Los modelos anticipan que el calentamiento del Pacífico podría alcanzar una intensidad histórica a finales de 2026, aunque los científicos advierten que sus efectos variarán considerablemente entre regiones.
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
El fenómeno de El Niño continúa intensificándose en el océano Pacífico tropical y algunos modelos climáticos calculan una probabilidad cercana al 90% de que el episodio de 2026-2027 alcance una magnitud comparable o superior a los eventos más fuertes registrados. La posibilidad ha elevado la vigilancia internacional ante el riesgo de sequías, inundaciones, olas de calor y alteraciones de las temporadas de lluvia.
Las proyecciones no significan que todos los países sufrirán simultáneamente los mismos impactos ni que una crisis humanitaria sea inevitable. El Niño modifica la circulación atmosférica mundial y puede aumentar la probabilidad de determinados extremos, pero sus consecuencias dependen de la región, la época del año, otros patrones oceánicos y la vulnerabilidad de cada territorio.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos confirmó que El Niño estaba activo en julio de 2026 y estimó una probabilidad del 97% de que persistiera hasta comienzos de la primavera boreal de 2027. El organismo también proyectó que el fenómeno continuará fortaleciéndose durante la segunda mitad del año.
Los modelos apuntan a un El Niño de intensidad excepcional
Las previsiones experimentales elaboradas por el Laboratorio de Dinámica de Fluidos Geofísicos de la NOAA muestran un calentamiento rápido del Pacífico ecuatorial durante el segundo semestre de 2026. Sus 30 simulaciones anticipan que el episodio podría alcanzar una intensidad competitiva con la de los mayores eventos observados durante el último siglo.
El Centro de Predicción Climática de la NOAA asignó para el trimestre octubre-diciembre de 2026 una probabilidad del 81% a que El Niño entre en la categoría de “muy fuerte”. Esta clasificación se basa en la anomalía térmica relativa de la región Niño 3.4, una zona del Pacífico central utilizada para evaluar el estado del sistema océano-atmósfera.
Algunas estimaciones divulgadas por especialistas elevan hasta aproximadamente el 90% la posibilidad de que el máximo calentamiento supere los valores de episodios anteriores. Sin embargo, esa cifra procede de conjuntos específicos de modelos y no debe interpretarse como una garantía de que se establecerá un récord.
La Organización Meteorológica Mundial evita utilizar oficialmente la expresión “súper El Niño”, debido a que no forma parte de sus categorías operativas. Los servicios climáticos clasifican los episodios como débiles, moderados, fuertes o muy fuertes, de acuerdo con la magnitud y persistencia de las anomalías oceánicas.
La evolución observada durante julio respalda la señal de intensificación. La Oficina de Meteorología de Australia informó que el índice relativo Niño 3.4 alcanzó aproximadamente 1,47 grados Celsius por encima del umbral de referencia en la semana que finalizó el 12 de julio, después de aumentar alrededor de 0,2 grados en dos semanas.
Sequías e inundaciones no se distribuirán de manera uniforme
El Niño comienza con un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental. Ese cambio debilita o reorganiza los vientos alisios, desplaza las zonas de formación de tormentas tropicales y modifica los patrones de precipitación a miles de kilómetros del océano donde se origina.
En algunas partes de Sudamérica, el fenómeno puede favorecer lluvias superiores a lo habitual e inundaciones, especialmente en áreas próximas al Pacífico ecuatorial. Otras regiones del continente pueden registrar déficits de precipitación, temperaturas más elevadas, menor disponibilidad de agua y condiciones favorables para incendios forestales.
El sudeste asiático, Australia, el sur de África y sectores de América Central suelen afrontar un mayor riesgo de sequedad durante ciertos periodos de El Niño. En contraste, zonas del este de África y del sur de Estados Unidos pueden experimentar temporadas considerablemente más húmedas.
Estas relaciones históricas no funcionan como pronósticos automáticos para una localidad concreta. Como ya explicó Noticias de la Tierra al analizar los efectos regionales diferenciados de El Niño, una señal cálida en el Pacífico aumenta probabilidades, pero no determina por sí sola cada episodio de sequía, inundación o tormenta.
La intensidad tampoco establece una relación lineal con todos los impactos. Un El Niño muy fuerte puede modificar de manera profunda la circulación planetaria, aunque una región específica podría recibir efectos moderados mientras otra enfrenta anomalías mucho más severas.
La seguridad alimentaria concentra una parte del riesgo
La preocupación humanitaria está relacionada principalmente con la coincidencia entre eventos extremos y comunidades que ya presentan inseguridad alimentaria, desplazamientos, pobreza, degradación ambiental o infraestructura insuficiente. Una sequía prolongada puede reducir cosechas y reservas de agua, mientras que las inundaciones pueden destruir cultivos, carreteras, viviendas y sistemas sanitarios.
Las alteraciones de los monzones representan otro foco de vigilancia. Una temporada de lluvia irregular en Asia puede afectar la producción de arroz, trigo y otros alimentos básicos, además de reducir las reservas utilizadas para consumo humano, riego y generación hidroeléctrica.
