La ganadería tradicional puede convertirse en refugio de biodiversidad


En la Orinoquia colombiana, estudios revelan que los hatos ganaderos conservan cientos de especies si mantienen prácticas tradicionales


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz


En un escenario donde la expansión ganadera suele asociarse con la pérdida de biodiversidad, nuevas evidencias científicas están planteando una lectura diferente. En determinadas condiciones, la actividad ganadera no solo puede coexistir con la conservación de la naturaleza, sino también convertirse en un elemento clave para protegerla.

Un estudio desarrollado por la organización The Nature Conservancy en la región de la Orinoquia colombiana ha documentado cómo los hatos ganaderos, cuando mantienen sus prácticas tradicionales, funcionan como verdaderos “archipiélagos de biodiversidad”. Estos espacios productivos albergan una riqueza biológica notable, incluyendo hasta 950 especies de plantas.

Paisajes productivos que conservan vida

El concepto de archipiélago de biodiversidad describe un paisaje fragmentado en el que distintas áreas mantienen altos niveles de riqueza ecológica dentro de un entorno productivo. En este caso, los hatos ganaderos actúan como núcleos donde la flora y la fauna encuentran condiciones favorables para desarrollarse.

Lejos de ser zonas completamente transformadas, estos espacios conservan características del ecosistema original. La presencia de vegetación diversa, áreas de bosque y cuerpos de agua contribuye a mantener procesos ecológicos fundamentales.

Esta configuración permite que la actividad ganadera se integre en el paisaje sin eliminar completamente los elementos naturales que sostienen la biodiversidad.

El papel de las prácticas tradicionales

Uno de los factores determinantes en este modelo es la forma en que se maneja la producción. Las prácticas tradicionales, que suelen implicar una menor intensidad en el uso del suelo, favorecen la conservación de la vegetación y la diversidad de especies.

A diferencia de sistemas más intensivos, donde la transformación del terreno es más profunda, estos modelos mantienen una relación más equilibrada con el entorno. Esto se traduce en una mayor capacidad para albergar especies vegetales y, por extensión, otros organismos que dependen de ellas.

El estudio muestra que cuando estas prácticas se mantienen, los hatos no solo producen, sino que también cumplen una función ecológica relevante.

Diversidad vegetal como base del ecosistema

La presencia de hasta 950 especies de plantas en estos espacios es uno de los hallazgos más significativos. Esta diversidad vegetal es fundamental para el funcionamiento del ecosistema, ya que proporciona alimento, refugio y condiciones adecuadas para múltiples formas de vida.

Las plantas no solo sostienen la biodiversidad, sino que también influyen en procesos como la regulación del agua, la fertilidad del suelo y la estabilidad del paisaje. En este sentido, su conservación dentro de los sistemas productivos resulta clave.

La coexistencia entre ganadería y diversidad vegetal demuestra que es posible integrar producción y conservación sin que una excluya a la otra.

Un modelo que desafía paradigmas

La idea de que la ganadería es incompatible con la conservación ha sido dominante durante años. Sin embargo, los resultados de este estudio invitan a reconsiderar esa visión, mostrando que el impacto de esta actividad depende en gran medida de cómo se lleva a cabo.

En el caso de la Orinoquia, el mantenimiento de prácticas tradicionales permite que los sistemas productivos funcionen de manera más armoniosa con el entorno. Esto no significa que la actividad no tenga impacto, sino que dicho impacto puede gestionarse de forma que reduzca la pérdida de biodiversidad.

Este enfoque abre la puerta a modelos productivos más sostenibles, en los que la conservación no sea un elemento externo, sino parte integral del sistema.

Implicaciones para la conservación y la producción

El reconocimiento de los hatos ganaderos como espacios de biodiversidad tiene implicaciones importantes para la gestión del territorio. En lugar de considerar estas áreas únicamente como zonas productivas, pueden ser valoradas también por su función ecológica.

Esto plantea la necesidad de diseñar políticas y estrategias que promuevan prácticas que favorezcan la conservación dentro de los sistemas ganaderos. La protección de la vegetación, el manejo adecuado del suelo y la integración de elementos naturales pueden contribuir a mantener estos equilibrios.

Además, este enfoque permite aprovechar el potencial de los paisajes productivos como aliados en la conservación, en lugar de verlos únicamente como una amenaza.

Un equilibrio posible entre producción y naturaleza

El caso de la Orinoquia colombiana demuestra que es posible encontrar un punto de equilibrio entre la producción ganadera y la conservación de la biodiversidad. Este equilibrio no surge de forma automática, sino que depende de las decisiones que se toman en el manejo del territorio.

La evidencia científica muestra que cuando se respetan ciertos principios, los sistemas productivos pueden mantener una alta diversidad biológica. Esto no solo beneficia al medioambiente, sino que también puede contribuir a la sostenibilidad de la propia actividad ganadera.

En un contexto global donde la presión sobre los ecosistemas es cada vez mayor, este tipo de modelos ofrece una perspectiva valiosa sobre cómo integrar desarrollo y conservación.

Una oportunidad para repensar el uso del suelo

Los hallazgos del estudio invitan a reflexionar sobre la forma en que se utilizan los territorios rurales. En lugar de optar por modelos que excluyen la biodiversidad, se abre la posibilidad de diseñar sistemas que la integren como parte de su funcionamiento.

La experiencia en la Orinoquia sugiere que la clave no está en eliminar la actividad productiva, sino en adaptarla de manera que respete y aproveche los procesos naturales.

Este enfoque no solo contribuye a la conservación, sino que también fortalece la resiliencia de los sistemas productivos frente a cambios ambientales.


Referencias

https://www.eltiempo.com/vida/medio-ambiente/hatos-ganaderos-de-casanare-funcionan-como-archipielagos-de-biodiversidad-si-mantienen-su-modelo-tradicional-albergan-hasta-950-especies-de-plantas-3542953