Investigadores de la Universidad de Bristol advierten que un episodio extremo podría generar impactos simultáneos sobre salud, alimentos, agua, infraestructura y economías, y proponen preparar desde ahora sistemas de respuesta coordinados
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Un grupo internacional de investigadores encabezado por científicos de la Universidad de Bristol, en Reino Unido, propone cinco medidas prioritarias para preparar al mundo frente a la posibilidad de futuros episodios extremos de El Niño, capaces de provocar impactos simultáneos sobre la salud, la producción de alimentos, el suministro de agua, las infraestructuras y las economías de numerosos países.
La propuesta, publicada en The Lancet, parte de una preocupación concreta: el calentamiento global puede modificar los riesgos asociados a El Niño y aumentar las consecuencias de episodios particularmente intensos. Los autores utilizan el concepto de “Super El Niño” para analizar un escenario de gran magnitud y sostienen que la preparación no debería comenzar cuando el fenómeno ya está plenamente desarrollado.
El planteamiento adquiere relevancia después del episodio de 2023-2024, cuando diferentes regiones sufrieron temperaturas extraordinarias, sequías, inundaciones y otros extremos climáticos. Un estudio reciente encontró que aproximadamente el 75 % de los bosques tropicales experimentó simultáneamente calor y sequía extremos durante ese El Niño, mostrando la capacidad del fenómeno para coincidir con perturbaciones ambientales a escala planetaria.
El Niño puede desencadenar impactos muy diferentes entre regiones
El Niño forma parte del ciclo natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), originado por cambios en las temperaturas del Pacífico tropical y en la circulación atmosférica. Sus efectos se transmiten mucho más allá del océano Pacífico y pueden alterar patrones de lluvia y temperatura en diferentes continentes.
No todos los episodios producen las mismas consecuencias. La intensidad, duración y distribución de las anomalías oceánicas influyen en las respuestas atmosféricas, mientras que las condiciones locales determinan qué poblaciones y sectores resultan más vulnerables.
En algunas regiones, El Niño está relacionado con sequías y temperaturas elevadas; en otras puede favorecer lluvias intensas e inundaciones. Los efectos pueden alcanzar la agricultura, los recursos hídricos, los incendios forestales, la seguridad alimentaria y diferentes enfermedades sensibles a las condiciones meteorológicas.
La interacción entre el fenómeno natural y el calentamiento de fondo constituye una preocupación creciente. El episodio de 2023-2024, por ejemplo, se desarrolló sobre temperaturas globales excepcionalmente altas, aumentando la exposición de numerosos ecosistemas y comunidades a extremos simultáneos.
Primera medida: reforzar la vigilancia y las alertas tempranas
La primera prioridad planteada por los investigadores consiste en fortalecer los sistemas de observación, predicción y alerta temprana. El objetivo es aprovechar los meses de anticipación que pueden ofrecer los pronósticos de ENSO para activar medidas preventivas antes de que aparezcan los impactos más graves.
La vigilancia debe combinar información oceánica y atmosférica con indicadores relacionados con salud, agricultura, agua y seguridad alimentaria. De esta forma, una señal climática puede convertirse en una herramienta operativa para hospitales, gobiernos, agricultores, organismos humanitarios y sistemas de protección civil.
Las alertas son especialmente importantes cuando las lluvias extremas amenazan zonas urbanas. Episodios recientes han demostrado que precipitaciones concentradas en pocos días pueden superar rápidamente los sistemas de drenaje de grandes ciudades, multiplicando los daños cuando la infraestructura y la población no disponen de suficiente tiempo para prepararse.
Segunda medida: anticipar los riesgos para la salud
El segundo eje consiste en incorporar explícitamente la salud pública dentro de los planes de preparación frente a El Niño. Los cambios de temperatura y precipitación pueden modificar las condiciones que favorecen determinadas enfermedades infecciosas, además de aumentar los riesgos asociados al calor, la calidad del agua, la contaminación atmosférica y la inseguridad alimentaria.
Los autores plantean que los sistemas sanitarios deben utilizar las previsiones climáticas para anticipar necesidades de personal, medicamentos, vigilancia epidemiológica y capacidad hospitalaria. La planificación puede resultar especialmente importante en regiones donde un mismo episodio genera simultáneamente calor extremo, incendios, sequía o inundaciones.
La dimensión sanitaria también incluye efectos indirectos. La pérdida de cosechas, los daños a infraestructuras o la interrupción del suministro de agua potable pueden desencadenar problemas nutricionales, desplazamientos de población y dificultades para mantener servicios esenciales.
Tercera medida: proteger alimentos y suministro de agua
La tercera recomendación se concentra en la seguridad alimentaria y los recursos hídricos. Las alteraciones de las lluvias vinculadas a El Niño pueden reducir la producción agrícola en unas regiones y provocar pérdidas por exceso de agua en otras.
Los gobiernos y organismos internacionales pueden utilizar las predicciones estacionales para anticipar reservas de alimentos, ajustar decisiones agrícolas, proteger fuentes de agua y preparar mecanismos de asistencia antes de que las pérdidas se conviertan en una crisis humanitaria.
