Un modelo aplicado a la cuenca del río Yeongsan muestra que coordinar las extracciones y compensar a quienes reducen su consumo podría mejorar el abastecimiento aguas abajo y generar mayores beneficios económicos.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, en Estados Unidos, analizó cómo distribuir de manera más equilibrada el agua de un río durante períodos de sequía, utilizando como caso de estudio la cuenca del Yeongsan, en el suroeste de Corea del Sur. La investigación concluye que coordinar las extracciones entre usuarios situados en diferentes tramos del cauce podría reducir las desigualdades en el acceso al recurso y mejorar los beneficios económicos derivados de su utilización.
El trabajo, publicado en octubre de 2026 en la revista científica Water Resources Research, aborda una dificultad frecuente en la gestión de las cuencas hidrográficas: quienes se encuentran aguas arriba pueden disponer del recurso antes de que llegue a los agricultores, industrias y comunidades situados en los tramos inferiores.
Esta ventaja geográfica puede generar desequilibrios incluso cuando los distintos usuarios cumplen los límites de extracción establecidos por las autoridades. Durante una sequía, el problema se intensifica porque disminuye el caudal disponible y aumenta la competencia por el agua.
Los investigadores desarrollaron un modelo que compara diferentes estrategias de distribución y estudia si los beneficios obtenidos mediante una gestión coordinada serían suficientes para compensar a quienes aceptaran restricciones adicionales.
Los resultados sugieren que una cooperación bien diseñada podría generar aproximadamente cuatro millones de dólares adicionales en beneficios económicos dentro del escenario modelado. Sin embargo, los autores advierten que el resultado depende de las condiciones de disponibilidad hídrica y de los incentivos ofrecidos a los participantes.
La ubicación dentro del río condiciona el acceso al agua
Los sistemas fluviales conectan territorios y actividades económicas que dependen de una misma corriente de agua. A lo largo de su recorrido, un río puede abastecer explotaciones agrícolas, instalaciones industriales, poblaciones y ecosistemas naturales.
Cuando el caudal es suficiente, las necesidades de los distintos usuarios pueden cubrirse con menos conflictos. Durante una sequía prolongada, en cambio, las extracciones realizadas en la parte superior de una cuenca pueden limitar considerablemente la cantidad de agua disponible en los tramos inferiores.
El estudio parte de esta desigualdad espacial para examinar una pregunta concreta: cómo modificar las reglas de extracción de manera que el recurso se distribuya mejor sin provocar pérdidas económicas que hagan inviable la cooperación.
La cuestión adquiere relevancia ante el deterioro de las condiciones hidrológicas en diferentes regiones del planeta. Un balance reciente de la Organización Meteorológica Mundial identificó caudales excepcionalmente bajos en numerosos ríos durante 2025, una situación que aumenta la presión sobre los sistemas de abastecimiento y las actividades dependientes del agua dulce.
En este contexto, disponer de más información sobre las consecuencias de cada decisión de extracción puede ayudar a diseñar mecanismos de gestión que consideren la cuenca como un sistema conectado.
El río Yeongsan sirvió para comparar casi treinta años de condiciones
La investigación fue encabezada por Jiheun Kim, investigador doctoral de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, junto con otros especialistas que estudiaron el comportamiento de la cuenca del río Yeongsan.
Este sistema fluvial se encuentra en el suroeste de Corea del Sur y constituye un caso adecuado para analizar la interacción entre diferentes usuarios del agua a lo largo de un mismo cauce.
El equipo utilizó un modelo informático alimentado con datos correspondientes a casi treinta años. A partir de esa información, comparó las consecuencias de distintas reglas de extracción bajo condiciones variables de disponibilidad hídrica.
Uno de los escenarios representaba una situación en la que cada usuario podía retirar tanta agua como le permitieran sus autorizaciones, sin una coordinación adicional que tuviera en cuenta las necesidades de los sectores situados aguas abajo.
El segundo enfoque introducía restricciones progresivas vinculadas con la gravedad de la sequía.
En lugar de aplicar automáticamente el mismo recorte a todos los participantes, el sistema evaluaba la cantidad de agua disponible y modificaba las extracciones permitidas según la situación hidrológica y la posición de los usuarios.
