Un estudio liderado por NTU Singapur vincula la deforestación, la expansión agrícola y el crecimiento urbano con 13.000 muertes adicionales y pérdidas por 7.800 millones de dólares en 2018
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.
Los cambios en el uso del suelo ocurridos en el sudeste asiático durante las últimas décadas están dejando una huella directa sobre la calidad del aire, la salud pública y la economía regional. Una investigación liderada por científicos de la Universidad Tecnológica de Nanyang, en Singapur, estimó que las transformaciones del paisaje estuvieron asociadas con unas 13.000 muertes adicionales solo en 2018, además de pérdidas económicas cercanas a 7.800 millones de dólares.
El estudio, publicado en mayo en The Lancet Planetary Health, analizó cómo la deforestación, la degradación de bosques, la expansión de tierras agrícolas, la reforestación y el desarrollo urbano modificaron las condiciones ambientales entre 2001 y 2018. El trabajo fue desarrollado por investigadores del Center for Climate Change and Environmental Health de NTU Singapur, junto con especialistas de la Asian School of the Environment, la Lee Kong Chian School of Medicine, el Earth Observatory of Singapore, la Nanyang Business School, la Macao Polytechnic University y la City University of Macau.
Cuando el uso del suelo también se convierte en un problema sanitario
La investigación muestra que las decisiones sobre el territorio no solo influyen en el clima o en la productividad económica. También pueden alterar la composición del aire que respiran millones de personas. En el caso del sudeste asiático, los investigadores estudiaron dos contaminantes especialmente relevantes para la salud: las partículas finas PM2.5 y el ozono troposférico, ambos asociados con enfermedades cardiovasculares y respiratorias.
El profesor Steve Yim, investigador principal del estudio y director del Center for Climate Change and Environmental Health de NTU Singapur, explicó que el cambio de uso del suelo suele tratarse desde la perspectiva climática o económica, pero sus efectos sobre la calidad del aire y la salud pública han recibido menos atención. El nuevo análisis coloca ese vínculo en el centro del problema ambiental regional.
La pérdida y degradación de bosques aparecen como los principales factores dentro del conjunto de cambios estudiados. De acuerdo con los resultados, estos procesos representaron cerca del 30% de las muertes adicionales estimadas en 2018. Esta relación resulta especialmente relevante para una región donde la transformación del territorio ha estado asociada con expansión agrícola, urbanización acelerada y presión sobre ecosistemas tropicales.
Los bosques como filtro natural del aire
La doctora Tingting Fang, investigadora de NTU y coautora principal del estudio, señaló que los bosques funcionan como uno de los filtros naturales más eficaces de la atmósfera. Cuando son eliminados o degradados, se pierde una capacidad ambiental importante para remover contaminantes, lo que facilita la acumulación de partículas finas y ozono en la atmósfera.
Ese mecanismo ayuda a explicar por qué la pérdida de cobertura forestal puede agravar los riesgos sanitarios en zonas densamente pobladas. El deterioro del paisaje no actúa únicamente en el lugar donde ocurre la deforestación; también puede modificar la exposición humana a contaminantes en áreas urbanas, agrícolas y deltaicas. En ese sentido, el estudio conecta la conservación forestal con la reducción del riesgo de respirar aire contaminado.
El análisis identificó impactos importantes en Indonesia, Vietnam y Tailandia, países donde se observaron los mayores aumentos de muertes adicionales vinculadas a los cambios de uso y cobertura del suelo. Las zonas más afectadas incluyeron regiones densamente pobladas como Java, el delta del Mekong y el delta del Río Rojo, donde la combinación de presión territorial, población expuesta y contaminación atmosférica eleva los riesgos.
Un costo económico que supera la pérdida ambiental visible
Además de las muertes adicionales, el estudio calculó que la contaminación del aire asociada con los cambios del paisaje generó pérdidas económicas de 7.800 millones de dólares en 2018. Esa cifra equivale aproximadamente al 0,1% del producto interno bruto regional e incluye 1.070 millones de dólares en pérdidas de productividad y 34 millones de dólares en costos sanitarios.
Indonesia y Tailandia registraron las mayores cargas económicas entre los países del sudeste asiático analizados. La cifra no solo refleja gastos médicos directos, sino también el impacto de la enfermedad y la mortalidad sobre la actividad productiva. En regiones donde la contaminación se combina con altas densidades de población, el daño sanitario se convierte también en una carga económica persistente.
Los investigadores utilizaron métodos de Valor de Vida Estadística y Costo de Enfermedad para estimar el peso económico de las muertes y enfermedades asociadas a la contaminación. Estos enfoques permiten traducir los efectos sanitarios en costos sociales y económicos, una dimensión clave para que los gobiernos incorporen la salud pública en las decisiones de desarrollo territorial.
El papel de los efectos biogeofísicos
Uno de los resultados más importantes del estudio es que más del 60% del daño estimado estuvo impulsado por efectos biogeofísicos. Esto significa que los cambios de uso del suelo no solo modificaron emisiones o superficies visibles, sino también condiciones locales del clima que pueden hacer que la contaminación sea más dañina para la salud humana.
La transformación del paisaje puede alterar temperatura, humedad, circulación atmosférica y capacidad de dispersión de contaminantes. En conjunto, estos cambios pueden intensificar el efecto de PM2.5 y ozono sobre la población expuesta. Por eso, la investigación no presenta la deforestación como un problema aislado, sino como parte de una cadena ambiental que conecta territorio, atmósfera, salud y economía.
La relación entre paisaje, incendios y contaminación también ha sido documentada en otros contextos ambientales. Noticias de la Tierra ha abordado cómo el riesgo de incendios forestales se intensifica en un planeta más cálido y cómo esos eventos pueden amplificar la presión sobre la calidad del aire y los ecosistemas.
Planificación territorial con criterios de salud pública
El estudio plantea que la conservación de bosques y una gestión más sostenible del territorio podrían generar beneficios múltiples: mejor calidad del aire, reducción de daños sanitarios, menor carga económica y mayor resiliencia ambiental. Para el equipo investigador, las políticas de uso del suelo deberían evaluar de forma explícita sus efectos sobre la contaminación atmosférica.
Este enfoque resulta clave para una región donde la expansión urbana, agrícola y productiva seguirá presionando sobre los ecosistemas. La planificación territorial no puede limitarse a calcular rendimiento económico inmediato si al mismo tiempo deteriora los sistemas naturales que ayudan a mantener el aire respirable.
El vínculo entre contaminación atmosférica y mortalidad también refuerza la necesidad de políticas ambientales integradas. La inacción frente a la crisis climática y a la mala calidad del aire ya se asocia con impactos sanitarios crecientes, como se ha observado en análisis sobre mortalidad global y riesgos de salud pública.
La evidencia presentada por NTU Singapur sitúa al sudeste asiático ante una decisión estratégica: proteger bosques y planificar mejor el desarrollo no solo como medida ambiental, sino como intervención sanitaria y económica. En territorios densamente poblados, cada hectárea transformada puede modificar la exposición de millones de personas a contaminantes invisibles pero medibles.
Fuente(s) referenciales
Phys.org – Southeast Asia’s changing landscape is fueling a deadly air crisis that costs billions
