Investigadores de Cambridge y México utilizaron sedimentos oceánicos de hace 6.000 años para corregir 27 modelos climáticos y reducir la incertidumbre sobre la futura extensión del hielo marino.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
El océano Ártico podría perder durante el invierno aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados adicionales de hielo marino respecto a lo que indicaban las proyecciones climáticas convencionales. Esta es la principal conclusión de una investigación internacional que utilizó registros químicos conservados en sedimentos oceánicos de hace unos 6.000 años para evaluar y corregir los modelos empleados en el estudio de las regiones polares.
El trabajo fue desarrollado por investigadores de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, y del Centro de Investigación en Matemáticas (CIMAT), de México. Sus resultados, publicados en octubre de 2026 en la revista científica Nature Geoscience, muestran que las simulaciones climáticas tienden a sobreestimar la cantidad de hielo marino que puede mantenerse durante el invierno ártico.
La investigación no anuncia la desaparición inmediata de la cubierta helada ni establece una fecha concreta para un océano Ártico sin hielo invernal. Su principal aportación consiste en utilizar evidencias del pasado geológico para mejorar las estimaciones de su evolución futura.
Los científicos también encontraron indicios de que algunos efectos atmosféricos relacionados con la pérdida de hielo podrían estar subestimados, especialmente en determinadas regiones de Groenlandia y el Mediterráneo.
Los sedimentos del Ártico conservan información de hace 6.000 años
Para comprender cómo responderá el hielo marino a las condiciones futuras, el equipo recurrió a un período antiguo durante el cual el Ártico experimentó temperaturas relativamente elevadas.
Se trata del Holoceno medio, aproximadamente hace 6.000 años, cuando las variaciones naturales de la órbita terrestre modificaron la distribución estacional de la radiación solar y contribuyeron a crear condiciones más cálidas en determinadas regiones del hemisferio norte.
A diferencia de las observaciones satelitales, que abarcan apenas unas décadas, los sedimentos acumulados en el fondo del océano permiten investigar procesos ambientales desarrollados durante miles de años.
Estos depósitos contienen restos de organismos, compuestos químicos y otras señales que ayudan a reconstruir las condiciones existentes cuando se formaron.
En este caso, los investigadores reunieron una amplia base de datos de indicadores químicos relacionados con la presencia de hielo marino, obtenidos a partir de núcleos de sedimentos extraídos del océano Ártico.
El objetivo era reconstruir la distribución del hielo durante un período antiguo de calentamiento y comprobar si los modelos climáticos actuales eran capaces de reproducir adecuadamente aquellas condiciones.
Un compuesto producido por algas permitió reconstruir el hielo antiguo
Una de las principales herramientas del estudio fue el biomarcador IP25, una sustancia orgánica producida por determinadas diatomeas asociadas al hielo marino.
Cuando estos microorganismos mueren, parte de sus compuestos puede incorporarse a los sedimentos del fondo oceánico y permanecer preservada durante largos períodos.
La presencia y concentración del IP25 proporciona información sobre las condiciones de hielo existentes en el momento de su producción.
Sin embargo, este indicador no permite reconstruir por sí solo todas las características de la cubierta helada. Por ello, los investigadores también analizaron biomarcadores complementarios producidos por organismos asociados con aguas abiertas.
La combinación de ambas señales permitió diferenciar mejor los ambientes cubiertos por hielo de aquellos donde existían condiciones oceánicas más libres de congelación.
Este procedimiento forma parte de la paleoclimatología, una disciplina que utiliza archivos naturales para investigar el comportamiento pasado del sistema climático.
Los registros sedimentarios resultan especialmente valiosos porque permiten examinar períodos anteriores a las mediciones instrumentales modernas y comparar condiciones ambientales diferentes de las actuales.
La comparación con 27 modelos reveló una sobreestimación del hielo
Una vez reconstruidas las condiciones del Holoceno medio, el equipo comparó los resultados con simulaciones generadas mediante 27 modelos climáticos.
Los científicos buscaban determinar cuáles de esos modelos representaban mejor la distribución del hielo marino durante aquel período antiguo.
La comparación reveló que, considerados conjuntamente, los modelos tendían a representar una extensión invernal de hielo superior a la sugerida por las evidencias sedimentarias.
Esta diferencia es importante porque los mismos sistemas de simulación se utilizan para estudiar posibles escenarios climáticos futuros.
Si un modelo conserva demasiado hielo al reproducir un período antiguo relativamente cálido, existe la posibilidad de que también sobreestime la cubierta helada bajo determinadas condiciones futuras.
La investigación se concentra especialmente en el invierno porque es durante esa estación cuando los modelos presentan algunas de las mayores discrepancias sobre la extensión del hielo marino.