De esta manera, los investigadores pudieron estudiar tanto la distribución del recurso como sus consecuencias económicas para agricultores y empresas.
Las restricciones aumentarían a medida que empeorara la sequía
El modelo proponía una estrategia de limitaciones graduales. Cuando disminuía la disponibilidad de agua, los usuarios de los tramos superiores y medios debían reducir progresivamente sus extracciones para conservar una mayor cantidad de caudal destinado a los sectores inferiores.
Durante las condiciones más severas, las reglas contemplaban incluso la prohibición de retirar agua.
Este mecanismo buscaba impedir que los primeros usuarios de la corriente agotaran una parte excesiva del recurso antes de que alcanzara otras zonas de la cuenca.
La propuesta no supone que todas las extracciones deban restringirse permanentemente ni que la distribución idéntica del agua sea siempre la solución más conveniente.
Por el contrario, el estudio examina cómo adaptar las limitaciones a las condiciones reales de escasez y a los efectos que esas decisiones producen sobre los distintos participantes.
Este enfoque guarda relación con otras estrategias de gestión hidrológica que consideran las características del territorio y las conexiones entre diferentes sectores de una cuenca. Por ejemplo, investigaciones sobre planificación de cuencas y medidas de retención de agua muestran la importancia de evaluar las intervenciones de manera conjunta, en lugar de tratarlas como actuaciones aisladas.
En el caso del Yeongsan, la prioridad fue determinar si la coordinación de las extracciones podía mejorar el resultado general sin trasladar todo el costo de la sequía a un grupo específico.
La cooperación generó beneficios adicionales en el modelo
Los resultados indicaron que las restricciones coordinadas podían aumentar los beneficios económicos totales asociados con la utilización del agua.
En el escenario estudiado, la mejora alcanzó aproximadamente cuatro millones de dólares.
Sin embargo, el incremento no se distribuyó de manera uniforme. Los usuarios situados aguas abajo obtuvieron ventajas al disponer de un suministro más favorable, mientras que algunos agricultores e industrias de los tramos superiores experimentaron pérdidas debido a las nuevas limitaciones.
Esta diferencia representa uno de los principales obstáculos para llevar el sistema a la práctica.
Un usuario que debe reducir su consumo puede perder oportunidades de producción o beneficios económicos. Aunque la medida favorezca al conjunto de la cuenca, ese participante podría considerar que asumir el costo no resulta conveniente.
Por ello, los investigadores analizaron mecanismos que permitieran utilizar parte de las ganancias adicionales para compensar a quienes aceptaran disminuir sus extracciones.
El estudio identificó diferentes estrategias capaces de generar beneficios suficientes para cubrir esas compensaciones bajo determinadas condiciones.
La propuesta plantea que la cooperación puede resultar más viable cuando las personas y empresas afectadas encuentran incentivos concretos para participar.
Las compensaciones económicas podrían facilitar los acuerdos
Entre los mecanismos considerados se encuentran las reducciones de tarifas por uso del agua y las ayudas económicas destinadas a usuarios que acepten restricciones durante períodos de sequía.
Estas medidas permitirían reconocer los costos asumidos por agricultores e industrias que renuncian temporalmente a una parte del recurso.
El objetivo no consiste simplemente en distribuir dinero, sino en crear condiciones para que la cooperación produzca ventajas suficientes y pueda mantenerse.
Los investigadores observaron que perseguir una distribución completamente igualitaria del agua no necesariamente generaba los mejores resultados.
Cuando las restricciones imponían cargas demasiado elevadas a determinados usuarios, los incentivos para cooperar disminuían.
Por ese motivo, las estrategias más favorables fueron aquellas que lograban combinar una distribución menos desigual con beneficios económicos suficientes para sostener los acuerdos.
La investigación destaca así una diferencia importante entre igualdad y viabilidad: una regla puede parecer equilibrada desde el punto de vista de los volúmenes distribuidos, pero resultar difícil de aplicar si algunos participantes soportan pérdidas que no están dispuestos a aceptar.