En África oriental, lluvias intensas sobre suelos degradados o territorios afectados previamente por sequías pueden provocar inundaciones repentinas, pérdidas ganaderas y brotes de enfermedades transmitidas por el agua. En el sur del continente, una disminución de las precipitaciones puede deteriorar los cultivos de secano y los pastizales.
Ecuador constituye uno de los casos bajo seguimiento debido a la combinación de exposición climática y vulnerabilidad social. Un análisis sobre el riesgo de El Niño para la seguridad alimentaria ecuatoriana señaló que las lluvias extremas podrían agravar las condiciones de millones de personas que ya necesitan asistencia.
Las consecuencias también pueden extenderse a los mercados internacionales. Las pérdidas simultáneas de cosechas en diferentes regiones pueden reducir la oferta, encarecer los alimentos y ejercer presión sobre países dependientes de las importaciones, aunque la magnitud de estos efectos dependerá de los cultivos afectados y de la duración de las anomalías.
El calentamiento global amplifica el contexto del fenómeno
El Niño es una oscilación natural que ha ocurrido durante siglos y no es provocado directamente por el cambio climático. No obstante, el episodio actual se desarrolla sobre un planeta y unos océanos considerablemente más cálidos que durante gran parte del registro histórico.
Ese calentamiento de fondo puede intensificar algunos impactos. Una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua, lo que aumenta la capacidad de las tormentas para producir precipitaciones intensas. Al mismo tiempo, las temperaturas elevadas aceleran la evaporación y pueden agravar la pérdida de humedad en regiones donde disminuyen las lluvias.
Los océanos excepcionalmente cálidos también aumentan el riesgo de olas de calor marinas, blanqueamiento de corales y alteraciones en los ecosistemas costeros. Los cambios asociados con El Niño y La Niña pueden afectar la salud de los manglares, con respuestas opuestas entre el Pacífico oriental y occidental.
Los investigadores mantienen cautela al comparar la intensidad prevista con episodios históricos. Algunos modelos calculan las anomalías frente a periodos de referencia fijos y pueden sobreestimar la fuerza relativa del evento cuando todo el océano tropical presenta temperaturas superiores a las del pasado.
Por esta razón, los especialistas analizan tanto la temperatura absoluta del Pacífico como el calentamiento de la región Niño 3.4 respecto del promedio tropical. Este enfoque permite distinguir mejor la señal específica de El Niño del aumento general de las temperaturas oceánicas.
El Pacífico ya muestra una respuesta oceánica y atmosférica
La rápida intensificación observada durante 2026 está vinculada con la propagación de agua cálida bajo la superficie del Pacífico y su posterior aparición en el centro y el este de la cuenca. Este proceso ha contribuido al aumento de las temperaturas superficiales y a la reorganización de la circulación atmosférica tropical.
A comienzos del desarrollo existía incertidumbre sobre si el calentamiento oceánico conseguiría establecer una interacción sostenida con la atmósfera. Noticias de la Tierra explicó entonces por qué todavía era prematuro confirmar un episodio de intensidad extraordinaria.
Las observaciones posteriores mostraron un acoplamiento más claro entre el océano y la atmósfera. El debilitamiento de los vientos alisios, los cambios en la nubosidad y el desplazamiento de las lluvias tropicales confirmaron el establecimiento de El Niño y reforzaron las previsiones de intensificación.
Las investigaciones sobre el fenómeno también han identificado la importancia de las ráfagas de viento del oeste, capaces de impulsar agua cálida hacia el este y favorecer la formación de ondas oceánicas. Un estudio reseñado por este medio examinó la relación entre esos pulsos de viento y el desarrollo de El Niño.
Las previsiones ofrecen tiempo para reducir los impactos
La principal utilidad de los modelos estacionales no consiste en anunciar con meses de anticipación un desastre concreto, sino en identificar regiones donde aumentan las probabilidades de condiciones anómalas. Esa información permite revisar embalses, reservas alimentarias, sistemas de drenaje, planes de evacuación y programas de protección social.
Los gobiernos y organismos humanitarios pueden utilizar las previsiones para anticipar la distribución de semillas resistentes a la sequía, reforzar infraestructuras de agua, ampliar la vigilancia sanitaria y preparar asistencia para comunidades expuestas a inundaciones o pérdidas agrícolas.
La evolución de El Niño será reevaluada mensualmente mediante mediciones satelitales, boyas oceánicas, observaciones atmosféricas y nuevos conjuntos de modelos. Aunque las proyecciones de julio muestran una señal excepcionalmente fuerte, la magnitud final y sus impactos regionales continuarán sujetos a variaciones durante los próximos meses.
Fuentes referenciales:
National Geographic España
Centro de Predicción Climática de la NOAA
Probabilidades oficiales de intensidad de ENSO de la NOAA
Laboratorio de Dinámica de Fluidos Geofísicos de la NOAA
Organización Meteorológica Mundial
