hemisferio norte. Los datos satelitales muestran que la frecuencia e intensidad de los incendios extremos se duplicó en las últimas décadas.
Entre 2001 y 2023, las emisiones de carbono procedentes de incendios forestales aumentaron un 60% en todo el mundo. En Eurasia y Norteamérica casi se triplicaron, impulsadas por un clima más cálido y seco, un patrón que también se refleja en el aumento del riesgo de incendios forestales.
Una ola de calor con impacto sanitario y ambiental
La ola de calor reciente dejó alrededor de 3.700 muertes y saturó sistemas de emergencia. En Francia se registraron 114 episodios con temperaturas superiores a 40 °C en menos de dos semanas, mientras casi toda la población metropolitana enfrentó valores por encima de 35 °C.
Más de dos tercios de los europeos, cerca de 410 millones de personas, vivieron temperaturas superiores a 35 °C entre el 15 y el 30 de junio. Alemania, Polonia, Eslovaquia, República Checa y Hungría rompieron récords de temperatura, mientras Reino Unido, Francia y Suiza tuvieron los meses de junio más cálidos de su historia.
Copernicus Climate Intelligence señala que Europa es el continente que más rápido se calienta, con un aumento de 2,5 °C desde los niveles preindustriales. Esa tendencia ya venía siendo observada en análisis recientes sobre una Europa bajo récords de calor.
Adaptación frente a veranos más extremos
World Weather Attribution concluyó que la reciente ola de calor habría sido prácticamente imposible en junio sin la influencia del cambio climático. Un episodio similar en 2003 habría sido cerca de 2 °C más frío.
La Organización Mundial de la Salud advirtió que la actual ola de calor representa un ensayo general para los veranos futuros en Europa. Hans Henri P. Kluge, director regional de la OMS para Europa, afirmó que este verano es una prueba de lo que vendrá.
Copernicus destaca la necesidad de adaptar ciudades, rehabilitar edificios, crear infraestructuras verdes, habilitar refugios climáticos y reforzar sistemas de alerta temprana. La presión sobre bosques, salud pública y servicios de emergencia confirma que el continente enfrenta incendios más difíciles de controlar en un contexto de calentamiento acelerado.
Fuente(s) referenciales
