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Panorama Planetario · 4 de agosto de 2026

El sistema Tierra mantiene señales simultáneas de calor, presión hídrica y transformación oceánica

El balance planetario de este martes muestra una combinación de temperaturas elevadas, océanos persistentemente cálidos, concentraciones crecientes de gases de efecto invernadero y amenazas regionales asociadas con sequías, incendios e inundaciones. La vigilancia debe concentrarse en la interacción entre el calor acumulado, la humedad disponible y la exposición de las poblaciones.

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Temperatura global

El calor de fondo continúa

Nivel de atención: alto

Los últimos años consolidaron una franja térmica excepcionalmente elevada. La Organización Meteorológica Mundial confirmó que 2023–2025 fueron los tres años más cálidos de los principales registros y situó su promedio aproximadamente 1,48 °C sobre el nivel preindustrial. En 2026, la variabilidad natural modula cada región, pero no elimina la tendencia de calentamiento causada por los gases de efecto invernadero.

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Océanos

Un gran depósito de calor planetario

Señal persistente

El océano continúa absorbiendo la mayor parte del exceso de energía retenido en el sistema climático. Este proceso eleva el nivel del mar, intensifica las olas de calor marinas y altera la distribución de nutrientes y especies. Las aguas cálidas también incrementan el potencial de lluvias extremas cuando coinciden con una atmósfera inestable y sistemas meteorológicos organizados.

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CO₂ atmosférico

La acumulación no se detiene

Tendencia: ascendente

La concentración atmosférica de dióxido de carbono permanece en niveles históricamente elevados y continúa aumentando. Los ciclos estacionales producen oscilaciones mensuales, pero el balance de largo plazo sigue determinado por las emisiones derivadas de combustibles fósiles, producción de cemento y cambios de uso del suelo. Los sumideros terrestres y oceánicos absorben una parte, aunque no toda, de esas emisiones.

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Hielo polar

La criosfera conserva una señal frágil

Vigilancia continua

El informe climático global más reciente de la OMM señaló una extensión anual del hielo marino ártico cercana a mínimos récord y una extensión antártica entre las más bajas observadas. En agosto, la evolución estacional del Ártico exige seguimiento porque el hielo se aproxima a su mínimo anual y las condiciones meteorológicas pueden acelerar la pérdida superficial o redistribuir la cubierta.

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Incendios

Calor y sequedad elevan la inflamabilidad

Riesgo regional elevado

El peligro de incendios permanece alto en sectores mediterráneos y del oeste y norte interior de Norteamérica. La vegetación seca, las temperaturas anómalas y los vientos pueden convertir igniciones pequeñas en emergencias rápidas. El pronóstico probabilístico estadounidense mantiene especial atención sobre el norte de la región intermontañosa por la combinación de calor superior a lo habitual y déficit de humedad.

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Sequías

La lluvia desigual prolonga déficits

Impacto acumulativo

La sequía no depende únicamente de la ausencia de precipitaciones. El calor aumenta la evaporación, seca los suelos y eleva la demanda de agua de cultivos y ecosistemas. Algunas lluvias intensas alivian temporalmente embalses o capas superficiales, pero no siempre recuperan acuíferos ni humedad profunda. La gestión debe distinguir entre sequía meteorológica, agrícola, hidrológica y ecológica.

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Tormentas y extremos

Menos actividad prevista no significa ausencia de peligro

Temporada activa

La temporada de ciclones del Atlántico continúa abierta. NOAA anticipó para 2026 una actividad inferior a la normal, pero esa clasificación describe el conjunto de la cuenca y no determina el impacto en una comunidad concreta. Un solo ciclón puede producir daños graves mediante marejada, viento y precipitaciones. Fuera del trópico, tormentas lentas pueden generar inundaciones repentinas en terrenos saturados o urbanizados.

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Circulación planetaria

El Pacífico vuelve a ser decisivo

Transición bajo observación

La evolución de El Niño–Oscilación del Sur puede reorganizar lluvias, temperaturas y riesgos de incendios en distintos continentes. Los centros climáticos actualizan semanalmente las condiciones oceánicas y atmosféricas, mientras la próxima discusión diagnóstica de NOAA está prevista para el 13 de agosto. Las decisiones sectoriales deben apoyarse en probabilidades regionales, no en una interpretación uniforme del fenómeno.