El diseño de compensaciones permitiría abordar esa dificultad, aunque su eficacia real dependería de las condiciones institucionales, los costos y las respuestas de los usuarios.
La escasez extrema puede reducir las posibilidades de cooperación
El equipo también examinó escenarios más exigentes, caracterizados por una mayor demanda de agua y una disminución de las liberaciones procedentes de embalses agrícolas.
Los resultados mostraron que, bajo esas circunstancias, mantener acuerdos beneficiosos para todos se volvía más complicado.
Cuando el recurso disponible disminuía considerablemente, algunas estrategias dejaban de producir ganancias suficientes para compensar a los usuarios obligados a reducir sus extracciones.
Esto significa que la coordinación puede mejorar el aprovechamiento del agua, pero no elimina los límites físicos impuestos por una sequía severa.
La capacidad de distribuir mejor el recurso depende de que exista un volumen suficiente para satisfacer, al menos parcialmente, las necesidades de los participantes.
La diferencia entre gestionar el agua disponible y recuperar las reservas agotadas también resulta importante. Un estudio desarrollado en Alemania examinó cómo las pequeñas cuencas podrían contribuir a reforzar las reservas subterráneas mediante el aprovechamiento de excedentes hídricos en períodos húmedos.
Ambas aproximaciones responden a problemas complementarios: una busca organizar mejor las extracciones durante la escasez y la otra estudia cómo almacenar agua para mejorar la disponibilidad futura.
El estudio todavía no demuestra que los usuarios aceptarían las medidas
Los autores reconocen que su investigación se basa en simulaciones informáticas y no en un ensayo de aplicación real con agricultores, empresas y autoridades de la cuenca.
Por tanto, los resultados no permiten asegurar que los participantes aceptarían las restricciones propuestas ni que las compensaciones económicas serían suficientes para modificar sus decisiones.
La implementación de un sistema semejante requeriría mecanismos confiables para medir las extracciones, reglas transparentes y acuerdos entre los diferentes usuarios del río.
También sería necesario definir quién financiaría las compensaciones, cómo se calcularían las pérdidas individuales y qué instituciones supervisarían el cumplimiento de los compromisos.
Estas dificultades podrían aumentar durante sequías prolongadas, especialmente cuando las reservas disponibles permanecen por debajo de las necesidades durante varios años consecutivos.
Los investigadores consideran necesario estudiar con mayor profundidad el comportamiento de los participantes ante distintas restricciones y determinar cómo podrían financiarse y administrarse los incentivos.
La aceptación social e institucional constituye, por tanto, una condición todavía pendiente de evaluación.
Gestionar una sequía también implica decidir quién recibe el agua
La principal aportación de la investigación es mostrar que los efectos de la sequía no dependen únicamente de la cantidad de agua disponible.
Las reglas que determinan quién puede extraer el recurso, cuándo puede hacerlo y bajo qué condiciones también influyen en la distribución de las pérdidas económicas.
En una cuenca donde los usuarios de los tramos superiores tienen acceso preferente al caudal, una gestión basada exclusivamente en límites individuales puede mantener desigualdades importantes durante los períodos de escasez.
El modelo aplicado al río Yeongsan indica que introducir restricciones coordinadas e incentivos económicos podría mejorar el resultado general, siempre que los beneficios adicionales sean suficientes para sostener la participación de los usuarios afectados.
Los hallazgos no constituyen una solución universal ni una garantía de éxito en otras cuencas. Cada sistema fluvial presenta condiciones hidrológicas, económicas e institucionales diferentes.
Sin embargo, ofrecen una base para investigar formas de gestión que integren la disponibilidad física del agua con los intereses de las comunidades y actividades que dependen de ella.
Ante una competencia creciente por los recursos hídricos, el estudio plantea que reducir el consumo es solo una parte de la respuesta. La manera en que se organiza el reparto puede determinar qué sectores soportan las mayores consecuencias de una sequía y cuáles disponen de mejores posibilidades de adaptación.
Fuentes referenciales:
Water Resources Research — Modeling Incentive-Driven Cooperation in Agricultural Water Use Under Unequal Withdrawal Condition
Phys.org — River model reveals how coordinated water sharing could ease drought’s unequal effects




