Los manglares del mundo muestran una recuperación global


Una investigación basada en cuatro décadas de imágenes satelitales revela que estos bosques costeros vuelven a crecer y se acercan al nivel registrado en los años ochenta.


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz


Durante décadas, los manglares estuvieron entre los ecosistemas costeros más presionados del planeta. La expansión de la acuicultura, la urbanización, la tala, las plantaciones y la transformación de zonas litorales redujeron su superficie en regiones tropicales y subtropicales. Sin embargo, una nueva investigación muestra una señal distinta: los manglares del mundo comienzan a recuperarse y su extensión global se aproxima nuevamente a la registrada en la década de 1980.

El estudio, publicado en la revista Science y reseñado por GEO, analizó la evolución de estos bosques costeros mediante imágenes satelitales de las últimas cuatro décadas. La investigación indica que la superficie global de manglares cayó desde unos 155.000 kilómetros cuadrados en los años ochenta hasta cerca de 152.000 kilómetros cuadrados en 2010. Desde entonces, la tendencia cambió y en 2023 se registraron casi 154.000 kilómetros cuadrados.

Una señal positiva tras décadas de pérdida

La recuperación no significa que todos los manglares estén fuera de riesgo, pero sí marca un giro relevante. El balance global muestra que, después de años de retroceso, estos ecosistemas han empezado a expandirse en varias regiones. En términos netos, la pérdida acumulada durante cuatro décadas quedó reducida a unos 850 kilómetros cuadrados, cerca del 1% de la superficie total.

Los manglares tienen un valor ambiental desproporcionado respecto a su extensión. Protegen costas, amortiguan tormentas, reducen la erosión, almacenan carbono y sostienen biodiversidad marina y terrestre. Por eso, su recuperación representa una señal importante para la conservación de ecosistemas costeros que capturan carbono y protegen comunidades.

Satélites para medir cuatro décadas de cambios

El equipo científico utilizó imágenes satelitales para observar la evolución de los manglares desde los años ochenta hasta 2023. Estas imágenes permitieron identificar patrones de pérdida, expansión y regeneración en zonas costeras de distintas regiones del mundo.

La metodología es relevante porque los manglares suelen formar franjas estrechas en costas, estuarios y deltas. Su monitoreo exige herramientas capaces de detectar cambios pequeños pero ecológicamente significativos. La observación satelital permite seguir esos cambios a escala global y comparar regiones donde la presión humana y la dinámica natural actúan de manera distinta.

Este tipo de seguimiento también ayuda a diferenciar entre recuperación real, expansión natural y plantaciones o restauraciones dirigidas. En manglares, medir superficie no basta: también importa la calidad ecológica del bosque, su estructura, el estado del suelo y su capacidad para sostener biodiversidad.

El papel del sudeste asiático

Uno de los mayores incrementos se observó en el sudeste asiático, una región que concentra aproximadamente un tercio de los manglares del planeta. Allí, los investigadores identificaron más de 1.000 kilómetros cuadrados de ganancia desde 2010.

La recuperación regional responde a varios factores. En algunas zonas, los manglares colonizaron terrenos abandonados por actividades acuícolas. En otras, la acumulación de sedimentos creó nuevos espacios donde estos bosques pudieron establecerse. También influyeron programas de restauración, plantación y protección impulsados por gobiernos y organizaciones ambientales.

Indonesia aparece como un caso relevante. Tras haber sido uno de los centros del declive de manglares, el país muestra avances asociados a una mayor conciencia sobre su función protectora, especialmente después del tsunami del océano Índico de 2004, además de nuevas medidas de gestión y protección.

Carbono azul, protección costera y biodiversidad

Los manglares son considerados ecosistemas de carbono azul porque almacenan carbono en su biomasa y en sus suelos anegados. Esta capacidad los convierte en aliados frente al cambio climático, aunque también exige una gestión cuidadosa para evitar que su degradación libere parte del carbono acumulado.

El interés científico por estos bosques ha crecido porque combinan mitigación climática, adaptación costera y conservación de biodiversidad. Investigaciones recientes también han advertido que los manglares pueden enfrentar dilemas relacionados con emisiones y almacenamiento de carbono, como ocurre en el debate sobre carbono azul y emisiones de metano en manglares.

Además, sus raíces reducen la energía de las olas, favorecen la retención de sedimentos y ofrecen refugio para peces, crustáceos, aves y múltiples especies. Por eso, su recuperación no solo tiene valor climático, sino también ecológico, económico y social.

Restauración con resultados desiguales

La recuperación global no elimina las diferencias regionales. Algunas áreas siguen perdiendo manglares, especialmente donde persisten presiones como contaminación, extracción de recursos, cambios de uso del suelo o expansión urbana. África aparece entre las regiones con señales de pérdida reciente, con preocupación particular en el delta del Níger, afectado por contaminación petrolera.

También existen países donde la superficie ha aumentado desde 2010, pero todavía no compensa pérdidas anteriores. Myanmar, por ejemplo, muestra una recuperación parcial reciente, aunque mantiene una reducción neta importante respecto de los años ochenta.

Estos contrastes muestran que la restauración de manglares requiere más que plantar árboles. Hace falta proteger el espacio costero, controlar presiones humanas, restaurar flujos de agua y sedimentos, y asegurar que los nuevos bosques funcionen como ecosistemas completos. Esa lógica ya guía proyectos de restauración de manglares y carbono azul en América Latina.

Una recuperación que debe vigilarse

El estudio ofrece una señal de optimismo, pero no autoriza a bajar la guardia. Los manglares continúan expuestos al aumento del nivel del mar, tormentas más intensas, contaminación, expansión inmobiliaria, presión portuaria y cambios en los ríos que reducen el aporte de sedimentos hacia las costas.

La recuperación observada puede convertirse en una historia de éxito ambiental si se mantiene la protección y se mejora la gestión de las zonas costeras. Pero también puede estancarse si las nuevas áreas de manglar no alcanzan madurez ecológica o si las regiones vulnerables siguen perdiendo cobertura.

La ciencia ya desarrolla herramientas para anticipar riesgos antes de que los manglares desaparezcan por completo. Entre ellas se encuentran indicadores que permiten detectar deterioro temprano, como los estudios sobre manglares en riesgo antes de su colapso.

Una oportunidad para conservar mejor las costas

La recuperación de los manglares demuestra que algunos ecosistemas pueden responder cuando se reducen presiones, se restauran áreas degradadas y se aplican medidas de protección. El avance no borra décadas de pérdida, pero muestra que la conservación costera puede tener resultados medibles a escala global.

El desafío ahora es sostener esa tendencia. Los manglares necesitan espacio para expandirse, costas menos degradadas, políticas de protección y seguimiento científico permanente. Su recuperación puede fortalecer la resiliencia climática de comunidades costeras y preservar uno de los ecosistemas más valiosos del planeta.

Fuente(s) referenciales

GEO – Mangrovenwälder weltweit erholen sich wieder