Estado del Planeta Hoy

Lectura rápida de señales ambientales globales

🌡️
TemperaturaAlertaSeguimiento global
🌊
OcéanosVigilarCalor marino
🌧️
LluviasVariableExtremos regionales
🔥
IncendiosActivoZonas secas
🧊
HieloObservarPolos y glaciares
☁️
CO₂AltoTendencia global
TormentasLocalRiesgos severos

La Antártida ofrece una ventana crítica para prever el aumento del nivel del mar


Un estudio liderado por Monash University y publicado en Nature plantea que las próximas tres a cinco décadas serán decisivas para planificar la pérdida de hielo antártico y su impacto en las costas.


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.


La Antártida puede ofrecer una ventana de anticipación de entre 30 y 50 años para planificar el aumento del nivel del mar asociado a la pérdida de hielo. Esa es la principal conclusión de una investigación publicada en Nature y liderada por la doctora Felicity McCormack, investigadora de Monash University y de Securing Antarctica’s Environmental Future (SAEF).

El estudio analiza hasta qué punto puede predecirse la pérdida de hielo antártico en las próximas décadas y qué significa esa previsibilidad para las proyecciones de aumento del nivel del mar. La pregunta central no es solo cuánto hielo perderá la Antártida, sino si los gobiernos, ciudades costeras y países insulares pueden contar con información suficientemente confiable para actuar a tiempo.

Una ventana de planificación antes de mediados de siglo

Los científicos plantean que las próximas tres a cinco décadas constituyen un periodo crítico para anticipar y preparar respuestas frente a la pérdida de hielo antártico. En ese horizonte, los modelos muestran una relación más estable entre la pérdida de masa observada hoy y la contribución futura de la Antártida al nivel del mar.

La investigación indica que, si los modelos de capas de hielo reproducen correctamente las tasas actuales de pérdida de hielo, pueden ofrecer estimaciones confiables sobre la contribución antártica al aumento del nivel del mar durante los próximos 30 a 50 años. Esa escala temporal resulta especialmente importante para obras de infraestructura, planificación costera, seguros, uso del suelo y decisiones de adaptación.

La Antártida contiene una de las mayores reservas de hielo del planeta y su comportamiento es una de las grandes fuentes de incertidumbre en las proyecciones climáticas. Esa incertidumbre también aparece en estudios sobre la subida del nivel del mar y sus efectos acumulativos sobre las costas.

El peor escenario no puede descartarse hacia 2100

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático ha señalado que, bajo escenarios de altas emisiones, no puede descartarse un aumento global del nivel del mar superior a dos metros hacia 2100 si se produce un colapso a gran escala de la capa de hielo antártica.

Un aumento de esa magnitud tendría consecuencias profundas. Expondría a inundaciones a una parte importante de las propiedades residenciales en Australia, pondría en riesgo territorio soberano en islas del Pacífico y podría desplazar a cientos de millones de personas en distintas regiones del mundo.

Sin embargo, el estudio distingue entre el corto y mediano plazo, donde la trayectoria parece más acotada, y el final del siglo, cuando aumentan los procesos físicos capaces de acelerar la pérdida de hielo. Esa diferencia es clave para separar la planificación costera de las próximas décadas de los riesgos más extremos a largo plazo.

La previsibilidad se debilita después de mediados de siglo

El trabajo advierte que la previsibilidad comienza a deteriorarse hacia la segunda mitad del siglo XXI. A medida que entran en juego retroalimentaciones complejas, el comportamiento de la capa de hielo puede volverse menos estable y más difícil de proyectar.

Uno de los procesos críticos ocurre cuando el hielo apoyado sobre un lecho rocoso situado por debajo del nivel del mar inicia un retroceso acelerado. Una vez activado, ese mecanismo puede ser difícil de revertir y conducir a una pérdida de hielo mucho mayor que la prevista por las proyecciones climáticas de corto plazo.

Ese tipo de dinámica también ha sido identificada en investigaciones sobre la pérdida de hielo bajo la capa antártica, donde el agua de deshielo y los procesos subglaciales pueden influir en la velocidad de desplazamiento del hielo hacia el océano.

Modelos más precisos para decisiones más urgentes

La doctora McCormack sostiene que mejorar la representación de los procesos físicos críticos en los modelos de capas de hielo permitirá reducir la incertidumbre profunda que limita la confiabilidad de las proyecciones de largo plazo. Esa mejora es esencial para traducir la ciencia antártica en políticas públicas concretas.

El profesor Steven Chown, director de SAEF, subraya que la ventana identificada por la investigación no reduce el riesgo a largo plazo. Su valor está en definir un periodo durante el cual se puede actuar con mayor confianza, invirtiendo en observación, modelos y planificación.

La necesidad de mejores sistemas de observación también aparece en investigaciones recientes sobre la zona marginal de hielo antártico, una región clave para entender cómo interactúan el hielo marino, el océano Austral y las plataformas de hielo.

Un mensaje directo para costas, islas e infraestructura

Las proyecciones de pérdida de hielo no son un asunto remoto. Afectan decisiones sobre defensas costeras, relocalización de comunidades, normas de construcción, seguros, puertos, carreteras, viviendas y planificación territorial.

Para los países insulares del Pacífico, contar con estimaciones confiables en el corto y mediano plazo puede ser decisivo para definir infraestructura, uso del suelo y estrategias de adaptación. La investigación plantea que Australia está en posición de liderar esfuerzos regionales para traducir estos resultados en marcos prácticos de respuesta.

El estudio propone una forma más clara de trabajar con dos horizontes: por un lado, una etapa de pérdida de hielo antártico relativamente predecible en las próximas décadas; por otro, una etapa posterior dominada por retroalimentaciones y mayor incertidumbre. Esa distinción puede ayudar a que la planificación climática sea más realista, más urgente y menos paralizada por los escenarios extremos.

Fuente(s) referenciales

Phys.org / Monash University