Químicos de neumáticos elevan alerta sanitaria


Un estudio detectó que compuestos liberados por el desgaste de las llantas pueden transformarse en mezclas atmosféricas más tóxicas para células inmunes humanas


Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz

El desgaste normal de los neumáticos no solo deja partículas visibles o residuos en las calles. También libera al aire sustancias químicas presentes en el caucho, entre ellas antioxidantes como 6PPD y DPPD, diseñados para proteger las llantas del deterioro. Una nueva investigación publicada en Environment International advierte que esos compuestos pueden transformarse en la atmósfera en mezclas complejas con posibles riesgos para la salud respiratoria humana.

El trabajo fue desarrollado por investigadores de York University y Environment and Climate Change Canada, con participación del profesor asociado Ali Abdul-Sater, de la Facultad de Salud de York University, y de los científicos John Liggio y Samar Moussa. La investigación parte de una preocupación ya conocida: el 6PPD puede generar 6PPD-quinona, un compuesto relacionado previamente con la muerte de salmones coho en cursos de agua urbanos. Sin embargo, el nuevo estudio amplía el foco hacia la química atmosférica y sus posibles efectos en células humanas.

Del caucho al aire urbano

Durante la conducción cotidiana, los neumáticos liberan pequeñas partículas que pueden incorporarse al aire, al polvo de las calles y al escurrimiento urbano. Este proceso se suma a otras fuentes de microplásticos y nanoplásticos en el aire urbano, un problema ambiental que no desaparece con la simple transición hacia vehículos eléctricos.

La novedad del estudio no está solo en confirmar que los neumáticos liberan químicos, sino en mostrar que esos compuestos pueden envejecer químicamente en la atmósfera. Al oxidarse, no forman una sola sustancia aislada, sino mezclas con numerosos productos de transformación. Liggio explicó que cuando se oxida una sustancia procedente de un neumático pueden generarse cientos de compuestos dentro de una misma mezcla, lo que dificulta identificar cuál de ellos provoca el efecto tóxico observado.

Para aproximarse a condiciones reales, el equipo utilizó muestras ambientales archivadas por Environment and Climate Change Canada, tomadas cerca de la autopista 401 y en las proximidades de York University, en Canadá. A partir de ese material, los investigadores identificaron al menos 150 sustancias químicas y encontraron 88 de ellas en muestras de carretera.

Mezclas más tóxicas que los compuestos originales

El equipo recreó en laboratorio mezclas de sustancias derivadas de neumáticos y las expuso a macrófagos humanos. Estas células inmunes actúan como una primera línea de defensa de los pulmones frente a partículas inhaladas, por lo que son relevantes para estudiar posibles impactos respiratorios.

Los resultados sorprendieron a los investigadores. El compuesto 6PPD-quinona, conocido por su relación con la mortalidad de salmones, no apareció como especialmente tóxico en este ensayo celular. En cambio, la mezcla completa de productos transformados sí provocó efectos mucho más severos.

Las células expuestas mostraron muerte celular rápida, daño mitocondrial importante y fuerte activación de vías inflamatorias. Abdul-Sater destacó que esos efectos fueron más intensos que los causados por los compuestos originales o por la 6PPD-quinona evaluada de forma individual. Además, las concentraciones capaces de activar esas respuestas fueron comparables con niveles estimados en fluido pulmonar humano a partir de mediciones reales de calidad del aire cerca de vías con tráfico intenso.

Un riesgo que no depende de una sola molécula

La investigación plantea una advertencia metodológica: concentrarse en una única molécula puede subestimar el riesgo real de la contaminación derivada de neumáticos. En el aire, las personas no inhalan sustancias aisladas y seleccionadas, sino mezclas completas de partículas y compuestos que han reaccionado con el ambiente.

Moussa resumió esa complejidad al señalar que, al respirar aire, una persona incorpora todo el conjunto, no una molécula específica elegida por separado. Esa observación es clave para estudiar la contaminación atmosférica urbana, donde el tráfico genera combinaciones químicas difíciles de separar en condiciones reales.

El hallazgo también refuerza la necesidad de mirar más allá de los contaminantes tradicionales. La contaminación por partículas no se limita a emisiones de escape; incluye abrasión de neumáticos, frenos, polvo vial y compuestos secundarios formados en la atmósfera. En ese sentido, los neumáticos se convierten en una fuente ambiental relevante incluso cuando el vehículo no quema combustible.

Inflamación crónica y exposición prolongada

Los autores del estudio aclaran que los resultados son preliminares y no deben interpretarse como motivo de alarma inmediata. Estas exposiciones han existido durante décadas y la investigación todavía debe avanzar para separar qué compuestos son más relevantes, cómo interactúan y qué efectos pueden producir en organismos completos.

Aun así, Abdul-Sater señaló que el problema debe pensarse desde la exposición crónica. Estos compuestos podrían aumentar la predisposición a desarrollar ciertos tipos de enfermedades, especialmente si contribuyen a procesos inflamatorios persistentes. El estudio no afirma que las mezclas de neumáticos causen por sí solas una enfermedad concreta, pero sí muestra una vía biológica plausible que merece más investigación.

La preocupación encaja con estudios previos sobre partículas inhalables y salud ambiental. La presencia de microplásticos en la atmósfera ya había abierto preguntas sobre inflamación, estrés oxidativo y posibles efectos respiratorios. La nueva investigación suma el componente químico de los aditivos del caucho y sus productos de transformación.

Una contaminación difícil de medir

Uno de los principales retos es que estas mezclas no pueden entenderse con una lógica simple de “un contaminante, un efecto”. Los productos atmosféricos derivados de 6PPD y DPPD pueden cambiar con el tiempo, reaccionar con oxidantes y formar combinaciones distintas según el lugar, el tráfico, la meteorología y la composición del aire.

Por eso, los investigadores consideran necesario avanzar en estudios que integren química atmosférica, toxicología celular y mediciones ambientales reales. La pregunta no es solo qué sale del neumático, sino qué ocurre con esos compuestos después de circular por el aire urbano y entrar en contacto con otras sustancias.

El estudio también muestra la importancia de revisar el polvo urbano como depósito de contaminantes. Investigaciones recientes ya han identificado que el polvo de las calles acumula aditivos plásticos, pesticidas, nicotina y residuos del tráfico, lo que convierte a las superficies urbanas en reservorios químicos dinámicos.

Lo que falta por investigar

El trabajo publicado en Environment International no cierra el debate sobre los riesgos sanitarios de los compuestos derivados de neumáticos. Lo abre con mayor precisión. Los investigadores identificaron mezclas, probaron sus efectos sobre macrófagos humanos y observaron respuestas inflamatorias y daño celular, pero todavía falta evaluar exposiciones prolongadas, diferencias entre ambientes urbanos y posibles efectos en poblaciones vulnerables.

La evidencia disponible apunta a una contaminación compleja, cotidiana y poco visible. No se trata únicamente de residuos que llegan a ríos o afectan a peces, sino de sustancias que pueden transformarse en el aire y entrar en contacto con el sistema respiratorio humano. Para las ciudades, la calidad del aire deberá considerar cada vez más las emisiones no procedentes del escape, especialmente en corredores viales de alta circulación.

Fuente(s) referenciales

Phys.org / York University: New study shows atmospheric compounds formed from tire wear may pose human health risk