Durante el verano, la pérdida de hielo del Ártico ha recibido una atención científica y pública considerable. Sin embargo, la evolución invernal también resulta decisiva para comprender los intercambios de energía entre el océano y la atmósfera.
Un método estadístico permitió corregir las proyecciones
Los investigadores utilizaron una técnica conocida como ponderación bayesiana para asignar diferente importancia a los modelos climáticos según su capacidad para reproducir las condiciones del pasado.
En lugar de considerar todas las simulaciones con el mismo peso, el procedimiento otorgó mayor influencia a aquellas que mostraban una mejor correspondencia con las evidencias geológicas.
Los modelos que representaban peor la distribución antigua del hielo recibieron una ponderación menor.
Después de establecer esas diferencias, los científicos aplicaron las ponderaciones a simulaciones del período histórico reciente y a proyecciones futuras.
El resultado fue una corrección significativa de la extensión esperada del hielo marino invernal.
Crystal Fu, investigadora del Instituto Scott de Investigación Polar de Cambridge y autora principal del trabajo, explicó que el procedimiento permitió eliminar el sesgo positivo observado en las simulaciones históricas.
Al trasladar el método a las proyecciones futuras, la extensión estimada del hielo se redujo aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados respecto a las predicciones anteriores.
Esta diferencia equivale a una superficie considerable dentro del océano Ártico, aunque su distribución geográfica y su evolución dependen de las condiciones climáticas representadas en cada escenario.
La incertidumbre de algunas proyecciones disminuyó hasta un 85%
Además de modificar las estimaciones centrales, el procedimiento permitió reducir considerablemente la dispersión entre los resultados de los modelos.
Los investigadores informaron que la incertidumbre de determinadas proyecciones disminuyó hasta un 85% después de incorporar las restricciones proporcionadas por los registros paleoclimáticos.
Esta reducción no significa que el futuro del Ártico pueda conocerse con exactitud. Los modelos siguen dependiendo de supuestos sobre emisiones, evolución atmosférica, dinámica oceánica y otros procesos físicos.
El avance consiste en restringir el conjunto de resultados plausibles mediante observaciones independientes que ayudan a identificar qué simulaciones reproducen mejor el comportamiento conocido del sistema.
Marco Aquino-López, investigador del CIMAT y coautor del estudio, destacó que la metodología permite obtener mapas más fiables de las regiones donde podría desaparecer el hielo marino durante el invierno.
El enfoque también muestra cómo las observaciones geológicas pueden complementar las mediciones modernas y aportar información útil para mejorar los modelos del sistema terrestre.
El hielo marino invernal regula el intercambio de calor y humedad
La cubierta helada del océano Ártico funciona como una barrera entre el agua relativamente cálida y la atmósfera polar.
Cuando el hielo está presente, limita parte del intercambio de calor y humedad entre ambas superficies. Cuando retrocede, una mayor extensión de agua queda expuesta directamente al aire.
Estos cambios pueden modificar los flujos de energía, la formación de nubes y determinadas características de la circulación atmosférica.
El comportamiento del hielo también depende de los vientos, las corrientes oceánicas, la temperatura del agua y los procesos de congelación y deshielo.
Las mediciones de la extensión invernal del hielo ártico ya habían mostrado condiciones excepcionalmente reducidas durante marzo de 2026.
Según la NASA y el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Estados Unidos (NSIDC), el máximo anual de 2026 alcanzó aproximadamente 14,29 millones de kilómetros cuadrados, una cifra estadísticamente equivalente al mínimo récord del año anterior.
Los datos instrumentales permiten conocer el estado reciente de la cubierta helada, mientras que la nueva investigación utiliza información geológica para evaluar cómo podría responder en escenarios futuros.
La pérdida de hielo invernal podría influir en Europa
Los investigadores también exploraron las posibles consecuencias de sus correcciones para las precipitaciones en regiones alejadas del Ártico.
Al aplicar las nuevas ponderaciones a las simulaciones atmosféricas, encontraron indicios de que los modelos podrían estar subestimando las nevadas futuras en el sureste de Groenlandia y las precipitaciones en el Mediterráneo.
Estas señales no constituyen una predicción definitiva de que todas las regiones mediterráneas recibirán más lluvia ni permiten anticipar inundaciones concretas.
Se trata de resultados derivados de modelos que requieren análisis adicionales para establecer su alcance regional y su sensibilidad a diferentes escenarios climáticos.
En Groenlandia, las variaciones de las nevadas pueden modificar la acumulación de nieve sobre la capa de hielo, aunque el balance total también depende del deshielo superficial, la descarga de glaciares y otros procesos.
