Un estudio publicado en Science muestra que el descongelamiento del suelo ártico expone minerales sulfurados que liberan acidez y metales pesados como zinc, níquel, cadmio y aluminio en cursos de agua de Yukón y Alaska
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
El deshielo del permafrost está transformando rápidamente decenas de arroyos del Ártico en cursos de agua ácidos y cargados de metales. La investigación, publicada en la revista Science, describe un proceso químico parecido al que ocurre en la contaminación minera: al descongelarse el suelo congelado, quedan expuestos minerales sulfurados que reaccionan con oxígeno y agua, liberando acidez y metales pesados como zinc, níquel, cadmio y aluminio.
El trabajo se centra en una de las regiones más remotas del planeta y muestra que el problema no responde a una fuente puntual de contaminación, como podría ocurrir con una mina. Las reacciones se están produciendo de manera simultánea en cientos de cuencas de Yukón y Alaska, allí donde la geología subyacente contiene minerales sulfurados.
La señal confirma que el deshielo del permafrost en el Ártico no solo implica pérdida de suelo congelado o liberación de carbono: también puede alterar directamente la calidad del agua, movilizar contaminantes naturales y afectar ecosistemas de los que dependen comunidades locales.
Décadas de monitoreo permitieron detectar el cambio
Los resultados se apoyan en décadas de observación ambiental en el norte canadiense. Sean Carey, profesor de la School of Earth, Environment and Society de McMaster University y coautor del estudio, trabaja en Yukón desde mediados de la década de 1990. Su labor se ha enfocado en construir vínculos con comunidades locales e indígenas y en desarrollar sitios de monitoreo de largo plazo para comprender cómo responden los sistemas hídricos del norte al cambio ambiental.
Uno de esos sitios es el Tombstone Watershed Observatory, un observatorio de largo plazo en Yukón apoyado por el programa CFI-MSI Global Water Futures Observatories. Allí, el equipo pudo registrar cambios en la química del agua a medida que ocurrían. También participó Andras Szeitz, estudiante de doctorado, dentro de un grupo que siguió variaciones químicas en múltiples arroyos.
La importancia de este seguimiento radica en que muchos procesos ambientales del Ártico pueden pasar inadvertidos si no existen registros continuos. En este caso, la observación sostenida permitió ver cómo arroyos antes claros cambiaban de color y composición en un periodo muy corto.
Arroyos claros que se volvieron naranjas en dos años
Al analizar metales traza en el agua, los investigadores observaron cambios abruptos. Elliott Skierszkan, profesor asistente de Carleton University y autor principal del artículo científico, explicó que el equipo esperaba transformaciones a escala de décadas, pero vio cómo los niveles de pH caían hacia valores altamente ácidos y los arroyos se volvían naranjas durante un periodo de dos años iniciado en 2023.
En algunos casos, los arroyos pasaron de transparentes a naranjas entre observaciones diarias. Carey destacó que en este tipo de trabajo es poco frecuente observar cambios tan rápidos, y que la escala del fenómeno resulta igualmente preocupante.
La imagen de ríos o arroyos anaranjados ya se ha convertido en una señal visible de alarma ambiental en distintas regiones frías. Noticias de la Tierra ha documentado cómo los ríos naranjas y la contaminación por metales están asociados al calentamiento, la exposición de minerales y la alteración de procesos hidrológicos.
Una contaminación parecida a la minera, pero sin mina
El mecanismo descrito por el estudio se asemeja al drenaje ácido de mina. Cuando los minerales sulfurados quedan expuestos al aire y al agua, se desencadenan reacciones químicas que generan acidez y movilizan metales. En zonas mineras, ese proceso suele estar vinculado a excavaciones y residuos. En el Ártico, el calentamiento está abriendo una vía distinta: el suelo congelado se degrada y deja al descubierto materiales que antes permanecían aislados.
Matthew Lindsay, profesor de la University of Saskatchewan, subrayó que lo llamativo es tanto la velocidad como la escala. Donde la geología contiene minerales sulfurados, la degradación de la calidad del agua puede aparecer en regiones completas, no solo en un punto aislado.
Este punto modifica la forma de entender el riesgo. No se trata únicamente de vigilar una descarga industrial o una instalación concreta, sino de observar cuencas enteras sometidas a un cambio físico y químico asociado al calentamiento del Ártico.
Riesgos para ecosistemas acuáticos y comunidades locales
Cuando los arroyos se vuelven muy ácidos y concentran metales, pueden dejar de ser adecuados para la vida acuática. Los ríos mayores podrían diluir parte de esos impactos, pero las consecuencias a largo plazo siguen siendo inciertas, especialmente porque los metales pueden moverse por los ecosistemas mediante distintas rutas.
Desde el comienzo, la investigación estuvo influida por preocupaciones locales. Carey explicó que las comunidades indígenas de Yukón ya manifestaban inquietud por el agua. Sabían que se estaban produciendo cambios, pero probablemente no conocían la rapidez ni la extensión del fenómeno.
Muchas personas dependen de los cursos de agua locales para pesca, caza y prácticas culturales. Por eso, el deterioro de la calidad del agua puede afectar no solo a peces e invertebrados, sino también a sistemas alimentarios, seguridad hídrica y formas de vida. Esta relación entre clima y calidad del agua se conecta con una tendencia más amplia: la calidad del agua en los ríos está bajo presión creciente por el cambio climático y los eventos extremos.
El permafrost como frontera de impactos inesperados
Durante años, el deshielo del permafrost se ha asociado principalmente con la liberación de carbono y metano. Esa dimensión sigue siendo central, pero el nuevo estudio muestra otra consecuencia: la activación de procesos geoquímicos capaces de deteriorar el agua en cuestión de meses o pocos años.
El permafrost funciona como una estructura que mantiene congelados suelos, minerales, materia orgánica y agua. Cuando esa estructura se rompe, no solo cambia el paisaje superficial. También se modifican flujos subterráneos, rutas de drenaje y contactos químicos entre rocas, oxígeno y agua.
Investigaciones recientes han mostrado que los ríos pueden acelerar el descongelamiento bajo la superficie. Ese fenómeno, descrito como deshielo oculto del permafrost, ayuda a explicar por qué los sistemas acuáticos árticos son tan sensibles a cambios rápidos en temperatura, caudal y estructura del suelo.
Por qué los observatorios de largo plazo son decisivos
Carey destacó que los hallazgos refuerzan la importancia del monitoreo ambiental sostenido. Mantener observatorios en el Ártico exige financiamiento, logística y continuidad científica, pero esos registros se vuelven esenciales cuando los cambios ocurren con rapidez inesperada.
Sin inversiones de largo plazo, el deterioro de estos arroyos probablemente habría sido detectado tarde o interpretado como un episodio aislado. Los datos acumulados permiten comparar condiciones previas, identificar tendencias y anticipar qué cuencas podrían experimentar procesos similares.
El estudio deja una advertencia concreta: el calentamiento del Ártico no solo altera hielo, vegetación o emisiones atmosféricas. También puede convertir redes de agua dulce en sistemas ácidos y cargados de metales, con consecuencias ecológicas y sociales que aún deben ser seguidas con cuidado.
Fuente(s) referenciales
Phys.org: Arctic thaw unleashes mining-like pollution across hundreds of Arctic waterways
