Un estudio internacional revela que las áreas protegidas de la zona Clarion-Clipperton están demasiado separadas para facilitar el intercambio de larvas marinas. La creación de corredores estratégicos podría multiplicar más de 400 veces su conectividad y mejorar la protección frente a la minería submarina.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Las 13 grandes reservas establecidas para proteger la biodiversidad de las profundidades del océano Pacífico podrían funcionar de manera mucho más eficaz si estuvieran conectadas mediante nuevos corredores de conservación. Una investigación dirigida por el Plymouth Marine Laboratory, en Reino Unido, concluye que las distancias actuales entre estas áreas dificultan el desplazamiento de larvas de organismos marinos, un proceso fundamental para mantener las poblaciones y favorecer su recuperación después de perturbaciones ambientales.
El estudio, publicado en octubre de 2026 en la revista Nature Ecology & Evolution, se concentró en la zona Clarion-Clipperton, una extensa región del Pacífico central situada a unos 5.000 metros de profundidad y considerada uno de los principales territorios de interés para la futura explotación minera de los fondos oceánicos.
Los investigadores descubrieron que, aunque las reservas abarcan casi dos millones de kilómetros cuadrados, sus ubicaciones actuales no garantizan una conexión ecológica suficiente. En las simulaciones, menos de dos de cada 10.000 larvas liberadas desde una reserva lograron alcanzar otra.
Sin embargo, al incorporar un número reducido de nuevas áreas protegidas en posiciones estratégicas, los modelos mostraron que sería posible conectar las 13 reservas y aumentar más de 400 veces el intercambio simulado de larvas entre ellas.
Un océano profundo dividido en reservas aisladas
La zona Clarion-Clipperton se extiende entre Hawái y México y posee una superficie comparable a la de Europa. Sus llanuras abisales albergan comunidades de invertebrados, microorganismos y peces adaptados a la oscuridad permanente, las bajas temperaturas y las enormes presiones del océano profundo.
En el fondo marino también se encuentran abundantes nódulos polimetálicos, acumulaciones minerales que contienen níquel, cobalto y otros metales utilizados en equipos electrónicos y diversas tecnologías industriales.
El interés económico por estos recursos ha impulsado la exploración minera. Según los datos recogidos por el equipo científico, más de 1,1 millones de kilómetros cuadrados de la región ya cuentan con licencias de exploración.
Para reducir los riesgos ambientales, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos estableció 13 Áreas de Especial Interés Ambiental, conocidas por sus siglas en inglés APEI, en las que no se permite la minería.
Estas áreas fueron seleccionadas principalmente para representar distintos tipos de hábitats del fondo oceánico. Sin embargo, la posibilidad de que los organismos se desplazaran entre unas reservas y otras no fue un criterio central de su distribución.
La nueva investigación muestra que esa diferencia puede ser decisiva. Proteger superficies extensas no garantiza necesariamente que las poblaciones de animales que viven en ellas mantengan conexiones suficientes para intercambiar individuos o contribuir a la recuperación de otras zonas.
Esta preocupación se relaciona con el valor ecológico de la biodiversidad todavía desconocida de las llanuras abisales del Pacífico, donde numerosas especies han sido identificadas durante expediciones científicas recientes.
Las larvas recorren distancias menores de lo esperado
El equipo internacional utilizó modelos informáticos de circulación oceánica para reconstruir las trayectorias que podrían seguir las larvas transportadas por las corrientes próximas al fondo marino.
Estas primeras etapas de vida son importantes porque muchos invertebrados marinos dependen de la dispersión larvaria para colonizar nuevos espacios y mantener el intercambio entre poblaciones.
En las simulaciones se consideraron períodos de dispersión de 19, 35 y 69 días, así como diferentes condiciones de circulación correspondientes a enero y julio de 2019 y 2023.
Los resultados mostraron que incluso las larvas capaces de permanecer a la deriva durante más de dos meses normalmente recorrían menos de 100 kilómetros.
La distancia entre las reservas existentes, en cambio, oscila aproximadamente entre 200 y 800 kilómetros.
