Un estudio advierte que el calentamiento global reduce el oxígeno disuelto en los ríos y aumenta el riesgo para los ecosistemas tropicales
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Los ríos del planeta están perdiendo oxígeno de forma sostenida y silenciosa. Un estudio publicado en Science Advances advierte que la desoxigenación de los ecosistemas fluviales ya afecta a cuencas de distintas regiones del mundo y que los ríos tropicales aparecen entre los más vulnerables.
El oxígeno disuelto es esencial para peces, invertebrados, microorganismos y redes tróficas completas. Cuando sus niveles caen demasiado, pueden aparecer episodios de hipoxia, una condición que limita la vida acuática y altera procesos ecológicos básicos.
La investigación fue liderada por Kun Shi y analizó cómo el calentamiento global modifica la capacidad de los ríos para sostener oxígeno. El resultado principal es claro: el aumento de temperatura reduce la solubilidad del oxígeno en el agua y debilita la salud de ecosistemas que ya enfrentan contaminación, represas, cambios de uso del suelo y alteraciones del caudal.
El calor reduce el oxígeno disponible
El mecanismo físico es directo. El agua cálida retiene menos oxígeno que el agua fría. A medida que la temperatura de los ríos aumenta, disminuye la cantidad de oxígeno disponible para los organismos acuáticos.
El estudio atribuye el 62,7% de la pérdida observada a la reducción de la solubilidad del oxígeno causada por el calentamiento climático. Esta cifra muestra que el cambio de temperatura no es un factor secundario, sino el principal motor de la desoxigenación fluvial.
Este proceso ya había sido documentado en investigaciones sobre pérdida de oxígeno en ríos tropicales, donde se explica que las aguas cálidas parten de condiciones más sensibles y tienen menor margen de recuperación.
Los ríos tropicales enfrentan mayor riesgo
Los ríos tropicales son especialmente vulnerables porque suelen operar cerca de límites térmicos y biológicos más estrechos. Si el agua ya es cálida, un incremento adicional puede reducir con rapidez el oxígeno disponible y afectar especies adaptadas a condiciones específicas.
En estas regiones, la presión climática se combina con deforestación, descargas urbanas, agricultura, minería, represas y cambios en el uso del suelo. Esa combinación puede elevar la carga orgánica, modificar el flujo del agua y aumentar la demanda biológica de oxígeno.
La pérdida de oxígeno puede alterar cadenas alimentarias, reducir poblaciones de peces y afectar servicios ecosistémicos que dependen de ríos sanos. Para muchas comunidades, estos sistemas no solo son hábitats naturales, sino fuentes de agua, pesca, transporte, cultura y economía local.
El metabolismo del ecosistema también influye
La investigación no limita la explicación al aumento de temperatura. El metabolismo del ecosistema, influido por variables como temperatura, luz y flujo del agua, aportó un 12% de la desoxigenación observada.
Esto significa que los ríos responden como sistemas vivos. La fotosíntesis, la respiración de organismos, la descomposición de materia orgánica y la dinámica del caudal modifican el equilibrio del oxígeno disponible.
Cuando el calor coincide con menor caudal, exceso de nutrientes o contaminación, el riesgo aumenta. En esos escenarios, las algas y microorganismos pueden consumir más oxígeno durante la descomposición, generando condiciones difíciles para peces y otros organismos acuáticos.
Sequías, inundaciones y calidad del agua
El cambio climático también afecta la calidad del agua mediante eventos extremos. Las sequías reducen el volumen disponible para diluir contaminantes, mientras las tormentas e inundaciones pueden arrastrar sedimentos, fertilizantes, residuos urbanos y microorganismos hacia ríos y arroyos.
Un análisis global sobre calidad del agua en ríos durante extremos climáticos mostró que las sequías y olas de calor deterioran la calidad del agua en la mayoría de los casos analizados, mientras tormentas e inundaciones también generan impactos frecuentes.
La desoxigenación se vuelve entonces parte de un problema mayor. No se trata solo de agua más caliente, sino de ríos sometidos a múltiples presiones simultáneas: menos caudal, más contaminación, mayor temperatura y menor capacidad de recuperación ecológica.
Represas y cambios humanos agravan la presión
Las represas, la canalización de ríos y los cambios en el uso del suelo pueden modificar la velocidad del agua, la mezcla vertical, la temperatura y la disponibilidad de hábitats. Cuando el flujo se vuelve más lento o fragmentado, algunas zonas pueden calentarse más y perder oxígeno con mayor facilidad.
La urbanización y la agricultura también aumentan la entrada de nutrientes y materia orgánica. Ese aporte puede acelerar procesos de eutrofización, proliferación de algas y consumo de oxígeno durante la descomposición.
En paralelo, la restauración de cuencas aparece como una herramienta importante. Experiencias sobre restauración de cuencas fluviales muestran que recuperar humedales, suelos, vegetación ribereña y antiguos cauces puede ayudar a regular caudales y reducir riesgos asociados a sequías e inundaciones.
Una amenaza silenciosa para la biodiversidad
La caída del oxígeno disuelto puede pasar inadvertida porque no siempre produce señales visibles inmediatas. Un río puede parecer estable en superficie mientras debajo se reducen las condiciones necesarias para sostener vida acuática diversa.
Cuando los niveles bajan demasiado, los peces pueden desplazarse, enfermar o morir. Los invertebrados sensibles desaparecen primero, las redes alimentarias se simplifican y algunas especies tolerantes a condiciones pobres ganan espacio.
El problema también puede afectar la seguridad hídrica. La salud de los ríos influye en la disponibilidad de agua limpia, pesca, recreación, biodiversidad y capacidad de los ecosistemas para amortiguar impactos climáticos. Por eso, la desoxigenación no es solo una señal ecológica: también es un indicador de riesgo para la gestión del agua dulce.
Monitorear mejor para actuar antes
El estudio refuerza la necesidad de ampliar la vigilancia de los ríos, especialmente en regiones tropicales y países donde faltan series de datos de largo plazo. Medir temperatura, caudal, oxígeno disuelto, nutrientes y contaminantes permite detectar tendencias antes de que los daños sean irreversibles.
La gestión futura de los ríos tendrá que combinar reducción de emisiones, control de contaminantes, restauración de riberas, protección de caudales ecológicos y adaptación frente a eventos extremos. Sin esas medidas, el calentamiento puede seguir reduciendo el oxígeno disponible y debilitando ecosistemas fluviales enteros.
La desoxigenación de los ríos muestra una dimensión menos visible del cambio climático. No siempre llega como inundación, sequía o tormenta; a veces ocurre como una pérdida gradual de condiciones vitales dentro del agua. Ese cambio silencioso puede definir el futuro de peces, comunidades ribereñas y ecosistemas de agua dulce en todo el planeta.
Fuente(s) referenciales
Infobae: Cómo el cambio climático está asfixiando en silencio los ríos de todo el planeta