En el Mediterráneo, los cambios de precipitación podrían influir sobre la disponibilidad de agua y los riesgos hidrológicos, pero su interpretación exige considerar las diferencias entre estaciones, territorios y tipos de episodios meteorológicos.
Los resultados subrayan que la evolución de las regiones polares puede estar relacionada con procesos atmosféricos de mayor escala, aunque esas conexiones no siempre son lineales ni uniformes.
El Ártico actual presenta una transformación persistente
Las observaciones recientes muestran que la cubierta de hielo marino del Ártico permanece muy por debajo de los niveles característicos de las primeras décadas del registro satelital.
En septiembre de 2026, el océano Ártico alcanzó una extensión mínima estacional de aproximadamente 4,6 millones de kilómetros cuadrados, de acuerdo con los datos difundidos por la NASA y el NSIDC.
Ese valor no representó un nuevo récord absoluto, pero confirmó la persistencia de condiciones de hielo reducido dentro de la serie histórica.
El mínimo anual registrado durante septiembre de 2026 constituye una medición del estado real de la cubierta helada, mientras que las estimaciones obtenidas con registros de hace 6.000 años se refieren a posibles condiciones futuras.
La distinción es fundamental: una observación satelital documenta lo que ocurrió, mientras que una proyección climática describe resultados posibles bajo determinados supuestos.
La evolución reciente también presenta variaciones importantes entre años y regiones. Los cambios de viento y las condiciones meteorológicas pueden favorecer recuperaciones temporales sin revertir necesariamente la tendencia de largo plazo.
Además, la extensión superficial no describe por completo el estado del hielo. Su grosor, edad y distribución geográfica también determinan la resistencia de la cubierta frente al calentamiento y las condiciones oceánicas.
Los registros del pasado permiten evaluar un futuro diferente
La utilización de evidencias de hace 6.000 años plantea una cuestión científica importante: las causas del calentamiento del Holoceno medio no fueron las mismas que explican el calentamiento global contemporáneo.
En aquel período, las variaciones orbitales modificaron la distribución de la energía solar recibida por la Tierra. En la actualidad, el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero desempeña un papel fundamental en el calentamiento observado.
Los investigadores no equiparan ambos períodos ni afirman que el clima actual esté repitiendo exactamente las condiciones antiguas.
Lo que aprovechan es que determinados procesos físicos, como la respuesta del hielo marino a las variaciones de temperatura y energía, pueden estudiarse en contextos climáticos diferentes.
Esta aproximación permite utilizar los archivos sedimentarios como una prueba independiente de la capacidad de los modelos para reproducir condiciones de menor cobertura helada.
Los cambios actuales también pueden observarse directamente sobre el terreno. Las observaciones del hielo marino frente a Alaska ilustran cómo las transformaciones de la cubierta afectan los paisajes polares y las condiciones de las comunidades que dependen de esos ambientes.
Los registros modernos y antiguos cumplen funciones complementarias: los primeros permiten seguir la evolución reciente, mientras los segundos amplían el conocimiento sobre la respuesta del océano y la criosfera a condiciones climáticas distintas.
Una nueva herramienta para estudiar el futuro del océano Ártico
La investigación demuestra que los sedimentos marinos pueden utilizarse no solamente para reconstruir ambientes antiguos, sino también para evaluar la fiabilidad de los modelos climáticos empleados en proyecciones futuras.
La comparación de biomarcadores de hace aproximadamente 6.000 años con 27 simulaciones permitió identificar una tendencia a sobreestimar la extensión invernal del hielo marino.
Después de corregir ese sesgo, las proyecciones indicaron una pérdida potencial aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados mayor que la calculada anteriormente.
El método también redujo la incertidumbre de determinadas estimaciones y permitió identificar posibles consecuencias adicionales sobre los patrones de precipitación.
Los autores consideran que la integración de registros paleoclimáticos y modelos modernos puede mejorar la representación de procesos difíciles de evaluar utilizando exclusivamente las observaciones instrumentales.
El resultado aporta una perspectiva diferente sobre la transformación del Ártico: para estimar con mayor precisión cuánto hielo podría conservar el océano durante los próximos decenios, también resulta necesario comprender cómo respondió cuando las condiciones naturales fueron distintas miles de años atrás.
Fuentes referenciales:
Nature Geoscience — Palaeoclimate constraints tighten future Arctic winter sea ice projections
Universidad de Cambridge — Winter sea ice loss may be underestimated, according to ancient clues from a warmer Arctic
NASA — Arctic Winter Sea Ice Ties Record Low, NASA, NSIDC Scientists Find