Esta separación explica por qué el intercambio simulado resultó extremadamente limitado. Menos de dos de cada 10.000 larvas liberadas desde una reserva alcanzaron otra área protegida.
Molly James, investigadora del Plymouth Marine Laboratory y autora principal del trabajo, explicó que las reservas están distribuidas por una gran extensión oceánica, pero presentan separaciones importantes que impiden que funcionen como una red ecológicamente conectada.
Los resultados indican que muchas de las áreas actuales operan, desde el punto de vista del transporte larvario, como espacios de conservación relativamente independientes.
Nuevos corredores podrían multiplicar la conectividad por más de 400
Después de evaluar la situación actual, los investigadores utilizaron los mismos modelos para localizar sectores donde podrían establecerse nuevas áreas de protección.
La propuesta no consiste en ampliar indiscriminadamente todas las reservas, sino en identificar puntos estratégicos capaces de facilitar el desplazamiento de larvas entre ellas.
Los resultados fueron especialmente significativos: un número reducido de nuevas áreas, situadas principalmente fuera de las zonas que ya cuentan con concesiones de exploración minera, permitiría conectar las 13 reservas existentes.
En ese escenario, el intercambio larvario simulado entre áreas protegidas aumentó más de 400 veces respecto de la configuración actual.
Los modelos también evaluaron qué ocurriría si la minería alterara las poblaciones de organismos en sectores autorizados para exploración.
En la situación actual, las reservas aportarían solamente una pequeña parte de las larvas necesarias para favorecer la recolonización de esas zonas. La mayor contribución procedería de áreas próximas que no cuentan con protección legal.
Con los corredores propuestos, la aportación simulada de las áreas protegidas a la recuperación de sectores afectados casi se duplicaría.
Los investigadores consideran que esta mejora podría fortalecer la capacidad de conservación de la red, aunque advierten que el resultado procede de simulaciones y todavía necesita confirmación mediante observaciones directas.
La minería submarina amenaza ecosistemas de recuperación lenta
La importancia de la conectividad aumenta ante la posibilidad de que comiencen operaciones comerciales de minería en aguas profundas.
Los vehículos destinados a recolectar nódulos polimetálicos podrían alterar directamente el fondo marino, remover sedimentos y afectar a organismos que viven sobre las rocas o dentro de los depósitos sedimentarios.
Los nódulos también constituyen superficies sólidas utilizadas por esponjas, corales y otros organismos en un entorno dominado por sedimentos blandos.
Su extracción, por tanto, no supondría únicamente la retirada de minerales, sino también la eliminación de estructuras que funcionan como hábitats.
Las consecuencias de estas perturbaciones ya han sido objeto de investigaciones experimentales. Un estudio sobre el impacto de una máquina minera en la biodiversidad de aguas profundas registró una reducción del 37 % en la abundancia de macrofauna presente en los sedimentos directamente afectados por sus huellas.
La recuperación de estos ambientes puede ser particularmente lenta debido a las bajas temperaturas, las limitaciones de alimento y las características de los organismos adaptados a grandes profundidades.
Por esa razón, los autores del nuevo trabajo consideran importante diseñar las áreas protegidas antes de que las actividades industriales provoquen alteraciones extensas.
Las corrientes marinas ofrecen una herramienta para planificar la conservación
Uno de los aspectos más relevantes de la investigación es que utiliza información sobre circulación oceánica para estudiar la conectividad entre reservas.
En las profundidades marinas, obtener datos biológicos suele ser difícil y costoso. Las expediciones requieren embarcaciones especializadas, vehículos submarinos y equipos capaces de operar bajo presiones extremas.
Los modelos de corrientes permiten explorar posibles rutas de dispersión sin depender exclusivamente de campañas de muestreo biológico en toda la región.
El estudio fue desarrollado por especialistas del Plymouth Marine Laboratory, el National Oceanography Centre, la Universidad de Plymouth, la Universidad de Aarhus y el Joint Nature Conservation Committee.
