Simulaciones de los episodios de 1997 y 2015 indican que la intervención podría reducir su intensidad, aunque también alteraría las lluvias en Europa y Asia
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.
Una técnica experimental destinada a aumentar el brillo de las nubes marinas podría debilitar episodios intensos de El Niño, según una investigación basada en modelos climáticos. Los resultados muestran, sin embargo, que modificar artificialmente el balance de energía sobre el océano Pacífico también podría producir consecuencias inesperadas en regiones alejadas del lugar de intervención.
El estudio, publicado en la revista Science Advances, examinó cómo habría respondido el sistema climático si la técnica se hubiera aplicado durante los fuertes eventos de El Niño registrados en 1997 y 2015. Los investigadores no realizaron pruebas en el ambiente: los resultados proceden exclusivamente de simulaciones informáticas.
Cómo funciona el brillo artificial de las nubes marinas
La propuesta, conocida como brillo de nubes marinas, plantea dispersar pequeñas partículas de sal sobre determinadas formaciones nubosas. Estas partículas favorecerían la creación de gotas más numerosas y pequeñas, capaces de reflejar una mayor proporción de la radiación solar hacia el espacio.
La reducción de la energía que alcanza la superficie enfriaría parcialmente el océano situado debajo de las nubes. Aplicado sobre áreas estratégicas del Pacífico sudoriental, ese enfriamiento podría influir en las interacciones entre el mar y la atmósfera que sostienen el desarrollo de El Niño.
El mecanismo forma parte de las propuestas de geoingeniería solar, un campo que estudia intervenciones destinadas a modificar temporalmente la cantidad de radiación absorbida por el planeta. Investigaciones anteriores sobre los posibles efectos de la ingeniería climática en la Antártida también han mostrado que la ubicación y la duración de estas actuaciones determinan buena parte de sus riesgos.
El momento de la intervención cambia los resultados
Las simulaciones indican que la aplicación sobre el Pacífico sudoriental habría reducido la intensidad de los dos episodios analizados. La respuesta más pronunciada se obtuvo al iniciar el proceso en junio, durante las primeras etapas de formación de El Niño, y mantenerlo hasta febrero del año siguiente.
Cuando la intervención comenzaba más tarde, especialmente cerca de diciembre, su capacidad para alterar la evolución del fenómeno disminuía. El resultado refuerza la importancia de las observaciones oceánicas y de los pronósticos estacionales, debido a que El Niño se desarrolla mediante una cadena de retroalimentaciones entre las temperaturas superficiales, los vientos y las corrientes del Pacífico.
El análisis resulta relevante ante el desplazamiento de aguas cálidas a través del Pacífico y las señales que los centros meteorológicos utilizan para evaluar su evolución. La expresión “súper El Niño”, utilizada para describir informalmente episodios excepcionalmente intensos, no constituye una categoría meteorológica oficial.
Europa y Asia podrían recibir impactos no deseados
Debilitar El Niño no implica eliminar automáticamente todos sus efectos adversos. El fenómeno modifica la circulación atmosférica a escala planetaria y puede producir lluvias intensas en unas regiones y sequías en otras. Una intervención concentrada en el Pacífico podría desplazar esos patrones y cambiar las precipitaciones en partes de Europa y Asia.
El estudio advierte además que algunas regiones obtienen beneficios temporales de determinados episodios, como mayores aportes de lluvia. Atenuar el calentamiento oceánico podría reducir esas ventajas o trasladar los riesgos hacia territorios que no participaron en la decisión de intervenir.
Las simulaciones también mostraron que aplicar el brillo de nubes en el Pacífico central podría intensificar en más de un 40% las condiciones de enfriamiento y sequedad asociadas con La Niña. Este resultado revela que una misma técnica puede generar respuestas muy diferentes dependiendo del área seleccionada.
La dimensión global del problema coincide con las advertencias sobre los riesgos internacionales de El Niño, entre ellos inundaciones, olas de calor, alteraciones agrícolas y déficit de precipitaciones. El calentamiento provocado por las actividades humanas eleva el nivel térmico de fondo sobre el cual actúan estas variaciones naturales, aunque no determina por sí solo cada fenómeno extremo.
Una propuesta experimental que exige evaluación internacional
Los investigadores señalan que el brillo de nubes marinas todavía no está preparado para una aplicación climática a gran escala. Tampoco existe una propuesta conocida para utilizarlo contra el episodio que se encuentra en formación. Antes de considerar una intervención serían necesarias nuevas evaluaciones científicas, sistemas de vigilancia y acuerdos internacionales sobre responsabilidad y toma de decisiones.
Las incertidumbres cobran especial importancia porque El Niño puede activar alertas simultáneas en diferentes regiones del planeta. Una modificación deliberada del Pacífico tendría efectos transfronterizos y podría generar ganadores y perjudicados, incluso si logra reducir algunos impactos concretos.
El brillo de nubes tampoco elimina el dióxido de carbono acumulado ni detiene otros efectos de sus emisiones, como la acidificación del océano. Por esa razón, los autores lo presentan como un objeto de investigación y no como sustituto de la reducción de emisiones, la adaptación, los sistemas de alerta temprana y la preparación ante inundaciones, sequías y calor extremo.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Science Advances
Universidad de California en San Diego