🔎 Señal planetaria destacada

La energía acumulada en el océano se convierte en el hilo conductor del panorama. Su influencia aparece en el nivel del mar, el estrés térmico de los ecosistemas, la humedad disponible para precipitaciones intensas y la capacidad de ciertos ciclones para fortalecerse. El efecto no es idéntico en todas las cuencas, pero obliga a integrar observaciones marinas, atmosféricas y costeras.

Perspectiva para los próximos 7–14 días

Hasta mediados de agosto se recomienda vigilar el peligro de incendios en áreas cálidas y secas del hemisferio norte, los episodios de calor urbano, la actividad ciclónica en las cuencas tropicales y las lluvias concentradas capaces de provocar crecidas súbitas. La señal más importante será la coincidencia de amenazas: calor con mala calidad del aire, sequía con incendios o precipitaciones extremas sobre suelos impermeabilizados. La preparación local, las alertas tempranas y la consulta de servicios meteorológicos oficiales siguen siendo las herramientas prioritarias.

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Marruecos levanta 16 embalses contra la sequía


Las obras añadirán 5.037 millones de metros cúbicos de almacenamiento y se integrarán con trasvases y plantas desaladoras


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.


Marruecos construye simultáneamente 16 grandes embalses para reforzar su seguridad hídrica después de siete años consecutivos de sequía. Las obras representan una inversión de 29.530 millones de dirhams, unos 2.700 millones de euros, y tendrán una capacidad conjunta de 5.037 millones de metros cúbicos, según datos atribuidos al Ministerio de Equipamiento y Agua.

El programa forma parte de una estrategia nacional que combina nuevas presas, trasvases entre cuencas, desalación, reutilización de aguas residuales y sistemas digitales para vigilar inundaciones. La planificación contempla incorporar 42 grandes presas adicionales hasta 2050.

Sidi Abbou y Aït Ziat están cerca de concluir

Entre los proyectos con mayor avance se encuentra la presa de Sidi Abbou, situada en la provincia de Taounate, cuya ejecución alcanza el 99,5%. Su embalse tendrá capacidad para almacenar aproximadamente 200 millones de metros cúbicos.

La presa de Aït Ziat, en la provincia de Al Haouz, presenta un avance del 99%. También se encuentra en una etapa adelantada la reconstrucción de Sakia El Hamra, en la provincia de El Aaiún, que alcanzó alrededor del 93% de ejecución.

Estas infraestructuras persiguen distintos objetivos según la cuenca: asegurar agua potable, respaldar el riego, proteger territorios expuestos a inundaciones y almacenar aportes que de otro modo continuarían hacia el mar durante períodos lluviosos.

Ratba será el mayor de los embalses en construcción

La presa de Ratba, también localizada en Taounate, concentra la mayor inversión del programa. Su presupuesto asciende a 4.369 millones de dirhams y su capacidad superará los 1.000 millones de metros cúbicos.

El proyecto registra aproximadamente un 46% de ejecución, por lo que todavía deberá atravesar una parte considerable de su calendario de construcción. Una vez terminada, la infraestructura tendrá un peso relevante dentro de la regulación hídrica de la cuenca del Sebú.

La inversión en almacenamiento responde a la experiencia acumulada durante la prolongada escasez. En 2022, el país enfrentaba una situación en la que la presa de Al Massira y otros embalses registraban niveles críticos, mientras varias comunidades sufrían restricciones de abastecimiento.

Las lluvias elevaron las reservas, pero persisten contrastes

Las precipitaciones y nevadas del último invierno permitieron a las autoridades dar por concluido el período de sequía meteorológica extendido entre 2018 y 2025. Las reservas nacionales alcanzaron 12.290 millones de metros cúbicos, equivalentes al 72,1% de la capacidad instalada.

El porcentaje prácticamente duplica el 37% registrado en el mismo período del año anterior. El Ministerio de Equipamiento y Agua calcula que las reservas disponibles pueden garantizar entre dos y cinco años de suministro para consumo humano y riego, aunque la duración dependerá de las extracciones y de las próximas temporadas de lluvia.

La recuperación también ha quedado reflejada en imágenes satelitales que muestran la expansión de masas de agua y vegetación en el norte marroquí después de las precipitaciones.

