AMPLIAMAR analiza el movimiento de 23 especies de aves marinas que utilizan las aguas españolas, a fin de identificar las áreas clave para la biodiversidad y ampliar la red de áreas marinas protegidas.

Barcelona, 8 de mayo de 2026. La red actual de áreas marinas protegidas es insuficiente para garantizar la protección de las aves marinas en aguas españolas. El alcatraz atlántico, la pardela cenicienta del Atlántico y el petrel de Bulwer son las aves marinas con mayor riesgo de coincidir con las áreas identificadas para instalar infraestructuras eólicas marinas en el país. Las pardelas cenicientas, tanto la balear como la mediterránea, son las que presentan un mayor riesgo de captura accidental. Las especies más expuestas a sufrir incidentes con instalaciones de acuicultura son las gaviotas, los estérnidos y el paíño europeo, especialmente en las costas de Pontevedra, el delta del Ebro, Murcia y Alicante.
Estas son algunas de las conclusiones del proyecto AMPLIAMAR, dirigido por Jacob González-Solís, catedrático de la Facultad de Biología y miembro del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la UB, y coordinado por el investigador Diego Vicente (UB-IRBio). Está financiado por la Fundación Biodiversidad, del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a través del Programa Pleamar, cofinanciado por el Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y Acuicultura (FEMPA).
Tecnología GPS para estudiar especies vulnerables y poco conocidas
Las pesquerías, la acuicultura, los proyectos eólicos, la extracción de minerales e hidrocarburos y el tráfico marítimo son algunas de las actividades humanas con mayor impacto actual o potencial en las aves marinas. AMPLIAMAR tiene por objetivo formular una propuesta de ampliación de la Red de Áreas Marinas Protegidas de España (RAMPE) a través de la identificación de las áreas clave para la biodiversidad (KBA, por sus siglas en inglés) de las aves marinas.
«Las KBA proporcionan un marco vital para orientar las acciones de conservación y la planificación espacial; se basan en criterios cuantitativos y son decisivas para mitigar las presiones antropogénicas sobre el medio natural y preservar la biodiversidad global», detalla Jacob González-Solís, jefe del Seabird Ecology Lab de la UB y distinguido por el programa ICREA Academia 2023.
La investigación, basada en el seguimiento remoto de miles de viajes de las aves marinas con telemetría GPS (tracking, en inglés), ha revelado datos ecológicos y poblacionales de especies muy sensibles y hasta ahora prácticamente desconocidas, como las áreas de alimentación de la pardela pichoneta (Puffinus puffinus canariensis) y el paíño de Madeira (Hydrobates castro) en Canarias, o las del cormorán moñudo (Gulosus aristotelis desmarestii) en Galicia.
«El análisis de las trayectorias GPS es una técnica que ha revolucionado el estudio de las aves marinas; nos ayuda a conocer dónde se alimentan o por dónde migran, e incluso qué están haciendo en cada momento». El proyecto confirma la validez del seguimiento con GPS en estudios para la delimitación de las KBA y la planificación espacial marina, «no obstante, todavía queda mucho trabajo por hacer», detalla Diego Vicente, coordinador del proyecto y miembro del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales.
El proyecto, que ha requerido un esfuerzo titánico de seguimiento de aves marinas con GPS por parte de 25 equipos de investigación de nueve países, integra un gran volumen de datos espaciales y temporales. El objetivo es analizar el solapamiento de 23 especies de aves marinas —poblaciones residentes, transfronterizas y migratorias— con las actividades humanas en el sector marino (acuicultura, pesca, energía eólica, etc.).
Mapa RAMPE: ¿cuáles son las aves marinas más desprotegidas?
Las conclusiones indican que la RAMPE cubre bien algunas zonas costeras con alta concentración de aves marinas, pero que tiene una peor cobertura en zonas pelágicas u oceánicas, especialmente en el área de las islas Canarias.
Aunque la RAMPE cubre gran parte de las áreas con gran concentración de aves marinas, «todavía hay muchos puntos calientes (hot spots, en inglés) que no están dentro de ninguna figura de protección», apunta González-Solís. «En concreto —continúa—, la RAMPE actual solo cubre el 18 % de las KBA identificadas, aunque incluye buena parte de las zonas de alta concentración de aves marinas».
Las áreas delimitadas por la RAMPE actual engloban las zonas más importantes para especies como el cormorán moñudo (Gulosus aristotelis desmarestii), la gaviota patiamarilla (Larus michahellis), la gaviota de Audouin (Larus audouinii), la pardela mediterránea (Puffinus yelkouan), la pardela balear (P. mauretanicus) y la pardela cenicienta mediterránea (Calonectris diomedea). Pero quedan fuera especies como el petrel de Bulwer (Bulweria bulwerii), el paíño europeo (Hydrobates pelagicus), la pardela chica macaronésica (Puffinus baroli) y el petrel de las Desertas (Pterodroma deserta).
En el proyecto también han participado Santi Guallar, Sara Saldanha, Nacho Pérez, Adrián Pina, Raül Ramos, Guillermo Izquierdo, Beñat García, Núria Patiño, Celine van Weelden, Álvaro Barros, Paula Domínguez y Ángel Sallent. También han colaborado las cofradías de pescadores de Ciutadella y San Pedro del Pinatar, la Federación Andaluza de Cofradías de Pescadores (FACOPE) y la Federación Provincial de Cofradías de Pescadores de Alicante, y ha contado con la autorización y el apoyo de diversas administraciones locales y nacionales.
