El análisis de un sílex carbonoso del cratón de Singhbhum identificó capas de materia orgánica y una firma isotópica compatible con actividad microbiana en la Tierra primitiva
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
Un equipo internacional de investigadores identificó en el este de India una roca de aproximadamente 3.500 millones de años que podría preservar evidencias de algunas de las primeras comunidades microbianas de la Tierra. La muestra procede del cratón de Singhbhum, una región geológica que conserva materiales formados durante las etapas iniciales del planeta.
La investigación, publicada el 18 de agosto de 2026 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, examinó un sílex o chert rico en carbono y organizado en capas. Los autores interpretan su estructura y composición química como los restos de una antigua capa microbiana depositada durante el eón Paleoarcaico.
El trabajo fue encabezado por Trisrota Chaudhuri y T. Mark Harrison. Su importancia radica en que el equipo no solo estudió la materia carbonosa, sino que también fechó cristales de circón asociados con la formación de la roca, lo que permitió vincular directamente la posible señal biológica con una edad geológica precisa.
Capas de carbono entre sedimentos ricos en cuarzo
El chert analizado presenta láminas de tamaño inferior a un milímetro en las que se alternan materia carbonosa y sedimentos dominados por cuarzo. Esa organización es compatible con la acumulación de una comunidad de microorganismos sobre una superficie antigua, aunque la forma original de los organismos no se haya conservado como un fósil convencional.
Las capas microbianas se forman cuando comunidades de organismos diminutos crecen sobre sedimentos y retienen partículas del entorno. Con el paso del tiempo, la acumulación puede quedar enterrada, mineralizarse y convertirse en roca. En muestras tan antiguas, el calor, la presión y las transformaciones geológicas suelen borrar gran parte de las características iniciales.
Por esa razón, los científicos no se apoyaron únicamente en la apariencia de las láminas. Combinaron observaciones microscópicas, relaciones estratigráficas, datación de minerales y análisis de isótopos de carbono para evaluar si el material orgánico podía tener un origen biológico.
Otros terrenos arcaicos han proporcionado registros comparables. Las rocas del cratón de Pilbara y sus evidencias de vida temprana, en Australia Occidental, constituyen uno de los principales referentes para investigar los ambientes donde prosperaron las primeras comunidades microbianas.
Los circones sitúan la roca en el Paleoarcaico
Dentro del chert se encontraron cristales de circón que los investigadores interpretan como materiales volcánicos depositados aproximadamente al mismo tiempo que los sedimentos. Estos minerales contienen uranio que se transforma gradualmente en plomo y funciona como un reloj geológico.
El estudio de las proporciones isotópicas de uranio y plomo permitió establecer una edad aproximada de 3.497 millones de años. La presencia de los circones dentro de la secuencia sedimentaria ofrece una referencia temporal más directa que la obtenida únicamente a partir de rocas situadas por encima o por debajo del material carbonoso.
El cratón de Singhbhum es uno de los núcleos continentales más antiguos conservados en India. Sus rocas registran procesos geológicos que se remontan a una época en la que la corteza, los océanos y la atmósfera terrestre eran muy diferentes de los actuales.
Estudios realizados en otros cratones han documentado que el planeta ya experimentaba desplazamientos de bloques de corteza hace alrededor de 3.500 millones de años. Estas investigaciones sobre los primeros movimientos conocidos de las placas terrestres ayudan a reconstruir el contexto geológico en el que pudieron desarrollarse los microorganismos primitivos.
Una firma de carbono compatible con actividad biológica
Los seres vivos utilizan preferentemente determinadas variantes estables del carbono durante sus procesos metabólicos. Esa selección puede dejar una proporción isotópica característica en la materia orgánica, incluso después de que los organismos y sus estructuras celulares hayan desaparecido.
La composición isotópica encontrada en la roca de Singhbhum coincide, según los autores, con un origen biológico y con procesos metabólicos relativamente desarrollados para esa etapa de la historia terrestre. La combinación de esta señal química con las capas carbonosas sustenta la interpretación de una antigua comunidad microbiana.
Los investigadores consideran que la muestra se encuentra entre las manifestaciones más antiguas conocidas de materia orgánica producida por seres vivos. También sostienen que podría ser la roca más antigua fechada directamente que contiene una biofirma confirmada mediante varios indicadores convergentes.
La formulación requiere prudencia: una biofirma es una característica química, mineralógica o estructural que puede haber sido producida por organismos, pero su interpretación debe descartar procesos no biológicos capaces de generar señales semejantes. La discusión sobre las evidencias más antiguas de vida continúa abierta porque las rocas han atravesado miles de millones de años de alteraciones.
Qué revela el hallazgo sobre la Tierra primitiva
Si la interpretación es correcta, los resultados indican que procesos biológicos importantes ya funcionaban hace unos 3.500 millones de años. Esto situaría comunidades microbianas organizadas relativamente cerca del comienzo del registro sedimentario conservado, aunque no determina cuándo apareció el primer organismo.
La Tierra se formó hace aproximadamente 4.500 millones de años. Entre ese momento y la edad de la roca de Singhbhum transcurrió alrededor de una cuarta parte de la historia del planeta, un periodo del que quedan pocos materiales bien preservados debido al reciclaje continuo de la corteza.
La rapidez con la que los microorganismos pueden ocupar superficies minerales también se observa en ambientes modernos. Investigaciones sobre la colonización microbiana de lava recientemente enfriada muestran cómo la vida aprovecha nuevos sustratos geológicos, aunque esos procesos actuales no sean equivalentes a los de la Tierra arcaica.
Una referencia para buscar vida fuera de la Tierra
El estudio puede ayudar a definir qué tipos de rocas y combinaciones de señales deben examinarse en la búsqueda de vida antigua en otros mundos. El chert es especialmente valioso porque la sílice puede encapsular y conservar materia carbonosa durante periodos extremadamente prolongados.
Los investigadores de Marte y de otros cuerpos rocosos buscan minerales sedimentarios que hayan interactuado con agua y protegido compuestos orgánicos. La experiencia acumulada mediante la geofísica planetaria y la búsqueda de ambientes habitables permite seleccionar lugares donde las biofirmas tendrían mayores posibilidades de sobrevivir.
El hallazgo de Singhbhum no demuestra que exista vida fuera de nuestro planeta. Su aportación consiste en mostrar que una señal biológica muy antigua puede permanecer asociada con minerales fechables y estructuras sedimentarias reconocibles, proporcionando un modelo para evaluar futuras muestras terrestres y planetarias.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Proceedings of the National Academy of Sciences