La vulnerabilidad aumenta cuando los extremos duran varios meses. Durante el reciente El Niño, extensas áreas tropicales experimentaron déficits prolongados de precipitación junto con temperaturas excepcionalmente elevadas, condiciones capaces de aumentar la presión sobre los ecosistemas y las comunidades dependientes de ellos.
El problema puede prolongarse más allá de un episodio concreto. Investigaciones sobre la Amazonía han mostrado que las estaciones secas se están alargando en diferentes sectores del bosque tropical, aumentando la importancia de integrar tendencias climáticas de largo plazo con la preparación frente a la variabilidad de ENSO.
Cuarta medida: preparar infraestructuras y mecanismos financieros
La cuarta línea de actuación consiste en aumentar la resiliencia de infraestructuras críticas y disponer de financiación antes de que ocurra la emergencia. Carreteras, redes eléctricas, hospitales, sistemas de agua y saneamiento y otras instalaciones pueden quedar expuestos a inundaciones, tormentas, incendios o sequías.
La preparación anticipada puede incluir mantenimiento preventivo, protección de instalaciones vulnerables, reservas de suministros y fondos que puedan activarse rápidamente cuando las previsiones indiquen un riesgo elevado.
Los investigadores destacan que esperar hasta que los daños se materialicen puede elevar los costes humanos y económicos. Los mecanismos de financiación anticipatoria permiten movilizar recursos utilizando pronósticos y umbrales de riesgo en lugar de depender exclusivamente de declaraciones de emergencia posteriores al desastre.
En las zonas costeras, esta planificación debe considerar amenazas que pueden actuar simultáneamente. El aumento del nivel del mar modifica progresivamente la exposición de las comunidades a inundaciones, por lo que los episodios meteorológicos extremos pueden producir impactos sobre una línea de base cada vez más elevada.
Quinta medida: coordinar una respuesta internacional
La quinta propuesta busca fortalecer la coordinación entre países, instituciones científicas, organismos sanitarios y agencias humanitarias. El Niño es un fenómeno global cuyos impactos pueden aparecer simultáneamente en regiones muy alejadas entre sí, generando competencia por alimentos, financiación y capacidad de respuesta.
Los autores consideran necesario compartir datos, predicciones y evaluaciones de riesgo para identificar con anticipación los lugares donde pueden concentrarse las mayores necesidades. Esta coordinación permitiría preparar recursos antes de que diferentes crisis regionales comiencen a desarrollarse al mismo tiempo.
El enfoque también reconoce que los países no parten de las mismas condiciones. La capacidad de adaptación depende de la calidad de las infraestructuras, los sistemas sanitarios, los recursos financieros, las redes de protección social y el acceso a información climática fiable.
Un “Super El Niño” no es una predicción inmediata
La propuesta no afirma que un “Super El Niño” vaya a producirse de manera inminente ni establece una fecha para el próximo episodio de gran intensidad. El planteamiento utiliza un escenario extremo para identificar vulnerabilidades y definir medidas que también resultarían útiles frente a eventos menos severos.
Esta distinción es importante porque ENSO presenta una elevada variabilidad natural y todavía existen límites en la capacidad para anticipar con mucha antelación la intensidad exacta de un episodio futuro. Las previsiones se vuelven progresivamente más fiables a medida que se aproxima el posible desarrollo del fenómeno.
Al mismo tiempo, el calentamiento global está modificando las condiciones sobre las que actúa esa variabilidad natural. Los extremos vinculados a un episodio de El Niño ya no ocurren en el mismo contexto térmico que hace varias décadas.
La combinación de variabilidad natural y calentamiento antropogénico puede aumentar la gravedad de determinados impactos. Un ejemplo reciente aparece en los bosques tropicales, donde el episodio de 2023-2024 proporcionó a los científicos una referencia de cómo condiciones excepcionalmente cálidas y secas podrían hacerse mucho más frecuentes durante las próximas décadas.
Prepararse antes del desastre cambia el enfoque de la respuesta
Las cinco líneas propuestas comparten una misma idea: utilizar la información climática disponible para pasar de una respuesta predominantemente reactiva a otra preventiva. La capacidad de anticipar ENSO con meses de margen ofrece una oportunidad poco habitual entre los grandes riesgos naturales.
Ese tiempo puede utilizarse para reforzar sistemas sanitarios, proteger reservas de agua y alimentos, preparar infraestructuras, movilizar financiación y advertir a las poblaciones expuestas. La utilidad de las predicciones depende, sin embargo, de que la información científica esté conectada con decisiones concretas.
Los investigadores sostienen que la preparación frente a futuros episodios extremos requiere considerar conjuntamente clima, salud, alimentación, economía e infraestructura. Un gran El Niño no constituye únicamente una anomalía del océano Pacífico: sus teleconexiones pueden desencadenar perturbaciones simultáneas en distintos sistemas humanos y naturales.
La propuesta publicada en The Lancet busca precisamente que esas conexiones se incorporen a la planificación antes del próximo gran episodio. En un planeta más cálido, la prevención puede determinar cuánto de un fenómeno climático inevitable termina convirtiéndose en una emergencia sanitaria, social y económica.
Fuentes referenciales:
Infobae — Super El Niño: las 5 medidas urgentes que proponen científicos climáticos para preparar al mundo
The Lancet
University of Bristol