Sin embargo, el promedio nacional oculta diferencias territoriales. La cuenca del Tensift alcanzó un nivel cercano al 94,6%, mientras que la del Bouregreg se situó alrededor del 92,5%. La cuenca del Sebú superó el 85%, con casi 3.000 millones de metros cúbicos almacenados en la presa de Al Wahda.

Las cuencas del sur y el sureste mantienen una disponibilidad menor. Souss-Massa continúa por debajo de la media nacional y depende de infraestructuras complementarias, incluida la planta desaladora de Chtouka Aït Baha, para atender el abastecimiento y parte de la producción agrícola.

Una autopista del agua conecta cuencas del norte y el sur

El Gobierno marroquí desarrolla paralelamente una red de canales, tuberías y acueductos conocida como autopista del agua. Su función consiste en trasladar recursos desde cuencas septentrionales con mayores aportes hacia territorios centrales y meridionales sometidos a escasez.

La primera fase conecta las cuencas del Sebú y el Bouregreg y respalda el suministro de agua potable del eje urbano formado por Rabat y Casablanca, donde viven más de 11 millones de personas.

El sistema busca aprovechar los excedentes disponibles sin depender exclusivamente de la construcción de embalses en cada territorio. Las transferencias entre cuencas exigen, no obstante, evaluar los caudales ecológicos, la demanda de las regiones de origen y la variabilidad de las precipitaciones.

Otros países también estudian redes de gran escala para redistribuir recursos hídricos. Un ejemplo es el proyecto de transferencia entre ríos planteado por India, que ha abierto interrogantes sobre sus posibles consecuencias climáticas y territoriales.

La desalación liberará agua embalsada para el interior

Marruecos opera 17 plantas desaladoras, construye otras cuatro y proyecta nueve instalaciones adicionales hasta 2030. El objetivo anunciado es alcanzar una capacidad anual conjunta de 1.700 millones de metros cúbicos.

El agua desalada se destinará principalmente al suministro urbano y a determinados sistemas agrícolas costeros. Debido a su costo, no se prevé utilizarla directamente en superficies extensas de cereales como el trigo, pero puede liberar recursos almacenados en las presas para atender explotaciones del interior.

La estrategia también incluye una línea eléctrica de aproximadamente 1.400 kilómetros para transportar energía renovable desde el sur hasta las plantas desaladoras. El uso de electricidad renovable pretende reducir los costos y las emisiones asociadas con la producción de agua potable.

La recuperación reciente no elimina el estrés estructural

El aumento de las reservas ofrece un alivio importante, pero una temporada lluviosa no resuelve por sí sola la vulnerabilidad hídrica. Marruecos está expuesto a una elevada variabilidad de las precipitaciones, temperaturas crecientes, evaporación y demandas simultáneas de ciudades, agricultura, industria y ecosistemas.

Las autoridades mantienen restricciones sobre el uso de agua potable en zonas verdes públicas y campos de golf, que deben recurrir a aguas residuales tratadas. En regiones áridas también se han limitado determinados cultivos con alta demanda hídrica.

Los nuevos embalses aumentarán la capacidad para guardar agua, aunque su eficacia dependerá de que reciban aportes suficientes. La sedimentación, la evaporación, el mantenimiento de las cuencas y la protección de los ecosistemas situados aguas abajo serán factores decisivos durante su vida útil.

Sensores reforzarán la vigilancia ante inundaciones

La planificación hídrica debe responder tanto a la sequía como a las lluvias extremas. Después de las inundaciones registradas a comienzos de 2026, Marruecos anunció una inversión de 3.000 millones de dirhams para incorporar sensores y sistemas digitales en varias presas.

Estos equipos permitirán seguir el nivel de los embalses, anticipar posibles desbordamientos y mejorar la coordinación de las descargas. Su utilidad dependerá de la calidad de los pronósticos, la transmisión de datos y la existencia de protocolos de alerta para las comunidades situadas aguas abajo.

La combinación de almacenamiento, transferencia, desalación, reutilización y vigilancia refleja una política de diversificación. El desafío será administrar esas infraestructuras como una red integrada y ajustar las extracciones a los recursos realmente disponibles en cada cuenca.

Fuentes referenciales:
OKDIARIO
Reuters