Kerry Howell, investigadora principal del trabajo y responsable del área de biodiversidad oceánica del Plymouth Marine Laboratory, señaló que la red actual carece de coherencia ecológica suficiente y que los corredores propuestos podrían convertirla en un sistema teóricamente más eficaz.
La estrategia también podría aplicarse en otras regiones oceánicas donde existen áreas protegidas separadas por grandes distancias y todavía se dispone de poca información sobre las conexiones entre poblaciones.
Este enfoque complementa los esfuerzos por mejorar el conocimiento espacial de los océanos mediante herramientas que integran información sobre batimetría, condiciones marinas y actividades humanas.
La conectividad simulada todavía debe comprobarse en el océano
Los investigadores reconocen una limitación importante: sus modelos describen la posibilidad física de que las larvas sean transportadas por las corrientes, pero no demuestran que los organismos realmente completen esos desplazamientos ni que las poblaciones intercambien genes.
Tampoco permiten asegurar que una zona afectada por la minería se recuperaría simplemente porque recibiera nuevas larvas.
Para que ocurra una recolonización efectiva, los organismos deben llegar vivos, encontrar condiciones adecuadas para establecerse y completar su desarrollo.
La recuperación también depende del estado del hábitat después de la perturbación, de la disponibilidad de alimento y de las interacciones entre especies.
Por eso, el equipo propone realizar nuevas investigaciones de campo, medir directamente las corrientes próximas al fondo y obtener muestras genéticas de organismos presentes en las áreas consideradas para protección.
Estas observaciones permitirían determinar si las conexiones previstas por los modelos corresponden a intercambios biológicos reales.
La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos estudia nuevas medidas
La investigación aparece en un momento en que la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos examina cómo reforzar la protección ambiental de la zona Clarion-Clipperton antes de posibles autorizaciones de explotación minera.
El organismo administra los recursos minerales de los fondos marinos internacionales conforme al marco jurídico establecido por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
El debate sobre la minería submarina enfrenta el interés por obtener minerales utilizados en tecnologías industriales con la necesidad de conservar ecosistemas que todavía no han sido suficientemente estudiados.
La discusión también afecta a las comunidades del Pacífico, donde autoridades y representantes de territorios insulares han expresado preocupaciones por los proyectos de exploración minera y sus posibles consecuencias ambientales y económicas.
Los autores del nuevo estudio sostienen que la configuración de las áreas protegidas debería considerar no solamente la diversidad de hábitats, sino también las posibilidades de conexión entre poblaciones.
La propuesta ofrece una alternativa de planificación basada en la circulación oceánica, con la posibilidad de mejorar la protección mediante intervenciones relativamente limitadas y cuidadosamente seleccionadas.
Una red de reservas conectadas podría reforzar la protección del Pacífico profundo
El principal resultado de la investigación es que la distribución espacial de las reservas puede ser tan importante como su superficie total.
Las 13 áreas protegidas de la zona Clarion-Clipperton cubren casi dos millones de kilómetros cuadrados, pero la distancia entre ellas limita el intercambio larvario simulado.
La incorporación de corredores estratégicos permitiría reducir esa fragmentación y aumentar notablemente las posibilidades de transporte de organismos entre sectores protegidos.
Los resultados todavía deben contrastarse mediante mediciones oceanográficas y estudios genéticos, pero ofrecen una base científica para revisar el diseño de la red antes de que se intensifiquen las actividades mineras.
La investigación también destaca la importancia de conservar zonas capaces de actuar como fuentes de recolonización, especialmente en ambientes donde los procesos de recuperación pueden desarrollarse durante períodos muy prolongados.
En una región del Pacífico donde coinciden una extraordinaria biodiversidad poco conocida y grandes intereses minerales, la planificación de corredores ecológicos podría convertirse en una herramienta importante para fortalecer la conservación del océano profundo.
Fuentes referenciales:
Nature Ecology & Evolution — Dispersal corridors enhance modelled near-bed larval connectivity across deep-sea protected area networks (2026)
Plymouth Marine Laboratory / Phys.org — Strategic new protections could link 13 Pacific deep-sea reserves into connected network (23 de octubre de 2026)




