El impacto del cambio climático en la cuenca subglacial de Wilkes en la Antártida Oriental podría causar un aumento global de tres o cuatro metros del nivel del mar.

Barcelona, 30 de septiembre de 2026. Un equipo internacional alerta de la urgencia de estudiar la región más desconocida de la Antártida, que contiene suficiente hielo para elevar el nivel medio global del mar entre tres y cuatro metros. Se trata de la cuenca subglacial de Wilkes, una de las zonas de la Antártida Oriental más vulnerables a los efectos del cambio climático, pero la menos explorada hasta hoy. Para calibrar el riesgo climático oculto bajo el hielo en la Antártida Oriental, la comunidad científica tendría que poder responder las incógnitas más básicas: ¿está llegando el agua cálida del océano a los glaciares?, ¿qué forma tiene la cartografía marina oculta bajo el hielo?, ¿está cercano el límite del calentamiento que podría causar un retroceso del hielo a gran escala?
Estas son las cuestiones que aborda un artículo de la revista Nature Reviews Earth & Environment firmado por expertos de catorce países y en el que participa el investigador Dimitris Evangelinos, del Grupo de Investigación en Geociencias Marinas (Gmar) de la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Barcelona.
El estudio, dirigido por Matt King, del Centro Australiano de Excelencia en Ciencias Antárticas (ACEAS) y la Universidad de Tasmania, revisa los hallazgos de la geología, la oceanografía, la climatología, las observaciones satelitales y la modelización de la capa de hielo para evaluar el grado de conocimiento actual sobre esta vasta cuenca cubierta de hielo.
Quizás el último lugar inexplorado de la Antártida
«La cuenca subglacial de Wilkes es, posiblemente, el último lugar inexplorado de la Antártida», afirma el profesor King, primer autor del artículo. «Ningún barco se ha acercado jamás a menos de 150 kilómetros del frente de uno de los glaciares clave, el glaciar Cook. No existen datos de cartografía in situ del fondo marino y contamos con información muy limitada sobre las condiciones oceánicas que podrían provocar un futuro deshielo».
La cuenca subglacial de Wilkes abarca aproximadamente 1.400 kilómetros por 400 kilómetros y cuenta con una capa de hielo asentada sobre un lecho rocoso a más de 2.000 metros bajo el nivel del mar. «Gran parte de la plataforma continental frente a la cuenca está cubierta por hielo marino durante gran parte del año y en algunas zonas es excepcionalmente grueso», apunta Evangelinos, miembro del Departamento de Dinámica de la Tierra y del Océano de la UB.
Según diferentes modelos de proyecciones, «si el retroceso supera determinados puntos de estabilización del lecho rocoso, este podría acelerarse y alcanzar velocidades de hasta aproximadamente un kilómetro por año», advierte el investigador. «Los modelos también indican que durante este siglo se podrían alcanzar condiciones que comprometan cambios en la capa de hielo que continuarían desarrollándose durante miles de años».
Las características de la cuenca podrían hacer que la capa de hielo sea particularmente vulnerable al deshielo y retroceso provocados por el océano. «El lecho rocoso de esta cuenca presenta una pendiente retrógrada: es decir, en lugar de volverse menos profundo progresivamente hacia el interior del continente, se hace más profundo. Esta geometría puede favorecer la inestabilidad de la capa de hielo marina», indica Evangelinos.
«El océano desempeña también un papel fundamental», continúa. «Si aguas oceánicas relativamente cálidas alcanzan las cavidades situadas bajo las plataformas de hielo, pueden incrementar la fusión basal, adelgazar estas plataformas y reducir el efecto de contención que ejercen sobre los glaciares del interior».
Los científicos reconocen ahora que importantes regiones de la Antártida Oriental comparten esta inestabilidad de la capa de hielo marina. «Hace unos 10 o 15 años, se comprendió que gran parte de la Antártida Oriental se asienta sobre roca madre por debajo del nivel del mar», afirma Chen Zhao (ACEAS). «El océano es el gran enemigo del hielo».
Esta región ahora amenazada por el cambio climático no ha permanecido estable en el pasado. Los registros paleoclimáticos y las simulaciones indican una retirada importante del hielo durante algunos periodos cálidos, sobre todo el Plioceno. Según Nancy Bertler, segunda autora del artículo y miembro del Centro de Investigación Antártico, «si bien existe un amplio consenso científico sobre el potencial de la cuenca para cambiar con el calentamiento global, aún desconocemos la rapidez con la que podría producirse dicho cambio, qué umbrales climáticos podrían desencadenar un retroceso a gran escala y cuánto contribuirá la cuenca, en última instancia, al aumento futuro del nivel del mar».
Lo que ocurra en la Antártida no afectará solo a la Antártida
La cuenca subglacial de Wilkes tiene el potencial de experimentar una retirada importante y potencialmente autosostenida en el tiempo. «A pesar de las incertezas, ya podemos observar algunas señales de cambio en la región: el retroceso durante décadas de la línea de apoyo (la zona donde el hielo deja de estar apoyado sobre el fondo y empieza a flotar), el adelgazamiento de plataformas de hielo y el colapso parcial de algunas de ellas», apunta Evangelinos.
Actualmente, existen grandes cuencas marinas en la Antártida Oriental —por ejemplo, Wilkes, Aurora y Recovery— con características que pueden hacerlas vulnerables a una retirada inducida por el calentamiento del océano. «Estas cuencas contienen hielo equivalente para causar un aumento potencial de 19 metros del nivel medio global del mar. En el caso de Wilkes, el aumento de la temperatura del océano podría favorecer una mayor fusión de las plataformas de hielo y el retroceso de los glaciares. Más allá de los cambios en el nivel del mar, una mayor descarga de agua dulce podría afectar a la formación de aguas profundas alrededor de la Antártida, la circulación oceánica, los ciclos biogeoquímicos y los ecosistemas marinos del planeta. Por lo tanto, el mensaje principal es que lo que ocurra en la Antártida no se quedará en la Antártida», subraya el investigador.
Cooperación internacional para reducir la incertidumbre
Durante décadas, la Antártida Oriental fue considerada en gran medida estable, mientras que la atención científica se centró en la capa de hielo de la Antártida Occidental, más vulnerable. Esta panorámica ha cambiado ahora y, para el continente australiano, la importancia de la cuenca subglacial de Wilkes no es solo científica: se trata de la zona de la Antártida Oriental más cercana a Australia. Según las proyecciones, el aumento del nivel del mar le costaría a Australia cerca de 855 mil millones de dólares en este siglo, ya que el 85 % de la población vive en una región costera. Por ello, el Comité Científico para la Investigación Antártica (SCAR) ha aprobado la creación de un grupo de acción para coordinar la planificación del trabajo investigador.
Ninguna nación puede afrontar este desafío sola. «Cada país tiene sus propias fortalezas, y esta área exige que colaboren tantos países como sea posible», afirma King. «Si solo un país se dedica a la investigación de Wilkes, tardaremos entre 20 y 30 años en comprender realmente lo que está sucediendo. No podemos permitirnos esperar tanto tiempo», concluye el profesor.
Artículo de referencia:
King, Matt A. et al. «Dynamic instability of the Wilkes Subglacial Basin Ice Sheet, East Antarctica». Nature Reviews Earth & Environment, septiembre de 2026. DOI: 10.1038/s43017-026-00827-6





